La primera vuelta al mundo

Juan Carlos por Juan Carlos Rodríguez, historiador

    La primera vuelta al Mundo no fue en 80 días, ni protagonizada por Phileas Fogg, sino que se prolongó durante unos 1080 días (del 20 de septiembre de 1519 al 6 de septiembre de 1522), siendo capitaneada por Fernando de Magallanes y culminada por Juan Sebastián Elcano, ambos almirantes, al servicio de la Corona española. Con dicha afirmación en los prolegómenos de este artículo, que quiere homenajear tan gloriosa empresa, no deseamos ridiculizar una de las obras maestras del escritor francés, Julio Verne, con la que aquel suceso histórico tiene ciertos paralelismos. Sin embargo, es de justicia remarcar una serie de aspectos que por un hecho u otro han sido presa de la distorsión o cuanto menos, del olvido.

Contexto histórico y antecedentes

     Entre finales del siglo XIV y la primera mitad del XV aparecieron una serie de avances técnicos que mejoraron la navegación y posibilitaron las exploraciones transoceánicas. Dentro de ese conjunto de instrumentos, cabe destacar la brújula que, gracias al magnetismo terrestre, indicaba el norte geográfico; el astrolabio, muy útil para la orientación nocturna, ya que mediante la observación de las estrellas se podía triangular la distancia y latitud; y la corredera que, junto a un reloj de arena, permitía calcular la velocidad.

      La evolución de las llamadas “cocas”, embarcaciones medievales, a las naos y carabelas, revolucionarán la navegación. Las carabelas, denominadas así, por su forma de escarabajo, serán capaces de surcar los mares a una mayor velocidad, debido a su ligero casco y al aprovechamiento de los vientos por sus velas, generalmente triangulares. Además, contarán con una gran bodega, esencial para transportar los víveres necesarios en una travesía transoceánica.

Definición de Carabela » Concepto en Definición ABC

  Asimismo, la idea del mundo conocido fue evolucionando y perfeccionándose a través de personajes como Marco Polo o el linaje Cresques, ambos coetáneos del siglo XIV. El mercader veneciano mejorará el conocimiento de la ruta de las Indias y de la cultura asiática, gracias a sus viajes a la Mongolia y China. Los Cresques, de origen judío y afincados en Palma de Mallorca, destacarán como cartógrafos y elaborarán cartas de navegación[1] detalladas que serán codiciadas por los marinos europeos.

         Todos estos progresos tecnológicos serán aplicados por los europeos en la búsqueda de una nueva ruta de la seda o de las especias a raíz de la conquista turca de la ciudad de Constantinopla. La caída de la capital del Imperio bizantino en 1453 será un punto de inflexión, un antes y después en la navegación. La imposibilidad de continuar con la ruta terrestre hacia el extremo asiático, será calificado por algunos historiadores como el inicio del fin del Medievo. Pero no será ni este hecho, ni la aparición de la imprenta el que marcará la entrada en la modernidad, sino el descubrimiento de un Nuevo Continente.

        Portugal y España liderarán y competirán por encontrar un itinerario alternativo. Mientras que Portugal bordeará el continente africano para llegar a Oriente, España dejará en manos de Cristóbal Colón la anhelada ruta. La idea de este último era llegar al Este por el Oeste y, en su periplo chocará con un continente desconocido. Dicha empresa deberá esperar a ser culminada por Magallanes y Elcano que, aunque sin quererlo, logró una recompensa mucho mayor que la buscada. El descubrimiento de América encumbró a la nación española y forjó los personajes más destacados de su historia.

La Proeza

       Durante la conmemoración de esta efeméride (para ser más exactos, el 1 de marzo del 2019) la Real Academia de la Historia emitió un detallado informe sobre los hechos históricos objetivos que demuestran la españolidad oficial de la gesta marítima que culminó con la primera circunnavegación a la tierra. Dicho planteamiento se debió al postulado de las autoridades portuguesas al intentar capitalizar la paternidad de la gesta por ser Magallanes natural de Portugal.[2] En dicho informe se relata cómo Fernando de Magallanes, a pesar de ser portugués por nacimiento, se castellaniza por voluntad propia, abandonando Portugal y cualquier servidumbre con el Rey Don Manuel, debido a los desencuentros con el monarca. Cuando se firman las Capitulaciones de Valladolid[3] (el 18 de marzo de 1518), que regirán la expedición transoceánica, Magallanes ya estaba afincado en Sevilla, donde había contraído matrimonio, además de testimoniar el nacimiento de su hijo y heredero, Rodrigo. Por tanto, será bajo la protección del rey de España, Carlos I, quien sufragará la empresa, con el que acordará los pormenores en las citadas capitulaciones.

     La leyenda negra, abanderada por la coalición angloholandesa, siempre ojo avizor durante los siglos de Oro de la hegemonía española, hoy tiene sus admiradores en aquellos oriundos que repudian su propia patria y cultura. Los mismos que enturbian el pasado de España con medias verdades o auténticas falsedades son los que se enojan al recordar el descubrimiento de las Américas por Cristóbal Colón (1492), del Océano Pacífico por Vasco Núñez de Balboa (1515), de la Antártida por Gabriel de Castilla (1603), o por las conquistas de Hernán Cortés o de Francisco Pizarro, tachándolos de sanguinarios. Pues bien, tendrán que sumar a su lista de agravios el estrecho descubierto por Magallanes al Sur del Cabo de Hornos (1520) que, en su honor, lleva su nombre y divide el Océano Atlántico del Pacífico.

La primera vuelta al mundo: así fue la mayor hazaña marítima de la historia

   La expedición de circunvalación de Magallanes que -no olvidemos- tenía inicialmente como objetivo abrir una ruta comercial con las Islas de las especias por Occidente, partió de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) el 20 de septiembre de 1519. Estuvo sufragada en un 75% por la Corona y en un 25% por comerciantes burgaleses (entre los que destacó Cristóbal de Haro). Ya durante los preparativos de la expedición, tuvieron que hacer frente a hostilidades por parte de los esbirros Sebastián Álvarez y Álvaro da Costa al servicio del Rey de Portugal, como bien señala la académica Enriqueta Vila Vilar[4]. El rey de Portugal D. Manuel debía de impedir por todos los medios que dicha empresa, capitaneada por el “traidor Magalhaes”, llegase a buen puerto, pues peligraba la exclusividad portuguesa en lo concerniente a la ruta de las especies.

     Doscientos treinta y nueve marineros (de los que ⅔ eran españoles) y 5 embarcaciones: La Concepción al mando de Gaspar de Quesada, La San Antonio, al de Juan de Cartagena, La Victoria al de Luis de Mendoza, La Santiago al de Juan Serrano y La Trinidad al de Fernando de Magallanes iniciaron el trayecto. De ellos, tan sólo dieciocho tripulantes y una embarcación, La Victoria, regresarán.

       La más importante narración y la única completa de la primera vuelta al mundo fue escrita por uno de sus navegantes, el joven Antonio Pigafetta. Nacido en Vicenza, de noble origen, pasó a España en 1518. Pronto trabó gran amistad con Fernando de Magallanes, que le permitió acompañarle en su viaje sin deberes específicos en el grupo de “criados del capitán y sobresalientes”. Radicado en Italia desde 1523, escribió la Relazioni in torno al primo viaggio di circumnavigazione. Con las siguientes palabras relata la travesía:

Durante tres meses y veinte días no pudimos conseguir alimentos frescos. Comíamos bizcocho, aunque ya no era bizcocho sino polvo mezclado con gusanos y lo que quedaba apestaba a orines de ratas. Bebíamos agua amarilla que llevaba podrida muchos días. También comíamos algunas pieles de buey que cubrían la parte superior del patio principal.

    Estos intrépidos marineros recorrieron miles de kilómetros por parajes helados y desiertos, cruzaron por un estrecho que aún hoy es difícil de navegar y consiguieron atravesar el inmenso mar, al que ellos llamaron Pacífico. Siguieron hasta las Islas Filipinas donde Magallanes, en una imprudente escaramuza, murió a manos de los nativos. Entonces, como oficial con más experiencia[5] Juan Sebastián Elcano asumió el mando de la nao Victoria y en esos diez meses que duró la travesía hasta el retorno a España, tuvo que cruzar en solitario el Océano Índico, doblar el cabo de Buena Esperanza, barajar de sur a norte la costa occidental africana y recalar en las islas de Cabo Verde.

El último misterio de Juan Sebastián Elcano

    No hay lugar a dudas en calificar a ese último episodio de periplo; el más duro y exigente de todo lo realizado en los tres años de expedición. Ejemplo de ello fue el paso por el cabo de Buena Esperanza, en el que necesitaron 90 días y en el que la nao Victoria estuvo a punto de hundirse en más de una ocasión, debido a las corrientes y al fuerte temporal, como sostiene el que fue comandante del Buque-escuela de la Armada “Juan Sebastián de Elcano”, el Capitán de Navío Iñaki Paz García[6].

   A su llegada a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522 descendieron de la nao Victoria junto a Elcano y Pigafetta,  Juan de Acurio, Juan de Arratia, Juan de Zubileta, Juan de Santander, Diego Carmena, Vasco Gómez Gallego, Hernando de Bustamante, Miguel de Rodas, el maestre Hans, Antón Hernández Colmenero, Juan Rodríguez, Francisco Rodríguez, Martín de Yudícibus, Francisco Albo, Nicolás el Griego y Miguel Sánchez[7]. En palabras del propio Elcano, todos «flacos como jamás hombres estuvieron».

   Por vez primera se había dado la vuelta al mundo y se había demostrado empíricamente su redondez. La recompensa por tal hazaña para el almirante vasco sería la de una renta anual de 500 ducados en oro y la propiedad de un escudo de armas, en el cual estaba bordada una esfera del mundo a la que acompañaba como lema una leyenda en latín: Primus circumdedisti me (el primero que me circundó)

[1]Las cartas de navegación más extendidas, se denominaban portulanos, y eran manuales en los que aparecían los puertos, accidentes geográficos, distancias o cualquier elemento relevante para la navegación.

[2] https://www.rah.es/informe-de-la-real-academia-de-la-historia-sobre-la-primera-circunnavegacion-a-la-tierra/

[3]Transliteración a cargo de Cristóbal Bernal, DOCUMENTOS PARA EL QUINTO CENTENARIO DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO. LA HUELLA ARCHIVADA DEL VIAJE Y SUS PROTAGONISTAS. Sevilla 2019-2022 pdf

[4]Véase Vila Vilar, Enriqueta: La Primera Vuelta al Mundo, una empresa española. Artículo del Suplemento especial de la Revista Diplomacia Siglo XXI.

[5]Recordemos que Juan Sebastián Elcano se enroló al inicio de la expedición como el “maestre” de la Concepción, es decir, el segundo de a bordo, quien se ocupaba de la maniobra, el personal, los víveres, etc.

[6]Iñaki Paz García ocupó el puesto de Comandante del “Juan Sebastián de Elcano” (julio 2017-junio 2019), y es autor del artículo: La Primera Circunnavegación: una expedición genuinamente española que completó un español genuinamente vasco. «El capitán guipuzcuano Elcano, cuando se haga cargo de los supervivientes de la empresa, no será sobrevenido por las circunstancias, ni seguirá las instrucciones que había dejado escritas Magallanes, como han afirmado algunos, sino que tomará una decisión genuina, la de seguir navegando hacia poniente y no realizar el tornaviaje».

[7] Véase en la Ilustración, la relación de Marineros de la expedición. Archivo General de las Indias.

La batalla cultural de los católicos británicos

antoniomoralroncal (2) por Antonio M. Moral Roncal, historiador

   Las raíces del movimiento cultural conocido como Catholic British Revival se encuentran en la labor desarrollada por el Movimiento de Oxford en el siglo XIX, formado por figuras clave como el cardenal Manning y, sobre todo, el cardenal Newman. Estos intelectuales y sacerdotes argumentaron que el desprecio al católico en la Inglaterra protestante no era más que una consecuencia de un nacionalismo mitificado, fruto de un chovinismo puro y duro, es decir, producto de un desdén hacia quien era diferente, distinto, frente a los esquemas imperantes de lo que debía definir a un británico. Newman afirmó que -tras años de estudio y reflexión personal- el catolicismo era la religión que había mantenido interrumpidamente la fe de los apóstoles en los vértigos de la Historia humana, por lo que su conversión del anglicanismo al catolicismo fue una sorpresa para la rígida sociedad victoriana.

    Newman no fue una figura heterodoxa, pues la apertura de una mejora en la libertad religiosa en las Islas Británicas tras la derrota de Napoleón, el comienzo de una diplomacia más cercana entre Londres y la SantaMovimiento de Oxford - Wikiwand Sede, entre otros aspectos, favorecieron una mayor visibilidad de los católicos en el archipiélago y en su imperio colonial. Contemporáneo a Newman, Coventry Patmore (1823-1896), autor de los poemarios El ángel del hogar (1858) y El eros desconocido (1878) -consagrados al amor humano como símbolo de amor divino- se convirtió al catolicismo, siendo este hecho una de las señas de identidad de numerosos escritores de esa renovación cultural, tanto franceses como británicos, hasta bien entrado el siglo XX. Otro poeta de esta generación, vanguardista y jesuita fue Gerard Manley Hopkins (1844-1889), que destacó por una obra poética que fue aplaudida por encontrarse más cerca del éxtasis que de lo terrenal, pues se evidenciaba su búsqueda desesperada por manifestar aquello que el ser humano debía haber visto en el perdido paraíso terrestre, con la esperanza, sin embargo, de alcanzar el reino de los cielos.

   A diferencia de esta generación, que se enfrentó críticamente al anglicanismo para argumentar su conversión al catolicismo, la que comenzó a formarse en las primeras décadas del siglo XX relegó ese asunto a un término marginal. Los nuevos escritores católicos británicos prefirieron enfrentarse y abordar las grandes cuestiones filosóficas, políticas, artísticas y literarias de su época; como diríamos hoy en día, dar la batalla cultural frente a la imperante oficialmente. Ambicionaron transformar toda la cultura y, por extensión, las estructuras sociales al escribir y debatir sobre el feminismo, la familia, la eugenesia, el capitalismo, los totalitarismos, la persecución religiosa…. Asimismo, tras leer a los intelectuales católicos franceses, confirmaron que no resultaba posible captar la profundidad de la existencia sin atender a la Christopher Dawson (@cdawsonquotes) | Twitterdimensión espiritual de la persona, lo cual trataron de reflejar en sus obras literarias. Pero hubo una característica de la primera generación que la segunda mantuvo: la fuerza de la cadena de conversiones, como la del historiador de la cultura Christopher Dawson (1889-1970), al que el rigor intelectual de Newman le atrajo personalmente, al concluir que ningún converso había realizado nunca una aproximación más cuidadosa y consciente al catolicismo.

   Como católico que analizaba el pasado, para Dawson la cultura -más que la naturaleza- resultaba ser el aspecto básico de la civilización. Concibió la sociedad no tanto como una máquina sino como una persona que estaba además en peligro de muerte, de desaparición, tras la experiencia de la Primera Guerra Mundial. Por ello, en Progreso y religión (1929) escribió que una sociedad que pierde o abandona su religión deviene antes o después en una sociedad que disipa, irremediablemente, sus bases culturales. De ahí la necesidad de investigar la cultura y la religión frente a la historiografía marxista, que consideraba irrelevantes estas cuestiones frente a la lucha de clases, el verdadero motor de la Historia. Frente a quienes defendían la necesidad de estudiar fundamentalmente el conflicto, Dawson opinaba que la creación literaria, artística, filosófica y la espiritualidad debían ser analizadas por quienes se acercaban, con humildad, al conocimiento del pasado para comprender el presente adecuadamente.

    Otro miembro de esta Catholic British Revival fue Robert Hugh Benson (1871-1914), que también fue converso. Hijo del Primado anglicano y arzobispo de Canterbury, su adhesión al catolicismo fue considerado verdaderamente un asunto escandaloso en su época. Escribió La luz invisible en 1903, año en que fue recibido en la Iglesia católica, comenzando una carrera literaria que llegó a estar formada por una veintena de obras de ensayo y narrativa, entre la que destacó Señor del Mundo (1907). En dicha novela, Benson proyectó una sociedad futuraArchivo:Benson 35.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre caracterizada por un humanitarismo que idolatraba al hombre y que, en base a una pretendida tolerancia, abominaba de la religión y despreciaba a los creyentes. Su dirección recae en un líder político mesiánico -un Anticristo relativista- que articula una nueva religión del hombre y del progreso, cuya contrapartida es la persecución de los cristianos, a los que define como fanáticos y clasifica como delincuentes. En un futuro Estado benefactor, donde el progreso científico logra reducir los esfuerzos laborales al mínimo, Benson describía una sociedad que no lograba dotar de sentido las tediosas vidas de los seres humanos, muchos de los cuales optaban por la eutanasia. De esta manera, Benson se anticipó a la conocida e impactante novela Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932), donde también se desarrollarían estas pesimistas visiones de un futuro desalentador y deshumanizado. En todo caso, ambas obras continúan siendo de una neurálgica actualidad a comienzos del siglo XXI.

   Si Newman impactó en Dawson, Benson influyó en la conversión de Ronald Knox (1888-1957), hijo también de un pastor anglicano. Como su amigo Charles Hollis y el editor del Dublin Review, Algar Thorold, su compromiso religioso le llevó finalmente a convertirse en sacerdote católico. Escribió El credo de los católicos (1927), Que se deleiten los señores (1939) o Dios y el átomo (1945). Y, continuando la cadena, Knox influyó en las conversiones de los conocidos escritores G. Chesterton y E. Waugh, así como en la del poeta antibelicista S. Sasson.

   Evelyn Waugh (1903-1966) es uno de los escritores más conocidos, a nivel mundial, por su obra Retorno a Brideshead: las memorias sagradas y profanas del capitán Charles Ryder (1945), debido a su traslación a una Merienda de negros (1932) / Por: Evelyn Waugh (1903-1966) | Mecánica Celesteserie de televisión producida en 1981 y a una película en 2008. Si bien sus guionistas se centraron en describir el canto del cisne de la aristocracia británica y del mundo de la alta sociedad de entreguerras, en la novela queda claro el decisivo papel del catolicismo, de la gracia y de la conversión religiosa. No solo aflora entre sus líneas la relación con Dios, sino que ésta protagoniza la novela, orientando tanto su inicio y desarrollo como final.

   En la obra literaria de Gilbert K. Chesterton (1874-1936) destacaron sus series de novelas policíacas protagonizadas por el padre Brown, algunas de las cuales se llevaron al cine y el medio televisivo. Pero también tuvieron su importancia Ortodoxia, El hombre eterno, así como las biografías sobre San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino. La editorial Sheed & Ward tuvo una relevancia clave en la difusión de su obra, alG.K. Chesterton | ACANTILADO demandarle no escritos meramente piadosos sino literatura de calidad, ensayos sustanciosos, ágiles y atractivos de leer. Como señaló la crítica, en el corazón de la visión del mundo chestertoniana late su alegría vital, fruto de contemplar la vida no solo como un placer sino también como un privilegio; de ahí la dureza de Chesterton con aquel que se muestra escéptico y con el suicida. Y es que, para este escritor, al tener a Dios como padre, el mundo resulta ser una patria inteligible, dotada de sentido, por lo que no cabe ni el abandono de la vida, ni la desesperación ni la continua desconfianza.

   Político del Partido Liberal desencantado con la vida política, Hilarie Belloc (1870-1953) debe ser también incluido en esta generación. Dirigente de la Oxford Union, fundó periódicos incómodos para el poder establecido como The Eye Witness. Intentando influir en las masas para propiciar una mejora social, defendió una teoría distribucionista en su ensayo El Estado servil (1912). Según su concepción, la tierra y la ▷ ¿Por qué hay que leer a Hilaire Belloc? | BalmesLibreria.compropiedad de los medios de producción debían distribuirse lo más ampliamente posible entre la población, al contrario que el capitalismo y del socialismo, donde la propiedad queda en manos o de una minoría o del Estado. Frente a los aspectos más negativos de la industrialización sin alma y del urbanismo alienador, defendió la opción de un retorno al campo y a la economía familiar. En El camino de Roma (1902) creó un rompedor libro de viajes que incluía diálogos entre el autor y un lector ficticio, dibujos, signos, mapas, partituras…; practicó el género biográfico en sus acercamientos a las figuras de la reina María Antonieta, el cardenal Richelieu, Robespierre, Luis XIV, Napoleón, Cromwell, entre otras. Asimismo, frente a la concepción marxista y jacobina imperante sobre el ciclo revolucionario iniciado en 1789 escribió Reflexiones sobre la Revolución Francesa y frente a la visión negativa sobre la Edad Media, Las Cruzadas.

  Finalmente, debemos citar a Graham Greene (1904-1991), cuya conversión se realizó en 1926. La vivencia extraterritorial del catolicismo y la preocupación por la fe -o por sus restos en un mundo descreído- surgen en toda su obra, sobre todo en sus cuatro novelas más famosas: Brighton, parque de atracciones (1938), El poder y la gloria (1940), El revés de la trama (1948) y El fin de la aventura (1951). No por ello descuidó su estilo literario, caracterizado por el rechazo a la abundancia de detalles nimios en las ficciones policíacas (horarios, huellas, trucos…),Graham Greene, el tercer hombre. - LOFF.IT Biografía, citas, frases. privilegiando el debate psicológico y moral de los personajes. El poder y la gloria -llevada a la gran pantalla en 1961- narró la vida de un sacerdote en el México revolucionario del presidente Calles, que era todo menos un modelo de virtudes católicas. El protagonista resulta ser un ejemplo de los defectos que los anticlericales denunciaban continuamente, pero sus acciones lo redimen, al estar guiadas por medio de dos virtudes capitales: la caridad y la humildad. Y así, a pesar de la fragilidad del enviado, el mensaje cristiano se extiende, pues –para Greenelas miserias humanas no hacen sino resaltar el poder y la gloria de Dios. El protagonista muere al intentar acudir a confesar a un bandido, pero un nuevo sacerdote acude a su parroquia para continuar su obra.

  En la actualidad, cuando se plantea la batalla cultural contra el pensamiento único, cabe recordar el ejemplo de todos estos intelectuales que apostaron por la renovación cultural católica en un mundo marcado por la crisis de Occidente, los desastres de la guerra en los dos grandes conflictos mundiales y la amenaza de los totalitarismos (comunismo, fascismo y nazismo). Ellos no se desalentaron.

La Comisión Europea ante Polonia y Hungría: claves del conflicto

10112011-img_1420 por José Luis Orella, historiador

     Las poblaciones europeas que estuvieron bajo el yugo comunista anhelaban poder vivir de forma semejante a sus vecinas occidentales: buen nivel de vida, democracia, defensa de la dignidad de la persona y defensa de las raíces cristianas de Europa. Sin embargo, en el momento actual las instituciones europeas defienden y expanden un laicismo agresivo. El 24 de junio de 2021 el Parlamento Europeo aprobó el reconocimiento del aborto como un derecho humano, contradiciendo al de defensa de la vida. Actualmente, algunos de los países que se integraron en la Unión Europea en el 2004, y cuya clase política procede de los activistas que lucharon por la libertad contra el totalitarismo comunista, se manifiestan sorprendidos por la obligatoriedad deOrbán Viktor 2018.jpg asumir una serie de leyes que contravienen los principios cristianos por los que combatieron. En este aspecto, los países más sobresalientes han sido Polonia y Hungría. El primero, por su propio tamaño, lo convierte en el líder de los países europeos con antecedentes comunistas. El segundo, por la fuerte personalidad de su primer ministro Viktor Orban, que ha intentado desde dentro del Partido Popular Europeo mantener su fidelidad a las raíces cristianas de sus fundadores, hasta la exclusión de su formación política.

     La Comisión Europea, que es quien ayuda a dar forma a la estrategia general de la UE, propone nuevas leyes y políticas de la UE, supervisa su aplicación y gestiona el presupuesto de la UE, se ha convertido en el principal órgano opositor a estos países. Lo curioso es que el art. 2 TUE (Tratado de la Unión Europea) dispone: La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, Tu identidad digital ya es válida en toda la Unión Europea | Industria -  ComputerHoy.comincluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres. Este artículo viene relacionado con el art. 7 TUE que impone sanciones en el supuesto de que se constate la existencia de una violación grave y persistente de los derechos humanos por algún gobierno europeo. Lo más sorprendente es que a Polonia y Hungría se les quiera aplicar unas sanciones precisamente por defender art. 2 TUE, que es malintencionadamente interpretado por las instituciones europeas.

     El 13 enero de 2016 la Comisión Europea activó por primera vez este procedimiento previo del art. 7 TUE para combatir las reformas judiciales del Estado de Derecho en Polonia, que aplicaban un sistema muy semejante al español, al ser elegidos una parte importante de sus magistrados del Tribunal Constitucional por el Parlamento.

  El 13 de febrero de 2018, el Gobierno de Hungría presentó al Parlamento del país un paquete legislativo para combatir las mafias de tráfico humano, que incluye el Proyecto de Ley T/1976, sobre la concesión de licencias a organizaciones de apoyo a la migración, elJudith-Sargentini-portret.jpg Proyecto de Ley T/19775, sobre la obligación de financiación de la inmigración, y el Proyecto de Ley T/19774, sobre la orden de restricción de la inmigración. El 12 de septiembre de 2018, el Parlamento Europeo aprobó una resolución basada en un informe de la eurodiputada holandesa Judith Sargentini, de filiación comunista, en la que insta al Consejo de la UE a aplicar a Hungría el art. 7 TUE.

     La radicalidad de las medidas contra Hungría se han ido agravando después de que en diciembre de 2018, la Universidad Centroeuropea (CEU), entidad fundada por el filántropo estadounidense, pero nacido en el país, George Soros, decidiese trasladar su entidad a Viena, SwashVillage | Biografía de George Sorosdespués de ser presionada por las instituciones magiares, ante la falta de referencia de una universidad en su país de origen, en este caso, los Estados Unidos. La entidad en realidad se ha dedicado a la formación de activistas para la desestabilización política de países balcánicos y de Asia Central y no a la formación académica, a la que se debe un centro académico superior.

    El 17 de septiembre de 2020, el eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar, presidente de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia e Interior de la Eurocámara, presentó un informe para que “Polonia regrese a los valores de la Unión Europea”. Curiosamente, la otra razón fue la configuración de una zona de ayuntamientos denominados como espacios libres de ideología de género. El origen proviene, cuando en respuesta a la Carta de apoyo al colectivo LGBT del ayuntamiento de Varsovia, algunos gobiernos locales polacos adoptaron de forma pública su apoyo a la Carta de los Derechos de la Familia. En ella se planteaban, literalmente: la libertad de expresión, la defensa de la inocencia de los niños, la autoridad de la familia y la escuela y la libertad de los empresarios, de acuerdo con su cultura centenaria de vida social, y reivindicaban la no interferencia en la esfera privada de las mujeres polacas de la Comisión Europea.

     En respuesta a esas medidas se estudia cortar la llegada de fondos europeos a Polonia, como ya decidió Noruega. Este país, que no pertenece a la UE, concede fondos económicos a cambio de poder acceder de forma libre al mercado de la eurozona.  Es el país que ha sido acusado de faltar al Convenio Europeo de Derechos Humanos, porque la Oficina Noruega para la Protección de los Derechos del Niño, está acusada de graves violaciones de los derechos de las familias, por faltarAndrés Duda redobla defensa de la familia, luego de ganar la primera vuelta  en Polonia | Razon+Fe al artículo octavo sobre el derecho al respeto de la vida privada y familiar, que establece que «toda persona tiene derecho al respeto de su vida privada y familiar, su domicilio y su correspondencia». Polonia ha tenido que sufrir el acoso del embajador estadounidense, quien lideró por segundo año un manifiesto suscrito por los diplomáticos europeos occidentales a favor del colectivo LGTB y en contra del Tribunal Constitucional Polaco, que dictaminó que el aborto por malformaciones fetales graves era contrario a la Constitución.

     Estos ataques se ven coronados por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que supeditándose a las conclusiones de la Comisión Europea emitió otra decisión sobre medidas provisionales relativas al sistema judicial polaco. El tribunal de la UE obliga a Polonia a «suspender inmediatamente» la aplicación de las disposiciones nacionales relativas a la Sala de Disciplina del Tribunal Supremo. Sin embargo, el Tribunal Constitucional Polaco dictaminó que la disposición del tratado de la UE, sobre la base del cual el Tribunal de Justicia de la UE obliga a los Estados miembros a aplicar medidas provisionales con respecto al poder judicial, es incompatible con la constitución polaca. En la justificación de la sentencia del Tribunal Constitucional, se indica que la Unión Europea no puede reemplazar a los Estados miembros, elegidos democráticamente, en la creación de regulaciones sobre el sistema de tribunales y la garantía de la independencia de los jueces.

  La decisión reciente de la Comisión europea, no elegida democráticamente, abre expedientes sancionadores a Polonia, por lo citado anteriormente y a Hungría, acusándoles de adoptar medidas discriminatorias contra la comunidad LGTB. En el caso magiar, la Judit Varga (@JuditVarga_EU) | Twitterministra de Justicia de la República de Hungría, Judit Varga, explicaba que la Ley de protección infantil, atacada por las instituciones europeas como discriminatoria, en realidad se enfocaba en garantizar los derechos de los padres a proteger a los menores de edad para que no accediesen a contenidos que pudiesen contradecir los principios educativos que sus padres eligieron enseñarles hasta que ellos mismos se conviertan en adultos. Sin embargo, el derecho de los padres a proteger a sus hijos de amenazas, como la pederastia, no fue reconocida.

     En definitiva, la descripción de los hechos contrasta con la situación de un ejecutivo europeo no elegido democráticamente por sus ciudadanos, que interpreta de forma maliciosa el art. 2 TUE contra gobiernos democráticos, que defienden su soberanía moral basada en una cultura y una historia centenarias favorables a la libertad y la defensa de la dignidad de la persona.

El modelo histórico de la monarquía

  La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es suarez-2-2.jpg  por Luis Suárez, historiador

    Fue a comienzos del siglo XI cuando Alfonso VII, rey de León, hizo coronarse emperador de las Españas (imperator totius Hispaniae). Desde la centuria anterior, los monarcas astur-leoneses aspiraron a restaurar el antiguo reino visigodo que perdiera el rey Rodrigo en el 711 frente a las armas musulmanas. Con aquel título daba a entenderse la subordinaciónFile:Alfonso VII el Emperador, rey de Castilla y León.jpg - Wikimedia  Commons de los demás reinos cristianos peninsulares a la auctoritas imperial. Su principal cometido residiría en la defensa de la fe, íntimo fundamento de la unidad hispana desde el III Concilio de Toledo, coordinando la pluralidad de potestades de los distintos reyes y príncipes (Castilla, Navarra, Aragón, condados catalanes). Con la muerte de Alfonso VII en el campo de batalla se desvanece esa autoridad imperial que confirmará un sistema de monarquía basado en cinco reinos, cada uno de los cuales asumiría la responsabilidad de la defensa de un fragmento de frontera del que fuera el viejo reino hispano-godo. Se conserva, pues, una conciencia de unidad, favorecida por la definitiva adopción del Derecho romano Justiniano, que proporcionaría un modelo de objetivación del poder, todavía rudimentario. De este modo, la soberanía correspondería al reino que la depositaba en el monarca, y el acuerdo jurídico que permitía la preservación de las costumbres sometidas siempre al orden moral.

    La presión ejercida por la nobleza sería aprovechada por Alfonso IX de León a partir de 1188 para desarrollar dichos principios. La posibilidad de que aquella se uniera a su parentela castellana para estorbar el gobierno del rey, hizo que éste dispusiera que las ciudades y villas enviaran sus representantes –llamados procuradores− al Aula Magna, encargada de fijar su derecho. Pronto recibió el título de Cortes, acogiendo a las ciudades junto con el clero y la nobleza, mitigando en Cortes de Castilla - Wikipedia, la enciclopedia librecierto modo su poder, al dar entrada al común o estamento llano de la sociedad. La asamblea asumió tres funciones básicas: fijar y acordar impuestos, establecer el valor de la moneda y promulgar las leyes. Puede decirse que así se reconocía a todos los súbditos la libertad que significaba el vasallaje. De hecho, villas y ciudades eran consideradas el resultado de esa libertad ofrecida por la Reconquista a los moradores que poblaran los nuevos territorios. Las cartas poblacionales regularían sus derechos y libertades. Fueron los concejos de vecinos por medio del alcalde quienes asumieron la administración de justicia de acuerdo con las leyes del reino y su propio fuero. El vecindario sólo lo conformaban los propietarios que vivían de sus rentas con absoluta libertad. Con el tiempo las familias mejor situadas se harían con el gobierno de las ciudades ostentando el cargo de regidores.

    En este contexto, todos los teóricos de la monarquía esgrimieron una razón fundamental en su misión: la custodia de la res pública (los asuntos públicos) para favorecer el camino de la virtud con la que ganar el bienestar temporal y la salvación eterna. Las famosas Siete Partidas de Alfonso X, el Sabio, rey de Castilla y León, son muy clarificadoras al respecto:

Vicarios de Dios son los reyes de cada uno en su reino, puestos sobre las gentes para mantenerlas en justicia y en verdad en cuanto a lo temporal, bien así como el emperador en su imperio. Y esto se muestra cumplidamente de dos maneras: la primera de ella es espiritual según lo mostraron los profetas y los santos, a quienes dio nuestro Señor gracia de saber las cosas ciertamente y deBiografia de Alfonso X el Sabio hacerlas entender; la otra es según naturaleza, así como mostraron los hombres sabios que fueron como conocedores de las cosas naturalmente. Y naturalmente dijeron los sabios que el rey es cabeza del reino, pues así como de la cabeza nacen los sentidos por los que se mandan todos los miembros del cuerpo, bien así por el mandamiento que nace del rey, y que es señor y cabeza de todos los del reino, se deben mandar y guiar y haber un acuerdo con él para obedecerle, y amparar y guardar y enderezar el reino de donde él es alma y cabeza, y ellos los miembros.

    Con la doctrina contenida en la norma legal, el rey abrió el paso a un modelo asentado sobre dos puntos clave: primero, la importancia de la monarquía dependería de su grado de amparo, siempre ajustado a la conciencia cristiana; segundo, la consolidación del Estado precisaría del cumplimiento de un pacto entre el rey y el reino, referido siempre a las leyes y libertades que el monarca ha de jurar, intercambiándose la recíproca obediencia.

    En la Corona de Aragón las diferencias no residían en la concepción o idea de la monarquía, igual que la castellanoleonesa, sino en el sistema de organización territorial derivado de su proceso de expansión. Con la conquista de Baleares y Valencia en el siglo XIII, Jaime I inauguró la plataforma de lo que serían los dominios mediterráneos más allá del Jaime I y sus consejeros militares durante la conquista de Mallorca |  artehistoria.comámbito español. Tanto él como sus sucesores prefirieron optar por la creación de nuevos reinos, con estructura institucional propia. Si en Castilla se consolidaron las Cortes, únicas para toda la Corona, impidiéndose la división territorial, la Corona de Aragón aplicó el Privilegio General que defendía las costumbres de cada reino y obligaba al rey a convocar sus correspondientes Cortes. Prevaleció el principio de la Unión de Reinos bajo un mismo soberano. Modelo que confirmarían los Reyes Católicos y sus descendientes de la nueva dinastía de los Habsburgo.

    A lo largo de este itinerario, queda claro que la monarquía ha sido y es una forma de Estado y no un simple régimen político. De ahí que haya podido amparar y promover diversas formas de gobernar según las necesidades de cada tiempo histórico. La monarquía, pues, no consiste tanto en la defensa de la sucesión hereditaria de una dinastía, cuanto en un pacto de entendimiento entre el reino (la comunidad política) y el rey, su representante. Para presidir dicho diálogo debe actuar el derecho por medio de la ley, expresión de los usos y costumbres heredados como un patrimonio con sujeción al orden moral. Esta ha sido la constante de un modelo forjado en la Edad Media, impidiendo o limitando fórmulas arbitrarias o despóticas, y desarrollando otras más acordes con dicho origen, como el de la mayor parte de las monarquías constitucionales contemporáneas.

La educación tras la independencia iberoamericana

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es victor-zorrilla-3.jpg  por Víctor Zorrilla, filósofo

     En la Indología, obra del mexicano José Vasconcelos, el tratamiento de la educación en el periodo de la independencia americana se inicia con una mención a sus grandes promotores latinoamericanos del siglo XIX[1]. Tras una breve alusión a la obra de Andrés Bello —“uno de los mayores ingenios de nuestra estirpe”— en Chile, Vasconcelos valora la obra de Domingo Faustino Sarmiento en Argentina. Considera a Sarmiento un continuador de la obra de Quetzalcóatl, el dios civilizador de los antiguos mexicanos: “Su acción se resume en una lucha franca contra la barbarie entronizada y contra el delito que queda impune sólo porque ejerce el mando el delincuente”. Sarmiento no solo vio caer a Juan Manuel de Rosas, el tirano a quien combatió, sino que tuvo ocasión de poner en práctica sus doctrinas siendo presidente de su país. Sarmiento tuvo así la fortuna de compaginar, felizmente, las virtudes del estadista y del intelectual: era —observa Vasconcelos— “un hombre acostumbrado a la acción consciente, […] que había elaborado en el estudio su programa y que en la lucha había templado la voluntad necesaria para consumarlo”[2].

     El programa de Sarmiento contemplaba la difusión de la escuela primara y la europeización de su país. Por europeizar —explica Vasconcelos— entendía Sarmiento:

imponer en la América las reglas del gobierno civilizado sobre el furor destructivo de los caudillos; castigar el asesinato, en vez de premiarlo con la presidencia; normalizar el ejercicio del voto para la designación del gobernante; dulcificar las costumbres; otorgar garantías al trabajo y a la vida; difundir la ilustración; combatir la ignorancia y extirpar la tiranía[3].

     Como se ha tratado en otro artículo, Sarmiento buscaba no la anulación, sino la elevación de la cultura americana y su integración en la civilización moderna.

     En México, la educación estuvo marcada por las figuras de Gabino Barreda y Justo Sierra. Inspirada en la doctrina positivista, la acción ilustrada del primero —llevada a cabo en el último tercio del siglo XIX— pretendió poner la educación al día con la ciencia y la filosofía del momento. Ya en la etapa final del régimen de Porfirio Díaz (el porfiriato),Las condecoraciones de Porfirio Díaz Justo Sierra consiguió formar a un cuerpo de maestros en las últimas técnicas didácticas para modernizar la enseñanza primaria: “La europeización preconizada cuarenta años antes por Sarmiento —constata Vasconcelos— comenzaba a realizarse [en México]”. Sin embargo, y como otras tentativas similares, el trabajo de Sierra no llegó a dar sus frutos. Los políticos veían en Sierra a un maestro digno de compasión por su incapacidad para prevaricar —o para ordenar una ejecución sumaria—, de suerte que estaba descalificado para el gobierno. Se le escatimaban los mínimos recursos indispensables para llevar a cabo su proyecto[4].

     Después de la Revolución mexicana (1910-1921), asumió el poder Álvaro Obregón, cuyo gobierno se planteó el proyecto de la reconstrucción nacional. Este proyecto aspiró a consumar los ideales revolucionarios edificando lo destruido por la violencia, uniendo lo dividido por el odio y superando la indiferencia y la desesperanza[5]. Por breve tiempo, ocurrió un memorable florecimiento cultural que el mismo Vasconcelos lideró como titular de la recién fundada (1921) Secretaría de Educación Pública.

     Vasconcelos entendió la necesidad de difundir la enseñanza elemental acompañada de una educación manual que permitiera al indio y al pobre mejorar sus cultivos y perfeccionarse en el ejercicio de sus oficios. Buscaba propiciar, así, un aumento de la producción con mayores beneficios para el productor:

Se trataba de obtener por medio de la educación […] una mejoría inmediata […] del bienestar, como base para una educación posterior más intensa. En [el ropaje] de los tecnicismos contemporáneos, tratábamos de reimplantar los sistemas de Vasco de Quiroga y de Pedro de Gante, el sistema educativo de los misioneros[6].

     Para tal efecto, se organizó provisionalmente un Departamento de Educación Indígena que contaba con un cuerpo de “profesores misioneros” que recorrieron regiones indígenas apartadas, “las más abandonadas del país”, al decir de Vasconcelos, educando sobre los usos de la civilización, orientando en lo relativo a las prácticas higiénicas y suscitando el interés por ilustrarse. Se emprendió, además, una campaña de alfabetización a gran escala[7], de organización improvisada pero Gabriela Mistral, 130 años de una poeta revitalizada y claves de por qué es  un símbolo - WMagazíncontando con la colaboración de voluntarios —maestros, pero también intelectuales, poetas y profesionales— incitados por el prestigio intelectual y la autoridad moral de Vasconcelos. Famosamente, la escritora chilena Gabriela Mistral participó en la campaña recorriendo sierras y bosques como “misionera cultural”, además de editar sendos volúmenes de Lecturas clásicas para mujeres y Lecturas clásicas para niños, este último con la colaboración de otros intelectuales mexicanos.

     Además de estos proyectos auxiliares de carácter provisional, la nueva Secretaría de Educación Pública se dividió, para el ejercicio de sus funciones fundamentales, en tres departamentos: el Escolar, el de Bibliotecas y el de Bellas Artes. El Departamento Escolar se propuso lograr la coherencia de los planes, los grados y métodos. La enseñanza se inspiró en lo que se dio en llamar la educación para el trabajo o la Escuela del trabajo. Se amplió la oferta de estudios para abarcar la práctica de oficios: desde las escuelas hasta los centros de educación superior integraron cursos y talleres de corte, costura, industrias químicas, empaques, cocina y manufacturas de distintos tipos. Se abrieron escuelas técnicas en varias ciudades para la enseñanza de la albañilería, la plomería, la carpintería, la electricidad y la mecánica. En estas mismas escuelas se celebraban ejercicios deportivos en los patios; había bibliotecas donde se hacían lecturas colectivas; se formaron coros y orquestas de alumnos. En la Escuela de Ciencias Químicas de Tacuba se enseñaban industrias como vidriería, cerámica, destilaciones del petróleo, ensayo de minerales y curtiduría, entre otras. A las escuelas elementales del ámbito rural se agregaron huertos y cría de animales domésticos. Con todo ello, se buscó ampliar el abanico de opciones profesionales, combatiendo —explica Vasconcelos— el “profesionalismo clásico y calamitoso de abogados y médicos”[8].

     Por su parte, el Departamento de Bibliotecas tuvo a su cargo la conservación y el fomento de las bibliotecas estatales, algunas de las cuales databan de la época virreinal, además de la creación de modernas bibliotecas públicas. Se inició un programa de bibliotecas ambulantes que, a lomo de mula, iban por la sierra de poblado en poblado. Se fundaron, asimismo, bibliotecas infantiles bellamente decoradas. Se emprendió la publicación de libros elementales de lectura, folletos educativos y material para la enseñanza de las primeras letras. Se inició también un ambicioso programa de edición de clásicos en formato popular. Llegaron a publicarse versiones castellanas de la Ilíada, la Odisea, la Divina Comedia, los Evangelios y el Fausto de Goethe, así como obras de Esquilo, Eurípides, Platón, Plutarco y Plotino. En colaboración con las Sociedades Obreras, el Departamento de Bibliotecas creó cientos de salas de lectura en ciudades, pueblos y aldeas.

     Por otra parte, el Departamento de Bellas Artes tenía a su cargo la enseñanza y el fomento de la música y las artes visuales. Se renovaron instituciones venerables, algunas de la época del Imperio, como Academia de Bellas Artes de San Carlos. Vasconcelos comprendió que todo el programa de educación pública “era visto en aquellos momentos como la primera manifestación de conciencia y de actividad constructivaQué se fractura en la Academia de San Carlos? de la revolución”. Para que el arte llegase a reflejar la intensa vida cultural del momento, convocó a los artistas para proponerles el proyecto de un arte para las masas a través de la decoración mural[9]. Además de pintarse murales en edificios públicos, se recuperó el arte casi perdido del azulejo y del vitral. Se fomentó la pintura al aire libre, convirtiendo las cátedras en talleres donde también se enseñaba a obreros y estudiantes. Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco formaron parte de este gran movimiento artístico. El pintor Adolfo Best creó un método para la enseñanza del dibujo en las escuelas primarias basado en motivos del arte indígena[10].

     El Departamento de Bellas artes fomentó también la música, reorganizando la Sinfónica Nacional y fortaleciendo el Conservatorio Nacional de Música. Lo mismo que la pintura, la música se trasladó al aire libre, presentándose conciertos y bailables en plazas y parques. Un festejo en una escuela sugirió a Vasconcelos la renovación del baile folclórico nacional:

La observación de una fiesta escolar del tipo antiguo me había hecho comprender la irremediable fealdad de aquellos espectáculos en que niñas indígenas de color moreno subido bailaban minuetos con peluca Luis XV. Pensé que cada raza se ve favorecida en el aspecto físico cada vez que se adorna con aquellos artificios que van más de acuerdo con su tipo, su color y su ambiente y que por lo mismo era una injusticia presentar a nuestras niñas con aquel ridículo disfraz de damas de Versalles […]. Resolví entonces ensayar el uso de los trajes nacionales más pintorescos […]. El éxito fue […] rotundo. Se aceptó que aquello era lo natural[11].

     A raíz de esta experiencia, se estableció una Dirección de Cultura Estética encargada de promover la enseñanza de la música, el baile, la gimnasia y el deporte. Esta dirección creó coros y cuerpos de danzantes para presentarse en lugares públicos a la intemperie. La única limitación impuesta era que había que cantar en español canciones nacionales, españolas y latinoamericanas. La misma orientación se impuso a los bailes. Se promovió también el teatro para las masas, en grandes salas y en lugares abiertos: “Buscábamos un arte […] que se desenvolviera al aire libre, único sitio propio del arte de verdad. Queríamos sacar el arte de las cuevas septentrionales que son los teatros modernos para colocarlo otra vez bajo el cielo”[12].

     Se habilitó un local abandonado en un barrio pobre como centro para el canto y el baile. Se trataba de la colonia de la Bolsa, explica Vasoncelos:

La barriada más enemiga de la policía y la más miserable de […] la muy miserable ciudad de México […] a solo veinte calles de los pavimentos de asfalto, por donde pasean su lujo insolente los funcionarios de un pseudobolchevismo arrogante y asqueroso[13].

     Se pusieron techados en el local —el dinero no alcanzó para poner pisos, por lo que muchas clases se quedaron con su pavimento de tierra—; se introdujeron agua potable y baños. Los maestros llegaron provistos de tratamientos para piojos y máquinas para cortar el pelo. En lugar de llevar médicos —“se habrían contentado con clasificar a aquellos niños como anormales”—, se estableció ahí el primer servicio de comidas escolares gratuitas. “La inspiración era tolstoyana más que científica —explica Vasconcelos—. Creíamos en la buena agua y el buen pan y en la bendición que recae sobre la vida del justo”. Se dieron clases de lectura, escritura, matemáticas, geografía e historia. También se enseñaba costura, la cría de animales y el cultivo de la tierra. Se construyó una pequeña biblioteca. Los sábados, los padres de los chicos se presentaban, invitados por los profesores, y se les daban escobas para limpiar las cercanías. Después de barrer, se reunía a todos en un galerón donde se adaptó un tablado y un cinematógrafo. Se ofrecían proyecciones cinematográficas destinadas a atraer a la gente; poco a poco se fueron organizando coros, bailes y representaciones teatrales. Desafortunadamente —lamenta Vasconcelos—, el éxito de ese centro fue su perdición. Al usarlo como pretexto para su propaganda malintencionada, los políticos acabaron por corromperlo. Quisieron lograr:

que aquella obra apareciese como resultado de la política obrerista de quienes jamás se habían molestado en ir a enterrar las ruedas de su automóvil por aquellos pantanos insalubres de la abandonada pobrería[14].

     Vasconcelos termina su repaso de la historia de la educación hispanoamericana con una reflexión en torno a la dimensión continental de la obra educativa y sobre su sentido último. Como en toda la Indología y el resto de su obra, Vasconcelos aboga por una La educación pública como logro de la Revolución | Letras Libresperspectiva no nacionalista —o mexicanista en sentido estrecho— sino iberoamericana. Según Vasconcelos, solo desde esta perspectiva amplia puede empezar a recuperarse la dimensión transcendente que supone todo sistema acabado de educación. Sin proponer el retorno a una educación confesional determinada, Vasoncelos advierte contra el peligro de los excesos del laicismo:

El laicismo de nuestra enseñanza le quita quizás la más fuerte, la más fundamental, la más elevada de todas las inspiraciones humanas: la inspiración religiosa y trascendental, sin la cual no hay cultura, ni hay arte, ni hay poder. No podemos tampoco ni debemos abandonar el laicismo […]; pero sí debemos vigilar que nuestro laicismo no se trueque en hostilidad y negación de la idea religiosa[15].

     En este punto, Vasconcelos cita el ejemplo de los Estados Unidos, cuya fuerza radica en su puritanismo, el cual supone “valores más firmes que los que da la tierra”. Por el contrario —lamenta—, el ateísmo estrecho que ha sucedido a la decadencia de la doctrina católica constituye una de las causas principales del atraso latinoamericano. Las aspiracionesBiografia de José Vasconcelos humanas más profundas no se satisfacen con ideologías reductivas que presentan una noción trunca de la realidad[16]. Hay que considerar cómo las personas darán sentido a sus vidas una vez que hayan mejorado su bienestar. Una pretendida educación —sostiene— que no ofrezca respuestas a esta pregunta esencial no es cabalmente una educación. Sin caer en dogmatismos, la educación debe orientar y encaminar a las personas para que descubran, por sí mismas, la verdad en plenitud. En cualquier caso —sugiere Vasconcelos—, nuestros pueblos necesitan, aún antes que la teoría, una purificación del ambiente moral: “La educación se inspira en Quetzalcóatl y Quetzalcóatl no reina, no se asienta, allí donde impera Huitzilopochtli el sanguinario. Destronemos primero a Huitzilopochtli”[17]. Con esta exhortación alusiva a los dioses precolombinos antagónicos, Vasconcelos cierra sus reflexiones sobre la lucha —aún vigente— por liberar a los pueblos iberoamericanos del atraso, la violencia y la barbarie.

[1] Este artículo constituye la tercera entrega de una serie sobre el libro Indología del pensador mexicano José Vasconcelos. Pueden verse aquí las entregas anteriores: Primera entrega, Segunda entrega.

[2] José Vasconcelos, Indología. Una interpretación de la cultura ibero-americana, Agencia Mundial de Librería, Barcelona, s/d [1926], p. 147-148.

[3] J. Vasconcelos, Indología, pp. 148-149.

[4] J. Vasconcelos, Indología, pp. 153-155.

[5] María del Pilar Macías Barba, “José Vasconcelos y Jaime Torres Bodet. Historia, trayectoria y vocación común”. Revista Interamericana de Educación de Adultos 33,2 (2011), pp. 9-22, aquí p. 20.

[6] J. Vasconcelos, Indología, p. 159. Sobre el sistema educativo de los misioneros, véase la segunda entrega de esta serie.

[7] J. Vasconcelos, Indología, pp. 159-161. Véase: Ma. del Pilar Macías Barba, “José Vasconcelos”, pp. 16-17.

[8] J. Vasconcelos, Indología, pp. 161-163.

[9] “Llamé a todos los pintores para pedirles que dejaran por unos años el arte del cuadro para salón y el retrato y se ocuparan de la gran decoración mural. Públicamente tildé de arte burgués y mediocre toda aquella obra de gabinete y comenzamos a fomentar la pintura al aire libre y la decoración mural”. J. Vasconcelos, Indología, pp. 170-171.

[10] J. Vasconcelos, Indología, pp. 170-175.

[11] J. Vasconcelos, Indología, pp. 178-179.

[12] “Así —continúa Vasconcelos—, los asuntos mismos se ennoblecerían. Todo este arte teatral contemporáneo con ambiente de alcoba y conflictos de vida promiscua y afeminada se regeneraría y se enaltecería. En lugar del asunto psicológico que murmura a puerta cerrada, la tragedia que grita a la faz de la creación; en lugar del problema casero, el problema humano; en vez de la agudeza y la ironía que conducen a la degeneración, los destellos de la esperanza y los clamores de la verdad, que conducen al heroísmo”. J. Vasconcelos, Indología, p. 181.

[13] J. Vasconcelos, Indología, p. 182.

[14] J. Vasconcelos, Indología, pp. 182-184.

[15] J. Vasconcelos, Indología, p. 190.

[16] Recuérdese que Vasconcelos —junto con otros intelectuales de su generación— se propuso superar las limitaciones doctrinales del siglo XIX, representadas sobre todo por el positivismo y el utilitarismo.

[17] J. Vasconcelos, Indología, pp. 190-191.

El matrimonio ante otros modelos de convivencia

 por Lelia Díaz, jurista

          La institución de la familia tiene su fundamento en la historia. Es una realidad objetiva desde siempre. Para el Derecho de la Antigua Roma se tomó los dos tipos de parentesco existente en la sociedad: la cognación y la agnación[1]. La primera es natural, es decir consanguínea; la segunda era creada por la poteMatrimonio (derecho romano) - Wikipedia, la enciclopedia librestas (el poder socialmente reconocido) del pater familias (el cabeza de la familia) como fuente del ius civile (derecho civil romano). Sin embargo, dicha potestad, por ser impuesta, generó ciertos problemas de injusticia a la hora de reconocer la sucesión hereditaria, por ejemplo: no podían participar en igualdad de condiciones los hijos descendientes con parentesco congnaticio con los de parentesco agnaticio; se beneficiaba a estos últimos. La sangre, generadora de parentesco entre las personas en la familia es una realidad que crea un vínculo inescindible entre sujetos y dispensadora entre ellos de un patrimonio de virtudes, facultades, funciones no comunicables al exterior[2].

          Poco a poco esa práctica de desigualdad entre la familia agnaticia y cognaticia se fue erradicando, prevaleciendo el parentesco cognaticio, es decir, el de lazo natural. Sobre todo, en el seno del Derecho romano cristiano a partir del emperador Constantino y especialmente en el Corpus iuris del emperador Justiniano es donde empieza a fraguarse un paradigma de familia patriarcal más benigna, más humana, menos autoritaria, aunque el pater sea el único rector absoluto del grupo familiar[3]. El cristianismo tomó con criterio racional el hecho de que la familia cognaticia es una realidad objetiva per se, no impuesta; generadora de realidades objetivas, de justicia, de solidaridad.

          En el contexto del Derecho romano, la familia es un organismo ético natural que recuerda los caracteres del Estado, porque tenía una organización propia. La familia como parva res publica[4] (pequeña república o Estado) es una institución jurídica. Eso significa que contiene, como elementos materiales, un conjunto de relaciones sociales homogéneas con un marco normativo proporcionado por el derecho[5].

          En este sentido, la institución del matrimonio se conforma de acuerdo con los elementos propios de la familia natural. Como hemos explicado, el Derecho romano reconoce la realidad matrimonial/familiar sobre la relación de cognación. Esto implica necesariamente un connatural vínculo intersexual entre hombre y mujer predispuesto al acto generador. Crear por ley un modelo matrimonial carente por sí mismo de la capacidad de procreación desdibuja su realidad y altera su definición: matrimonium, cuya etimología procede de mater (madre) y monium (calidad de). Por consiguiente, el matrimonio es la cualidad para ser madre, con concurso natural de varón, dentro de un vínculo estable de compromiso a la vida compartida o en común. Las parejas homosexuales son, por ejemplo, una realidad del todo distinta y que, por tanto, merecen un tratamiento también diferenciado. Más aún, las situaciones de convivencia ajenas a la relidad del matrimonio, con idependencia de la condición sexual, debieran regularse jurídicamente a partir de otros parámetros. Si la ley, por imposición del legislador, en contra de la realidad histórica del matrimonio, procede a equiparar distintas uniones con el matrimonio, incurre en un grave error; como, de hecho, acontece. En verdad se atenta y desnaturaliza una institución social más básica y de larga trayectoria.

        Lo que diferencia al reproductor del “ser”: “un padre y una madre, es la unión de amor conyugal, en cuyo seno se concibe, acoge, convive y educa a los hijos. La unión conyugal y su dinámica vital es ser a priori de donde surgen sus fines específicos y su eficiente potencia de acometerlos”[6]. Por ello, el princiCuál es el significado de familia? - Eres Mamápio de igualdad y no discriminación de los ciudadanos ante la ley, no es el único inspirador de justicia; se debe invocar más bien los principios que deben inspirar una política sobre la familia en una sociedad avanzada: la racionalidad y realismo en el conocimiento de las diferencias reales entre las comunidades familiares y las otras formas de convivencia[7]; y, el de subsidiariedad: el Estado tiene la obligación de promover que la familia sea lo que es; es decir, un sujeto social más primario y activo. Tan es así que la energía para ser lo que es y para desempeñar sus imponentes funciones personales y sociales surge de sí misma. Quiere esto significar, en el orden de la política familiar, que es más importante lo que la familia puede aportar a la dimensión pública y política de la comunidad que las medidas concretas que la política puede proporcionar a la familia.

         El mundo jurídico debe retomar más profundamente la reflexión sobre el sentido de la institución matrimonial y sobre su contribución no sólo a la sociedad, a través de sus imponentes tareas de dar la vida y educar a las nuevas generaciones, sino también a la cultura jurídica[8].

          En suma, el mero hecho de mencionar una política a favor de la familia no significa que en verdad lo sea. Por de pronto, una política bien inspirada en favor de la familia ha de ser una política exquisitamente respetuosa con los derechos humanos fundamentales[9]. Debe evitarse, pues, la discriminación de la familia. El realismo y la racionalidad invitan a aplicar, además del principio de justicia, un análisis objetivo de las funciones estratégicas que cumplen las comunidades familiares y otras formas de convivencia, evaluando sus concretas contribuciones al bien común de la sociedad.

         Si las comunidades familiares y las convivencias de hecho no son iguales en sus deberes, funciones y servicios a la sociedad, no pueden ser iguales en nombre, ni en derechos, ni en programas de ayuda. Consideramos un signo de dictadura ideológica o de pensamiento débil el hecho de promover desde los poderes públicos, bajo pretexto de pluralismo democrático, un tratamiento político y jurídico indiferenciado, que discrimine a las comunidades familiares en relación con las convivencias de hecho, al margen de su contribución real al bienestar social y al bien común general[10].

    Es claro que después de iniciado el siglo XXI, en plena globalización, se aprecian heridas graves en la familia: la disgregación de sus miembros, la violencia doméstica, la reclamación constante de derechos sin asumir los correlativos deberes, el tedio de lo cotidiano, la incomunicación entre sus miembros, padres que declinan su autoridad y sus funciones educativas, etc[11]. El término contradictorio de “matrimonio homosexual”, o los abusos en tema de reproducción humana, entre otras, dañan gravemente la familia e impiden la formulación de un Derecho familiar concordado[12].

         La equiparación entre matrimonio y otras uniones es un modo de elevar a categoría de matrimonio aquello que no lo es; igualar por abajo, tan propio de una sociedad ayuna de valores éticos[13]. Este tipo de igualaciones perjudica los derechos fundamentales de los hijos, cuyo interés ha de defenderse por encima de cualquier otro. Se corre el riesgo de que el ordenamiento atribuya a los menores, de manera artificial el derecho a la identidad, principio de igualdad en filiación e interés superior del niño[14].

         No se es padre por estar casado o unido civilmente, sino por ser biológicamente progenitor de un hijo, el cual estará unido con vínculos jurídicos, de una juridicidad profundamente ética, como dice el Tribunal Supremo español en sus sentencias de 5 de octubre de 1993, de 8 de noviembre de 2013 y de 2 de marzo de 2015, al hablar de las obligaciones de alimentos de padres a hijos, a una mujer y un hombre, de los que procede. Esta es la realidad natural que el legislador debería respetar y que no debería ser transgredida[15] si se aspira a promover el progreso integral de las personas, su familia y las sociedades, el bien común en definitiva, en este segundo milenio de nuestra Era.


[1] Álvaro D’ORS: Derecho Privado Romano, Décima Edición, EUNSA, Pamplona, 2010, p. 287.

[2] Paolo GROSSI: El orden Jurídico Medieval, Marcial Pons, Madrid, 1996; traducido por Francisco TOMÁS y VALIENTE y Clara ´LAVAREZ, Madrid, p. 78.

[3] Mariano PÉREZ: La familia y el derecho. Grandes tratados de Derecho de la familia, Volumen 1, Editorial Aranzadi, S.A.U, enero 2015, pp. 9-11.

[4] Íbid, p. 7.

[5] Francisco TOMÁS Y VALIENTE: Manual de Historia del Derecho español, 4 Edición, Tecnos, Madrid, 1998, pp. 31-32.

[6] Pedro VILADRICH: La alianza y la unión conyugal I. Antología de textos. Volumen I. Universidad de Piura, Piura, agosto 2020, pp. 31-32.

[7] Ibid, pp. 729-736.

[8] Pedro VILADRICH, op. cit., pp. 729-736.

[9] Ibid, pp. 729-736.

[10] Ibid, pp. 729-736.

[11] Mariano PÉREZ, op. cit., pp. 43-45.

[12] Ibid., pp. 43-45.

[13] Ibid., p. 65.

[14] Cfr. Maricela GONZÁLES: “Matrimonio entre personas del mismo sexo: ‘un derecho fundamental o una tergiversación de derechos?, En Erika ZUTA y Juan TELLO: ¿Replanteamos el matrimonio?, Themis Editorial Jurídica, Lima, 2020, p. 130.

[15] Cfr. MARTÍNEZ DE AGUIRRE en Javier NANCLARES: “El matrimonio y la familia ante la reforma del derecho civil peruano” En Erika ZUTA y Juan TELLO: ¿Replanteamos el matrimonio?, Themis Editorial Jurídica, Lima, 2020, p. 311.

Los ideales de caballería en el siglo XXI

 por Antonio Cañellas, historiador

            Alrededor de 1275 Ramón Llull, ya por completo entregado a su labor misionera en la orden franciscana de los frailes menores, agrupó en un breve tratado las que debían ser virtudes propias del caballero. Buen conocedor de la corte –en este caso del reino de Mallorca− en la que había servido como mayordomo del infante don Jaime, el autor quiso retomar los principios de la caballeríaJaume II de Mallorca - Viquipèdia, l'enciclopèdia lliure conforme a su valor original. En pleno auge de la filosofía y la teología escolástica, Llull sentó los cimientos de un humanismo que habría de responder con eficacia a los retos del siglo XIV. Y es que frente a las tesis nominalistas de otro fraile franciscano, Guillermo de Ockham, según las cuales sólo puede conocerse lo concreto o individual[1], Llull había afirmado la directa comunicación entre la realidad empírica o demostrable y la dimensión abstracta o trascendente –igualmente real−, que confluye en la naturaleza humana[2]. De este modo, fe y razón forman en la persona una unidad que, en planos distintos pero complementarios, la capacitan para conocer y merecer. El libre albedrío tiene aquí una importancia capital, por cuanto puede disponer el entendimiento hacia la virtud, a la que también ordena la voluntad para su ejercicio efectivo. Por eso Cervantes presentó, de labios de don Quijote, la libertad como «uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los Cielos»[3]. De esto modo, la libertad se contempla como una dádiva que, ejercitada de acuerdo con la recta razón, asemeja al ser humano con Dios. En este sentido, otros autores del Siglo de Oro abundaron en esta interpretación, reconociendo la inmutabilidad de lo ético por la fuerza del intelecto, que se decantaría por la verdad, subordinándose a ella[4]. Al actuar así, la libertad se desplegaría mediante la acción coordinada del entendimiento y la voluntad ordenados a la consecución del bien, destino último de la persona humana[5]. De aquí derivaría la misión del caballero que, según Llull, habría de servir a la caridad, la justicia y la verdad, restableciéndolas de acuerdo con el ordenamiento moral inscrito en la Creación:

Cuando en el mundo cundió el menosprecio de la justicia por disminución de la caridad, fue preciso que la justicia retornase por su honor. Por eso eligió de entre el pueblo el que fuese más amable, y más sabio, más leal, más fuerte, de más noble ánimo, de mejor instrucción y de mejores costumbres que los demás[6].

            Así pues, estas cinco facultades, adquiridas con ese esfuerzo interior que armoniza la trascendencia, el intelecto y el deseo, constituyen virtudes propias del caballero (lo mismo puede decirse de la dama) al encauzar todo su potencial hacia la justicia y el bien. En este sentido, la amabilidad que, según su etimología, alude al que tiene capacidad de amar, es una manifestación clara de la caridad o del amor. Esto supone un acto de entrega a los demás, tratándolos como nos gustaría que hicieran con nosotros. Desde el siglo IV a. C se percibe la fuerza de esta corriente de pensamiento, tanto en la cultura griega, hebrea, oriental o romana, aunadas por un humanismo compartido. La conciencia acerca de la realidad antropológica, común a todo el género humano, establecería vínculos de fraternidad e implicaciones éticas basadas en el respeto mutuo[7]. Dicha premisa entrañaría un compromiso de donación a una promesa por parte del caballero; la que éste habría asumido de aprovechar sus dones en servicio y edificación de sus semejantes. Una tarea ardua, sólo superada por la capacidad amorosa de sacrificar la propia comodidad en bien del otro. Y es que el amor en sus distintas expresiones −a la familia, a los amigos, a la patria, etc.− supone una entrega que, al sobrenaturalizarse, se convierte en agapé o amor sublime fundado o plasmado por la fe religiosa[8]. Por consiguiente, al reconocer la condición creatural de la persona y su filiación divina por el bautismo, el caballero se ofrecería a los demás por Dios a imitación de Jesucristo[9].

            En cuanto a la sabiduría, apunta don Quijote en una de sus digresiones a Sancho Panza que jamás la lanza embotó la pluma, ni la pluma la lanza. Es decir, el servicio a las armas es conciliable, y aún necesario, con el cultivo de la inteligencia; pues de todo han de saberCVC. El Conjuro de los libros. Don Quijote le lee a Sancho la ... los caballeros andantes[10]. Pero ¿qué es la sabiduría? Los latinos distinguían el verbo sciô-scire de sapio-sapere, que designa la formación del recto juicio y no la exclusiva acumulación de conocimientos. Sólo su ordenación a comprender la causa primera de las cosas es identificada con la sabiduría. La que permite dar cuenta y razón de la existencia del ser humano de un modo completo e integral.

            Por lo que respecta a la lealtad cabe distinguirla de la fidelidad, aunque vayan habitualmente de la mano si miran al bien que se busca. La lealtad, en efecto, exige de la fidelidad, esto es, la adhesión constante a un código de honor definido por la hombría de bien. No es leal quien, por ahorrarse un mal momento, calla cuando puede hacer un bien con lo que dice, con ánimo siempre de contribuir a lo mejor para la persona o grupo al que se dirige. Se trata, pues, de corregir con espíritu constructivo cuando resulta menester en bien de todos.

            La fortaleza referida por Llull no es la simple fuerza física o de medios, sino la virtud de la perseverancia en la decisión prudentemente adoptada, inclinada por tanto al bien en cada circunstancia y sostenida en el tiempo a pesar de las dificultades que se puedan presentar. No es fuerte el soberbio, sino el humilde, conocedor de sus propias limitaciones. Bien lo advirtió Cervantes al calificar «la humildad como el fundamento de todas las virtudes, pues sin ella no hay virtud que lo sea realmente». Por eso recuerda el doctor iluminado que la fuerza del caballero no reside tanto en la energía corporal como en la virtud del buen ánimo[11]. Se trata, en definitiva, de que el espíritu noble del caballero le obligue en conciencia a prestar con sencillez -sin aparatosidad- un servicio útil y constante a la sociedad en la que vive. La persona noble no es aquí la que ostenta un título y nada más, sino la cualidad moral de quien merece ser conocido por sus virtudes.

            Dentro de esta concepción, el espíritu de caballería exige gobernanza, señorío personal, con el que poder prestarse a los demás. Aquí estriba la cualidad moral del honorpatrimonio del alma[12], como evocara Pedro Calderón de la Barca−, que lleva al cumplimiento del deber por dignidad propia y ajena. Sobre este presupuesto Cervantes elaboró un perfil muy preciso del caballero: único en ingenio, sólo en cortesía, extremo en gentileza, fénix de la amistad, magnífico sin tasa, grave sin presunción, alegre sin bajeza y, finalmente, primero en todo lo que es ser bueno[13].

            Más recientemente, filósofos como José Ortega y Gasset asociarían estos altos ideales a la acción de las minorías escogidas, precisamente por su responsabilidad en el servicio. Con la expresión nobleza obliga, el autor apela también al buen ánimo; un atributo interior que marca la autoexigencia y el esfuerzo personal con el que alcanzar la excelencia para contribuir así a la edificación de las otras personas[14]. Sin esta actitud resulta harto difícil lanzarse a unCómo motivar al Equipo Directivo de una Empresa crecimiento −personal y colectivo− que, por oposición, deriva en parálisis o estancamiento ante la vida. La pregunta clave para este representante de la razón vital reside en el propósito u objeto al que, una vez aplicada la inteligencia, fijamos nuestra atención a la hora de encarar la existencia. En caso de desenfoque, por omisión –falta de optimismo vital− o por equivocación −al errar en la finalidad; bien por presunción de medios o por ausencia de ideales justos y buenos− la vida humana carece de la debida articulación, pues «caminará desvencijada, sin tensión y sin forma. […] perdida en el laberinto de sí misma por no tener a qué entregarse»[15]. Es lo que Henri Bergson –exponente francés del vitalismo filosófico− calificó como individuos o sociedades de moral cerrada. A saber, los que se ensimisman en su egoísmo incapacitándose para la apertura a la trascendencia y a la consiguiente fuerza del espíritu, auténtico motor del dinamismo vital que mira siempre al bien objetivo[16]. En realidad, se apela a una ascesis −del griego asketés: el que se ejercita o entrena−, con una práctica recurrente de las virtudes que acaban dibujando el genio de la persona. Las mismas que desglosara Llull y que, por su naturaleza −siempre inalterable− persisten vinculadas a la ética o moral, característica de la condición humana. La realización personal propia del caballero y de la dama radica entonces en esa vertebración con la que ofrecerse al progreso integral de la sociedad, tan apremiante o más en nuestros días que en los del doctor iluminado.

[1] Rafael Ramón Guerrero, Historia de la filosofía medieval, Akal, Madrid, 1996, p. 224.

[2] Luis Suárez, «Los fundamentos humanistas de Ramón Llull» en CIDESOC (08/06/2017).

[3] Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Libro II, Cap. LVIII.

[4] Véase Juan Cruz, Fragilidad humana y ley natural. Cuestiones disputadas en el Siglo de Oro, Eunsa, Pamplona, 2009, pp. 25-26.

[5] Sth, I-II, q. 1, a. 1

[6] Ramón Llull, Libro del orden de caballería, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1949, p. 21.

[7] Para el caso, consúltese la obra de Aristóteles, Confucio, Séneca o la tradición judía, al menos desde los últimos profetas del Antiguo Testamento, que anticipan el mensaje evangélico posterior.

[8] Benedicto XVI, Deus caritas est, Palabra, Madrid, 2006, p. 20.

[9] «Si eres caballero, es que recibes la honra y la servitud  propias de los amigos de caballería; porque, en cuanto tienes más nobles principios, eres tanto más obligado a ser bueno y agradable a Dios y a las gentes». Ramón Llull, op. cit, pp. 23-24.

[10] Miguel de Cervantes, op. cit, Libro I, Cap. XVIII.

[11] Ramón Llull, op. cit, p. 36.

[12] Pedro Calderón de la Barca, El alcalde de Zalamea, Jornada I, escena XVIII, vv. 875-877.

[13] Miguel de Cervantes, op. cit, Libro I, Cap. XIII.

[14] José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas, Espasa-Calpe, Madrid, 2007 (1ª ed. 1937), pp. 130-132.

[15] Ibid, p. 203.

[16] Henri Bergson, Las dos fuentes de la moral y de la religión, Editorial Sudamericana, 1962 (1ª ed, 1907).

La belleza como alimento espiritual

 por María del Sol Romano, filósofa

            Para la filósofa Simone Weil (1909-1943) la belleza es «el misterio supremo de este mundo»,[1] «la única finalidad en este mundo»[2], «la imagen del bien»[3] y una de las «formas del amor implícito a Dios».[4] También es una auténtica fuente de alegría, pues, siguiendo a la autora, «la alegría pura es siempre alegría de lo bello»[5] y «mientras se tengan cosas como el mar, las montañas, el viento, el sol, las estrellas, la luna, el cielo, no se puede ser completamente desdichado»[6].

            La belleza es algo que apetece, que atrae, que se desea, pero paradójicamente es una realidad que no puede consumirse, devorarse o modificarse siguiendo los dictámenes de la voluntad humana. Ante esto, la filósofa francesa afirma que «la belleza promete siempre y jamás da nada; suscita un hambre, pero no hay en ella alimento para la parte del alma que intenta saciarse en este mundo, es un alimento solo para la parte del alma que mira».[7]

            Todo ello indica, por una parte, que el empeñarse en consumir la belleza con el fin de satisfacer un deseo puramente mundano puede conducir al mal moral. Como señala la autora, «los vicios, las depravaciones y los crímenes son casi siempre o incluso siempre en su esencia tentativas de comer la belleza, comer lo que solo hay que mirar»[8]. Pero, por otra parte, «la actitud inversa, mirar un fruto sin comerlo, debe ser lo que salva»[9].

            La belleza es, por tanto, «lo que se puede contemplar»[10] y, desde esta perspectiva, es «algo que se come; es un alimento»[11]. Es un alimento espiritual ante el que hay que mantener la distancia. Es lo que sacia sin tocar, es «un fruto que se mira sin tender la mano»[12]. De ahí que la distancia constituye para Simone Weil «el alma de lo bello»[13], así como la única manera de experimentar y recibir el alimento de la belleza.

            Cuando se contempla algo verdaderamente bello, todo el yo está en silencio y listo para recibir la belleza que viene del exterior. Se está entre la palabra de aquello que es bello y el silencio de las facultades que se preparan para recibir el alimento que les proporciona la belleza. Como apunta la autora, cuando se está frente a lo bello «todas las facultades del alma permanecen en silencio y se disponen para aprehender esa cosa perfectamente bella, cada una a su manera. La inteligencia entre otras; no encuentra nada que afirmar o negar, solo se alimenta»[14].

            La belleza, además de alimentar espiritualmente, mueve a quien la contempla a una transformación de sí y a un mejoramiento moral. Asimismo, revela el don de amor de Dios que deja su huella en este mundo. Esto es, «por amor, la materia recibe la huella de la Sabiduría divina y se vuelve bella». Lo anterior muestra, en definitiva, que la belleza comporta una unidad entre la naturaleza y la gracia, a la vez que es «la marca de un intercambio de amor entre el Creador y la creación»[15].

 

[1] S. Weil, “Collectivité-Personne-Impersonnel-Droit-Justice”, [1943], en Œuvres complètes, t. V vol. 1, Gallimard, Paris, p. 231. En adelante se usará la abreviatura OC, tomo, volumen y página.

[2] S. Weil, “Formes de l’amour implicite de Dieu”, [1942], OC, IV 1, p. 304.

[3] S. Weil, “Cahier VI”, [1942], OC, VI 2, p. 384.

[4] Para Simone Weil el “amor implícito a Dios” tiene tres objetos inmediatos o tres amores: “las ceremonias religiosas, la belleza del mundo y el prójimo”. S. Weil, “Formes de l’amour implicite de Dieu”, [1942], OC, IV 1, p. 286.

[5] Cf. S. Weil, “Cahier VII”, [1942], OC, VI 2, p. 485.

[6] S. Weil, “Lettres à Antonio”, [1941-42], en Cahiers Simone Weil, VII/3, septembre 1984, p. 203.

[7] S. Weil, “Collectivité-Personne-Impersonnel-Droit-Justice”, [1943], OC, V 1, p. 231.

[8] S. Weil, “Formes de l’amour implicite de Dieu”, [1942], OC, IV 1, p. 304.

[9] S. Weil, “Formes de l’amour implicite de Dieu”, [1942], OC, IV 1, p. 304.

[10] S. Weil, “Cahier IV”, [1941], OC, VI 2, p. 65.

[11] S. Weil, “L’Enracinement”, [1943], OC, V 2, p. 186.

[12] S. Weil, “Cahier VI”, [1942], OC, VI 2, p. 393.

[13] S. Weil, “Cahier XI”, [1942], OC, VI 3, p. 343.

[14] S. Weil, “Cahier VI”, [1942], OC, VI 2, p. 348.

[15] S. Weil, “Cahier XIV”, [1942], OC, VI 4, p. 182.

Mente y cerebro en la vida humana

 por Fernando Riofrío, filósofo

            Es muy fácil observar la influencia predominante que tiene en nuestra época la postura filosófica dualista mente/cuerpo de Descartes. Ciertamente, estamos convencidos de que el cerebro es un mecanismo que obedece a causas mecánicas y que la mente es otra realidad, diferente del cerebro. Desde este punto de vista, la mente realiza actividades psíquicas que no son atribuibles al sistema corporal orgánico cerebro/espinal; siendo un misterio el hecho deRené Descartes - El Viejo Topo que las actividades mentales estén coordinadas con el sistema nervioso del cerebro y sus actividades somáticas propias. Este punto de vista cartesiano está recogido en la definición de mente que ofrece el Oxford English Dictionary, que describe la mente o facultad psíquica como: el lugar de la conciencia, el pensamiento, la volición y el sentimiento; fenómenos y potencias cognitivas y emocionales que constituyen un sistema de control específicamente opuesto a la materia.[1]

            Aunque esta postura está fuertemente enraizada en el sentido común contemporáneo, recientemente ha sufrido fuertes ataques originados por los nuevos descubrimientos de la neurociencia[2]. Éstos han planteado dudas acerca de la concepción de la mente que hemos recibido de Descartes, quien concibió la mente y sus actividades psíquicas como un sistema específicamente separado de la materia, que desde fuera podía tener una influencia sobre el cuerpo. La evidencia experimental de la neurociencia indica que las actividades psíquicas están fuertemente involucradas en el sistema orgánico cerebro/espinal y la red de circuitos eléctricos neurales, que son el requisito de cualquier actividad mental.

            Estos nuevos conocimientos han conducido a repensar el plexo mente-cerebro y explorar nuevos caminos distintos del camino seguido por la tradición dualista mente/cerebro de Descartes. Uno de los caminos que los científicos y el público general se ha sentido tentado de explorar es el del monismo materialista contemporáneo, que reduce la realidad del plexo mente-cerebro solamente al sistema orgánico cerebro/espinal y sus circuitos eléctricos neurales, que serían realidades puramente materiales explicables Sobre el cerebro humano - CogniFitexclusivamente en términos mecánicos. Esta posición es un reduccionismo porque cierra acríticamente el camino de la búsqueda científica, debido a que asume la convicción de que el sistema cerebro/espinal es una realidad que sólo ejecuta actividades explicables mecánicamente y exclusivamente por reacciones químicas. El reduccionismo mecanicista rechaza sin ningún fundamento que exploremos otro tipo de causalidad que explique la existencia de actividades mentales dependientes también de una causalidad no-mecánica, como ocurre con la actividad abstractiva del entendimiento.

            Ni el dualismo cartesiano ni el reduccionismo mecanicista ofrecen principios básicos consistentes y libres de aporías a la neurociencia. Pero si estas dos posturas filosóficas no son capaces de aclarar los principios sobre los que se basa la neurociencia, habrá que buscar una tercera vía. ¿Cuál es la corriente filosófica que puede recorrerla? El neoaristotelismo, inspirado en la doctrina hilemórfica de Aristóteles. Éste, al igual que Descartes, está convencido de la intelectualidad y espiritualidad de la mente. Sin embargo, Aristóteles, a diferencia de Descartes y su maestro Platón, piensaAristóteles, el pensador polifacético que la mente, el principio vital e intelectivo del hombre, es simultáneamente el principio especificador y esencialmente determinante del cuerpo. El espíritu humano que puede subsistir en sí mismo después de la muerte, es también el principio causal que hace de una materia un cuerpo peculiar y específicamente configurado como un cuerpo. En consecuencia, la mente, la Psiké noética del hombre, es la causa determinante y el principio esencial que especifica y configura el sistema cerebro/espinal como una entidad somática y orgánica, sin dejar de ser el espíritu mismo del hombre.

            Pero, ¿es posible que Aristóteles sostenga que el principio intelectivo del hombre es también el principio que especifica el cuerpo humano material sin caer en inconsistencia? Platón y Descartes prefirieron separar el cuerpo material de la mente. En cambio Aristóteles no ve ningún problema en admitir que la mente, el alma intelectiva noética, sin dejar de ser espiritual e intelectual en todo derecho, es, a la vez, la causa determinante que hace que una materia sea hecha un cuerpo y una sustancia biológica determinada.

            Dado que Aristóteles piensa que el alma es una entidad simple, por ser un acto, la cuestión que emerge frente a sus reflexiones es si efectivamente el alma en su simplicidad sin partes puede simultáneamente cumplir dos funciones tan diferentes, de un lado, especificando y configurando somáticamente el cuerpo, y, del otro lado, especificando biológica, racional e intelectivamente el hombre como sustancia biológica, racional e intelectual.

            Aristóteles no ve ningún impedimento en que el alma desempeñe estas dos funciones porque demuestra que ninguna forma es lo mismo que la materia, y, por esto mismo, tampoco el alma, pues para él el alma es una forma (eidos). El alma no es ninguno de los elementos materiales de las cosas físicas, ni tampoco es un grupo de elementos materiales integrantes de la sustancia corpórea, sino que es más bien el orden mismo que dispone y configura los El "susto": cuando el alma abandona el cuerpo - La Mente es Maravillosaelementos materiales. Esto resulta evidente porque, una vez muerta una sustancia biológica, permanecen todos los elementos que la integran, pero no la causa que ordena internamente y configura específicamente la sustancia biológica. Esta causa es lo que los griegos llamaron Psiké y nosotros alma. Esta causa, que es la mente o alma configura esencialmente la sustancia biológica no solamente como un cuerpo, sino como un cuerpo dotado de vida. El hombre es, pues, un cuerpo dotado de vida, pero que cuenta con la clase de vida más alta, que es la vida racional.

            Ahora bien cualquier cuerpo es una sustancia y como tal es un ser que existe en sí mismo en el mundo físico autónomamente, sin ser propiedad de otras cosas. Aristóteles se refiere a los organismos biológicos como cuerpos dotados de vida. Todo cuerpo, sea biológico o no biológico, tiene dos componentes básicos, uno de ellos es la materia y el otro la forma. En el caso de los organismos biológicos es más fácil identificar estos dos componentes, porque poseen un carácter peculiar que no poseen los cuerpos inertes, a saber, la vida. En los organismos biológicos, la materia corporal biológica es la materia y el alma es la forma[3].

            Aristóteles afirma que el cuerpo del organismo biológico tiene vida en potencia. Cosa que no podemos afirmar de los restos de un organismo biológico muerto. La materia corporal de un cadáver no tiene vida en acto, esto es, alma, pero tampoco tiene vida en potencia, porque la materia corporal del cadáver no es apta para estar unida al alma, que es la vida misma en acto, y por esto la materia corporal del cadáver ni siquiera tiene potencia para vivir. La novela Frankenstein no es más que un mito imposible. Si la materiaFRANKENSTEIN (NOVELA GRAFICA). SHELLEY MARY. Libro en papel. 9786071429148 Librería El Sótano de un cadáver tuviera potencia para vivir, el hombre jamás habría muerto, ni su alma habría dejado de determinar su cuerpo, desde su interior. Pero, puesto que efectivamente ha muerto la persona, es evidente que esto ha ocurrido porque sus componentes materiales han dejado de tener la sutil organización que deben tener para albergar en su interior la vida en acto, esto es, el alma, y, por tanto, al sobrevenir la muerte, los materiales corporales han dejado de tener vida en potencia, esto es, capacidad para tener el acto de la vida, o sea, el alma.

            Ahora bien, ¿cómo es que la materia corporal del organismo biológico pierde su capacidad para tener el alma? La razón es porque la materia corporal del viviente ha dejado de ser orgánica. Podría alguien aducir que un milésimo de segundo después de la muerte los órganos corporales son útiles materialmente para un trasplante. Y, en efecto, esto es verdad. Sin embargo la preservación de la estructura molecular de un riñón de una persona fallecida y de su capacidad de reacción físico-química no es suficiente para que ese riñón esté materialmente capacitado para ser vivificado por el principio vital actual, que es el alma.

            La vida es pues un acto o actualidad que perfecciona al organismo biológico, haciendo que éste tenga tanta actualidad por encima de la pasividad de la materia. De ahí que el hombre completo sea el sujeto ejecutor de las operaciones vitales; esto es, el compuesto de mente y cuerpo y de mente y cerebro. Es tan radical la unidad que hay de mente y cuerpo que juntos constituyen una sola sustancia, que es el ser humano. Y esta sustancia completa, que es el hombre mismo, es el sujeto que realiza y al que pertenecen las actividades psíquicas. En otra entrega abordaremos el fundamento de esta unidad sustancial.

[1] Citado por Paul Schimmel: “Mind over matter? I: philosophical aspects of the mind–brain problem”, Australian and New Zealand Journal of Psychiatry, 2001; 35: 481–487.

[2] Mark Reimers: “The Speed of Thought. What the Revolution in Neuroscience will mean for Humanism.” March-April 2017, I THE HUMANIST, 27.

[3] Aristotle, De Anima Book II, ed. Christopher Shields, Oxford University Press, 2016, chapter 1, 412a, 16-22, p. 22.

El valor del trabajo en la historia

 por Luis Suárez, Real Academia de la Historia

     Desde el siglo XIX vienen predominando dos corrientes de pensamiento que han influido hasta nuestros días en la concepción del trabajo: el capitalismo y el marxismo. Las dos lo han considerado como una función exclusivamente económica dentro del proceso de producción. Existe, pues, un punto de coincidencia: su materialismo. En este sentido, el capital −o inversión para la ganancia− condiciona a las personas en sus relaciones laborales. La discrepancia de su discurso radica en la manera y los medios de obtener beneficios a gran escala. ¿Es el empresario quien los dispone según la oferta y la demanda del libre mercado? (tesis capitalista) o ¿son los trabajadores quienes, representados por el Estado, organizan la producción con arreglo a las necesidades colectivas? (tesis marxista).

         Mucho antes de la irrupción de estos planteamientos, Occidente se nutrió de la aportación de la cultura helenística griega (siglo IV a.C). Durante esta época la actividad humana se dividía en dos grandes sectores; por un lado, aquellos de estricta utilidad práctica y servicio (banausia) y, por otro, los relacionados con la creatividad como la estética, la ciencia o el pensamiento. Éstos últimos fueronEconomía en la antigua Grecia los que suscitaron mayor aprecio; sobre todo tratándose de una valoración por parte de quienes desarrollaron estas artes. El mismo Platón infravaloró los oficios manuales, calificando a sus agentes de banausus. Una palabra que podría estar en la raíz del vocablo banal; dicho de aquello trivial, sin importancia o de escaso interés. Es por eso que las minorías intelectuales del mundo griego preferían atribuir a los bárbaros los inventos técnicos, reservándose para ellos las ciencias especulativas como la filosofía en su empeño por alcanzar la sabiduría.

    Por su parte, los romanos establecieron una tajante diferenciación entre aquellas labores propias de esclavos (trabajos serviles) y las reservadas a los ciudadanos libres. Aún permanece en nuestros días ese recuerdo cuando denominamos profesiones liberales a algunas actividades humanas. Efectivamente, entre los Los artistas romanos.grupos sociales de la Roma Antigua eran los plebeyos quienes se dedicaban a la artesanía, al comercio y a la inversión; que ensalzaron y presentaron como un valor para la sociedad. Mientras tanto, los patricios o nobles mostraron su menosprecio. Seguían las enseñanzas de los clásicos griegos, que atribuían a los oficios un impedimento para el progreso de la virtud, necesaria para los llamados a gobernar. De este modo, la reserva hacia los trabajos manuales no era generalizada y, en todo caso, se fundaba no tanto en el rechazo a esa actividad propiamente dicha como al vínculo de dependencia que podía generar para la subsistencia de muchos.

      En la cultura judeocristiana se observa otra dimensión con respecto al trabajo. De acuerdo con su religión, Dios habría encomendado a los primeros seres humanos el cuidado de la Creación, tal como refiere la Biblia en el Libro del Génesis (2, 15). Con la construcción de la Cristiandad en Europa se produjo un fenómeno en el que se entrecruzaron las influencias que hemos mencionado. Algunos Padres y Doctores de la IDetalles curiosos del 'Jardín de las Delicias' de El Boscoglesia interpretaron el texto sagrado desde una doble óptica. La primera incidiría en el acto creador de Dios destinado al bien del hombre, que lo guardaría en su Providencia trabajando para su salvación. La segunda, mucho más recurrente, subrayaría la misión de la persona humana en la custodia del universo, revirtiendo en beneficio propio al preservarle de la ociosidad y de las pasiones desordenadas. En este sentido, las primeras comunidades monásticas no dudaron en tomar la agricultura −catalogada como el más servil de los trabajos− como uno de los menesteres de los monjes en esa tarea de garantizar el sustento físico (el alimento) y espiritual (fomento de la virtud frente a los vicios de la desocupación). De este modo, siguiendo el ejemplo de Jesús de Nazaret (Dios hecho hombre), que aprendió el oficio de carpintero que le enseñara quien ejerciera como padre −José− hasta el inicio de su predicación, los monjes también venían a declarar el valor y dignidad de cualquier trabajo que se insertara El Cister, la orden "anticorrupción" de la Edad Mediadentro del plan divino. Es por este motivo que en la regla de la orden religiosa que fundara san Benito en el siglo VI, iba a subyacer la divisa ora et labora (reza y trabaja) que la hiciera conocida por todos; sobre todo con la reforma del Císter. La vida del claustro anticipaba así la imagen celestial en la que la oración y el trabajo manual se armonizarían conforme a la obra creadora de Dios.

      Esta visión del trabajo revolucionó a la entonces predominante. Sin embargo, pronto se presentaron las resistencias por parte de unas élites que buscaron el modo de mantener la vieja distinción del pasado. La nobleza, por ejemplo, alegó que estaba exenta de los oficios mecánicos y de la tributación por el servicio armado que prestaba. También la Iglesia experimentó cambios con movimientos que abundaron en la excelencia de la contemplación incompatibilizándola con las dedicaciones manuales. A pesar del interés de los humanistas del siglo XVI por promover −también desde los ámbitos laicales− la cultura cristiana y sus implicaciones en el mundo moderno, el tratamiento del trabajo no se retomó con fuerza hasta la Ilustración.

     La confianza en la razón y el anhelo de progreso como instrumentos para un mayor acceso al bienestar y a la felicidad que éste pudiera implicar, hicieron que los ilustrados del siglo XVIII alentaran la recuperación de los oficios mecánicos y mercantiles, asociados a la utilidad, para estimular la producción y la consiguiente ganancia económica. Tanto la fisiocracia, que aseguraba que la riqueza de las naciones radicaba en la agricultura, como el liberalismo, que postulaba el interés y la iniciativa individual como premisa para el crecimiento económico, aBenito Jerónimo Feijoo - Wikipedia, la enciclopedia librepuntaban a la necesaria rentabilidad. En el mundo hispánico, los principales ilustrados (Feijóo, Campomanes y Jovellanos) aceptaron los principios de la ciencia moderna sin por ello renunciar a los basamentos católicos. Es más, todos éstos anteponen los presupuestos morales –el cultivo de la virtud (incluida la de religión)− como fundamento para conseguir la felicidad humana y causa que habrá de estimular el desarrollo ordenado de la ciencia y el progreso. En este nuevo contexto, Feijóo −monje benedictino y profesor en la Universidad de Oviedo− divulgó una de las ideas nucleares de su Orden, según la cual todo trabajo humano resultaría honorable u honroso; no por su naturaleza manual o intelectual, sino en tanto conducente al servicio de Dios (cooperando en su obra creadora) y, en segundo término, al provecho de la nación. Por su parte, Campomanes −formado en esos parámetros− incidiría en los aspectos prácticos al fomentar la industria mediante la liberalización del sector para estimular su competitividad y dinamismo. En continuidad con esta línea, Jovellanos propondría cambios en la Gaspar Melchor de Jovellanos (Author of El Delincuente Honrado)propiedad agraria con los mismos fines. No se trataba tanto de enajenar los bienes de la nobleza ni de la Iglesia, como de acabar con los señoríos, es decir, permitir que sus titulares pudieran disponer de ellos para su venta en lo que se necesitara para garantía de su rentabilidad. De este modo, la legitimidad o fuerza moral de la nobleza debía residir en el mérito y la virtud, demostrada en el trabajo de inversión económica del que derivaría el beneficio para su propio linaje, al tiempo que servía al progreso del país.

     Esta relación entre el orden moral y la técnica (científica, económica, etc.) fue diluyéndose a medida que se impusieron las ideologías materialistas anteriormente mencionadas. Y es que cuando el único criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega el desarrollo humano al no considerar a la persona en laLa Salud Laboral será obra de los propios trabajadores globalidad de su ser. Muy recientemente el Papa Francisco ha insistido en ello: no se atiende ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si no son “útiles” para la sociedad o la economía, obsesionadas por reducir costes. Ciertamente, no estamos hablando de objetos. En este sentido, el trabajo debe ser realmente un medio para dignificar a las personas que lo realizan y a quienes se dirige. Ésta ha sido una de las grandes contribuciones del catolicismo a la cultura occidental, especialmente acreditada por su magisterio reciente. Por eso, no cabe considerar como trabajo aquellas ocupaciones que degradan a la persona (apartándola de la virtud), por mucho que entren en la dinámica de la oferta y la demanda.

      Es claro que, al visualizar los efectos de la crisis por la pandemia del coronavirus, tendríamos que interrogarnos acerca del modelo socioeconómico que queremos construir. Sin una concepción antropológica adecuada de lo que es en verdad el ser humano, difícilmente daremos con un sistema acorde con la dignidad de la persona, esto es, que mire a su bien en sintonía con el orden moral.