por Antonio Cañellas, historiador
Vigencia de un aniversario
Finalizamos este año rememorando el inicio en 1521 del movimiento popular de la Germanía en el antiguo reino de Mallorca durante la monarquía imperial de Carlos V. El alzamiento se sumó al protagonizado por los artesanos de la ciudad de Valencia en 1519, consecuencia de la crisis económica y financiera del siglo anterior. Un clima de descontento que también repercutió en Castilla con la sublevación de los comuneros.
Como en otras circunstancias, de nuevo se acentuaron las tensiones en la sociedad, organizada de modo jerárquico y estamental según el valor atribuido a los oficios; esto es, a su servicio y función. De ahí la distinción entre el brazo privilegiado, reservado a la nobleza y al clero por su asistencia militar y religiosa, que lo eximía de pagar impuestos; y el brazo menor de los mercaderes, artesanos y campesinos, dedicados a los negocios materiales y labores manuales en quienes recaía la correspondiente carga tributaria.

El incremento de las contribuciones en medio de coyunturas económicas difíciles, agravadas por las exigencias de los prestamistas −muchos de ellos nobles− en el marco de una administración municipal endeudada y corrompida precipitaron un choque inevitable.
Este enfrentamiento, que alberga otros factores a considerar, ha sido interpretado por los historiadores y analistas contemporáneos desde dos ópticas –conservadora y progresista− que lo han convertido en un tema vivo y actual. Ciertamente, para la primera, se trataría de movimientos subversivos, precursores incipientes de las revoluciones burguesas que arruinarían con su violencia y pasión cualquier principio válido de orden y autoridad. Por el contrario, para la segunda representarían el empuje de la conciencia popular democrática en liza por la justicia y sus derechos[1].
La herencia del poder monárquico
En Castilla había cundido el malestar entre muchas ciudades ante el incremento de los poderes de la corona, que elevaban los costes de la maquinaria estatal. La sumisión de la nobleza a la autoridad de los reyes desde 1479 hubo de manifestarse en el control del espacio castellano. Por medio de los corregidores, la monarquía hizo valer su potestad ejecutiva y judicial en las ciudades, además de apropiarse de proyectos incoados por éstas como la Santa Hermandad. La Inquisición acabó
convirtiéndose de hecho en un tribunal contra la herejía religiosa en manos de la autoridad civil. La concentración del poder iba dejando atrás las limitaciones medievales con potestades más difusas, fraccionadas entre los señoríos nobiliarios, los eclesiásticos y las ciudades representadas en cortes o asambleas, que actuarían de contrapeso a la presión de la nobleza[2]. La alteración de este frágil modelo hubo de plasmarse con toda su crudeza en el siglo XV. Las tensiones entre la nobleza y la monarquía en su competición por el predominio afectaron a las ciudades, que tuvieron que redoblar sus esfuerzos fiscales para sostener la causa regia. La industria artesanal y el comercio eran fuentes de riqueza necesarias en el fortalecimiento de la monarquía.
Circunstancias adversas
En Castilla y la Corona de Aragón la coyuntura se presentaba harto difícil. A la sucesión de malas cosechas, hambre y epidemias se sumaba el aumento de la presión fiscal sobre los grupos no privilegiados. La situación alcanzaría su punto álgido alrededor de 1520. Durante la
regencia de Fernando el Católico su gobierno favoreció los intereses ganaderos reunidos en el concejo de la Mesta, que monopolizaba el comercio de la lana. El fomento de la exportación desde Burgos y Santander a los mercados de Flandes les enfrentó a los productores castellanos del interior; especialmente de Valladolid y Toledo. Y es que los beneficios derivados de la manufactura quedaban reservados a los fabricantes extranjeros en detrimento de la industria castellana.
La regencia del cardenal Cisneros tras la muerte de Fernando en 1516 persistió en dicha política. El perjuicio ocasionado a los productores locales les animó a proponer la aplicación de la ley de 1462, que limitaba la exportación de la lana y la importación de aquellas manufacturas que pudieran fabricarse en Castilla. Una solución de carácter autárquico y proteccionista que, sin embargo, fue desoída, agravando la disputa entre los intereses burgueses del norte y del centro del reino.
Cisneros tuvo que lidiar también con la reaparición de las luchas nobiliarias y la firme oposición a su preponderancia por parte de las
ciudades. La proclamación de Carlos de Habsburgo (nieto de los reyes católicos) como monarca de las coronas de España por la corte de Bruselas respondía a una estrategia para reforzar su candidatura al frente del Sacro Imperio Romano Germánico. Había que convencer a los electores alemanes para que optaran por el nieto del emperador Maximiliano.
En España muchos pensaron que el joven rey, afincado en Flandes, podría dar respuesta a sus expectativas de renovación. Era conocida su cercanía a los reformadores renacentistas como Erasmo de Rotterdam[3]. Pero pronto se descubrió que las preocupaciones inminentes de Carlos estaban más puestas en la alta política europea. La ocupación de los principales puestos del gobierno castellano por los consejeros flamencos del rey a su llegada a Valladolid y la exigencia de contribuciones extraordinarias a las Cortes de Castilla, Aragón y Cataluña para sufragar los dispendios de la coronación imperial causaron indignación. Ésta adquirió forma de afrenta en Valencia, donde el rey aplazó la convocatoria de sus Cortes[4]. Por lo demás, el reino de Mallorca fue de nuevo marginado al carecer de Cortes propias, suplidas por la asamblea del Gran i General Consell a la que correspondía la sola presentación de propuestas legislativas al monarca[5].
La indolencia de Carlos que percibieron los reinos se generalizó con motivo de su viaje a la ceremonia de entronización imperial. Aunque las ciudades castellanas lideraron la protesta, también la nobleza se consideraba arrinconada por la élite flamenca. La marcha del rey precipitó los acontecimientos.
El estallido
El incendio de Medina del Campo en medio de una acción represiva acabó por generalizar el levantamiento popular en Castilla en 1519. Toledo se había alzado en rebeldía liderando las demandas del resto de ciudades con presencia en las Cortes. Se exigió anular el servicio o contribución extraordinaria al rey y regresar al sistema fiscal del encabezamiento (concertar entre el monarca y las Cortes el cobro de impuestos por una cantidad y tiempo determinados mediante cuotas), reservar la gobernación del reino a castellanos en ausencia del rey y vetar las exportaciones de dinero[6].

Paralelamente en Valencia los gremios se organizaron en Germanía o hermandad, acogiéndose a las disposiciones legales del emperador para armarse y repeler así más eficazmente las incursiones de los piratas turcos. Se trataba, por tanto, de un movimiento legal alentado desde la autoridad con un fin específico: la protección de los núcleos costeros. En este sentido, no es comparable al origen reivindicativo de los comuneros, aunque pronto adquiriera el mismo perfil. Dicho de otra manera: dos movimientos con distinto origen encontrados en un mismo destino.
La constitución de la Germanía favoreció la toma de conciencia de la fuerza social del brazo menor, que pronto solicitó su presencia en el gobierno municipal, apartado por orden real desde 1283. La actitud receptiva del rey ante lo que juzgaba como lícitas demandas acabó variando ante el juego de intereses en el reino y la progresiva transformación del movimiento agermanado. La modificación en el procedimiento de elección impuesto por los artesanos en la ciudad de Valencia hasta copar la mayor parte de los cargos municipales irritó a la nobleza. El propio emperador lo valoró excesivo al quebrar el equilibrio
representativo. Con el ánimo de atraerse a la nobleza, todavía recelosa por haberse eludido ante las Cortes el juramento personal del rey, éste decidió anular las elecciones locales de mayo de 1520. Las acusaciones de la Germanía se dirigieron contra el virrey, por cuanto lo estimaban responsable de variar el buen ánimo mostrado inicialmente por el monarca. El palacio virreinal fue atacado. Con arreglo al espíritu de la caballería, Carlos V recomendó a su lugarteniente procurar un entendimiento[7] al tiempo que se movilizaba a la tropa por si éste fracasaba.
Por aquel entonces los agermanados estaban determinados a controlar por entero el gobierno municipal con el fin de suprimir la ingente deuda pública que pesaba sobre ellos desde el siglo XV[8]. El desplazamiento de la nobleza del control de la Generalitat, órgano responsable de la recaudación de impuestos indirectos sobre las materias primas y el comercio, agravió –si cabe− al estamento perjudicado. La supresión de las imposiciones reales impidió cualquier avenencia con el virrey, a pesar de las declaraciones de la Germanía a favor del monarca. La configuración de dos bandos concluyó en guerra civil, cada vez más radicalizada entre artesanos y nobles.
El eco mediterráneo
El fenómeno valenciano encontró su parangón en la isla de Mallorca, donde la situación era muy similar con una administración corrupta y endeudada, cuyos tributos en ascenso gravaban el trabajo de artesanos y campesinos. En 1391 y 1450 se habían producido grandes revueltas que no lograron resolver la crisis. Las conspiraciones empezaron al calor de los sucesos en Valencia.
Sabedor de estas actividades secretas, el virrey ordenó el arresto de quienes tendrían un papel protagonista en la Germanía mallorquina. La protesta popular no se hizo esperar, precipitando la liberación de los encarcelados ante la pasividad de la nobleza, enemistada con el lugarteniente de Carlos V. El artesano Juan Crespí fue reconocido
capitán del movimiento sin que pudiera fructificar un acuerdo con el virrey. Se decidió intervenir la Casa de la Consignación –controlada por los acreedores del gobierno municipal de la ciudad de Mallorca− para acabar con la deuda pública. La destitución del virrey –alegándose un antiguo privilegio real de 1344− aproximó a los agermanados a la ilegalidad. El puesto fue cubierto por el gobernador de la ciudad, Pedro de Pacs, que se mostró más condescendiente, autorizando reuniones en las villas rurales para que participaran en la pretendida reforma financiera. Se consiguió saldar algunos créditos, pero la apelación de ciertos prestamistas al rey ante el perjuicio ocasionado por la intervención de sus pensiones avivó la lucha[9].
El apoyo de Carlos V al virrey, depuesto y refugiado en Ibiza en 1521, fue clave para posicionar definitivamente a los implicados. Pesaba mucho el desorden y la falta de autoridad en la que se estaba sumiendo Valencia y el emperador no deseaba otro tanto en el reino insular. Desde entonces se vio minada la autoridad de Crespí, vistas las reticencias de algunos artesanos y caballeros que con él habían colaborado en favor del saneamiento fiscal. El gobernador Pacs renunció al cargo por lealtad al emperador refugiándose en el castillo de Bellver con otros nobles. La ruptura fue total. La fortaleza fue asaltada por los agermanados más radicales con el asesinato de sus moradores[10].

Entre los dirigentes del movimiento se abrió un debate ante la gravedad de los hechos: acudir al rey para negociar o mostrar hostilidad. Se decidió apostar por la solución de máximos y así forzar al rey a aceptar sus demandas. Juanot Colom pasó a encabezar la Germanía imponiendo su gobierno personal en un contexto de guerra abierta y de terror contra el enemigo. La autoridad real podía quedar en entredicho. Se recurrió por ello a la fuerza en un momento de alteración generalizada en el Imperio, también con el surgimiento del luteranismo en Alemania. La fidelidad al emperador de la villa costera de Alcúdia –la única fortificada en el área rural− facilitó el desembarco del estandarte imperial al mando del antiguo virrey en octubre de 1522. Los combates
se prolongaron un año hasta la completa sumisión de la Germanía. Colom, inculpado de crímenes horrendos, fue decapitado y su cuerpo descuartizado. Su cabeza se colocó a modo de advertencia en una jaula situada en lo alto de una de las puertas de acceso a la muralla de la ciudad de Mallorca. Sólo fue retirada en 1820 con el arranque del trienio liberal. La acción confirmó la identificación de los postulados revolucionarios liberales con la Germanía, que fue tomada por los más extremos como su antecedente remoto.
Corolario
Batidos los tres frentes (Castilla, Valencia y Mallorca) se confirmó el poder político de la monarquía y el predominio social de la nobleza, estrechamente aliada con el rey para asegurar su supervivencia. El pacto resultó imposible debido al enquistamiento de intereses en disputa desde hacía siglos. El cambio de dinastía no pudo superar tamañas rivalidades. A pesar de las miras del emperador por contribuir al enderezamiento de sus reinos, rectificando algunas de las decisiones iniciales más impopulares, éstas no contemplaban en su gobernanza la sustitución de la nobleza por otros estamentos. Antes de esta sacudida que derivó en revolución, por cuanto quiso imponerse el brazo menor al privilegiado, cual acaeció con los episodios revolucionarios de 1789 en Francia, se había planteado ¿cómo resolver los problemas candentes sin caer en maximalismos irreconciliables en los que se impusiera una solución unilateral? Sólo en épocas recientes y después de cambios estructurales de importancia pudo habilitarse en España ese antiguo espíritu de pacto que ahora convendría preservar.
[1] Sobre estas dos apreciaciones, que llegan hasta nuestros días para legitimar o desmontar ciertos proyectos políticos, véase la antirrevolucionaria de José María Quadrado: En Juanot Colom (1870) o la crítica con aquel proceso en el estudio sobre las Germanías de Álvaro Santamaría, recogido en el tomo VI de la Historia de Mallorca, coordinada por José Mascaró Passarius (1978); y la progresista de Pedro de Alcántara Peña: Consideraciones sobre el levantamiento de los comuneros de Mallorca llamados agermanats (1870) o la más reciente de Guillem Morro: Les revoltes populars a Mallorca (2020).
[2] Ismael Sánchez Bella: Génesis del Estado moderno en España, Estudio General de Navarra, Pamplona, 1956, pp. 13-14.
[3] Manuel Fernández Álvarez: Carlos V, el césar y el hombre, Espasa, Madrid, 2006, p. 58.
[4] Ricard García Cárcel: La revolta de les Germanies, Institut Alfons el Magnànim, València, 1981, p. 33.
[5] Román Piña: El derecho histórico del reino de Mallorca, Cort, Palma, 1993, p. 207.
[6] Joseph Pérez: Los comuneros, RBA, Barcelona, 2006, p. 53.
[7] Parece que éste fue un proceder habitual del emperador en la dirección de los negocios públicos, según refiere Manuel Fernández Álvarez: Carlos V…op. cit., p. 186.
[8] Eulàlia Duran: Les Germanies als Països Catalans, Curial, Barcelona, 1982, p. 163.
[9] Josep Juan Vidal: Els agermanats, Ajuntament de Palma, 1985, p. 69.
[10] Gaspar Sabater: El castillo de Bellver. Su arte y su historia, Ayuntamiento de Palma, 1962, pp. 62-63.
por Juan Carlos Rodríguez, historiador


por Antonio M. Moral Roncal, historiador
dimensión espiritual de la persona, lo cual trataron de reflejar en sus obras literarias. Pero hubo una característica de la primera generación que la segunda mantuvo: la fuerza de la cadena de conversiones, como la del historiador de la cultura Christopher Dawson (1889-1970), al que el rigor intelectual de Newman le atrajo personalmente, al concluir que ningún converso había realizado nunca una aproximación más cuidadosa y consciente al catolicismo.
caracterizada por un humanitarismo que idolatraba al hombre y que, en base a una pretendida tolerancia, abominaba de la religión y despreciaba a los creyentes. Su dirección recae en un líder político mesiánico -un Anticristo relativista- que articula una nueva religión del hombre y del progreso, cuya contrapartida es la persecución de los cristianos, a los que define como fanáticos y clasifica como delincuentes. En un futuro Estado benefactor, donde el progreso científico logra reducir los esfuerzos laborales al mínimo, Benson describía una sociedad que no lograba dotar de sentido las tediosas vidas de los seres humanos, muchos de los cuales optaban por la eutanasia. De esta manera, Benson se anticipó a la conocida e impactante novela Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932), donde también se desarrollarían estas pesimistas visiones de un futuro desalentador y deshumanizado. En todo caso, ambas obras continúan siendo de una neurálgica actualidad a comienzos del siglo XXI.
serie de televisión producida en 1981 y a una película en 2008. Si bien sus guionistas se centraron en describir el canto del cisne de la aristocracia británica y del mundo de la alta sociedad de entreguerras, en la novela queda claro el decisivo papel del catolicismo, de la gracia y de la conversión religiosa. No solo aflora entre sus líneas la relación con Dios, sino que ésta protagoniza la novela, orientando tanto su inicio y desarrollo como final.
demandarle no escritos meramente piadosos sino literatura de calidad, ensayos sustanciosos, ágiles y atractivos de leer. Como señaló la crítica, en el corazón de la visión del mundo chestertoniana late su alegría vital, fruto de contemplar la vida no solo como un placer sino también como un privilegio; de ahí la dureza de Chesterton con aquel que se muestra escéptico y con el suicida. Y es que, para este escritor, al tener a Dios como padre, el mundo resulta ser una patria inteligible, dotada de sentido, por lo que no cabe ni el abandono de la vida, ni la desesperación ni la continua desconfianza.
propiedad de los medios de producción debían distribuirse lo más ampliamente posible entre la población, al contrario que el capitalismo y del socialismo, donde la propiedad queda en manos o de una minoría o del Estado. Frente a los aspectos más negativos de la industrialización sin alma y del urbanismo alienador, defendió la opción de un retorno al campo y a la economía familiar. En El camino de Roma (1902) creó un rompedor libro de viajes que incluía diálogos entre el autor y un lector ficticio, dibujos, signos, mapas, partituras…; practicó el género biográfico en sus acercamientos a las figuras de la reina María Antonieta, el cardenal Richelieu, Robespierre, Luis XIV, Napoleón, Cromwell, entre otras. Asimismo, frente a la concepción marxista y jacobina imperante sobre el ciclo revolucionario iniciado en 1789 escribió Reflexiones sobre la Revolución Francesa y frente a la visión negativa sobre la Edad Media, Las Cruzadas.
privilegiando el debate psicológico y moral de los personajes. El poder y la gloria -llevada a la gran pantalla en 1961- narró la vida de un sacerdote en el México revolucionario del presidente Calles, que era todo menos un modelo de virtudes católicas. El protagonista resulta ser un ejemplo de los defectos que los anticlericales denunciaban continuamente, pero sus acciones lo redimen, al estar guiadas por medio de dos virtudes capitales: la caridad y la humildad. Y así, a pesar de la fragilidad del enviado, el mensaje cristiano se extiende, pues –para Greene– las miserias humanas no hacen sino resaltar el poder y la gloria de Dios. El protagonista muere al intentar acudir a confesar a un bandido, pero un nuevo sacerdote acude a su parroquia para continuar su obra.
por José Luis Orella, historiador
incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres. Este artículo viene relacionado con el art. 7 TUE que impone sanciones en el supuesto de que se constate la existencia de una violación grave y persistente de los derechos humanos por algún gobierno europeo. Lo más sorprendente es que a Polonia y Hungría se les quiera aplicar unas sanciones precisamente por defender art. 2 TUE, que es malintencionadamente interpretado por las instituciones europeas.
después de ser presionada por las instituciones magiares, ante la falta de referencia de una universidad en su país de origen, en este caso, los Estados Unidos. La entidad en realidad se ha dedicado a la formación de activistas para la desestabilización política de países balcánicos y de Asia Central y no a la formación académica, a la que se debe un centro académico superior.
al artículo octavo sobre el derecho al respeto de la vida privada y familiar, que establece que «toda persona tiene derecho al respeto de su vida privada y familiar, su domicilio y su correspondencia». Polonia ha tenido que sufrir el acoso del embajador estadounidense, quien lideró por segundo año un manifiesto suscrito por los diplomáticos europeos occidentales a favor del colectivo LGTB y en contra del Tribunal Constitucional Polaco, que dictaminó que el aborto por malformaciones fetales graves era contrario a la Constitución.
ministra de Justicia de la República de Hungría, Judit Varga, explicaba que la Ley de protección infantil, atacada por las instituciones europeas como discriminatoria, en realidad se enfocaba en garantizar los derechos de los padres a proteger a los menores de edad para que no accediesen a contenidos que pudiesen contradecir los principios educativos que sus padres eligieron enseñarles hasta que ellos mismos se conviertan en adultos. Sin embargo, el derecho de los padres a proteger a sus hijos de amenazas, como la pederastia, no fue reconocida.
por Luis Suárez, historiador
de los demás reinos cristianos peninsulares a la auctoritas imperial. Su principal cometido residiría en la defensa de la fe, íntimo fundamento de la unidad hispana desde el III Concilio de Toledo, coordinando la pluralidad de potestades de los distintos reyes y príncipes (Castilla, Navarra, Aragón, condados catalanes). Con la muerte de Alfonso VII en el campo de batalla se desvanece esa autoridad imperial que confirmará un sistema de monarquía basado en cinco reinos, cada uno de los cuales asumiría la responsabilidad de la defensa de un fragmento de frontera del que fuera el viejo reino hispano-godo. Se conserva, pues, una conciencia de unidad, favorecida por la definitiva adopción del Derecho romano Justiniano, que proporcionaría un modelo de objetivación del poder, todavía rudimentario. De este modo, la soberanía correspondería al reino que la depositaba en el monarca, y el acuerdo jurídico que permitía la preservación de las costumbres sometidas siempre al orden moral.
hacerlas entender; la otra es según naturaleza, así como mostraron los hombres sabios que fueron como conocedores de las cosas naturalmente. Y naturalmente dijeron los sabios que el rey es cabeza del reino, pues así como de la cabeza nacen los sentidos por los que se mandan todos los miembros del cuerpo, bien así por el mandamiento que nace del rey, y que es señor y cabeza de todos los del reino, se deben mandar y guiar y haber un acuerdo con él para obedecerle, y amparar y guardar y enderezar el reino de donde él es alma y cabeza, y ellos los miembros.
ámbito español. Tanto él como sus sucesores prefirieron optar por la creación de nuevos reinos, con estructura institucional propia. Si en Castilla se consolidaron las Cortes, únicas para toda la Corona, impidiéndose la división territorial, la Corona de Aragón aplicó el Privilegio General que defendía las costumbres de cada reino y obligaba al rey a convocar sus correspondientes Cortes. Prevaleció el principio de la Unión de Reinos bajo un mismo soberano. Modelo que confirmarían los Reyes Católicos y sus descendientes de la nueva dinastía de los Habsburgo.
por Víctor Zorrilla, filósofo
Justo Sierra consiguió formar a un cuerpo de maestros en las últimas técnicas didácticas para modernizar la enseñanza primaria: “La europeización preconizada cuarenta años antes por Sarmiento —constata Vasconcelos— comenzaba a realizarse [en México]”. Sin embargo, y como otras tentativas similares, el trabajo de Sierra no llegó a dar sus frutos. Los políticos veían en Sierra a un maestro digno de compasión por su incapacidad para prevaricar —o para ordenar una ejecución sumaria—, de suerte que estaba descalificado para el gobierno. Se le escatimaban los mínimos recursos indispensables para llevar a cabo su proyecto
contando con la colaboración de voluntarios —maestros, pero también intelectuales, poetas y profesionales— incitados por el prestigio intelectual y la autoridad moral de Vasconcelos. Famosamente, la escritora chilena Gabriela Mistral participó en la campaña recorriendo sierras y bosques como “misionera cultural”, además de editar sendos volúmenes de Lecturas clásicas para mujeres y Lecturas clásicas para niños, este último con la colaboración de otros intelectuales mexicanos.
de la revolución”. Para que el arte llegase a reflejar la intensa vida cultural del momento, convocó a los artistas para proponerles el proyecto de un arte para las masas a través de la decoración mural
perspectiva no nacionalista —o mexicanista en sentido estrecho— sino iberoamericana. Según Vasconcelos, solo desde esta perspectiva amplia puede empezar a recuperarse la dimensión transcendente que supone todo sistema acabado de educación. Sin proponer el retorno a una educación confesional determinada, Vasoncelos advierte contra el peligro de los excesos del laicismo:
humanas más profundas no se satisfacen con ideologías reductivas que presentan una noción trunca de la realidad


pio de igualdad y no discriminación de los ciudadanos ante la ley, no es el único inspirador de justicia; se debe invocar más bien los principios que deben inspirar una política sobre la familia en una sociedad avanzada: la racionalidad y realismo en el conocimiento de las diferencias reales entre las comunidades familiares y las otras formas de convivencia


los caballeros andantes
crecimiento −personal y colectivo− que, por oposición, deriva en parálisis o estancamiento ante la vida. La pregunta clave para este representante de la razón vital reside en el propósito u objeto al que, una vez aplicada la inteligencia, fijamos nuestra atención a la hora de encarar la existencia. En caso de desenfoque, por omisión –falta de optimismo vital− o por equivocación −al errar en la finalidad; bien por presunción de medios o por ausencia de ideales justos y buenos− la vida humana carece de la debida articulación, pues «caminará desvencijada, sin tensión y sin forma. […] perdida en el laberinto de sí misma por no tener a qué entregarse»

por Fernando Riofrío, filósofo
que las actividades mentales estén coordinadas con el sistema nervioso del cerebro y sus actividades somáticas propias. Este punto de vista cartesiano está recogido en la definición de mente que ofrece el Oxford English Dictionary, que describe la mente o facultad psíquica como: el lugar de la conciencia, el pensamiento, la volición y el sentimiento; fenómenos y potencias cognitivas y emocionales que constituyen un sistema de control específicamente opuesto a la materia.
exclusivamente en términos mecánicos. Esta posición es un reduccionismo porque cierra acríticamente el camino de la búsqueda científica, debido a que asume la convicción de que el sistema cerebro/espinal es una realidad que sólo ejecuta actividades explicables mecánicamente y exclusivamente por reacciones químicas. El reduccionismo mecanicista rechaza sin ningún fundamento que exploremos otro tipo de causalidad que explique la existencia de actividades mentales dependientes también de una causalidad no-mecánica, como ocurre con la actividad abstractiva del entendimiento.
que la mente, el principio vital e intelectivo del hombre, es simultáneamente el principio especificador y esencialmente determinante del cuerpo. El espíritu humano que puede subsistir en sí mismo después de la muerte, es también el principio causal que hace de una materia un cuerpo peculiar y específicamente configurado como un cuerpo. En consecuencia, la mente, la Psiké noética del hombre, es la causa determinante y el principio esencial que especifica y configura el sistema cerebro/espinal como una entidad somática y orgánica, sin dejar de ser el espíritu mismo del hombre.
elementos materiales. Esto resulta evidente porque, una vez muerta una sustancia biológica, permanecen todos los elementos que la integran, pero no la causa que ordena internamente y configura específicamente la sustancia biológica. Esta causa es lo que los griegos llamaron Psiké y nosotros alma. Esta causa, que es la mente o alma configura esencialmente la sustancia biológica no solamente como un cuerpo, sino como un cuerpo dotado de vida. El hombre es, pues, un cuerpo dotado de vida, pero que cuenta con la clase de vida más alta, que es la vida racional.