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La familia, célula básica de la sociedad

  por Lelia Díaz, jurista

   Afirmar que “la familia es la célula básica de la sociedad”, que es la “primera sociedad” o el “campo de semillas del Estado” -a decir de Cicerón-, pareciera que en el siglo XXI ya no tiene significado. Más bien, se la cataloga como la responsable de impedir el desenvolvimiento personal de las personas, a libre disposición. Se piensa también que la familia está en crisis y que para no extinguirse debe replantear su dinamismo y apostar por el “pluralismo de familias”. Es decir, el término “familias” debe, en su constitución, albergar una serie de grupos sociales sin identidad propia, ya que la familia es una realidad social y como tal debe amoldarse a los cambios sociales.

   Para responder a estas cuestiones es necesario construir reflexiones que tengan sustento racional. Es importante preguntarnos ¿qué es aquello que hace ser familia y no otra forma social?, ¿se puede hacer familia?, ¿cuáles son los rasgos que sustentan que la familia es la base de la sociedad y del progreso común? La familia no es una entidad que viene de la nada. Es la expresión de una naturaleza social de las personas. En primer lugar, analizaremos la dimensión social del ser humano en términosLa familia romana - Derecho Romano jurídicos romanos: “caput” y “persona”. En segundo lugar, corresponde precisar que, por la naturaleza social de las personas, no se vive de manera aislada, sino en familia. Por tanto, fundar una familia es también una consecuencia connatural al ser humano. En tercer lugar, se explicará en qué consiste hacer familia, cómo surge y cuál es su raíz.

   La familia es una institución del futuro, no sólo del pasado[1], porque tiene unas bases naturales que la sostienen siempre. El pilar fundamental de la familia está en la naturaleza humana, en aquella doble dimensión: interna (razón) y externa (relacional). Una realidad observable es que la familia está constituida por “personas”. Y la persona, como lo diría Boecio, es una sustancia individual de naturaleza racional, pero también social. Porque “toda persona humana posee la innata tendencia a compartir con otras personas los bienes más elevados, y no sólo los meramente materiales[2]. En ese sentido, se puede afirmar que la familia “goza de un genoma social propio”[3].

   Para explicar esa dimensión interna, racional; y esa dimensión externa, social, veamos cómo lo entendían los juristas romanos. El término “persona” procede de la conjunción de “caput” y “persona[4]. El primero hace referencia a la cabeza y el segundo a la máscara (metáfora que hacía alusión a las obras de teatro). La cabeza es interna, lo que cubre la máscara. Y ésta es externa, lo que expresa el personaje, lo que está representando. Extrapolando ese significado Qué atrae a las mujeres de los hombres (según la ciencia)al plano antropológico-jurídico, “caput” es la naturaleza humana, el ser, la individualidad, la racionalidad. “Persona” es la manifestación externa, social, es la personalidad que toca “representar” a cada uno o el modo de vivir. Ambos términos, o dimensiones del ser humano, conforman una unidad absoluta. El primero es la esencia, inmanente a cada ser humano; es lo que compartimos todos los humanos. Pero esa individualidad trasciende, se expresa en las relaciones intersubjetivas, en el plano social. Por tanto, el término persona que deriva del verbo “personare”, cuya raíz está en el término “persona”, significa “personarse”. Es decir, estar en presencia del otro con un nombre propio, con “voz”, presencia silenciosa[5].

   Como puede entreverse, se puede afirmar que la persona tiene una naturaleza individual, esencia común a todo ser humano, que se complementa de modo absoluto y forma una unidad, con su dimensión social. De acuerdo con su dimensión social o esencial naturaleza sociable, la persona puede asumir una serie de roles o distintas personalidades. Es decir, todo hombre es necesariamente una persona para otro hombre –homo homini persona-, ya que no puede haber relación sin la correspondiente personalidad; “pero un mismo hombre puede tener distintas personalidades, según sean sus relaciones con otros hombres[6]. Que pueden variar de acuerdo a la cultura, a la edad, al estatus familiar. Es decir, la persona puede ser hijo, padre, cónyuge, ciudadano, socio, etc. la naturaleza social es aquello que “le lleva a formar grupos comunitarios o societarios, además de una familia”[7].

   En ese sentido, “por su naturaleza, el hombre (en su expresión varón y mujer) no puede vivir sin relación con otros. Es sociable por una exigencia natural de su existencia” [8]. Esto presupone que el hombre, por esa nota característica, es capaz de formar una familia y de constituir otras instituciones públicas y privadas más amplias, que también son conforme al derecho natural.

   La familia al ser un grupo natural por excelencia, a diferencia de otros grupos sociales, para existir no necesita de personalidad jurídica. Por ello, se puede decir que es una realidad pre-legal[9], es una realidad anterior al derecho[10]. Aunque en su seno tiene rasgos de “juridicidad”. No obstante, por atender al bien, se justifica tener personalidad[11]. Tener personalidad para generar “seguridad jurídica” en las relaciones intersubjetivas dentro de la propia familiaLa colaboración familia-escuela: un ideal a veces difícil de ... y frente a los demás en el plano social y político. En ese sentido, todo hombre es hijo y nunca deja de serlo; puede llegar a ser ciudadano político y puede dejar de serlo. “Ser hijo es incluso más radical que ser varón o mujer, porque indica el modo de originarse uno mismo: nacer. Todos nacemos, no de la tierra, sino de unos padres concretos. Nacer significa que uno se encuentra existiendo, no como un ser arrojado al mundo, en soledad, sino como hijo de alguien. La mayoría de los hombres se han encontrado a sí mismos […] se nace para ser hijos […] nos hemos encontrado a nosotros mismos en brazos de nuestros padres”[12].

   Se decía que la familia en su constitución singular expresa rasgos de juridicidad, conforme al derecho natural, porque en su seno se desarrollan posiciones jurídicas. Una de ellas es la filiación. Se es hijo de unos padres concretos, no se puede ocultar, así como tampoco se puede cambiar. Es una realidad absoluta e inmanente. Se vuelve a repetir, es “otra característica radical de la persona […] Filiación significa mi origen como persona con otras personas”. El hombre nace de alguien […] Ser hijo significa pertenecer a una familia entendida como una comunidad de personas ligadas por una unidad de origen. La correspondencia física de esta comunidad íntima de personas es la casa, el hogar. Lo natural es que éste pertenezca a la estirpe, y no a un sólo núcleo familiar reducido[13].

   ¿Cuándo existe, cuándo es real la familia? ¿Cuándo hay una relación específicamente familiar? ¿Cómo se expresa?

   Desde el punto de vista sociológico, la familia es un hecho emergente que se distingue de todas las demás relaciones sociales por el hecho de tener algunas connotaciones propias. Una de ellas es su relación “original. Es decir, una relación sui generis que tiene forma y rasgos propios. No es una realidad primaria, básica del Estado, cualquiera que sea. Es una relación de género propio, que corresponde a exigencias funcionales y supra-funcionales no sustituibles por otras relaciones sociales. Además, en su constitución, la familia guarda unos criterios de valor: la sexualidad generativa y la descendencia generacional[14].

   Referente a este sentido, conviene conectar esta realidad de la familia con otra realidad social natural: el matrimonio. Ambas comparten unos fines. El de cuidar la perpetuidad de la especie humana. De esa “dualidad de sexos” tiene origen la familia[15]. De esa unión concertada entre un varón y una mujer surge el matrimonio[16]. Como puede observarse, estas realidades forman una unidad relacional y absoluta. Que podría llamarse familia legítima porque de cara a la sociedad es visible y tiene mucho que aportar para el progreso y desarrollo social.

   En esa correlacionalidad entre el matrimonio y la familia, existe una conexión entre cuatro dimensiones: una intencionalidad (engendrar) [17], un medio (la sexualidad de pareja), una normatividad (la reciprocidad), un valor moral (el don)[18]. Es decir, se forma una familia cuando dos personas se dan (donan) recíprocamente, reactivan este don a través de la norma de la reciprocidad, y engendran (tienen hijos o al menos los desean). Los matrimonios civiles durante el coronavirus solo se realizarán ...Engendran a través de su sexualidad. Esta polidimensionalidad se muestra dentro de la familia como su realidad constitutiva, hasta el punto de identificar un código simbólico específico. Ese código es el amor, que una y otra vez se entiende como don, reciprocidad, generación, manifestación sexual. En la familia, el amor se manifiesta como cuidado particular de los bienes relacionales que solo la familia asegura, porque provienen de “esa relación” y no de otras[19].

   Por otro lado, la familia es una relación primordial, que existe al principio y desde el principio. Porque “la sociedad pertenece al ámbito de la cultura, mientras que la familia es la emanación, a nivel social, de los requisitos naturales sin los que la sociedad no podría ser”[20]. Por ello es de imperiosa necesidad reconocer a la familia como la fuente de virtudes sociales. Además, en el modo de construir familia, se perciben la distinción de sexos y la posibilidad de florecer en valores. Esto es lo que marca su distinción con todas las demás relaciones humanas y sociales. Porque la pérdida de la distinción entre varón y mujer provoca profundas crisis de identidad. Si no se perciben las virtudes sociales de la familia, la sociedad pierde su “capital humano y social”, y al final colapsa[21]. En el seno de la familia se “producen” “bienes relacionales, como son el bien común, la justicia, la solidaridad, la subsidiaridad, la paz”[22].

   Como ideas finales, siguiendo a Donati, la forma natural de la familia corresponde a su “genoma”, que no es biológico, sino social. Porque no se pueden engendrar hijos y desvincularse de ellos; sino que generar hijos implica una sociabilización familiar. Darles acogida, protección, cuidado, etc. Si ese genoma es alterado, esa forma social –la familia− ya no es familia, sino otra forma social. Es semejante a lo que sucede con el genoma humano. Si es alterado hasta el extremo de generar otros seres, esos seres ya no son propiamente humanos[23]. En estos tiempos difíciles de pandemia, de “aislamiento social obligatorio”, la persona encuentra dentro del seno de su familia el único lugar para crecer, para cambiar. Florecer, crecer, fortalecerse; y cuando “la realidad se normalice” las familias podrán cristalizar sus acciones virtuosas en el plano social, más amplio y extenso. Aunque la solidaridad y otras virtudes sociales, en este estado de aislamiento global no se han suspendido, han encontrado su modo de emerger más intensamente, muchas veces expresándose de diferentes maneras, desde dentro de las familias para sí y para afuera, con otras familias y con el Estado.

   La familia no está en crisis, es necesario elaborar una cultura de la familia que sepa encarar los actuales desafíos y dé razones por las que “la familia” es y seguirá siendo la fuente y el origen (fons et erigo) de la sociedad. Es decir, del bien común, del que depende también la felicidad de las personas singulares. La familia sigue siendo la raíz de la sociedad[24].

[1] DONATI, Pierpaolo. La famiglia. Il denoma che fa vivere la società. Traducido por PÉREZ, José. Biblioteca de inicación teológica 11. Madrid: Rialp, 2014, p. 13.

[2] GARCIA. José A. Antropología filosófica: Una introducción a la filosofía del hombre. Quinta edición. Pamplona: EUNSA. Primera reimpresión. 2011, p. 169.

[3] DONATI. Op cit, p. 14.

[4] D’ORS, Álvaro. “Caput y persona”, en https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/5922/1/ALVARO%20D%C3%93RS.pdf , visitada el 25 de mayo de 2020, pp. 251-252.

[5] DORS. Op cit. Caput y persona, p . 251.

[6] D’ORS, Álvaro. Derecho y sentido común: Siete lecciones de derecho natural como límite del derecho positivo. 3ª ed. Madrid: Civitas, 2001, p. 118.

[7] D’ORS. Op cit. Derecho y sentido común: Siete lecciones de derecho natural como límite del derecho positivo, p. 79.

[8] Íbidem.

[9] Íbidem, pp. 119-120.

[10] ACEDO, Ángel. Derecho de Familia. 2da Ed. Madrid: Dykinson, 2016, p. 22.

[11] D’ORS. Op cit. Derecho y sentido común: Siete lecciones de derecho natural como límite del derecho positivo, p. 121.

[12] YEPES, Ricardo. Fundamentos de antropología: Un ideal de la excelencia humana. Sexta Edición. Colección filosófica 139. Pamplona: Ediciones Universidad de Navarra, 2019, p. 215.

[13] Íbidem.

[14] DONATI. Op cit, p. 41.

[15] D’ORS,. Op cit, p. 140.

[16] ADAME, Jorge. ¿Qué es el matrimonio? su naturaleza ética y jurídica. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2017. p. 11.

[17] ACEDO, Ángel. Derecho de Familia. 2da Ed. Madrid: Dykinson, 2016. p. 22.

[18] DONATI. Op cit, p. 43-44.

[19] Ídem.

[20] LEVI-STRAUSS, Claude en DONATI, op cit, p. 42.

[21] DONATI. Op cit. 16-17.

[22] Íbidem, p. 227.

[23] Íbidem, pp. 13-14

[24] Íbidem, p. 16.

Role of Families In Youth Transitions

by José A. Vázquez, United Nations Representative of International Federation for Family Development

   Family support, network, aspirations, and expectations play a crucial role in youth transitions. The ability of the family members along with associated social policy schemes is put to test when young citizens start their way into emancipation. The role of the family and the policymakers is to make this transition worth the investment along the educational and training period. The National Transfer Accounts (NTA) represent a promising tool to measure the role of Latin American families in supporting youth transitions. The type, amount and reach of the generational economy are key to understanding the level of support and the type of expectations an aspirations of Latin American families toward their members in youth transitions. The NTA could contribute to measuring, through the private and public transfers of the generational economy, the reallocations of resources and so, the intentions in each period of time of the investments in education, training, and services towards preparing the transition. The paper will try to briefly present the NTA, its origins, method, and challenges. It will also present the NTA applications and connotations and explore some national realities and challenges. And lastly, some recommendations that may be done based on the regional data availability. The data and literature has been retrieved from the World Bank repository, UN Statistical Commission and NTA database.

Origins of the National Transfer Accounts

   The National Transfer Accounts (NTA) were born in 2004 and are recognized up until today as a well-established empirical tool for understanding the generational economy. [1] There are 80 participating countries involved in the project that are providing data, most of it come from government records and surveys matching in their aggregates the widely used System of National Accounts (SNA). [2]

   The main concept recognized in the NTA is the relationship between individuals who have economic resources to give and those who need them, those who incur a life cycle deficit during their youth and old age, when their consumption exceeds their labor income, and a life cycle surplus during their working years when their labor income more than covers their consumption. The eventual resource reallocation created between generations and across time can be consistently quantified and linked to the economic and social development of every family and society as a whole. [3]

   The NTA adds the subtle dimension of age and time to how we see economic flows: dependents who need various forms of financing to survive and thrive, and workers who finance them. The degree of such flows when seen through age and time is significant. For example, in 2004 older persons in Germany, continued to be net givers of private transfers, though small, they received public transfers equal to 10% of the country’s GDP, which is totally different to the small 1% received by Mexican older population. In this regard, the flows, captured by the NTA are representative of the demographic differences between countries and more importantly for us of the varying roles of the state, the markets and of families, all of which influence resource reallocations. [4]

   The rapid population growth seen in the second half of the 20thcentury concerned academics and politicians and provoked an intense debate on the developmental consequences of such rates, particularly for lowincome countries. Experts warned of food and land shortages due to the increasing demand, potential rise of unemployment, deterioration of income and capital formation, degradation of natural resources and the general fall of human welfare. [5]

   Reports and Commissions around the world recommended actions in lowincome countries to stabilize their rapid population growth rates, prevent effects on poverty and improving policies on education, childcare services, and family planning [6]. Since then, the fear of the effect of population growth on economic development was negatively perceived and the literature reflected the view that population growth control is a necessary condition to sustain human welfare and human rights.[7]

   However, in 1960s the world’s population growth rate reached its peak and international concerns switched to population aging. Old age dependency increased and raised questions about healthcare and retirement. Rapidly, experts started to relate demographic structure to classical macroeconomic models in order to see the economy through the lenses of several generations and turn to the role of intergenerational transfers to livelong transitions. [8]

The methodology of the National Transfer Accounts

   The NTA project comes into this context and helps to quantify the allocation of economic resources between ages, in a unified and standardized manner. The National Transfer Accounts are based on a, age specific, flow identity that captures economic movements at each point in time. In this way, it can be differentiated from the STAs while introducing age to the aggregate data. It marks the essential role of intergenerational transfer while disaggregating the major components of income, consumption, and savings by age.

   In the future, with much more national accounts completed, the role of families, government and market can be better measured in the age reallocation of public and private resources. Plus, it can provide realistic estimates of intergenerational flows that have been of interest to researchers and policymakers for many decades as alternatives or complements to public policy. Through a standardized dataset available for many countries, the NTA becomes particularly useful when analyzing a wide range of issues such as social security, pensions systems, intergenerational equity, human capital accumulation, and youth unemployment.

   The NTA method captures those economic flows and pinpoints the aggregate budget constrain for individuals of certain age by adding two variables to the life cycle model: age of the individual and the relevant time period. So, the economic life cycle model at a certain age, summing both public and private flows and capturing at the same time those domestic and international, can be seenas follows [9]:

Inflows L(x,t) + K(x,t) + P(x,t) + T(x,t) + C(x,t)

Outflows L(x,t) + K(x,t) + P(x,t) + T(x,t) + C(x,t) + S(x,t)

L (value of labor income inflow received for age (or age group). K (capital income inflow. P (property income flow, received (+) and spent ()). T (flow of transfers net of paid taxes received (+) and spent ()). C (consumption). S (savings from the residual between the various types of income net of consumption).

   If the identity of inflows and outflows is rearranged, the result shows the economic life cycle for each age and thus, the mechanism to determine the resources reallocated across generations.

Age re-allocations

Lifetime deficit = Net transfers+ Asset-based re-allocations.

C(x,t) L(x,t) = [T+(x,t) –T(x,t)]+ [A(x,t) S(x,t)]

   The lifetime deficit (or surplus) is the difference between consumption and labor income for every relevant age or age group and funded by or distributed through transfers and asset based reallocations for each age at each point in time, where asset income inflow (A) represents the sum of capital and net property income.

   In this regard, the lifetime deficit, as the key concept of generational economy, includes households’ private and public consumption of various goods and services, private and public education, healthcare and other extracurricular activities for the members of the family. While, labor income tries to reflect salaries, bonuses, and benefits, along with self-employed and unpaid family members income.

Youth transitions: Family support, networks, expectations and aspirations

   Family support is a recognized social protective function during the transition periods of emancipation or dependency. Many families experience uncertainty and vulnerability during these phases, especially when their young members move into adulthood, procure access to employment opportunities and decent work while seeking their autonomy [10]. However, the rapid socioeconomic transformations, often combined with the eroding capacity of the State to protect households through social policy interventions, leave a large number of families poor and vulnerable [11]

   The role of families in social inclusion and integration is indispensable for the social inclusion of all individuals, especially youth. There is a rising necessity to support youth transitions as a key component of social inclusion and poverty eradication [12]. Nevertheless, the challenges faced by parents and young members of the family are growing. Either because families with strong intergenerational support and reliance are declining in numbers or, because many young people postpone marriage, stay single and live longer with their parents [13], or even because the changing population age structures is attracting more attention to older persons [14].

   The family role and the state social scheme effectiveness are put to test when the youth emancipation is in process. Families and policies are called to demonstrate their ability to support the transition, the responsiveness of the family and institutional networks and the expectations and aspirations for the best outcome. In this regard, family support may improve employment options, career perspectives, and educational, skills and training development. Also, the access to family, social, professional and recreational networks might improve the choices and timeline to have employment opportunities [15]. Finally, the expectations and aspirations can play a motivational role in the job search while fostering competitiveness, supporting role models and setting wage goals.

  Unfortunately, family support, networks, expectations, and aspirations are variables difficult to measure. The intensity and extent of the family implication is not clearly reflected in the data available. Nevertheless, if we would be able to determine the type, amount and reach of the generational transfers intended to support the youth transition at a time period and age, we would be able to translate that investment into the support, expectations, and aspirations of parents grandparents regarding the future of their children in Latin America.

   When families spend a great deal of money on the education and training on their children, they usually cultivate great expectations and secure that investment along the growing period. But also, families dedicate a great deal of time and effort during the transition period. The first is intended to be more effective in the long term and with better outcomes, while the latter tends to prioritize the effectiveness over the goal.

   The NTA is a great tool to trace the dynamics of the so called lifetime deficit through three different periods of individuals’ lives: the deficit period of children in the family that do not work, but consume more than they produce; followed by a surplus period when the youth enters in a working age and start to accumulate wealth, so producing more than consuming; and the deficit period where older persons retire or do not earn enough to cover their consumption.

   In this cycle, our attention is turned to the generation who is transitioning from a deficit period to a surplus period, from childhood into youth. Other generations in the family as of parents, grandparents or siblings (of older age) would have given their support or will be keen to do so in order to ensure this transition. With their support, the other generations in the family will inspire the young ones to become those working age individuals, who enjoy life cycle surpluses and not only fund their own consumption but also provide transfers and asset based re-allocations for children and elderly.

   Thanks to the ability to calculate the age re-allocations of net transfers and assets, together with the variables of consumption, especially in education, training and services we can be able to measure the level, quality and extent of the support of parents (in the surplus period) and grandparents (returning to the deficit period) to the future or ongoing transitions into adulthood. Furthermore, we can determine the expectations and aspirations of the family members regarding their youth while tracing the age re-allocations of consumption in areas such as training, services, and extracurricular activities.

   The convenience of this inter-generational exchange perspective, where various forms and mechanisms of economic support are shown, is very useful [16]. First, transfers as re-allocations of resources between individuals that do not involve a formal, explicit quid pro quo can be made within the family or through the public sector, via the collection of taxes and the allocation of government spending [17]. Together the private and public transfers are complimentary and are important in most societies. For example, the extension of public education expands a public in kind transfer system that benefits all covered school age children.

   Plus, another class of reallocation is asset-based reallocation, as the accumulation and reduction of financial and physical assets over the lifetime. So, for example, in many Latin American countries, real estate and financial markets have become more accessible and the current younger generations of adults are accumulating more assets than their parents’ generation, allowing them to support themselves when old. [18]

  These transfers and the asset-based reallocation show the implications and effects of various types of family support according with inter-generational re-allocations. Their components can be measured, studied and compared between Latin American realities.

    Although in Latin America private transfers finance more than 60% of the consumption of young people [19], there are cases of heavy reliance on public transfers too, such as Uruguay, Brazil, with generous and extensive social security coverage and extensive public primary education programs, respectively [20]. For instance, the private transfers in Chile are substantial, as in many societies, Latin American countries are mostly familial transfers those supporting children, teenagers, and young adults. In Chile during 1997, the generations under the age of 27 are net transfer receivers. One of the reasons that may explain the level and age distribution of familial transfers in Chile is that, although the country has a fairly extensive coverage of public education and government transfers to children are quite significant, these transfers cover only a fraction of children’ total consumption, hence the need for substantial familial support. [21]

   In Ecuador, substantive efforts have been made to support youth transitions with a conjunction of public and private transfers [22]. While in Colombia and Costa Rica the focus on the family support has been set to the time spent at home in unpaid care work arrangement. The dynamics reflect the transfers of unpaid activities done by one generation to another. At the same time, it is an opportunity to measure the expectations and aspirations of the dedication of time at home related to the outcomes after the transitions. [23]

   For El Salvador, the applied methodology of the NTA goes into the details of the private transfers. The Central American country describe the commitment and support of the family from the very beginning of the deficit lifetime and describes the tuition expense, supplies, uniforms, texts, school shoes, parents’ quo-ta, monthly fee, refreshments as part of the private transfer. [24]

Conclusions and recommendations

  The measurable age re-allocations of transfer and as-sets contribute determining the role of families in supporting youth employment outcomes. The more data availability provided in Latin American in this regard, will contribute to the public and private sector support to the transitions from childhood into adulthood.

   Moreover, the capacity to track the transfer between generations among the family will contribute to achieve the Sustainable Development Goals, especially while “substantially increase the number of youth (and adults) who have relevant skills, including technical and vocational skills, for employment, decent jobs and entrepreneurship”. [25]

Note: Paper presented at the Expert Group Meeting on “The Role of Families and Family Policy in Supporting Youth Transitions” held on 11-12 December 2018 in Doha, Qatar and organized by the Doha International Family Institute (DIFI), a member of Qatar Foundation for Education, in collaboration with the Division for Inclusive Social Development of the Department of Economic and Social affairs (UNDESA) and the International Federation for Family Development (IFFD). More info at: https://www.difi.org.qa/events/the-role-of-families-and-family-policy-in-supporting-youth-transitions/

Acknowledgements

Andrés Chacón, Social and Cultural Anthropology Master candidate, KU Leuven University (Belgium)
Instituto de la Familia, Universidad de la Sabana (Colombia)

Footnotes

[1] Mason, A. & Lee R. (2011).
[2] National Transfer Accounts. http://ntaccounts.org/web/nta/show [3] D’Albis, H. & Moosa, D. (2015).
[4] D’Albis, H. & Moosa, D. (2015).
[5] Coale, A. & Hoover, E. (1958).
[6] The Pearson Report: A new strategy for global development (1970).
[7] Population and the American Future. Technical report (March 1972); Population Planning: Sector working paper. Technical Report 11067 (March 1972); World Population Plan of Action. Technical report (1974).
[8] Samuelson, P. (1958).
[9] L (value of labor income inflow received for age (or age group). K (capital income inflow. P (property income flow, received (+) and spent (-)). T (flow of transfers net of paid taxes received (+) and spent (-)). C (consumption). S (savings from the residual between the various types of income net of consumption).
[10] Third Committee Draft Resolution, Follow-up to the tenth anniversary of the International Year of the Family and beyond, A/C.3/73/L.19/Rev.1, 2018, PP. 3.
[11] Report of the Secretary-General, Follow-up to the tenth anniversary of the International Year of the Family and beyond, A/66/62–E/2011/4, 2011, OP 24.
[12] Report of the Secretary-General, Follow-up to the tenth anniversary of the International Year of the Family and beyond, A/73/61–E/2018/4, 2018, OP 71.
[13] Report of the Secretary-General, Follow-up to the tenth anniversary of the International Year of the Family and beyond, A/66/62–E/2011/4, 2011, OP 4.
[14] Mason, A, Lee, R., Stojanovic, D., Abrigo, M., Syud, A. (2016)
[15] Ali, Amjad, Shafiqa Ahsan and Sophia F. Dziegielewski. (2017). Social and family capital and youth career intension: a case study in Pakistan. Cogent Business and management 4, p. 12.
[16] Report of the Secretary-General, Follow-up to the tenth anniversary of the International Yearof the Family and beyond, A/73/61–E/2018/4, 2018, OP. 45.
[17] These transfers are given or received in cash or kindas good and services.
[18] Bravo, J. & Holz M. (2009).
[19] Finance of consumption, Latin American countries. NTA project, http://www.ntaccounts.org.Average of countries with available data, as of May 2009.
[20] Turra, C., Queiroz, B., Rios-Neto, E. (2011). Bucheli, M. & González, C. (2011).
[21] Bravo, J. & Holz M. (2009).
[22] Fretes-Cibilis, V., Giugale, M., Somensatto, E., editors (2008).
[23] Urdinola, P. & Urdino, J. (2017). Jimenez-Fontana, P. (2016).
[24] Werner Peña, S. & Rivera, M.E. (2016).
[25] Sustainable Development Goal 4, Target 4.4.

COVID-19 ¿La peste de nuestro tiempo?

 por Juan Carlos Rodríguez, historiador

       La peste negra del siglo XIV y el coronavirus han sido dos de las grandes pandemias que ha tenido que encarar la humanidad. Es obvio que no han sido las únicas ni lo serán; al ciclo biológico natural hemos de añadir otras que han surgido en laboratorios. Las armas bacteriológicas[1] o también llamadas bioarmas, que desde la Primera Guerra Mundial han sido empleadas como elemento disuasorio o de exterminio, han contribuido a deshumanizar nuestras sociedades. Es el resultado de un conjunto de ideologías cuya prepotencia ha ido alterando la esencia de la naturaleza humana con los consiguientes perjuicios, tal como ha recordado recientemente Luis Suárez Fernández[2]. Sea por razón de una enfermedad zoonótica o por una fuga accidental o premeditada, el COVID-19 nos ha introducido en un período de crisis similar al de la peste negra de 1348.

       Antes de comparar dichas pandemias, cabe recordar los estragos de otras como la viruela o el sarampión, siendo responsables de las elevadas cifras de mortalidad entre las poblaciones amerindias a la llegada de los españoles y no tanto las armas, como se obstina en subrayar la leyenda negra británica u holandesa. Según el doctor Francisco Guerra, avalado con estudios y análisis de otros como Rosenblatt, Friede, Coolc u Borah, para finales del siglo XVI la población indígena americana se había mermado un 10% con respecto a las cifras de su demografía original[3].

Enfermedades que trajeron los españoles a América - Historia ...

       Actualmente, tanto estas enfermedades como la peste negra son de sobra conocidas por su diagnosis y tratamiento. Sin embargo, no por ello son menos peligrosas que el coronavirus, aunque su mayor control por parte de la comunidad científica contribuya a serenar el ánimo de la opinión pública.

       En su caso, la peste bubónica[4] y el COVID-19 tienen no pocas similitudes. La primera es la contagiosidad, si bien en este caso la actual supera a la plaga negra. Desde la antigüedad hasta nuestros días la peste negra ha perdurado en el planeta, aunque en mucho menor grado. Autores como Giovanni Bocaccio, precursor del Renacimiento, noveló sobre ella. La obra El Decamerón comienza describiendo la peste bubónica y cómo golpeó a la ciudad de Florencia:

Casi al principio de la primavera, la mortífera peste hizo su aparición de una forma que yo llamaría prodigiosa […]. Al iniciarse la enfermedad, lo mismo al varón que a la mujer, formábaseles hinchazones en el ingle o en los sobacos, alcanzando algunas el tamaño de una manzana o un huevo […]. Ni consejo de médico ni virtud de medicina eran eficaces para curar la enfermedad; de modo que […] no sólo eran pocos los que sanaban, sino que casi todos, al tercer día fallecían, a veces sin fiebre y otros síntomas.

      El brote medieval de mediados del siglo XIV es uno de los peores que se recuerdan a lo largo de la historia. Sus inicios en Oriente, como ahora el coronavirus, acabó por extenderse a Europa hasta disminuir un tercio de su población. Esta enfermedad zoonótica, transmitible entre animales y seres humanos −al igual que el coronavirus− tuvo en la rata y, sobre todo, en la pulga común el principal agente portador de la enfermedad.La Peste Negra: antecedentes, desarrollo y repercusión ... Como es sabido, la ruta de la seda o de las especias, que comunicaba Oriente con Occidente, proveía a Europa de objetos de lujo hasta su interrupción vía terrestre en 1453 a causa de la caída de Constantinopla (la actual Estambul) en manos de los turcos. Entre las mercancías se alojaban los roedores que, al llegar a su destino, extendían la epidemia por doquier. Y es que los parásitos de una rata infectada saltaban a las personas sin que ninguna barrera higiénica pudiera contrarrestar la plaga. En nuestro tiempo hemos evolucionado positivamente al erradicar una enfermedad infecciosa mediante el control de roedores y parásitos. Si la sangre era el principal medio de infección de la peste bubónica, debido a la picadura del parásito, que conllevaba una infección de los ganglios linfáticos, no lo era en la neumónica (implicaba una infección en los pulmones), contagiada a través de las mucosas al igual que con el coronavirus.

         Comparando los medios de propagación de ambas pandemias, a simple vista hay pocas diferencias e incluso podría parecer menos contagiosa la actual ante la mayor salubridad de nuestras ciudades. Sin embargo, hay otros factores que nos indican la alta capacidad de contagios indirectos, ya que las gotículas de una persona con COVID-19 al toser o exhalar pueden permanecer activas en ciertas superficies durante unos tres días[5]. En segundo lugar, la comunicación entre naciones vía terrestre, marítima, pero sobre todo aérea, aumenta exponencialmente la capacidad de expansión de la epidemia en un mundo globalizado; lo que hoy en día llamamos confinamiento conlleva mucho más trasiego que el de los años más florecientes del comercio mediterráneo medieval. Y en tercer lugar, la sintomatología de la peste negra se manifestaba entre dos y ocho días tras el contagio y en uno en el caso de la peste neumótica. De ahí que el tiempo en detectar y aislar a un individuo era mucho menor que los 14 días en los que el COVID-19 puede presentar síntomas, siendo incluso contagioso durante la incubación o los posteriores 15 días tras la cura.

Mapa del coronavirus en el mundo, en tiempo real hoy, 1 de mayo ...

       En cuanto a la letalidad y síntomas, el monje franciscano Michelle de la Piazza en su historia de Sicilia nos describe cómo la peste negra llegó a Mesina en octubre de 1347 tras el desembarco de 12 galeras genovesas contaminadas. Los datos son escalofriantes y la mayoría de infectados perecían al tercer día[6]. Según Leticia Martínez Campos[7], Milán fue la ciudad europea donde hubo tasas más bajas Y si las ratas no fueron las culpables de la peste negra? | El Correode mortalidad (un 15%), atribuida a las medidas de cuarentena promulgadas por los Visconti con en el aislamiento domiciliario de la población enferma. Otras localidades no tuvieron tanta suerte y la tasa de mortalidad fue mucho mayor. En Venecia pereció el 60% de su población en 18 meses, en Burdeos el 40%, en Génova y en Pisa entre el 30-40%. A pesar de ser devastadores los brotes de la peste negra y numerosos a lo largo de la historia, todavía hoy carecemos de una vacuna efectiva para luchar contra esta enfermedad. Según la OMS, en ausencia de tratamiento la peste bubónica tiene una tasa de letalidad del 30-60% entre los contagiados. Únicamente los antibióticos –de uso generalizado a partir de la Segunda Guerra Mundial− y el tratamiento de apoyo reducen dicha mortalidad por debajo del 30% si la peste se diagnostica a tiempo. Los datos sobre la letalidad del COVID-19 todavía no son categóricos y pueden fluctuar hasta el final de la pandemia. Recientemente, la Organización Mundial de la Salud ha asegurado que su letalidad es 10 veces superior a la de la gripe y poco similar a este virus, como muchos aseguraban en un primer momento[8]. La probable mutación del virus y los diferentes estudios científicos, irán arrojando un poco más de luz sobre esta desconocida pandemia que está asolando nuestro mundo. Si tomamos por válidos los datos oficiales administrados por el Ministerio de Sanidad en España a día 1 de mayo de 2020[9], vemos como el número de contagiados asciende a 215.216, el deCancillería confirma primer fallecimiento de un costarricense en ... recuperados a 114.678 y el de fallecidos a 24.824. Estos valores arrojan un 11,53% de mortalidad sobre el total de casos aparecidos y hasta un 17,8% sobre los casos cerrados hasta el momento, que ascienden a 139.509 (suma de recuperados y fallecidos). Cifras que se modificarían a la baja si los actuales ensayos clínicos surten el efecto esperado para el restablecimiento de la salud de los pacientes infectados.

      Se observan por tanto similitudes, pero también importantes diferencias entre la peste y el COVID-19. La principal divergencia es su propagación, que como ya se ha apuntado en el caso de la peste, nunca consiguió infectar a todas las regiones del planeta en un mismo episodio. Con respecto al coronavirus, se observa una tasa de mortalidad más baja. De hecho y aunque las cifras que se barajan del COVID-19 no sean del todo alentadoras, no sería ésta la más mortífera de las enfermedades infecciosas registradas hasta la fecha.

         Esta crisis sanitaria que, como la peste negra, habrá de revertir en dificultades económicas y sociales, no puede descentrar el objetivo de recuperación que, a medio plazo, sigue a estos descalabros. A tan malhadado preliminar –como refirió Bocaccio− suelen concatenarse capítulos más agradables que dejan atrás la dura experiencia de una escalada áspera en un ambiente yermo y hostil[10]. Esto exigirá una transformación del mundo como la que emergió en Europa en el siglo XV o, más recientemente, después de la Segunda Guerra Mundial con el reflote de una sensibilidad humanista que erradique la indiferencia y fomente la solidaridad, especialmente con los más vulnerables.

 

[1] La ricina, el fosgeno, la cloropirina, el napalm, el gas mostaza y el sarín, son algunas de las utilizadas durante enfrentamientos bélicos del último siglo.

[2] Luis Suárez Fernández, Consecuencias del progresismo. CIDESOC, abril 2020.

[3] «Los efectos de las enfermedades infecciosas para las que habían adquirido cierto grado de inmunidad los españoles, sobre una población virgen inmunológicamente como la indígena americana fueron desastrosos. En la isla de Santo Domingo, de una población estimada en 1493 en más de 3.770.000, para 1518 apenas si quedaban 15.600 y de éstos, después de la introducción de la viruela aquel año, apenas si se contaban 125 aborígenes de los cerca de cuatro millones que hubo en la isla. La población aborigen de México en 1519, en el momento de iniciarse la conquista por Hernán Cortés, se ha estimado en algo más de 25.000.000 de indígenas y para 1605 había descendido hasta l.075.000, aunque progresivamente fue recuperándose hasta alcanzar su nivel original al finalizar el período colonial. Los datos sobre Perú son fragmentarios pero se ha estimado que la población aborigen de Perú en 1532 era de unos 6,000.000 de indígenas y para 1628 sólo se contaban 1.090.000». Francisco Guerra: Origen de las epidemias en la conquista de América. Revista Quinto Centenario Nº14, 1988, págs. 43-52.

[4] La enfermedad  que conocemos con el nombre de peste (peste negra, muerte negra, peste bubónica, gran plaga, plaga negra) es una enfermedad infecciosa producida por la bacteria yersinia pestis.

[5] Según estudio de la OMS (Organización Mundial de la Salud), realizado el 21 de marzo de 2020. https://www.bbc.com/mundo/noticias-51955233

[6] «El cuerpo parecía entonces sacudido casi por entero y como dislocado por el dolor. De este dolor, de esta sacudida, de esta corrupción del aliento nacía en la pierna o en el brazo una pústula de la forma de una lenteja. Ésta impregnaba y penetraba tan profundamente en el cuerpo que se veía acometido por violentos esputos de sangre. Las expectoraciones duraban tres días continuos y se moría a pesar de cualquier cuidado».

[7] Responsable de la Sección Infectología en la Historia del SEIP (Sociedad Española de Infectología Pediátrica), en su artículo digital titulado, La Peste Negra.

[8] https://www.infosalus.com/actualidad/noticia-tasa-mortalidad-covid-19-10-veces-superior-gripe-20200409163947.html

[9] https://covid19.isciii.es/

[10] Giovanni Bocaccio, El Decamerón, 1353 (ed. 1983, Club Internacional del Libro), Parte I, p. 11.

Consecuencias del progresismo

  por Luis Suárez, Real Academia de la Historia

            Antes de comenzar este breve análisis, cabe distinguir la palabra progreso de su derivado progresismo. La primera se refiere a un adelanto o perfeccionamiento humano, pues se trata de una facultad propia de nuestra especie. La segunda consiste en una formulación ideológica surgida en las postrimerías del siglo XVIII, que concibe ese avance o progreso de una determinada manera. Desde la Ilustración, muchos científicos, confiando exclusivamente French Revolution II/temple of reason Notre Dameen las potencialidades de la razón −que consideraban infinitas−, imaginaron que serían capaces de liberar a la humanidad de sus pasadas angustias y temores, conduciéndola a la felicidad. Un término muy habitual durante los siglos XVIII y XIX, recogido en las declaraciones de derechos y en textos constitucionales. De ahí que se asociara el progreso y la felicidad en una suerte de maridaje indisoluble. Sin embargo, este progreso se entendió como el desarrollo de la mente humana ordenada sólo al bien material. Los adelantos en el conocimiento permitirían la erradicación de enfermedades y del consiguiente dolor, así como el aprovechamiento y eficaz distribución de la riqueza hasta lograr el pleno bienestar, fundando la sociedad perfecta y definitiva. Que no se alcanzaran esos objetivos de forma inmediata iba de suyo. Sólo se llegaría a la meta mediante una progresión paulatina, resultado de una serie imparable de descubrimientos. Esto explica la diversidad de ideologías que a lo largo del tiempo confluyen en dicha idea: el positivismo, el marxismo o, más recientemente, el transhumanismo son los relieves de una misma efigie progresista.

            En su caso, el positivismo parte de la tesis que esbozara Voltaire: es el hombre el que inventa a Dios a su imagen y semejanza (Si Dieu n´existait pas, il faudrait l´inventer). La religión se reducía así aBiografia de Voltaire un artificio humano con el que se intentarían explicar ciertos fenómenos importantes en las etapas primitivas del desarrollo humano; una inicial, de carácter politeísta seguida de una segunda monoteísta hasta concluir en una tercera −la positiva−, capaz de prescindir de lo sobrenatural o religioso para dar respuestas con arreglo a causas naturales que obedecerían a leyes estrictamente científicas. La humanidad habría progresado entonces presentando al ser humano como verdadero dios de sí mismo y de la naturaleza (el famoso seréis como Dios del Libro del Génesis). Las dificultades que pudieran presentarse en este proceso se imputaban a la resistencia ejercida por la religión, calificada de retrógrada y propia de mentes anquilosadas o supersticiosas. De aquí que, según el positivista, el remedio gravite en el barrido de cualquier metafísica para acelerar el progreso científico y conseguir la felicidad absoluta.

            Con todo y a pesar de que no se han cumplido las previsiones del positivismo, entre las que se cuentan un acceso pleno de la humanidad a los bienes materiales y del conocimiento o el alargamiento indefinido de la existencia humana, sus seguidores continúan instalados en sus presupuestos. Desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días han quedado patentes sus contradicciones. Ni todo el mundo ha podido acceder a la riqueza, también porque la acumulación ilimitada de bienes de consumo sólo se alcanza privando de ellos a muchas otras personas, ni se ha erradicado el dolor ni la enfermedad, como vemos ahora con un mundo en jaque por la crisis del coronavirus. Esa pretendida felicidad deja posos de amargura e insatisfacción, conforme apuntan las estadísticas sobre la creciente ingesta de ansiolíticos o el mayor índice de suicidios.

            Cuando se constató que aquellos prometidos bienes se alejaban, agudizando las diferencias sociales con la explotación laboral de miles de personas, surgió otra vía complementaria, pues tampoco prescindía de la raíz materialista del positivismo. En efecto, el marxismo, ideología que toma el nombre de su inspirador –el filósofo alemán Karl Marx− postuló en El Manifiesto Comunista (1848) la formulación de una ley que, a su juicio, viene a gobernar la historia de la humanidad: la lucha de clases. El motor de la historia, la causa de su avance temporal, es el odio o el combate permanente entre oprimidos y opresores. De ahí que sólo pueda abrazarse la felicidad en el momento que se supere esa dialéctica prescindiendo de la propiedad, generadora de las injusticias sociales. Para llegar al término de una sociedad comunista, ya sin diferencias, donde reine el igualitarismo como el estado de vida ideal, se requiere un paso previo: la dictadura del proletariado. La clase obrera debe primero derrocar a los capitalistas e implementar por la fuerza su programa. También aquí la religión estorba, porque actúa como opio –así la calificó el propio Marx− al frenar las conciencias en ese camino hacia el paraíso socialista. No hace falta insistir. La historia, que –en palabras de Cicerón− es maestra de la vida, ha verificado las secuelas de esta utopía. La conculcación de los derechos fundamentales de la persona (la vida, la libertad y la propiedad) ha sido una constante en los sistemas comunistas. La URSS y sus Estados satélites en Europa del Este son un ejemplo claro. Que todos ellos se evaporaran con el triunfo global de la economía capitalista no significa, sin embargo, la extinción de la ideología, adaptada a las nuevas circunstancias. El feminismo actualmente predominante supone la extrapolación de la antigua lucha de clases a la lucha de sexos. El patriarcado y no la propiedad es ahoraEl papel de los hombres en la lucha feminista – Kaos en la red la causa de todos los males y el objeto a batir. De ahí que haya de implementarse una suerte de dictadura feminista que conduzca al igualitarismo sexual. No estamos hablando de igualdad en deberes y derechos con arreglo a una dignidad humana compartida por los distintos sexos, sino de una especie de masculinización –en el menos elogioso de los sentidos− por parte de la mujer, que renuncia así a su insustituible personalidad.

            Esta espiral de contienda permanente, fundada en la autosuficiencia de cada uno, aspira a desplazar por superación las corrientes citadas traspasando definitivamente la condición humana mediante la técnica. Es lo que se conoce por transhumanismo; otro peldaño más de la escala imparable del progreso. Se trataría aquí de mejorar conscientemente la especie y Transhumanismo, mitología y cine - Proyecto Sciocrear un nuevo tipo humano más allá de su misma naturaleza. La experimentación genética para lograr cualquier fin o el estímulo de una inteligencia artificial perfecta, sobrepuesta a la humana, permitiría vencer sus limitaciones intrínsecas. Esta idea viene a recuperar el concepto del superhombre a modo de dios omnipotente sobre su destino y el del universo, resultado de aquella vieja estela positivista.

            No obstante, ¿realmente la felicidad radica en la trasposición, a veces violenta, de nuestra identidad como personas? Según su origen, el vocablo persona podría remitir a la expresión latina per se sonas, es decir, aquel que habla por sí mismo; esto es, un individuo que posee una naturaleza racional. Es esta razón la que nos debiera descubrir la realidad de la cosas para adecuarnos a ella y andar de este modo en la verdad. Sólo así apreciaríamos que existe un equilibro innato en la naturaleza que debemos preservar; también porque formamos parte de él. Esto entraña el respeto al orden moral. Por nuestra conciencia, esto es, el conocimiento certero de la realidad, sabemos de la existencia del bien y del mal. En efecto, los actos humanos trascienden el mero instinto situándose en unTRIUNFO DEL BIEN SOBRE EL MAL | AMOR, PAZ Y CARIDAD | plano superior al del mundo animal. Por eso nos realizamos cuando la conducta se identifica con el bien, tal como refiriera Aristóteles: es el hombre virtuoso –el que ama el bien por sí mismo− lo que hace feliz a la persona. He aquí la definición del amor. La solución a las grandes dificultades del mundo presente pasa por una afirmación o abundancia de bien que, necesariamente, nos remite a su causa primera, al que es por sí mismo: Dios, reconocido por la observación sensible y revelado por iniciativa propia hasta su materialización en Jesucristo. Todo en la persona obliga a trascenderse y si ese movimiento no se carga de amor, la misma persona se torna incomprensible. La experiencia demuestra que si el conocimiento no se pone al servicio de la naturaleza del hombre atenta a su dignidad y le degrada, aun cuando se apela a su liberación, que se prueba falsa. Aquí está justamente la clave que obliga el amor a los demás. Esto implica animar al otro al esfuerzo para conducirse al bien, conforme al querer inserto en la Creación, y rehuir cualquier amago o empeño autodestructivo. El porvenir del género humano radica precisamente en recuperar su humanidad, es decir, volver a su esencia. Sólo de este modo podrá participar de la dicha del bien por vínculos cada vez más fuertes de solidaridad y dirigir a cada persona a la consecución del bien eterno de Dios.

Propiedad y progreso social en América

 por Víctor Zorrilla, filósofo

   Como otras obras de José Vasconcelos, la Indología se nutre copiosamente de la experiencia vital y la imaginación del autor[1]. Publicado en 1926, el libro nace de una serie de conferencias dictadas por el pensador mexicano en algunas ciudadesResultado de imagen de jose vasconcelos iberoamericanas tras autoexiliarse de su país. El subtítulo promete una “interpretación de la cultura ibero-americana”. Como en su momento señalara José Carlos Mariátegui, el contenido del libro sobrepasa lo indicado en este rótulo, pues se trata no solo de una interpretación sino del planteamiento de un proyecto. Como había señalado poco antes en su Raza cósmica, Vasconcelos considera a la América Latina como la sede del mestizaje universal que habría de dar lugar a la raza humana definitiva y a una nueva civilización mundial. Estos motivos son retomados y desarrollados creativamente en Indología.

   Con todo y su componente romático, Indología no rehúye el enfrentamiento con los temas más escabrosos de la realidad social, política y económica del mundo iberoamericano. El doloroso contraste entre los atrasados países hispánicos y la triunfante Norteamérica es tema frecuente de las reflexiones vasconcelianas, como lo es también el prepotente intervencionismo estadounidense —algunas conferencias fueron dictadas en el recién invadido Puerto Rico—. Aun así, el espíritu generoso de Vasconcelos le permite tratar estos lacerantes temas del momento con ecuanimidad y actitud ecuménica: la cultura anglosajona, junto con la latina, va incluida en el proyecto civilizador que él vislumbra para el continente.

   En esta entrega y las subsiguientes, tocaré algunos puntos de interés de este libro, que mantiene su poder sugestivo a casi cien años de su composición.

   Primeramente, merece destacarse el recuento y la valoración que Vasconcelos hace del proceso de dominación y aprovechamiento de las tierras americanas. Como en el resto de las zonas civilizadas del planeta, tras un largo periodo primitivo de caza y recolección, se establece en América la agricultura. Con ella, se genera un bien que nunca había gozado el salvaje, dependiente siempre de los ciegos ciclos naturales: los excedentes de producción. Estos permiten, según Vasconcelos, la creación de la cultura propiamente dicha. Al filo del trabajo agrícola se desarrolla una incipiente organización social. Dado que la cría de animales domésticos casi no floreció en América, Vasconcelos omite la época pastoril y se centra en las dos principales civilizaciones agrícolas que existían al tiempo de la Resultado de imagen de montezumallegada de los españoles: los aztecas y los incas. Los aztecas tenían establecido lo que hoy llamaríamos un régimen político-militar: el soberano debía su poder a la victoria de las armas; las tierras le pertenecían bien por dominio directo, bien a través del tributo impuesto a los súbditos. Al parecer, cierto comunismo primitivo subsistía en las márgenes de los poblados, pero las mejores tierras pertenecían a grandes señores, allegados del monarca, militares de alto rango y cortesanos. Como en toda autocracia, el derecho de propiedad, así como el de vida o muerte, estaba sujeto —al igual que todo lo demás— al capricho del déspota.

   Sin embargo —y a diferencia de lo que ocurre en nuestro mundo tecnológico hiper-vigilado—, en aquel contexto ni el tiempo podía alcanzar a un hombre para molestar a todos sus súbditos. De ahí que —según Vasconcelos— los pueblos que no pueden o no quieren darse un gobierno propio prefieran concentrar todo el poder en un solo hombre a quien —repartiendo entre muchos la carga— se puede cebar con lujos palaciegos —manjares, mujeres— para que estorbe lo menos posible la vida de la población trabajadora. Esto hicieron los aztecas con Moctezuma y, aparentemente, también los peruanos con sus obesos emperadores.

   La existencia de un régimen de propiedad basado en el derecho hubo de esperar a la llegada de los españoles, quienes introdujeron un sistema derivado de la tradición romana. Las zonas comunales se reservaron para los pueblos de indígenas, mientras que las demás tierras se incorporaron al régimen de propiedad individual. Sin embargo, la interpretación española del derecho romano otorgó la propiedad originaria a la Corona, haciendo depender la propiedad privada de la merced real. Esta variante española del régimenResultado de imagen de conquista española de mejico romano de propiedad —señala Vasconcelos— poseía caracteres “antieconómicos y feroces” que habían sido ya casi del todo superados en Europa. De entrada, la encomienda dio lugar a un régimen efectivo de esclavitud encubierta. Además, derivar todo dominio de una merced real era una práctica degradante que producía servilismo o rebeldía, pero en ningún caso podía, según Vasconcelos, generar un estado fuerte.

   Así, el régimen de propiedad se convierte para Vasconcelos en poderoso factor explicativo —ya que no el único— del atraso de los países latinoamericanos respecto al vecino del norte. En Estados Unidos nunca hubo un rey que concediese mercedes. Cada cual pagaba el precio de su tierra y no ocupaba sino la extensión que podía cultivar. Así, en lugar de encomiendas hubo cultivos, y en vez de una aristocracia guerrera y agrícola, con timbres de turbio abolengo real, abolengo cortesano de abyección y homicidio, se desarrolló en el Norte una aristocracia de la aptitud, que es lo que se llama democracia, una democracia que en sus comienzos no reconoció más preceptos que los del lema francés: libertad, igualdad, fraternidad.[2]

   Los colonos del norte conquistaron la selva, pero no permitieron que el capitán victorioso se apoderase de grandes extensiones. Estas tampoco quedaban a merced del monarca para repartirlas a su arbitrio, creando con ello una “nobleza de doble condición moral: lacayuna ante el soberano e insolente y opresora del más débil”[3].

   Los defectos del sistema de propiedad español —continuación, acaso mitigada, de los autocráticos regímenes precolombinos— persistieron en las repúblicas independientes a través de los sombríos regímenes de los caudillos. Los líderes originales de las independencias hispanoamericanas —Sucre, Bolívar, Hidalgo, San Martín— sucumben en la lucha o son retirados del gobierno a pocoAntonio Lopez de Santa Anna c1853 (cropped).png de terminada la campaña. Al final, el mando recae en oportunistas que al principio arriesgaron poco o nada y que, movidos por la ambición, se montaron después al carro del éxito. Así, los gobiernos militares que surgieron de las revoluciones de independencia —Rosas en Argentina, López de Santa Anna en México— no hicieron más que continuar el viejo sistema de las mercedes reales. Los caudillos terminaron como hacendados.

   Vasconcelos deplora que, aun en el México de su época, los líderes de la Revolución Mexicana (1910-1921), una revolución autodenominada “agraria”, se hayan convertido en latifundistas —“Cresos usando el antifaz de Espartaco”[4]—. No era esa, sin embargo, la intención original de la revolución de 1910 ni de las Leyes de Reforma (1855-1860) del gobierno de Juárez. Ambos movimientos intentaron, según Vasconcelos, evitar la trampa del falso progreso, consistente en aumentar el mero volumen de las exportaciones mientras los campesinos y jornaleros languidecían en el atraso y la miseria. Vasconcelos lamenta que, además de vencer las dificultades interiores señaladas, en su época la reforma agraria tenga que vencer la resistencia del imperialismo económico norteamericano, “moderno equivalente de la antigua encomienda colonial”. Mientras no se resuelva el problema agrario con la debida solvencia técnica y en vistas al bien común —advierte—, se saboteará el progreso y se repetirá la experiencia mexicana, con revoluciones y brotes sangrientos en las regiones de Latinoamérica donde prevalezca la injusticia.

   Mariátegui insinúa que el socialismo es la solución que Vasconcelos propone para resolver el problema agrario. Si bien es cierto que, en la Indología, Vasconcelos se autodenomina “socialista” en un par de ocasiones, en el tratamiento del problema de la tierra no hay mención alguna del socialismo. Ciertamente, el autor considera, como se ha visto, que un régimen de propiedad que favorece la acumulación y el monopolio está en la raíz de los males sociales y económicos que han aquejado a los países latinoamericanos desde antiguo:

Consiste este régimen en que las tierras más extensas y más ricas pertenezcan […] no al cultivador, ni al pequeño propietario, sino al encomendero, al concesionario y en los tiempos que corren al trust. De esta suerte pasan los siglos y los sistemas de cultivo mejoran y se introduce el arado de motor y las grandes maquinarias […], pero el peón y el bracero no dejan de ser esclavos de su miseria; […] de allí resulta la situación inhumana de que mejoran los implementos y se enriquece más el propietario y aun las mismas bestias de labranza engordan, pero el campesino asalariado sigue tan oprimido y tan paria, como en los días del desembarco del primer conquistador; como en los días de Moctezuma o del Inca, cuya presencia hacía temblar.[5]

   En lugar del latifundismo, Vasconcelos propone el establecimiento no del socialismo sino de un régimen de pequeña propiedad: “Sin una colmena de pequeños propietarios no se concibe, no se consolida la grandeza de los Estados”[6]. Fiel al carácter de su obra, Resultado de imagen de tierras parceladasse abstiene de entrar en detalles técnicos. Desde luego, podría replicarse que la moderna agricultura industrial, con sus rendimientos superiores, requiere de fuertes inversiones en maquinaria e infraestructura —como el mismo Vasconcelos reconoce en el pasaje citado—, las cuales, al suponer grandes extensiones, resultan inviables en un mosaico de pequeñas propiedades (que se reducirían, por necesidad, a una agricultura de subsistencia). Vasconcelos es consciente de que la compejidad del asunto supone que cada caso deba estudiarse y manejarse con una sofisticación técnica que excede el ámbito de su trabajo, reconociendo que el problema requiere en ocasiones de grandes inversiones de capital y a veces solamente de “leyes y arreglos inteligentes”. Con todo, se sostiene el clamor vasconceliano por una situación secular que ha enriquecido casi exclusivamente al gran propietario —tlatoani, encomendero, hacendado o empresario capitalista— mientras relega al campesino a la marginación y la miseria.

   La consideración vasconceliana del problema de la tierra no se reduce a sus aspectos históricos ni técnicos. Consciente de que no puede ser vigoroso ni completo un ideal que persiga solo fines materiales, Vasconcelos señala que la tierra, además de proporcionarle sustento, permite al hombre —en cuanto escenario y paisaje— ensanchar la vida a través de la contemplación y la exaltación de la personalidad: “de la tierra nos viene […] esa especie de energía mística que nos deleita y nos envuelve en el todo y acrecienta nuestro anhelo de superar la existencia”. De ahí la necesidad de liberar al paisaje del dolor humano que carcome su entraña para que este se nos manifieste “purificado, sonoro y luminoso, vibrante de un anhelo que contagie y fortalezca nuestra propia aspiración de subir”[7]. Las reflexiones de Vasconcelos se constituyen, así, en una invitación a procurar, ju3nto con el progreso económico, un auténtico desarrollo social que permita sentar las bases de un crecimiento humano integral. Ello nos dirige hacia otro importante tema tratado por Vasconcelos en la Indología como en otras obras suyas, la educación, que será objeto del siguiente artículo de esta serie.

 

[1] A propósito de la Indología, José Carlos Mariátegui dirá que el “pensamiento de Vasconcelos afronta los riesgos de los más intrépidos vuelos; pero se complace siempre en retornar a la naturaleza y a la vida, de las cuales extrae su energía”. José Carlos Mariátegui, “‘Indología’ por José Vasconcelos”, https://www.marxists.org/espanol/mariateg/oc/temas_de_nuestra_america/paginas/indologia.htm. Esta página consigna la publicación original de este texto de Mariátegui en “Variedades, Lima, 22 de Octubre de 1922”. Sin embargo, en sus escritos autobiográficos, el mismo Vasconcelos afirma haber publicado la Indología en 1926. Las ediciones de la época carecen de fecha.

[2] José Vasconcelos, Indología. Una interpretación de la cultura ibero-americana, Agencia Mundial de Librería, Barcelona, s/d [1926], p. 58.

[3] Ibid.

[4] Vasconcelos, Indología, p. 60.

[5] Vasconcelos, Indología, p. 60-61.

[6] Vasconcelos, Indología, p. 62.

[7] Vasconcelos, Indología, p. 64.

Ética y fraternidad en la Roma antigua

 por Edison Tabra, jurista

             Desde una perspectiva contemporánea puede presentarse el concepto de fraternidad desarrollado por algunos autores latinos como uno de los antecedentes de la actual acepción de solidaridad. Ciertamente, sin recurrir a dicho término, Séneca, Cicerón y Marco Aurelio ahondaron en cuestiones referidas al deber in solidum de hacerse responsable de una realidad compartida con otro. De ahí la importancia ética de la amistad, concebida como virtud indispensable para el desarrollo personal y de la convivencia humana.

            Séneca hizo de la providencia –disposición que mira a la consecución de un fin− y de la fortuna el motor de la existencia de la res publica, esto es, lo que atañe a todos en el modo de articular las relaciones y organización de la sociedad. De ahí que mencionara queResultado de imagen de Séneca la actuación de la conciencia personal del sabio –la minoría dirigente− debiera estar integrada en el destino colectivo de las personas para impulsar la consecución efectiva del bien común. Eso exigiría la imprescindible fraternidad; la correspondencia de los sabios al servicio de los demás. No extraña entonces que algunos pensadores recientes hayan tomado esta hermandad como núcleo para sostener una noción de solidaridad, fundada en la razón natural: la amistad o el amor que alcanza a todo el género humano habría de inspirar así la ayuda mutua de los que integran el cuerpo social. Para Cicerón, la naturaleza sociable de toda persona miraría al bien compartido con los demás. Aunque dicha observación aludiera necesariamente a las potencias espirituales como fuerza motriz para el desempeño de la virtud, interpretaciones posteriores prescindirían de toda metafísica a la hora de explicar los lazos de la fratría humana.

            El hecho de que la afirmación y superioridad de lo eterno –a decir de Aristóteles− resultara inalcanzable para la persona desde un plano de igualdad y trato recíproco (no sería equiparable lo humano y lo divino) en la relación de amistad (entendida como Resultado de imagen de aristótelesbúsqueda y promoción del bien del otro); llevó a ciertos teóricos a desentenderse por completo del ámbito sobrenatural para explicar los vínculos solidarios o de hermandad. Así las cosas, ésta se cimentaría sobre el deseo mutuo por materializar la fraternidad entre las personas a modo de altruismo o filantropía a partir de la formación de la conducta −ethos− dentro de su aspiración natural a la felicidad.

            Con esta pretensión, en el siglo IV a. C se había iniciado un movimiento filosófico centrado en una búsqueda activa y pragmática del bien moral, asociado a la consecución efectiva de la vida dichosa. El estoicismo espoleó una comprensión del hombre con el universo a partir de su propio razonamiento con el que habría de desplegar una vida coherente y apropiada a ese objeto. En este sentido, Marco Aurelio, emperador de Roma entre 161 y 180 d. C, consignó en sus Meditaciones los presupuestos de dicha filosofíaResultado de imagen de marco aurelio desde una perspectiva serena y majestuosa. La imperturbabilidad de ánimo resultaría de la aceptación del propio destino sin acritud ni aspavientos ante las dificultades. La vida buena consistiría en el dominio de sí, actuando como premisa para irradiar bondad y nobleza de espíritu, indispensables para la paz personal y colectiva. Por medio de la razón, presentada como cualidad divina, la sociedad humana habría de mostrarse hermanada en torno a unos mismos anhelos de felicidad. De ahí la mutua y necesaria colaboración con los semejantes.

            Como señala Duvignaud, Marco Aurelio destaca la pasión existente por la condición humana, porque genera un pensamiento conforme a la regla general del universo, y de la cual formamos parte debido a realidades como el amor al prójimo, la veracidad, la conciencia y la creencia. Asimismo, refiere el deseo de una “humanidad solidaria” sujeta a una sustancia universal, aunque se disperse en mil cuerpos individuales.

            De estas ideas se deduce que este emperador moldeó un concepto de solidaridad (en términos modernos) basado en una naturaleza del hombre tendente a la colaboración de unos con otros. Con ello observamos una clara coincidencia de los autores romanos a la hora de apreciar los basamentos perennes de la vida comunitaria. Tanto para Cicerón como para Marco Aurelio, la solidaridad se anuda con el principio de reciprocidad al procurarse el bien del todo. Un presupuesto asumido por la tradición cristiana y elevado al plano metafísico al sortear el obstáculo que percibían los clásicos griegos en la relación limitada del ser humano con la eternidad intangible de Dios mediante la persona de Jesucristo, Dios encarnado y manifestado a la humanidad. Desde esta óptica, la amistad del hombre con Dios sería posible, adquiriendo la fraternidad un sentido más sublime: una común filiación con la divinidad. De esta manera, la solidaridad se fundamentaría en la donación gratuita del amor, despojado de todo interés a imitación de Cristo.

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            Se concluye entonces un avance cualitativo en la cooperación y unión entre las personas con un intercambio mayor de los bienes que se prestan –al incorporar el valor de la trascendencia y la virtud de la religión− en orden a un servicio integral de los particulares que, de este modo, constituyen y definen una realidad social más predispuesta a la excelencia.

Actitudes ante la revolución liberal

 por Antonio Cañellas, historiador

            Durante el año 2019 se sucedieron varios actos para conmemorar el bicentenario del nacimiento del historiador José María Quadrado (1819-1896). Dentro del ideologizado contexto del siglo XIX, la relevancia intelectual de su figura estriba precisamente en la explícita omisión de una tesis preconcebida a la hora de armar su producción historiográfica. Para Quadrado, la fuente documental representa la herramienta imprescindible que, en el marco de las circunstancias del momento histórico, permite explicar –y aun entender− las razones que concurren en los acontecimientos pasados[1].

            Lejos de una actitud reducida al método crítico del historicismo clásico, basado en el examen riguroso de los documentos fiables de la época que se estudia para una exposición objetiva de los hechos, Quadrado sigue a Leopold von Ranke –investigador y teórico puntero de dicha corriente− en una apreciación de la historia que va más allá de aquel Resultado de imagen de ranke"procedimiento científico. De este modo, la metodología se inserta dentro de un fenómeno mucho más complejo, ligado a las distintas facetas y dimensiones de la vida humana, incluida la espiritual. De ahí que los sucesos históricos sólo puedan comprenderse insertos en un conjunto de significados debidamente interpretados por el historiador. La insistencia de Ranke en que todo sistema social y político sólo resulta inteligible dentro de su contexto temporal[2], se entremezcla con la seguridad de que el principio de jerarquía articula el estado natural en todas las sociedades[3]. Una idea directamente emanada del reconocimiento del orden dispuesto por Dios en su obra creadora. De esta premisa fundamental seguiría una actitud innata a favor de la estabilidad y armonía de ese ordenamiento. En este sentido, el historicismo valora el transcurso del tiempo y, por tanto, los períodos de la historia como una consumación de esas etapas frente a la óptica que lo concibe a modo de itinerario de la razón humana hacia su plena autoafirmación. De aquí deriva una idea de progreso que cifra su confianza en el desarrollo ilimitado de las ciencias experimentales como solución última y permanente de los problemas de la humanidad. Se ofrece así una visión negativa del pasado, especialmente en lo que al legado de la metafísica y de la teología se refiere, debido a la rémora que habría supuesto para dicho avance.

            Es claro que de estas dos percepciones se alimentaran los correspondientes espíritus conservadores e innovadores del panorama político decimonónico. Todo ello sin desestimar la importancia del factor psicológico en aquel proceso de transformación. Y es que, tal como alegaron algunos autores, la naturaleza inquieta de unos y la reposada de otros les inclinaría, en cada caso, a nutrir las filas de la revolución y del conservadurismo cuando las circunstancias lo exigieran[4].

            Lo cierto es que las mutaciones del último tercio del siglo XVIII con la independencia de las Trece Colonias, la revolución industrial inglesa y las consecuencias del estallido revolucionario en Francia obligaron a sus contemporáneos a posicionarse al respecto. Más aún después de que las ideas revolucionarias se expandieran por Europa. De poco valió a las antiguas monarquías destronadas por Napoleón la simple restauración del régimen de Cristiandad acordada en el Congreso de Viena de 1815. Resultado de imagen de congreso de vienaEl pensamiento liberal ya había calado en amplios sectores de las clases dirigentes. Desde entonces se inició una tensión constante entre los remisos al cambio de época y los que deseaban acometerlo abruptamente. Pronto pudo comprobarse esa dicotomía que, de un lado y otro, aspiraba a una mejora de las sociedades en modo y grado desigual. Las oleadas revolucionarias de 1820 manifestaron ese frenesí transformador que intentaba contener el viejo orden. Doscientos años más tarde sigue prolongándose esta divergencia con sus respectivas variantes. El instinto de conservación compite con el afán de novedad y de progresión ilimitada.

        La eclosión liberal de 1820 afectó principalmente a la cuenca mediterránea, poniendo en entredicho el modelo y el equilibrio europeo diseñado en Viena. En España, el levantamiento del comandante Riego cuando se disponían a embarcar las tropas rumbo a las Américas para sofocar las revueltas emancipadoras obligó al rey Fernando VII a jurar la Constitución liberal que él mismo invalidara en 1814. Los hechos repercutieron en Portugal, Nápoles y Piamonte con insurrecciones similares en las que los rebeldes exigieron el establecimiento de regímenes constitucionales a sus monarcas.

           Sin embargo, la entrada en vigor de la Constitución española elaborada por las Cortes de Cádiz durante la ocupación napoleónica no supuso una garantía de entendimiento político entre los propios liberales, como pudiera pensarse. Los grupos ideológicos surgidos durante las sesiones constituyentes entre 1810 y 1812 se dieron nueva cita a la hora de encarar la gobernación del reino. Las dos almas del liberalismo político (los moderados y los exaltados) bregaron entre sí porque empezaba a declinar el consenso constitucional aparentemente alcanzado tan sólo ocho años atrás.Resultado de imagen de trienio liberal jura fernando VII

         Ciertamente, el idealismo inicial, en plena guerra con los franceses, cedía al realismo que imponía el acceso primerizo de los liberales en el ejecutivo de 1820. A pesar de haber trabajado en las comisiones que redactaron los artículos de la Constitución, fue su distinta apreciación y la que suscitara la monarquía lo que dividió al liberalismo. Si los moderados se mostraban más abiertos a revisar el texto para darle un enfoque más técnico y práctico, confirmando el carácter esencial de la monarquía, los exaltados incidieron en la soberanía de la nación como principio indeclinable del que habría de depender la continuidad de la monarquía, concebida como una institución accidental. Es lógico, entonces, que Fernando VII –forzado a actuar como rey constitucional− confiara el gabinete a la corriente moderada de la “familia liberal”. La secuencia de estos ministerios no impidió la adopción de medidas rupturistas en el plano económico y religioso.

            Aunque en las Cortes inauguradas en julio los moderados aseguraran su mayoría, no fue impedimento para que se desplegara toda una batería legislativa que revisaría los títulos de propiedad y aceleraría la subordinación de la Iglesia al Estado. Dos cuestiones clave planteadas desde las anteriores centurias y que seguían a la espera de reformas. En el siglo XVII la conciencia de declive generó una profusión de propuestas regeneradoras por parte de los arbitristas en sus memoriales dirigidos al rey. La limitación de los mayorazgos fue uno de los temas considerados, luego recogidos en algunos informes de los ilustrados, que propusieron la enajenación de tierras baldías para que pudieran ser adquiridas por los particulares fomentando así la productividad[5]. No extraña que, bajo el presupuesto del interés individual y del estímulo de la riqueza, el liberalismo abundara otro tanto en esta línea, probando su evolución de las ideas ilustradas con las que integraría una comunidad de pensamiento[6]. Esto explica el decreto emitido por el ejecutivo liberal-moderado en octubre de 1820 suprimiendo centenares de establecimientos monásticos, cuyos bienes pasaron a incorporarse a la Hacienda Pública. La disolución del Tribunal delResultado de imagen de expulsión de los jesuitas 1820" Santo Oficio y de la Compañía de Jesús (la segunda desde que Carlos III expulsara a sus miembros en 1767) confirmaron la voluntad de primacía de la autoridad civil; además de prescindir de dos instituciones acusadas de apuntalar el Antiguo Régimen de manera sistemática. Las medidas también intentaban salvar la unidad de los liberales, dando satisfacción a las demandas de los exaltados frente a la creciente oposición de los contrarrevolucionarios.

            Por su parte, Fernando VII pudo vetar el intento de las Cortes de alterar el carácter territorial de los señoríos, pero no actuó abiertamente en contra de la supresión de los mayorazgos cortos (no vinculados a la nobleza) ni de la desamortización eclesiástica, por cuanto se beneficiaba el Tesoro del reino. El empeño de los liberales moderados por neutralizar el proyecto político de sus homónimos exaltados precipitó su ascenso al gobierno cuando comprobaron la tibia posición de los primeros frente al ensayo infructuoso de la Guardia Real por restaurar la plena soberanía del rey en junio de 1822. Únicamente la asistencia internacional del cuerpo expedicionario de Los Cien Mil Hijos de San Luis logró materializar aquel propósito un año más tarde.

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            Esta experiencia de gobierno con los liberales y la atenta observación de lo acontecido en el exterior decantaron a Fernando VII por una fórmula intermedia, equidistante del liberalismo y de las posiciones más absolutistas, salvo aquella relativa a su poder de rey neto (sin Cortes). La mayor estabilidad por la que había transcurrido la vida política francesa con el régimen de Carta Otorgada instituido por Luis XVIII, procurando el equilibrio de la autoridad real con la representatividad de la burguesía y de la nobleza[7], motivó la reflexión del gobierno de España. Sobre todo al comprobar los inconvenientes de retraer ese sistema por parte de Carlos X a partir de 1826. La erosión y posterior recambio de la dinastía Borbón en el trono francés con la revolución de 1830 ratificó la senda reformista de Fernando VII al confiar el gabinete aResultado de imagen de fernando VII" políticos moderados procedentes del campo tradicionalista y liberal. Por múltiples circunstancias, el rey se apercibió –en palabras de un historicista− de la consumación de aquel tiempo histórico, vista la realidad imparable del tránsito alborada en el ocaso del siglo XVIII. Esta actitud eminentemente pragmática, interesada por la continuidad de la Corona en su hija Isabel, acosada políticamente por los realistas exacerbados y despreciada inicialmente por el liberalismo extremo, fue la esgrimida en el plano ideológico −esto es, más allá de la coyuntura− por la vía renovadora que representara Gaspar Melchor de Jovellanos alrededor de 1808. Es decir, la capacidad de conjugar la tradición histórica de España, asociada a la catolicidad como norma informante de su cultura y del orden institucional, con la moda de cada época. Se trataba, en definitiva, de la difícil labor de ensamblar una moral radicada en las verdades permanentes, forjadoras del derecho y las costumbres del reino, con las novedades contingentes de la historia. La opción por los maximalismos debía desterrarse sin caer por ello en posicionamientos relativistas que, en última instancia, resultarían igualmente desgarradores para el desarrollo de los individuos y de las sociedades en su conjunto. Esta perspectiva, que remitía a la fuerza del espíritu –la religión− como medio vivificador por el cual se habría de desenvolver equilibradamente la libertad humana, sorteando el desborde de las pasiones o de los intereses privativos, planteaba así la sutura con los ingenios vertidos en las diferentes etapas de la historia.

           En resumen, la conciliación entre la fe y la razón –resultado de una concepción antropológica fundada en la realidad objetiva de la naturaleza del ser humano− conformó el basamento sobre el que se sostuvo la visión de la historia de este grupo y, por consiguiente, de la política, entendida como todo aquello que atañe al bien común. No sorprende, entonces, que de la pluma de José María Quadrado brotara el elogio al sistema constitucional británico (al igual que en Jovellanos) por cuanto hilvanaba la experiencia pretérita –la vitalidad constante de la tradición− con las aportaciones del presente, operando una armónica renovación totalmente dispar al quebranto derivado de la revolución francesa de 1789. Resultado de imagen de cámara de los lores y de los comunes"De la misma forma que no podía caerse en el error estacionario de anquilosarse en el tiempo, tampoco debía incurrirse en el equívoco innovador de la perfectibilidad indefinida (el progreso material como panacea de todos los males) a modo de culmen igualmente inmóvil; precisamente porque la naturaleza humana supone crecimiento dentro de su caducidad[8]. De ahí el necesario ejercicio de renovación personal y, por ende, social, ordenado al bien integral (material y espiritual), que habría de contar con la herencia pasada para alcanzar dicho fin. Quadrado lo sintetizó en estos párrafos conclusivos:

Hoy más que nunca hace sentirse la necesidad de renovación que en el universo se obra incesantemente […]. Las generaciones se afanan en buscar solución a problemas, que las siguientes se admiran de ver tan naturalmente desenlazados: una ansiedad sucede a otra en el decurso de los siglos, y jamás se escarmienta de no concebir nada posible sino lo presente y de tomar el horizonte por límite del mundo […]. Las formas sociales son humanas y, por tanto, variables y perecederas; la esencia es de Dios y, de consiguiente, inmortal mientras viva el linaje humano, al cual para todo ha sido dada libertad menos para el suicidio[9].

 

[1] «No basta referir los hechos, si no se estudian y meditan en su enlace y contextura con relación a los destinos eternos y temporales de la humanidad». J.M Quadrado, Prólogo del Discurso sobre la Historia Universal (continuación del de Bossuet), vol. 1, 1880.

[2] L. von Ranke, Über die Verwandtschaft und den Unterschied der Historie und der Politik, 1836, p. 50.

[3] Véase L. von Ranke, «Historia de Alemania en la época de la Reforma» (ed. 1881) en Pueblos y Estados en la Historia Moderna, FCE, 1979, pp. 133 y sig.

[4] Lorenzo Villalonga, «El panorama político. Un artículo de Marañón» El Día (03/03/1936).

[5] Sobre el particular es interesante el Informe sobre la ley Agraria confeccionado por Gaspar Melchor de Jovellanos. Véase un breve análisis en Manuel Moreno, Jovellanos. La moderación en política, Gota a Gota, 2017, pp. 86-87.

[6] Miguel Artola, Los afrancesados, Alianza, Madrid, 2008, p. 29.

[7] José Luis Comellas, «De las revoluciones al liberalismo» en Historia Universal, Tomo X, Eunsa, Pamplona, 1989, pp. 405-406.

[8] J. M Quadrado, «La Fe bajo sus diversos órdenes considerada» (1844), en Antología, Publicacions des Born, Ciutadella,1998, p. 46.

[9] J. M Quadrado, Conclusión del Discurso sobre la Historia Universal (continuación del de Bossuet), vol. 2, 1881.

La Gran Guerra en la literatura

 por Álvaro Sureda, historiador

   En el verano de 1914 estalló en Europa una guerra en la que entrechocarían realidades y valores antiguos con otros que anunciaron la modernidad.

   La Gran Guerra (1914-1918) es uno de los dos grandes conflictos bélicos que eclosionaron a nivel planetario en el siglo XX. Es cierto que la Segunda Guerra Mundial aumentó el número de víctimas y concedió al armamento un poder destructivo muy superior. No obstante, fue la de 1914 la que reunió por primera vez proporciones de conflagración global, con millones de víctimas y con tácticas y tecnología de combate que revestían una auténtica novedad. Asimismo, supuso un cambio radical de mentalidad que configuraría buena parte del siglo XX con el surgimiento rompedor de las vanguardias y el nacimiento de los totalitarismos.

   Esta Guerra implicó una transformación de tal grado que ni los propios combatientes fueron conscientes de las consecuencias. Recurriendo a las fuentes documentales de la época, puede Resultado de imagen de kaiser guillermo ii primera guerra mundialobservarse que las campañas militares se enfocaron como cualquier otra hasta la fecha: una suerte de duelo entre los contendientes. La idea de que para Navidad ya estaremos de vuelta era una constante generalizada en ambos bandos. No se había previsto ni su prolongación ni la desaparición de estructuras políticas y sociales completas como la de los Imperios centrales (Prusia y Austria) o la caída definitiva de los zares en Rusia después del triunfo de los bolcheviques.

   En efecto, la Gran Guerra estuvo marcada por muchos factores. Primero, por el psicológico. La convicción inicial de que los litigantes se encontraban ante una refriega que dirimirían con brevedad, según el sistema de alianzas heredado de la diplomacia bismarkiana, supuso un trauma al prolongarse la guerra y enredarse en un clima cada vez más inhumano: bombardeo de poblaciones, uso del gas mostaza, la tensión acumulada en las trincheras a la espera de la orden de ataque campo a través contra el fuego enemigo, etc. En este sentido, es ilustrativo el ejemplo que Erich Maria Remarque despliega en su libro Sin novedad en el frente, cuando reproduce la cita de un maestro de escuela persuadido de que Alemania participaría en la guerra y vencería a sus enemigos antes de Navidad. Sin embargo, pronto percibieron que se habían involucrado en un conflicto largo y costoso.

   Si analizamos las fuentes documentales de la época podemos ver una evolución muy radical sobre la visión acerca de la evolución del conflicto. Stefan Zweig nos comenta cómo en 1914 y en 1915 era demasiado pronto todavía y la guerra parecía demasiado lejana a los hombres de la retaguardia[1].

   El honor es también otro rasgo psicológico que se ve reflejado en la venganza que Austria-Hungría toma contra Serbia ante el magnicidio de su heredero. Como nos transmite Stefan Zweig en el libro El mundo de ayer: memorias de un europeo el sucesor al tronoResultado de imagen de francisco fernando de austria imperial no era un personaje querido; es más, tenía una fama opuesta al buen nombre del viejo emperador Francisco José. De hecho, tras su asesinato, el heredero pronto cayó en el olvido. Fue el honor lo que provocó que un mes más tarde el Imperio Austro-Húngaro declarase la guerra al país de los Balcanes. El honor, además del intento de la supremacía sobre otras potencias, fue lo que incitó a Rusia a la movilización de sus tropas cuando Austria-Hungría invadió Serbia. Ese mismo honor motivó que Alemania defendiera a su aliado y siguiera luchando hasta el hundimiento del II Reich que proclamara Otto von Bismarck en 1871. También por el honor mucha gente se enrolaría en el ejército para servir a su emperador, como bien nos describen algunos autores contemporáneos[2]. Un honor que surge a través de la ideología nacionalista y la política colonialista que, a su vez, fueron las causantes de los conflictos que acabaron detonando la Gran Guerra.

   Por otro lado, según fue evolucionando el conflicto, se aprecia cómo los propios soldados ignoraban las causas profundas del conflicto y cuál de las naciones en lucha era poseedora de la razón. Esta es la imagen que, tanto en la película como en la novela de  Sin Novedad en el frente, se nos refleja en varias ocasiones; como cuando uno de los personajes, Paul, pasa la noche junto al cadáver del francés que acaba de batir, o en algunas conversaciones del relato:

Nosotros estamos aquí para defender nuestra patria, pero también los franceses defienden la suya. ¿Quién tiene razón? – Quizá unos y otros – afirmó sin convicción. – Es cierto – dice Albert, y leo en su cara que quiere meterme en un callejón sin salida -, pero los profesores, los pastores y los periódicos nos dan la razón a nosotros, mientras que los profesores, pastores y los periódicos franceses pretenden ser ellos los que tienen razón. ¿Cómo te explicas eso?[3]

   Queda claro entonces que durante la Primera Guerra Mundial la psicología jugó un papel determinante en muchos ámbitos sociales, pero de manera especial entre la juventud; no sólo en el campo de la desmoralización del enemigo sino en otros como el de la influencia de los mayores durante el conflicto. La ridiculización de toda clase de situaciones o la propagación de la locura cerrarían dicho cuadro[4]. Un ejemplo de ello en la iconografía del momento es el famoso cartel del Tío Sam y la de los soldados de una generación que no ven a su vida otra salida que la del combate, porque es lo único que conocen.

   El episodio de las trincheras y su posible causa en la génesis de algunas patologías psíquicas, fue descrita con precisió por Eva Díez: las razones de la neurosis de combate habría que explicarlas por las particularidades que imponía esta guerra con sus nuevos disfraces de muerte. Los soldados no se enfrentaban físicamente al enemigo, sino que aguardaban en la trinchera como conejos asustados dentro de una madriguera, a la espera de que llegara el fusil o el obús que los destrozaba literalmente o que lo hacía con el que luchaba al lado. Muchos soldados afectados por el shock de trinchera (‘shell shock’) se quedaban inmóviles sin poder reaccionar al ver que el compañero se convertía en una mezcla informe de fango y sangre[5]. Una vez traspasada la barrera de la Resultado de imagen de trincheras primera guerra mundial barrocrueldad, de la deshumanización -en definitiva-, parece más “sencillo” comprender cómo a lo largo del siglo XX y en el actual siglo XXI el ser humano ha sido capaz de cometer atrocidades como la masacre sistemática de los judíos perpetrada por los nazis, el genocidio de hambruna ordenado por Stalin contra Ucrania o los bombardeos químicos producidos en la guerra de Siria.

   La trama del relato El busto del emperador[6] es muy llamativa, porque el autor nos muestra las dificultades de la generación anterior a la guerra de asimilar los cambios operados en el continente. No se imaginan que ya no exista un emperador; que un millonario rico pueda estar jugando con las coronas de los Imperios centrales, o que la estructura social haya mudado casi por completo. En el fondo, esas transformaciones experimentadas por la “nueva” Europa, con una grave crisis de autoridad, fueron difíciles de digerir para las personas ya maduras durante y después del conflicto, más ancladas en las formas y los modos decimonónicos. En su biografía Stefan Zweig nos desvela cómo tras la Primera Guerra Mundial Europa cae en una crisisResultado de imagen de stefan zweig terrible, no sólo económica sino también de identidad: una crisis ética y moral manifestada en la relajación de las costumbres (sobre todo en el ámbito sexual) y en la exaltación ideológica. Un punto de coincidencia con la Europa actual, cada vez más replegada sobre sí, es decir, instalada en los hábitos propios del señorito satisfecho -en palabras de Ortega y Gasset- que le impiden recobrar su vitalidad trascendente. Cabe superar entonces una simple ética de los valores como la que formulara Max Scheler después de la Gran Guerra -subjetiva, al fin y al cabo; esto es, dependiente de la consideración individual de cada uno-, y recobrar la objetividad de una vida plenamente virtuosa que armonice el plano humano y sobrenatural de la existencia.

 

[1] Stefan Sweig, Memorias de un Europeo, p. 136.

[2] Joseph Roth en su novela El busto del emperador es un claro defensor de este factor, además de otros autores como Stefan Zweig o Erich Maria Remarque

[3] Erich Maria Remarque, Sin novedad en el Frente, p.184.

[4] Al comienzo de la guerra los cuadros neuróticos de pérdida del habla, trastorno del sueño, convulsiones musculares, inexplicables espasmos faciales, ceguera histérica y otras afecciones no fueron considerados como patologías. Primero se creyó que era consecuencia del ruido de las explosiones e interpretado como simple fatiga de combate, pero los síntomas fueron empeorando conforme la guerra se estancaba sin solución y el campo de batalla se convertía en una trituradora de jóvenes que morían sin sentido. Eva Díaz Pérez en  https://www.elmundo.es/especiales/primera-guerra-mundial/vivencias/locura-de-trinchera.html

[5] https://www.elmundo.es/especiales/primera-guerra-mundial/vivencias/locura-de-trinchera.html

[6]  Roth, Josspeh, El busto del emperador, ed. Acantilado 4, Barcelona, 2003.

Nature humaine et grâce divine

par María del Sol Romano, philosophe

     Augustin d’Hippone (354-430) ce saint, éminent père et docteur de l’Église, philosophe et théologien, partage avec Simone Weil (1909-1943) une conception de la philosophie comme sagesse et souci du salut de l’âme. Bien qu’ils soient d’époques différentes et de cultures différentes, ils sont, au sens augustinien, des «cœurs inquiets». Tous les deux éprouvent un incessant désir de vérité et du bien et ils expérimentent tout d’abord, et en des termes weiliens, un «amour implicite de Dieu», pour parvenir ensuite, avec profondeur et une ardente ferveur, à la rencontre avec le Christ. Cette rencontre les amène à l’intensification non seulement de leur vie spirituelle, mais aussi, à expérimenter une transformation radicale au cœur de leur existence.

     Augustin et S. Weil en dépit de toutes les divergences que l’on puisse trouver dans leur pensée[2], sont tous les deux hors de toute perspective d’exclusion ou de rupture entre le domaine de la nature et celui de la grâce. C’est-à-dire, tant S. Weil qu’Augustin conçoivent le rapport entre la nature humaine et la grâce divine sans les identifier ni les confondre. Et dans ce rapport, bien qu’ilsResultado de imagen de san agustín distinguent la nature et la grâce, ils ne séparent pas ces deux ordres. Ni Augustin ni S. Weil sont des naturalistes qui nient la grâce, ni des surnaturalistes qui méprisent la nature, ils pensent une nature humaine en tant qu’ouverte au surnaturel[3] et qui a une vocation pour un bien absolu. Ceci nous amène à dire que chez ces deux penseurs nous pouvons très proprement appliquer le concept blondélien de «transnaturel», que le philosophe d’Aix arrive effectivement à appliquer à l’Évêque d’Hippone en disant: «Augustin […] implique constamment notre état concret, qui n’est ni nature pure et se suffisant intrinsèquement ni surnature naturalisable, mais état “transnaturel”[4]». Le transnaturel manifeste la vocation et la nécessité d’un bien absolu présentes en tout homme, la nécessité, selon les termes blondéliens, «d’union de la créature avec Dieu et de béatitude multipliée[5]».

     Si cela ne serait pas vrai, si l’homme était nature pure, il n’aurait pas en lui un inépuisable désir d’un bien absolu qui l’appelle de manière incessante et qu’il ne parvient pas, par ses propres moyens naturels, à combler. Car, si c’était ainsi, il serait complètement satisfait des biens de ce monde et il serait totalement autosuffisant. Bien que l’homme soit un être doté d’intelligence, de volonté et d’une liberté, qui le font être au-dessus de tous les autres êtres créés, il est en même temps un être limité et imparfait, il est incapable de s’autosuffire. Il désire sans cesse un bien absolu que lui-même ne peut pas se procurer et cherche toujours quelque chose qui comble ce désir. Pour nos auteurs, la grâce est l’appel et la réponse à ce désir du bien qui brûle au cœur de la nature humaine. Elle est la seule capable d’apaiser cette perpétuelle inquiétude du cœur qui n’arrêtera jusqu’à se reposer en un bien suprême, en Dieu en tant que summum bonum, car, comme le manifeste Augustin : «vous nous avez faits pour vous, et notre cœur est inquiet jusqu’à ce qu’il repose en vous[6]».

     De cette position découle un autre point commun chez nos auteurs: ainsi que «Dieu répand continuellement sa grâce d’une manière absolument égale sur tous[7]»; la vocation surnaturelle, l’appel vers un bien absolu est ouvert à tous, il est universel. Il s’agit d’un élément présent en tout homme, au cœur de la condition humaine, c’est quelque chose de vital et d’expérimental. Plus encore, sans importer son époque, ses origines, son contexte culturel ou social, tout être humain désire le bien et est appelé envers lui. De la même manière, les concepts d’amour, de rédemption et de salut sont universaux. L’homme atteint le salut «par un surcroît d’amour divin, par une grâce nouvelle [qui] l’appelle, le prévient, le soutient, le libère, le purifie, l’éclaire, le relève et l’élève[8]», mais en même temps, la coopération humaine est également nécessaire pour parvenir au Resultado de imagen de simone weilsalut. À ce propos, dans la perspective de S. Weil et d’Augustin, l’assentiment humain, son ouverture et disponibilité, sa réponse à l’appel de la grâce sont aussi des facteurs importants, mais pas déterminants pour que la grâce soit donnée. De la même manière que la grâce ne s’impose pas à la liberté humaine en tant que cette dernière répond librement à son appel, la grâce ne peut être en aucun cas conditionnée par le désir de la nature humaine : elle est un don gratuit d’amour.

Le texte qui suit constitue un extrait de notre article “Nature et grâce : Simone Weil et Augustin d’Hippone”, publié dans : Cahiers Simone Weil, t. XLI, n. 3, septembre 2018, pp. 267-287.

[2] Dans notre article original, nous avons tenté de montrer –même si sommairement et d’une façon sûrement pas exhaustive–, quelques convergences et divergences entre S. Weil et Augustin.

[3] Ce point nous rappelle le concept weilien de « raison surnaturelle », une raison qui est ouverte à l’amour : « Il y a une raison surnaturelle. C’est […] la connaissance de la Vérité dont le souffle est envoyé par le Père ». S. Weil, “Cahier XIII”, [1942], OC, VI 4, p. 139.

[4] Maurice Blondel, « Saint Augustin, l’unité originale et la vie permanente de sa doctrine philosophique », dans Revue de Métaphysique et de Morale, XXXVII/4, 1930, p. 468.

[5] Maurice Blondel, « Saint Augustin, l’unité originale et la vie permanente de sa doctrine philosophique », op. cit., p. 469.

[6] Augustin, Confessiones, I, 1, 1.

[7] S. Weil, “Cahier XVII”, [1942], OC, VI 4, p. 345.

[8] Maurice Blondel, « Saint Augustin, l’unité originale et la vie permanente de sa doctrine philosophique », op. cit., p. 465.

La defensa medieval en el Mediterráneo

 por Juan Carlos Rodríguez, historiador

            Desde la caída del Imperio Romano en el 476 d.C la inseguridad se incrementó en toda Europa y el Mediterráneo no quedó libre de ese problema. A pesar del intento del emperador de Constantinopla, Justiniano, por reconstruir el Imperio, la convulsión que provocaron los pueblos germánicos y posteriormente el Islam no permitirán dicho cometido.

            Durante los siglos V y VI, visigodos, francos, ostrogodos, lombardos, suevos o vándalos, se asentaran en el viejo continente, que se reestructurará a partir de reinos. Todos ellos pronto se acoplarán a las sociedades cristiano-romanas adoptando el catolicismo, el derecho romano, el latín y la monarquía como sistema de gobierno. Estos reinos surgidos en la Alta Edad Media serán el embrión de las naciones más antiguas de Europa: España, Inglaterra y Francia.

            Tras unos años de cierta armonía en las monarquías del Mediterráneo, el Islam iniciará la invasión del sur de Europa, que combatirá por preservar sus raíces durante casi ocho siglos. España será la gran puntera de la reconquista, cuya defensa irá unida a la región más fortificada, Castilla.

            Las llamadas segundas invasiones, las de los sarracenos, vikingos y magiares o húngaros, asolarán Europa al finalizar el primer milenio. Un clima de violencia y temor se extenderá y afianzará el sistema feudal.

            El mar Mediterráneo como enclave geoestratégico y comercial, enlazando tres continentes (Europa, África y Ásia) articulará un sistema defensivo que lo proteja de invasiones, saqueos y todo tipo de ataques. La islas más importantes del Mare Nostrum: Sicilia, Cerdeña, Mallorca o Malta, dispondrán la construcción de una compleja estructura de castillos y torres de vigía, que será complementada por armadas permanentes.

            Sicilia destacará por los numerosos castillos construidos en la Edad Media y por la red de torres de planimetría cuadrangular, que envolverán magistralmente la isla. Sin embargo, en el territorio sardo, la mayor concentración de torres de defensa se encuentra a lo largo de las costas meridionales y occidentales, mientras que amplios tramos de la costa oriental se muestran poco protegidos por el sistema defensivo, tanto por la ausencia de importantes centros urbanos ribereños y en el interior, como por la naturaleza misma de la costa, más abrupta y de difícil acceso para los invasores[1].

           Durante la edad de los juzgados sardos (siglos X–XV) proliferará la edificación de castillos, quResultado de imagen de Castelgenovesee en ocasiones permitían controlar amplios tramos de la costa y se realizaron (en parte también en la fase aragonesa) los sistemas de defensa de las ciudades más importantes, tanto marítimas como del interior.

Destacan los castillos de Cagliari y castelgenovese; el primero presumiblemente de época bizantina y el segundo del siglo XI. Sassari disponía de un castillo medieval y una muralla de 2.400m, con 36 torres más. Malta, también bajo dominación aragonesa desde 1282, al igual que Sicilia y Cerdeña, tendrá un similar entramado defensivo, que será reformado y potenciado por la Orden de San Juan de Jerusalén [2].

El sistema defensivo del reino de Mallorca.

           La defensa de Mallorca se encontraba principalmente en sus castillos, ya que se la consideraba frontera de la Cristiandad, emplazada cerca del enemigo sarraceno: inter fauces Xristi positum. De ahí los distintos enclaves estratégicos como el casResultado de imagen de Torre del homenaje del Castillo de Alarótillo Real de la Almudaina, el de Bellver, el de Alaró, el de Santueri (Felanitx) y el des Rei (Pollença). Pese a todo y a excepción del de Bellver (construido por Jaime II), todos eran anteriores a la conquista cristiana de Jaime I de Aragón[3], pero reutilizados con eficacia por los nuevos dominadores. Los castillos de Alaró, des Rei y de Santueri quedarían clasificados como castillos roqueros, pues su situación física se halla encima de montañas rocosas con grandes acantilados.

            Los castillos estaban gobernados por un alcayde o castellano que tenía a sus órdenes a unos sirvientes armados, a veces con perros, en número variable, según el castillo y la época[4].

            Además de los castillos, jugaban un papel muy importante las numerosas Torres y Atalayas que se localizaban normalmente cerca de la costa y rodeaban toda la isla. Esa red de torres intercomunicadas entre ellas, se extendían desde Sant Telm (en frente de Sa Dragonera) a Formentor; desde La Victoria a Capdepera; desde Cap Vermell a Cap de Ses Salines y desde S´Estany a Sa Mola de Andratx. No obstante, tal como observa el estudio del Dr. Joan Binimelis, la proliferación de la construcción y el perfeccionamiento del sistema de torres de vigía se llevará a cabo en el siglo XVI. Algunas torres sirvieron para proteger poblaciones cercanas en caso de invasiones y, las atalayas, para avisar a las villas o fortalezas próximas, de la presencia de algún enemigo. Las señales se realizaban con humo durante el día y con fuego por la noche.

Por último, contaremos con diversas poblaciones costeras que se amurallarán para contrarrestar ataques piráticos. Ciutat de Mallorques (la actual Palma de Mallorca) será la que cuente con una muralla desde más antiguo.

           Cuando el enemigo atacaba, todos iban a refugiarse a las fortificaciones del interior, mientras que sólo una pequeña parte de la población, se unía en armas en la ciudad del reino, para hacer frente a la agresión.

            Las primeras noticias con las que contamos son de época bizantina, del 534 a mediados del siglo VII, tras la relativa dominación vándala; pues por entonces, se nos indica que el sistema defensivo de las Baleares era ya, a partir de altas torres de vigía en las costas y de reductos fortificados en las montañas. Tras la cruzada pisano-catalana de 1114 al archipiélago para repeler la piratería, según el Liber Maiorichinus, la Ciudad de Mallorca estaba fortificada, contando con una muralla que la rodeaba, torres de defensa y con la Almudaina (el castillo del Walí musulmán, llamado la Gomera). Además, se menciona que existían torres de vigilancia en las costas.

            Tras la conquista cristiana del reino de Mallorca, a partir de 1229 por Jaime I de Aragón (Ibiza en 1235 y Menorca en 1287 (por Alfonso III); el sistema defensivo se articulará a través de la protección de los muros de Ciutat, en los castillos del interior y prestando socorro con: caballos armados y armadas provisionales.

            El sistema de caballos armados consistía en que cada señor tenía que contribuir con unos 150 equinos pertrechados; cada caballo tenía cuatro peones. La mitad de ellos los tenía que aportar el rey y el resto los grandes señores[5]. Era un ejército insuficiente y poco efectivo. Para intentar que estos caballos armados estuviesen siempre en condiciones, se reunían cada cierto tiempo delante del lugarteniente o virrey con toda su indumentaria. Para protegerse en la mar de los corsarios o piratas, se hacían embarcaciones provisionales (con permiso del gobernador o el rey).

            El sistema que se planteará con Jaime II (1276-1311) ya es más moderno, y consistirá en hacer frente a esos ataques en el litoral. Para ello se amurallarán una serResultado de imagen de murallas de alcudiaie núcleos costeros: Capdepera, Alcúdia o Santanyí, en Mallorca; Ciutadella y Mahón, en Menorca. Se construirá el conocido castillo de Bellver, célebre por su estructura circular. Se llevarán a cabo reformas en las fortificaciones, se reforzarán los muros de las mismas y se apostará una guarnición permanente. Los Caballos Armados mantendrán su cometido.

            Sancho I persistirá en la obra de su padre, Jaime II y, después de muchos esfuerzos, consiguió dotar al reino de la Armada del Pariatge (1316). Esta armada permanente estaba formada por unas seis embarcaciones y pertrechada de unos doscientos hombres. Su función era defender el reino de Mallorca de ataques marítimos y tenía un radio de acción que englobaba todas las aguas del archipiélago balear. Dicha armada estaba subvencionada por los jurats (reoresentantes del reino) y el rey, disponiendo de dos capitanes, uno del monarca y otro de los jurats.

            La Capitanía de la organización de la defensa en la isla era competencia plena de la monarquía, la cual era representada por el gobernador o virrey. El Gobernador ejercía la dirección, convocando y presidiendo los consejos de guerra reunidos en caso de peligro de Resultado de imagen de palacio de la almudainaataque a la isla, con la participación del Gran i General Consell[6]. El Procurador Real se encargaba de la administración del Patrimonio Real en la isla: castillos, el palacio, su armamento y el pago de los Caballos Armados. La Universitat (Hacienda pública del reino, administrada por el Gran i General Consell y los jurats), organizaba el ejército con población civil entre 16 y 60 años que pudiesen empuñar armas (en caso de peligro inminente), además de adquirir armamento y comprar galeras. Con todo ello quedó perfectamente trabada la defensa del reino, que pudo repeler las incursiones sarracenas posteriores, en el siglo XVI, preservando la unitas christiana hispaniae, recuperada en 1512 con la incorporación de Navarra a la monarquía de los Trastámara y sus sucesores.

[1] Maria Giovanna y Putzu Fabrizio Oddi. Las torres costeras españolas en Cerdeña. Caracteres tipológicos y constructivos.  Actas del Décimo Congreso Nacional y Segundo Congreso Internacional Hispanoamericano de Historia de la Construcción. Donostia-San Sebastián, 3 – 7 octubre 2017.

[2] La Orden de San Juan de Jerusalén ejerció la defensa de la isla de Malta, desde la cesión de la misma por el rey Carlos I de España en 1530. Los Caballeros Hospitalarios como también se les conoce, pasarán a denominarse La Orden de Malta.

[3] Véase Alomar Esteve, G./ Guerra Romero, J.: Castillos del Reino independiente de Mallorca. Núm. Monográfico, 82. Castillos de España, 1976; Y Bover de Rosselló, Joaquín María: Castillos y Palacios de Mallorca. Palma de Mallorca, 1995.

[4] ARM  RP. 3442  Fol. 34. Ilustrativo es el castillo de Alaró que, en 1369 tenía una guarnición de 5 sirvientes y varios perros de presas, bajo el mando de un Alcayde o Castellano. Según el documento consultado y expedido por el notario del Procurador Real, Simón Guillem Suriu, el castellano de la fortaleza cobraba 50 libras al año y los cinco sirvientes bajo su mando, 135 (27 libras para cada uno).

[5] Véase Alomar i Canyelles, Antoni Ignasi: L´armament i la defensa a la Mallorca Medieval. Institut d´Estudis Baleàrics. Palma de Mallorca, 1995.

[6] Estas convocatorias se celebraban en el Castillo Real. El “Gran i General Consell” era una asamblea representativa del reino, compuesto por los “jurats” de la Ciutat y del Reino, una serie de consejeros y los “síndics clavaris”; era un consejo interestamental. Era el organismo supremo de administración del reino junto con la administración Real. Véase Santamaría, Álvaro: Ejecutoria del reino de Mallorca, 1230-1343, Ayuntamiento de Palma, 1990, pp. 483-485.