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La batalla cultural de los católicos británicos

antoniomoralroncal (2) por Antonio M. Moral Roncal, historiador

   Las raíces del movimiento cultural conocido como Catholic British Revival se encuentran en la labor desarrollada por el Movimiento de Oxford en el siglo XIX, formado por figuras clave como el cardenal Manning y, sobre todo, el cardenal Newman. Estos intelectuales y sacerdotes argumentaron que el desprecio al católico en la Inglaterra protestante no era más que una consecuencia de un nacionalismo mitificado, fruto de un chovinismo puro y duro, es decir, producto de un desdén hacia quien era diferente, distinto, frente a los esquemas imperantes de lo que debía definir a un británico. Newman afirmó que -tras años de estudio y reflexión personal- el catolicismo era la religión que había mantenido interrumpidamente la fe de los apóstoles en los vértigos de la Historia humana, por lo que su conversión del anglicanismo al catolicismo fue una sorpresa para la rígida sociedad victoriana.

    Newman no fue una figura heterodoxa, pues la apertura de una mejora en la libertad religiosa en las Islas Británicas tras la derrota de Napoleón, el comienzo de una diplomacia más cercana entre Londres y la SantaMovimiento de Oxford - Wikiwand Sede, entre otros aspectos, favorecieron una mayor visibilidad de los católicos en el archipiélago y en su imperio colonial. Contemporáneo a Newman, Coventry Patmore (1823-1896), autor de los poemarios El ángel del hogar (1858) y El eros desconocido (1878) -consagrados al amor humano como símbolo de amor divino- se convirtió al catolicismo, siendo este hecho una de las señas de identidad de numerosos escritores de esa renovación cultural, tanto franceses como británicos, hasta bien entrado el siglo XX. Otro poeta de esta generación, vanguardista y jesuita fue Gerard Manley Hopkins (1844-1889), que destacó por una obra poética que fue aplaudida por encontrarse más cerca del éxtasis que de lo terrenal, pues se evidenciaba su búsqueda desesperada por manifestar aquello que el ser humano debía haber visto en el perdido paraíso terrestre, con la esperanza, sin embargo, de alcanzar el reino de los cielos.

   A diferencia de esta generación, que se enfrentó críticamente al anglicanismo para argumentar su conversión al catolicismo, la que comenzó a formarse en las primeras décadas del siglo XX relegó ese asunto a un término marginal. Los nuevos escritores católicos británicos prefirieron enfrentarse y abordar las grandes cuestiones filosóficas, políticas, artísticas y literarias de su época; como diríamos hoy en día, dar la batalla cultural frente a la imperante oficialmente. Ambicionaron transformar toda la cultura y, por extensión, las estructuras sociales al escribir y debatir sobre el feminismo, la familia, la eugenesia, el capitalismo, los totalitarismos, la persecución religiosa…. Asimismo, tras leer a los intelectuales católicos franceses, confirmaron que no resultaba posible captar la profundidad de la existencia sin atender a la Christopher Dawson (@cdawsonquotes) | Twitterdimensión espiritual de la persona, lo cual trataron de reflejar en sus obras literarias. Pero hubo una característica de la primera generación que la segunda mantuvo: la fuerza de la cadena de conversiones, como la del historiador de la cultura Christopher Dawson (1889-1970), al que el rigor intelectual de Newman le atrajo personalmente, al concluir que ningún converso había realizado nunca una aproximación más cuidadosa y consciente al catolicismo.

   Como católico que analizaba el pasado, para Dawson la cultura -más que la naturaleza- resultaba ser el aspecto básico de la civilización. Concibió la sociedad no tanto como una máquina sino como una persona que estaba además en peligro de muerte, de desaparición, tras la experiencia de la Primera Guerra Mundial. Por ello, en Progreso y religión (1929) escribió que una sociedad que pierde o abandona su religión deviene antes o después en una sociedad que disipa, irremediablemente, sus bases culturales. De ahí la necesidad de investigar la cultura y la religión frente a la historiografía marxista, que consideraba irrelevantes estas cuestiones frente a la lucha de clases, el verdadero motor de la Historia. Frente a quienes defendían la necesidad de estudiar fundamentalmente el conflicto, Dawson opinaba que la creación literaria, artística, filosófica y la espiritualidad debían ser analizadas por quienes se acercaban, con humildad, al conocimiento del pasado para comprender el presente adecuadamente.

    Otro miembro de esta Catholic British Revival fue Robert Hugh Benson (1871-1914), que también fue converso. Hijo del Primado anglicano y arzobispo de Canterbury, su adhesión al catolicismo fue considerado verdaderamente un asunto escandaloso en su época. Escribió La luz invisible en 1903, año en que fue recibido en la Iglesia católica, comenzando una carrera literaria que llegó a estar formada por una veintena de obras de ensayo y narrativa, entre la que destacó Señor del Mundo (1907). En dicha novela, Benson proyectó una sociedad futuraArchivo:Benson 35.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre caracterizada por un humanitarismo que idolatraba al hombre y que, en base a una pretendida tolerancia, abominaba de la religión y despreciaba a los creyentes. Su dirección recae en un líder político mesiánico -un Anticristo relativista- que articula una nueva religión del hombre y del progreso, cuya contrapartida es la persecución de los cristianos, a los que define como fanáticos y clasifica como delincuentes. En un futuro Estado benefactor, donde el progreso científico logra reducir los esfuerzos laborales al mínimo, Benson describía una sociedad que no lograba dotar de sentido las tediosas vidas de los seres humanos, muchos de los cuales optaban por la eutanasia. De esta manera, Benson se anticipó a la conocida e impactante novela Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932), donde también se desarrollarían estas pesimistas visiones de un futuro desalentador y deshumanizado. En todo caso, ambas obras continúan siendo de una neurálgica actualidad a comienzos del siglo XXI.

   Si Newman impactó en Dawson, Benson influyó en la conversión de Ronald Knox (1888-1957), hijo también de un pastor anglicano. Como su amigo Charles Hollis y el editor del Dublin Review, Algar Thorold, su compromiso religioso le llevó finalmente a convertirse en sacerdote católico. Escribió El credo de los católicos (1927), Que se deleiten los señores (1939) o Dios y el átomo (1945). Y, continuando la cadena, Knox influyó en las conversiones de los conocidos escritores G. Chesterton y E. Waugh, así como en la del poeta antibelicista S. Sasson.

   Evelyn Waugh (1903-1966) es uno de los escritores más conocidos, a nivel mundial, por su obra Retorno a Brideshead: las memorias sagradas y profanas del capitán Charles Ryder (1945), debido a su traslación a una Merienda de negros (1932) / Por: Evelyn Waugh (1903-1966) | Mecánica Celesteserie de televisión producida en 1981 y a una película en 2008. Si bien sus guionistas se centraron en describir el canto del cisne de la aristocracia británica y del mundo de la alta sociedad de entreguerras, en la novela queda claro el decisivo papel del catolicismo, de la gracia y de la conversión religiosa. No solo aflora entre sus líneas la relación con Dios, sino que ésta protagoniza la novela, orientando tanto su inicio y desarrollo como final.

   En la obra literaria de Gilbert K. Chesterton (1874-1936) destacaron sus series de novelas policíacas protagonizadas por el padre Brown, algunas de las cuales se llevaron al cine y el medio televisivo. Pero también tuvieron su importancia Ortodoxia, El hombre eterno, así como las biografías sobre San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino. La editorial Sheed & Ward tuvo una relevancia clave en la difusión de su obra, alG.K. Chesterton | ACANTILADO demandarle no escritos meramente piadosos sino literatura de calidad, ensayos sustanciosos, ágiles y atractivos de leer. Como señaló la crítica, en el corazón de la visión del mundo chestertoniana late su alegría vital, fruto de contemplar la vida no solo como un placer sino también como un privilegio; de ahí la dureza de Chesterton con aquel que se muestra escéptico y con el suicida. Y es que, para este escritor, al tener a Dios como padre, el mundo resulta ser una patria inteligible, dotada de sentido, por lo que no cabe ni el abandono de la vida, ni la desesperación ni la continua desconfianza.

   Político del Partido Liberal desencantado con la vida política, Hilarie Belloc (1870-1953) debe ser también incluido en esta generación. Dirigente de la Oxford Union, fundó periódicos incómodos para el poder establecido como The Eye Witness. Intentando influir en las masas para propiciar una mejora social, defendió una teoría distribucionista en su ensayo El Estado servil (1912). Según su concepción, la tierra y la ▷ ¿Por qué hay que leer a Hilaire Belloc? | BalmesLibreria.compropiedad de los medios de producción debían distribuirse lo más ampliamente posible entre la población, al contrario que el capitalismo y del socialismo, donde la propiedad queda en manos o de una minoría o del Estado. Frente a los aspectos más negativos de la industrialización sin alma y del urbanismo alienador, defendió la opción de un retorno al campo y a la economía familiar. En El camino de Roma (1902) creó un rompedor libro de viajes que incluía diálogos entre el autor y un lector ficticio, dibujos, signos, mapas, partituras…; practicó el género biográfico en sus acercamientos a las figuras de la reina María Antonieta, el cardenal Richelieu, Robespierre, Luis XIV, Napoleón, Cromwell, entre otras. Asimismo, frente a la concepción marxista y jacobina imperante sobre el ciclo revolucionario iniciado en 1789 escribió Reflexiones sobre la Revolución Francesa y frente a la visión negativa sobre la Edad Media, Las Cruzadas.

  Finalmente, debemos citar a Graham Greene (1904-1991), cuya conversión se realizó en 1926. La vivencia extraterritorial del catolicismo y la preocupación por la fe -o por sus restos en un mundo descreído- surgen en toda su obra, sobre todo en sus cuatro novelas más famosas: Brighton, parque de atracciones (1938), El poder y la gloria (1940), El revés de la trama (1948) y El fin de la aventura (1951). No por ello descuidó su estilo literario, caracterizado por el rechazo a la abundancia de detalles nimios en las ficciones policíacas (horarios, huellas, trucos…),Graham Greene, el tercer hombre. - LOFF.IT Biografía, citas, frases. privilegiando el debate psicológico y moral de los personajes. El poder y la gloria -llevada a la gran pantalla en 1961- narró la vida de un sacerdote en el México revolucionario del presidente Calles, que era todo menos un modelo de virtudes católicas. El protagonista resulta ser un ejemplo de los defectos que los anticlericales denunciaban continuamente, pero sus acciones lo redimen, al estar guiadas por medio de dos virtudes capitales: la caridad y la humildad. Y así, a pesar de la fragilidad del enviado, el mensaje cristiano se extiende, pues –para Greenelas miserias humanas no hacen sino resaltar el poder y la gloria de Dios. El protagonista muere al intentar acudir a confesar a un bandido, pero un nuevo sacerdote acude a su parroquia para continuar su obra.

  En la actualidad, cuando se plantea la batalla cultural contra el pensamiento único, cabe recordar el ejemplo de todos estos intelectuales que apostaron por la renovación cultural católica en un mundo marcado por la crisis de Occidente, los desastres de la guerra en los dos grandes conflictos mundiales y la amenaza de los totalitarismos (comunismo, fascismo y nazismo). Ellos no se desalentaron.

La Comisión Europea ante Polonia y Hungría: claves del conflicto

10112011-img_1420 por José Luis Orella, historiador

     Las poblaciones europeas que estuvieron bajo el yugo comunista anhelaban poder vivir de forma semejante a sus vecinas occidentales: buen nivel de vida, democracia, defensa de la dignidad de la persona y defensa de las raíces cristianas de Europa. Sin embargo, en el momento actual las instituciones europeas defienden y expanden un laicismo agresivo. El 24 de junio de 2021 el Parlamento Europeo aprobó el reconocimiento del aborto como un derecho humano, contradiciendo al de defensa de la vida. Actualmente, algunos de los países que se integraron en la Unión Europea en el 2004, y cuya clase política procede de los activistas que lucharon por la libertad contra el totalitarismo comunista, se manifiestan sorprendidos por la obligatoriedad deOrbán Viktor 2018.jpg asumir una serie de leyes que contravienen los principios cristianos por los que combatieron. En este aspecto, los países más sobresalientes han sido Polonia y Hungría. El primero, por su propio tamaño, lo convierte en el líder de los países europeos con antecedentes comunistas. El segundo, por la fuerte personalidad de su primer ministro Viktor Orban, que ha intentado desde dentro del Partido Popular Europeo mantener su fidelidad a las raíces cristianas de sus fundadores, hasta la exclusión de su formación política.

     La Comisión Europea, que es quien ayuda a dar forma a la estrategia general de la UE, propone nuevas leyes y políticas de la UE, supervisa su aplicación y gestiona el presupuesto de la UE, se ha convertido en el principal órgano opositor a estos países. Lo curioso es que el art. 2 TUE (Tratado de la Unión Europea) dispone: La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, Tu identidad digital ya es válida en toda la Unión Europea | Industria -  ComputerHoy.comincluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres. Este artículo viene relacionado con el art. 7 TUE que impone sanciones en el supuesto de que se constate la existencia de una violación grave y persistente de los derechos humanos por algún gobierno europeo. Lo más sorprendente es que a Polonia y Hungría se les quiera aplicar unas sanciones precisamente por defender art. 2 TUE, que es malintencionadamente interpretado por las instituciones europeas.

     El 13 enero de 2016 la Comisión Europea activó por primera vez este procedimiento previo del art. 7 TUE para combatir las reformas judiciales del Estado de Derecho en Polonia, que aplicaban un sistema muy semejante al español, al ser elegidos una parte importante de sus magistrados del Tribunal Constitucional por el Parlamento.

  El 13 de febrero de 2018, el Gobierno de Hungría presentó al Parlamento del país un paquete legislativo para combatir las mafias de tráfico humano, que incluye el Proyecto de Ley T/1976, sobre la concesión de licencias a organizaciones de apoyo a la migración, elJudith-Sargentini-portret.jpg Proyecto de Ley T/19775, sobre la obligación de financiación de la inmigración, y el Proyecto de Ley T/19774, sobre la orden de restricción de la inmigración. El 12 de septiembre de 2018, el Parlamento Europeo aprobó una resolución basada en un informe de la eurodiputada holandesa Judith Sargentini, de filiación comunista, en la que insta al Consejo de la UE a aplicar a Hungría el art. 7 TUE.

     La radicalidad de las medidas contra Hungría se han ido agravando después de que en diciembre de 2018, la Universidad Centroeuropea (CEU), entidad fundada por el filántropo estadounidense, pero nacido en el país, George Soros, decidiese trasladar su entidad a Viena, SwashVillage | Biografía de George Sorosdespués de ser presionada por las instituciones magiares, ante la falta de referencia de una universidad en su país de origen, en este caso, los Estados Unidos. La entidad en realidad se ha dedicado a la formación de activistas para la desestabilización política de países balcánicos y de Asia Central y no a la formación académica, a la que se debe un centro académico superior.

    El 17 de septiembre de 2020, el eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar, presidente de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia e Interior de la Eurocámara, presentó un informe para que “Polonia regrese a los valores de la Unión Europea”. Curiosamente, la otra razón fue la configuración de una zona de ayuntamientos denominados como espacios libres de ideología de género. El origen proviene, cuando en respuesta a la Carta de apoyo al colectivo LGBT del ayuntamiento de Varsovia, algunos gobiernos locales polacos adoptaron de forma pública su apoyo a la Carta de los Derechos de la Familia. En ella se planteaban, literalmente: la libertad de expresión, la defensa de la inocencia de los niños, la autoridad de la familia y la escuela y la libertad de los empresarios, de acuerdo con su cultura centenaria de vida social, y reivindicaban la no interferencia en la esfera privada de las mujeres polacas de la Comisión Europea.

     En respuesta a esas medidas se estudia cortar la llegada de fondos europeos a Polonia, como ya decidió Noruega. Este país, que no pertenece a la UE, concede fondos económicos a cambio de poder acceder de forma libre al mercado de la eurozona.  Es el país que ha sido acusado de faltar al Convenio Europeo de Derechos Humanos, porque la Oficina Noruega para la Protección de los Derechos del Niño, está acusada de graves violaciones de los derechos de las familias, por faltarAndrés Duda redobla defensa de la familia, luego de ganar la primera vuelta  en Polonia | Razon+Fe al artículo octavo sobre el derecho al respeto de la vida privada y familiar, que establece que «toda persona tiene derecho al respeto de su vida privada y familiar, su domicilio y su correspondencia». Polonia ha tenido que sufrir el acoso del embajador estadounidense, quien lideró por segundo año un manifiesto suscrito por los diplomáticos europeos occidentales a favor del colectivo LGTB y en contra del Tribunal Constitucional Polaco, que dictaminó que el aborto por malformaciones fetales graves era contrario a la Constitución.

     Estos ataques se ven coronados por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que supeditándose a las conclusiones de la Comisión Europea emitió otra decisión sobre medidas provisionales relativas al sistema judicial polaco. El tribunal de la UE obliga a Polonia a «suspender inmediatamente» la aplicación de las disposiciones nacionales relativas a la Sala de Disciplina del Tribunal Supremo. Sin embargo, el Tribunal Constitucional Polaco dictaminó que la disposición del tratado de la UE, sobre la base del cual el Tribunal de Justicia de la UE obliga a los Estados miembros a aplicar medidas provisionales con respecto al poder judicial, es incompatible con la constitución polaca. En la justificación de la sentencia del Tribunal Constitucional, se indica que la Unión Europea no puede reemplazar a los Estados miembros, elegidos democráticamente, en la creación de regulaciones sobre el sistema de tribunales y la garantía de la independencia de los jueces.

  La decisión reciente de la Comisión europea, no elegida democráticamente, abre expedientes sancionadores a Polonia, por lo citado anteriormente y a Hungría, acusándoles de adoptar medidas discriminatorias contra la comunidad LGTB. En el caso magiar, la Judit Varga (@JuditVarga_EU) | Twitterministra de Justicia de la República de Hungría, Judit Varga, explicaba que la Ley de protección infantil, atacada por las instituciones europeas como discriminatoria, en realidad se enfocaba en garantizar los derechos de los padres a proteger a los menores de edad para que no accediesen a contenidos que pudiesen contradecir los principios educativos que sus padres eligieron enseñarles hasta que ellos mismos se conviertan en adultos. Sin embargo, el derecho de los padres a proteger a sus hijos de amenazas, como la pederastia, no fue reconocida.

     En definitiva, la descripción de los hechos contrasta con la situación de un ejecutivo europeo no elegido democráticamente por sus ciudadanos, que interpreta de forma maliciosa el art. 2 TUE contra gobiernos democráticos, que defienden su soberanía moral basada en una cultura y una historia centenarias favorables a la libertad y la defensa de la dignidad de la persona.

El valor del trabajo en la historia

 por Luis Suárez, Real Academia de la Historia

     Desde el siglo XIX vienen predominando dos corrientes de pensamiento que han influido hasta nuestros días en la concepción del trabajo: el capitalismo y el marxismo. Las dos lo han considerado como una función exclusivamente económica dentro del proceso de producción. Existe, pues, un punto de coincidencia: su materialismo. En este sentido, el capital −o inversión para la ganancia− condiciona a las personas en sus relaciones laborales. La discrepancia de su discurso radica en la manera y los medios de obtener beneficios a gran escala. ¿Es el empresario quien los dispone según la oferta y la demanda del libre mercado? (tesis capitalista) o ¿son los trabajadores quienes, representados por el Estado, organizan la producción con arreglo a las necesidades colectivas? (tesis marxista).

         Mucho antes de la irrupción de estos planteamientos, Occidente se nutrió de la aportación de la cultura helenística griega (siglo IV a.C). Durante esta época la actividad humana se dividía en dos grandes sectores; por un lado, aquellos de estricta utilidad práctica y servicio (banausia) y, por otro, los relacionados con la creatividad como la estética, la ciencia o el pensamiento. Éstos últimos fueronEconomía en la antigua Grecia los que suscitaron mayor aprecio; sobre todo tratándose de una valoración por parte de quienes desarrollaron estas artes. El mismo Platón infravaloró los oficios manuales, calificando a sus agentes de banausus. Una palabra que podría estar en la raíz del vocablo banal; dicho de aquello trivial, sin importancia o de escaso interés. Es por eso que las minorías intelectuales del mundo griego preferían atribuir a los bárbaros los inventos técnicos, reservándose para ellos las ciencias especulativas como la filosofía en su empeño por alcanzar la sabiduría.

    Por su parte, los romanos establecieron una tajante diferenciación entre aquellas labores propias de esclavos (trabajos serviles) y las reservadas a los ciudadanos libres. Aún permanece en nuestros días ese recuerdo cuando denominamos profesiones liberales a algunas actividades humanas. Efectivamente, entre los Los artistas romanos.grupos sociales de la Roma Antigua eran los plebeyos quienes se dedicaban a la artesanía, al comercio y a la inversión; que ensalzaron y presentaron como un valor para la sociedad. Mientras tanto, los patricios o nobles mostraron su menosprecio. Seguían las enseñanzas de los clásicos griegos, que atribuían a los oficios un impedimento para el progreso de la virtud, necesaria para los llamados a gobernar. De este modo, la reserva hacia los trabajos manuales no era generalizada y, en todo caso, se fundaba no tanto en el rechazo a esa actividad propiamente dicha como al vínculo de dependencia que podía generar para la subsistencia de muchos.

      En la cultura judeocristiana se observa otra dimensión con respecto al trabajo. De acuerdo con su religión, Dios habría encomendado a los primeros seres humanos el cuidado de la Creación, tal como refiere la Biblia en el Libro del Génesis (2, 15). Con la construcción de la Cristiandad en Europa se produjo un fenómeno en el que se entrecruzaron las influencias que hemos mencionado. Algunos Padres y Doctores de la IDetalles curiosos del 'Jardín de las Delicias' de El Boscoglesia interpretaron el texto sagrado desde una doble óptica. La primera incidiría en el acto creador de Dios destinado al bien del hombre, que lo guardaría en su Providencia trabajando para su salvación. La segunda, mucho más recurrente, subrayaría la misión de la persona humana en la custodia del universo, revirtiendo en beneficio propio al preservarle de la ociosidad y de las pasiones desordenadas. En este sentido, las primeras comunidades monásticas no dudaron en tomar la agricultura −catalogada como el más servil de los trabajos− como uno de los menesteres de los monjes en esa tarea de garantizar el sustento físico (el alimento) y espiritual (fomento de la virtud frente a los vicios de la desocupación). De este modo, siguiendo el ejemplo de Jesús de Nazaret (Dios hecho hombre), que aprendió el oficio de carpintero que le enseñara quien ejerciera como padre −José− hasta el inicio de su predicación, los monjes también venían a declarar el valor y dignidad de cualquier trabajo que se insertara El Cister, la orden "anticorrupción" de la Edad Mediadentro del plan divino. Es por este motivo que en la regla de la orden religiosa que fundara san Benito en el siglo VI, iba a subyacer la divisa ora et labora (reza y trabaja) que la hiciera conocida por todos; sobre todo con la reforma del Císter. La vida del claustro anticipaba así la imagen celestial en la que la oración y el trabajo manual se armonizarían conforme a la obra creadora de Dios.

      Esta visión del trabajo revolucionó a la entonces predominante. Sin embargo, pronto se presentaron las resistencias por parte de unas élites que buscaron el modo de mantener la vieja distinción del pasado. La nobleza, por ejemplo, alegó que estaba exenta de los oficios mecánicos y de la tributación por el servicio armado que prestaba. También la Iglesia experimentó cambios con movimientos que abundaron en la excelencia de la contemplación incompatibilizándola con las dedicaciones manuales. A pesar del interés de los humanistas del siglo XVI por promover −también desde los ámbitos laicales− la cultura cristiana y sus implicaciones en el mundo moderno, el tratamiento del trabajo no se retomó con fuerza hasta la Ilustración.

     La confianza en la razón y el anhelo de progreso como instrumentos para un mayor acceso al bienestar y a la felicidad que éste pudiera implicar, hicieron que los ilustrados del siglo XVIII alentaran la recuperación de los oficios mecánicos y mercantiles, asociados a la utilidad, para estimular la producción y la consiguiente ganancia económica. Tanto la fisiocracia, que aseguraba que la riqueza de las naciones radicaba en la agricultura, como el liberalismo, que postulaba el interés y la iniciativa individual como premisa para el crecimiento económico, aBenito Jerónimo Feijoo - Wikipedia, la enciclopedia librepuntaban a la necesaria rentabilidad. En el mundo hispánico, los principales ilustrados (Feijóo, Campomanes y Jovellanos) aceptaron los principios de la ciencia moderna sin por ello renunciar a los basamentos católicos. Es más, todos éstos anteponen los presupuestos morales –el cultivo de la virtud (incluida la de religión)− como fundamento para conseguir la felicidad humana y causa que habrá de estimular el desarrollo ordenado de la ciencia y el progreso. En este nuevo contexto, Feijóo −monje benedictino y profesor en la Universidad de Oviedo− divulgó una de las ideas nucleares de su Orden, según la cual todo trabajo humano resultaría honorable u honroso; no por su naturaleza manual o intelectual, sino en tanto conducente al servicio de Dios (cooperando en su obra creadora) y, en segundo término, al provecho de la nación. Por su parte, Campomanes −formado en esos parámetros− incidiría en los aspectos prácticos al fomentar la industria mediante la liberalización del sector para estimular su competitividad y dinamismo. En continuidad con esta línea, Jovellanos propondría cambios en la Gaspar Melchor de Jovellanos (Author of El Delincuente Honrado)propiedad agraria con los mismos fines. No se trataba tanto de enajenar los bienes de la nobleza ni de la Iglesia, como de acabar con los señoríos, es decir, permitir que sus titulares pudieran disponer de ellos para su venta en lo que se necesitara para garantía de su rentabilidad. De este modo, la legitimidad o fuerza moral de la nobleza debía residir en el mérito y la virtud, demostrada en el trabajo de inversión económica del que derivaría el beneficio para su propio linaje, al tiempo que servía al progreso del país.

     Esta relación entre el orden moral y la técnica (científica, económica, etc.) fue diluyéndose a medida que se impusieron las ideologías materialistas anteriormente mencionadas. Y es que cuando el único criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega el desarrollo humano al no considerar a la persona en laLa Salud Laboral será obra de los propios trabajadores globalidad de su ser. Muy recientemente el Papa Francisco ha insistido en ello: no se atiende ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si no son “útiles” para la sociedad o la economía, obsesionadas por reducir costes. Ciertamente, no estamos hablando de objetos. En este sentido, el trabajo debe ser realmente un medio para dignificar a las personas que lo realizan y a quienes se dirige. Ésta ha sido una de las grandes contribuciones del catolicismo a la cultura occidental, especialmente acreditada por su magisterio reciente. Por eso, no cabe considerar como trabajo aquellas ocupaciones que degradan a la persona (apartándola de la virtud), por mucho que entren en la dinámica de la oferta y la demanda.

      Es claro que, al visualizar los efectos de la crisis por la pandemia del coronavirus, tendríamos que interrogarnos acerca del modelo socioeconómico que queremos construir. Sin una concepción antropológica adecuada de lo que es en verdad el ser humano, difícilmente daremos con un sistema acorde con la dignidad de la persona, esto es, que mire a su bien en sintonía con el orden moral.

Ética y fraternidad en la Roma antigua

 por Edison Tabra, jurista

             Desde una perspectiva contemporánea puede presentarse el concepto de fraternidad desarrollado por algunos autores latinos como uno de los antecedentes de la actual acepción de solidaridad. Ciertamente, sin recurrir a dicho término, Séneca, Cicerón y Marco Aurelio ahondaron en cuestiones referidas al deber in solidum de hacerse responsable de una realidad compartida con otro. De ahí la importancia ética de la amistad, concebida como virtud indispensable para el desarrollo personal y de la convivencia humana.

            Séneca hizo de la providencia –disposición que mira a la consecución de un fin− y de la fortuna el motor de la existencia de la res publica, esto es, lo que atañe a todos en el modo de articular las relaciones y organización de la sociedad. De ahí que mencionara queResultado de imagen de Séneca la actuación de la conciencia personal del sabio –la minoría dirigente− debiera estar integrada en el destino colectivo de las personas para impulsar la consecución efectiva del bien común. Eso exigiría la imprescindible fraternidad; la correspondencia de los sabios al servicio de los demás. No extraña entonces que algunos pensadores recientes hayan tomado esta hermandad como núcleo para sostener una noción de solidaridad, fundada en la razón natural: la amistad o el amor que alcanza a todo el género humano habría de inspirar así la ayuda mutua de los que integran el cuerpo social. Para Cicerón, la naturaleza sociable de toda persona miraría al bien compartido con los demás. Aunque dicha observación aludiera necesariamente a las potencias espirituales como fuerza motriz para el desempeño de la virtud, interpretaciones posteriores prescindirían de toda metafísica a la hora de explicar los lazos de la fratría humana.

            El hecho de que la afirmación y superioridad de lo eterno –a decir de Aristóteles− resultara inalcanzable para la persona desde un plano de igualdad y trato recíproco (no sería equiparable lo humano y lo divino) en la relación de amistad (entendida como búsqueda y promoción del bien del otro); llevó a ciertos teóricos a desentenderse por completo del ámbito sobrenatural para explicar los vínculos solidarios o de hermandad. Así las cosas, ésta se cimentaría sobre el deseo mutuo por materializar la fraternidad entre las personas a modo de altruismo o filantropía a partir de la formación de la conducta −ethos− dentro de su aspiración natural a la felicidad.

            Con esta pretensión, en el siglo IV a. C se había iniciado un movimiento filosófico centrado en una búsqueda activa y pragmática del bien moral, asociado a la consecución efectiva de la vida dichosa. El estoicismo espoleó una comprensión del hombre con el universo a partir de su propio razonamiento con el que habría de desplegar una vida coherente y apropiada a ese objeto. En este sentido, Marco Aurelio, emperador de Roma entre 161 y 180 d. C, consignó en sus Meditaciones los presupuestos de dicha filosofíaResultado de imagen de marco aurelio desde una perspectiva serena y majestuosa. La imperturbabilidad de ánimo resultaría de la aceptación del propio destino sin acritud ni aspavientos ante las dificultades. La vida buena consistiría en el dominio de sí, actuando como premisa para irradiar bondad y nobleza de espíritu, indispensables para la paz personal y colectiva. Por medio de la razón, presentada como cualidad divina, la sociedad humana habría de mostrarse hermanada en torno a unos mismos anhelos de felicidad. De ahí la mutua y necesaria colaboración con los semejantes.

            Como señala Duvignaud, Marco Aurelio destaca la pasión existente por la condición humana, porque genera un pensamiento conforme a la regla general del universo, y de la cual formamos parte debido a realidades como el amor al prójimo, la veracidad, la conciencia y la creencia. Asimismo, refiere el deseo de una “humanidad solidaria” sujeta a una sustancia universal, aunque se disperse en mil cuerpos individuales.

            De estas ideas se deduce que este emperador moldeó un concepto de solidaridad (en términos modernos) basado en una naturaleza del hombre tendente a la colaboración de unos con otros. Con ello observamos una clara coincidencia de los autores romanos a la hora de apreciar los basamentos perennes de la vida comunitaria. Tanto para Cicerón como para Marco Aurelio, la solidaridad se anuda con el principio de reciprocidad al procurarse el bien del todo. Un presupuesto asumido por la tradición cristiana y elevado al plano metafísico al sortear el obstáculo que percibían los clásicos griegos en la relación limitada del ser humano con la eternidad intangible de Dios mediante la persona de Jesucristo, Dios encarnado y manifestado a la humanidad. Desde esta óptica, la amistad del hombre con Dios sería posible, adquiriendo la fraternidad un sentido más sublime: una común filiación con la divinidad. De esta manera, la solidaridad se fundamentaría en la donación gratuita del amor, despojado de todo interés a imitación de Cristo.

            Se concluye entonces un avance cualitativo en la cooperación y unión entre las personas con un intercambio mayor de los bienes que se prestan –al incorporar el valor de la trascendencia y la virtud de la religión− en orden a un servicio integral de los particulares que, de este modo, constituyen y definen una realidad social más predispuesta a la excelencia.

Nature humaine et grâce divine

par María del Sol Romano, philosophe

     Augustin d’Hippone (354-430) ce saint, éminent père et docteur de l’Église, philosophe et théologien, partage avec Simone Weil (1909-1943) une conception de la philosophie comme sagesse et souci du salut de l’âme. Bien qu’ils soient d’époques différentes et de cultures différentes, ils sont, au sens augustinien, des «cœurs inquiets». Tous les deux éprouvent un incessant désir de vérité et du bien et ils expérimentent tout d’abord, et en des termes weiliens, un «amour implicite de Dieu», pour parvenir ensuite, avec profondeur et une ardente ferveur, à la rencontre avec le Christ. Cette rencontre les amène à l’intensification non seulement de leur vie spirituelle, mais aussi, à expérimenter une transformation radicale au cœur de leur existence.

     Augustin et S. Weil en dépit de toutes les divergences que l’on puisse trouver dans leur pensée[2], sont tous les deux hors de toute perspective d’exclusion ou de rupture entre le domaine de la nature et celui de la grâce. C’est-à-dire, tant S. Weil qu’Augustin conçoivent le rapport entre la nature humaine et la grâce divine sans les identifier ni les confondre. Et dans ce rapport, bien qu’ilsResultado de imagen de san agustín distinguent la nature et la grâce, ils ne séparent pas ces deux ordres. Ni Augustin ni S. Weil sont des naturalistes qui nient la grâce, ni des surnaturalistes qui méprisent la nature, ils pensent une nature humaine en tant qu’ouverte au surnaturel[3] et qui a une vocation pour un bien absolu. Ceci nous amène à dire que chez ces deux penseurs nous pouvons très proprement appliquer le concept blondélien de «transnaturel», que le philosophe d’Aix arrive effectivement à appliquer à l’Évêque d’Hippone en disant: «Augustin […] implique constamment notre état concret, qui n’est ni nature pure et se suffisant intrinsèquement ni surnature naturalisable, mais état “transnaturel”[4]». Le transnaturel manifeste la vocation et la nécessité d’un bien absolu présentes en tout homme, la nécessité, selon les termes blondéliens, «d’union de la créature avec Dieu et de béatitude multipliée[5]».

     Si cela ne serait pas vrai, si l’homme était nature pure, il n’aurait pas en lui un inépuisable désir d’un bien absolu qui l’appelle de manière incessante et qu’il ne parvient pas, par ses propres moyens naturels, à combler. Car, si c’était ainsi, il serait complètement satisfait des biens de ce monde et il serait totalement autosuffisant. Bien que l’homme soit un être doté d’intelligence, de volonté et d’une liberté, qui le font être au-dessus de tous les autres êtres créés, il est en même temps un être limité et imparfait, il est incapable de s’autosuffire. Il désire sans cesse un bien absolu que lui-même ne peut pas se procurer et cherche toujours quelque chose qui comble ce désir. Pour nos auteurs, la grâce est l’appel et la réponse à ce désir du bien qui brûle au cœur de la nature humaine. Elle est la seule capable d’apaiser cette perpétuelle inquiétude du cœur qui n’arrêtera jusqu’à se reposer en un bien suprême, en Dieu en tant que summum bonum, car, comme le manifeste Augustin : «vous nous avez faits pour vous, et notre cœur est inquiet jusqu’à ce qu’il repose en vous[6]».

     De cette position découle un autre point commun chez nos auteurs: ainsi que «Dieu répand continuellement sa grâce d’une manière absolument égale sur tous[7]»; la vocation surnaturelle, l’appel vers un bien absolu est ouvert à tous, il est universel. Il s’agit d’un élément présent en tout homme, au cœur de la condition humaine, c’est quelque chose de vital et d’expérimental. Plus encore, sans importer son époque, ses origines, son contexte culturel ou social, tout être humain désire le bien et est appelé envers lui. De la même manière, les concepts d’amour, de rédemption et de salut sont universaux. L’homme atteint le salut «par un surcroît d’amour divin, par une grâce nouvelle [qui] l’appelle, le prévient, le soutient, le libère, le purifie, l’éclaire, le relève et l’élève[8]», mais en même temps, la coopération humaine est également nécessaire pour parvenir au Resultado de imagen de simone weilsalut. À ce propos, dans la perspective de S. Weil et d’Augustin, l’assentiment humain, son ouverture et disponibilité, sa réponse à l’appel de la grâce sont aussi des facteurs importants, mais pas déterminants pour que la grâce soit donnée. De la même manière que la grâce ne s’impose pas à la liberté humaine en tant que cette dernière répond librement à son appel, la grâce ne peut être en aucun cas conditionnée par le désir de la nature humaine : elle est un don gratuit d’amour.

Le texte qui suit constitue un extrait de notre article “Nature et grâce : Simone Weil et Augustin d’Hippone”, publié dans : Cahiers Simone Weil, t. XLI, n. 3, septembre 2018, pp. 267-287.

[2] Dans notre article original, nous avons tenté de montrer –même si sommairement et d’une façon sûrement pas exhaustive–, quelques convergences et divergences entre S. Weil et Augustin.

[3] Ce point nous rappelle le concept weilien de « raison surnaturelle », une raison qui est ouverte à l’amour : « Il y a une raison surnaturelle. C’est […] la connaissance de la Vérité dont le souffle est envoyé par le Père ». S. Weil, “Cahier XIII”, [1942], OC, VI 4, p. 139.

[4] Maurice Blondel, « Saint Augustin, l’unité originale et la vie permanente de sa doctrine philosophique », dans Revue de Métaphysique et de Morale, XXXVII/4, 1930, p. 468.

[5] Maurice Blondel, « Saint Augustin, l’unité originale et la vie permanente de sa doctrine philosophique », op. cit., p. 469.

[6] Augustin, Confessiones, I, 1, 1.

[7] S. Weil, “Cahier XVII”, [1942], OC, VI 4, p. 345.

[8] Maurice Blondel, « Saint Augustin, l’unité originale et la vie permanente de sa doctrine philosophique », op. cit., p. 465.

La defensa medieval en el Mediterráneo

 por Juan Carlos Rodríguez, historiador

            Desde la caída del Imperio Romano en el 476 d.C la inseguridad se incrementó en toda Europa y el Mediterráneo no quedó libre de ese problema. A pesar del intento del emperador de Constantinopla, Justiniano, por reconstruir el Imperio, la convulsión que provocaron los pueblos germánicos y posteriormente el Islam no permitirán dicho cometido.

            Durante los siglos V y VI, visigodos, francos, ostrogodos, lombardos, suevos o vándalos, se asentaran en el viejo continente, que se reestructurará a partir de reinos. Todos ellos pronto se acoplarán a las sociedades cristiano-romanas adoptando el catolicismo, el derecho romano, el latín y la monarquía como sistema de gobierno. Estos reinos surgidos en la Alta Edad Media serán el embrión de las naciones más antiguas de Europa: España, Inglaterra y Francia.

            Tras unos años de cierta armonía en las monarquías del Mediterráneo, el Islam iniciará la invasión del sur de Europa, que combatirá por preservar sus raíces durante casi ocho siglos. España será la gran puntera de la reconquista, cuya defensa irá unida a la región más fortificada, Castilla.

            Las llamadas segundas invasiones, las de los sarracenos, vikingos y magiares o húngaros, asolarán Europa al finalizar el primer milenio. Un clima de violencia y temor se extenderá y afianzará el sistema feudal.

            El mar Mediterráneo como enclave geoestratégico y comercial, enlazando tres continentes (Europa, África y Ásia) articulará un sistema defensivo que lo proteja de invasiones, saqueos y todo tipo de ataques. La islas más importantes del Mare Nostrum: Sicilia, Cerdeña, Mallorca o Malta, dispondrán la construcción de una compleja estructura de castillos y torres de vigía, que será complementada por armadas permanentes.

            Sicilia destacará por los numerosos castillos construidos en la Edad Media y por la red de torres de planimetría cuadrangular, que envolverán magistralmente la isla. Sin embargo, en el territorio sardo, la mayor concentración de torres de defensa se encuentra a lo largo de las costas meridionales y occidentales, mientras que amplios tramos de la costa oriental se muestran poco protegidos por el sistema defensivo, tanto por la ausencia de importantes centros urbanos ribereños y en el interior, como por la naturaleza misma de la costa, más abrupta y de difícil acceso para los invasores[1].

           Durante la edad de los juzgados sardos (siglos X–XV) proliferará la edificación de castillos, quResultado de imagen de Castelgenovesee en ocasiones permitían controlar amplios tramos de la costa y se realizaron (en parte también en la fase aragonesa) los sistemas de defensa de las ciudades más importantes, tanto marítimas como del interior.

Destacan los castillos de Cagliari y castelgenovese; el primero presumiblemente de época bizantina y el segundo del siglo XI. Sassari disponía de un castillo medieval y una muralla de 2.400m, con 36 torres más. Malta, también bajo dominación aragonesa desde 1282, al igual que Sicilia y Cerdeña, tendrá un similar entramado defensivo, que será reformado y potenciado por la Orden de San Juan de Jerusalén [2].

El sistema defensivo del reino de Mallorca.

           La defensa de Mallorca se encontraba principalmente en sus castillos, ya que se la consideraba frontera de la Cristiandad, emplazada cerca del enemigo sarraceno: inter fauces Xristi positum. De ahí los distintos enclaves estratégicos como el casResultado de imagen de Torre del homenaje del Castillo de Alarótillo Real de la Almudaina, el de Bellver, el de Alaró, el de Santueri (Felanitx) y el des Rei (Pollença). Pese a todo y a excepción del de Bellver (construido por Jaime II), todos eran anteriores a la conquista cristiana de Jaime I de Aragón[3], pero reutilizados con eficacia por los nuevos dominadores. Los castillos de Alaró, des Rei y de Santueri quedarían clasificados como castillos roqueros, pues su situación física se halla encima de montañas rocosas con grandes acantilados.

            Los castillos estaban gobernados por un alcayde o castellano que tenía a sus órdenes a unos sirvientes armados, a veces con perros, en número variable, según el castillo y la época[4].

            Además de los castillos, jugaban un papel muy importante las numerosas Torres y Atalayas que se localizaban normalmente cerca de la costa y rodeaban toda la isla. Esa red de torres intercomunicadas entre ellas, se extendían desde Sant Telm (en frente de Sa Dragonera) a Formentor; desde La Victoria a Capdepera; desde Cap Vermell a Cap de Ses Salines y desde S´Estany a Sa Mola de Andratx. No obstante, tal como observa el estudio del Dr. Joan Binimelis, la proliferación de la construcción y el perfeccionamiento del sistema de torres de vigía se llevará a cabo en el siglo XVI. Algunas torres sirvieron para proteger poblaciones cercanas en caso de invasiones y, las atalayas, para avisar a las villas o fortalezas próximas, de la presencia de algún enemigo. Las señales se realizaban con humo durante el día y con fuego por la noche.

Por último, contaremos con diversas poblaciones costeras que se amurallarán para contrarrestar ataques piráticos. Ciutat de Mallorques (la actual Palma de Mallorca) será la que cuente con una muralla desde más antiguo.

           Cuando el enemigo atacaba, todos iban a refugiarse a las fortificaciones del interior, mientras que sólo una pequeña parte de la población, se unía en armas en la ciudad del reino, para hacer frente a la agresión.

            Las primeras noticias con las que contamos son de época bizantina, del 534 a mediados del siglo VII, tras la relativa dominación vándala; pues por entonces, se nos indica que el sistema defensivo de las Baleares era ya, a partir de altas torres de vigía en las costas y de reductos fortificados en las montañas. Tras la cruzada pisano-catalana de 1114 al archipiélago para repeler la piratería, según el Liber Maiorichinus, la Ciudad de Mallorca estaba fortificada, contando con una muralla que la rodeaba, torres de defensa y con la Almudaina (el castillo del Walí musulmán, llamado la Gomera). Además, se menciona que existían torres de vigilancia en las costas.

            Tras la conquista cristiana del reino de Mallorca, a partir de 1229 por Jaime I de Aragón (Ibiza en 1235 y Menorca en 1287 (por Alfonso III); el sistema defensivo se articulará a través de la protección de los muros de Ciutat, en los castillos del interior y prestando socorro con: caballos armados y armadas provisionales.

            El sistema de caballos armados consistía en que cada señor tenía que contribuir con unos 150 equinos pertrechados; cada caballo tenía cuatro peones. La mitad de ellos los tenía que aportar el rey y el resto los grandes señores[5]. Era un ejército insuficiente y poco efectivo. Para intentar que estos caballos armados estuviesen siempre en condiciones, se reunían cada cierto tiempo delante del lugarteniente o virrey con toda su indumentaria. Para protegerse en la mar de los corsarios o piratas, se hacían embarcaciones provisionales (con permiso del gobernador o el rey).

            El sistema que se planteará con Jaime II (1276-1311) ya es más moderno, y consistirá en hacer frente a esos ataques en el litoral. Para ello se amurallarán una serResultado de imagen de murallas de alcudiaie núcleos costeros: Capdepera, Alcúdia o Santanyí, en Mallorca; Ciutadella y Mahón, en Menorca. Se construirá el conocido castillo de Bellver, célebre por su estructura circular. Se llevarán a cabo reformas en las fortificaciones, se reforzarán los muros de las mismas y se apostará una guarnición permanente. Los Caballos Armados mantendrán su cometido.

            Sancho I persistirá en la obra de su padre, Jaime II y, después de muchos esfuerzos, consiguió dotar al reino de la Armada del Pariatge (1316). Esta armada permanente estaba formada por unas seis embarcaciones y pertrechada de unos doscientos hombres. Su función era defender el reino de Mallorca de ataques marítimos y tenía un radio de acción que englobaba todas las aguas del archipiélago balear. Dicha armada estaba subvencionada por los jurats (reoresentantes del reino) y el rey, disponiendo de dos capitanes, uno del monarca y otro de los jurats.

            La Capitanía de la organización de la defensa en la isla era competencia plena de la monarquía, la cual era representada por el gobernador o virrey. El Gobernador ejercía la dirección, convocando y presidiendo los consejos de guerra reunidos en caso de peligro de Resultado de imagen de palacio de la almudainaataque a la isla, con la participación del Gran i General Consell[6]. El Procurador Real se encargaba de la administración del Patrimonio Real en la isla: castillos, el palacio, su armamento y el pago de los Caballos Armados. La Universitat (Hacienda pública del reino, administrada por el Gran i General Consell y los jurats), organizaba el ejército con población civil entre 16 y 60 años que pudiesen empuñar armas (en caso de peligro inminente), además de adquirir armamento y comprar galeras. Con todo ello quedó perfectamente trabada la defensa del reino, que pudo repeler las incursiones sarracenas posteriores, en el siglo XVI, preservando la unitas christiana hispaniae, recuperada en 1512 con la incorporación de Navarra a la monarquía de los Trastámara y sus sucesores.

[1] Maria Giovanna y Putzu Fabrizio Oddi. Las torres costeras españolas en Cerdeña. Caracteres tipológicos y constructivos.  Actas del Décimo Congreso Nacional y Segundo Congreso Internacional Hispanoamericano de Historia de la Construcción. Donostia-San Sebastián, 3 – 7 octubre 2017.

[2] La Orden de San Juan de Jerusalén ejerció la defensa de la isla de Malta, desde la cesión de la misma por el rey Carlos I de España en 1530. Los Caballeros Hospitalarios como también se les conoce, pasarán a denominarse La Orden de Malta.

[3] Véase Alomar Esteve, G./ Guerra Romero, J.: Castillos del Reino independiente de Mallorca. Núm. Monográfico, 82. Castillos de España, 1976; Y Bover de Rosselló, Joaquín María: Castillos y Palacios de Mallorca. Palma de Mallorca, 1995.

[4] ARM  RP. 3442  Fol. 34. Ilustrativo es el castillo de Alaró que, en 1369 tenía una guarnición de 5 sirvientes y varios perros de presas, bajo el mando de un Alcayde o Castellano. Según el documento consultado y expedido por el notario del Procurador Real, Simón Guillem Suriu, el castellano de la fortaleza cobraba 50 libras al año y los cinco sirvientes bajo su mando, 135 (27 libras para cada uno).

[5] Véase Alomar i Canyelles, Antoni Ignasi: L´armament i la defensa a la Mallorca Medieval. Institut d´Estudis Baleàrics. Palma de Mallorca, 1995.

[6] Estas convocatorias se celebraban en el Castillo Real. El “Gran i General Consell” era una asamblea representativa del reino, compuesto por los “jurats” de la Ciutat y del Reino, una serie de consejeros y los “síndics clavaris”; era un consejo interestamental. Era el organismo supremo de administración del reino junto con la administración Real. Véase Santamaría, Álvaro: Ejecutoria del reino de Mallorca, 1230-1343, Ayuntamiento de Palma, 1990, pp. 483-485.

 

Significación del Camino de Santiago

 por Luis Suárez, Real Academia de la Historia

     La ocupación de la mayor parte de la Península Ibérica por los musulmanes del Califato Omeya a partir del 711 generó pequeños núcleos de resistencia en el norte. Éstos fueron capaces de dar continuidad a la obra del III Concilio de Toledo, que integró las aportaciones germánicas con la herencia romana. La adaptación de la legislación visigótica al código de Teodosio II, emperador romano del Oriente; el uso del latín y la asunción del catolicismo como credo de la monarquía y del reino, fueron los ejes que procuraron preservarse como elementos de unión de una misma comunidad −social y política−, ahora dispersa en distintos reinos.Algunas de las frases y oraciones más conocidas de San Isidoro de Sevilla -  Archisevilla - Siempre Adelante En este sentido, las enseñanzas de San Isidoro de Sevilla ejercieron una gran influencia en la conformación de las doctrinas políticas que se desarrollaron a partir de la noción agustiniana de la civitas christiana. Para Isidoro, Hispania encarnaba la continuidad del legado de la Roma cristiana, armada luego por los godos, custodios –en último término− de aquel patrimonio.

     El desplazamiento de muchos mozárabes (cristianos que vivían junto a los árabes) al norte peninsular, libre del dominio islámico, permitió –también por el número de monjes− la instalación de bibliotecas en monasterios con ejemplares de la obra isidoriana. Estas comunidades eran conscientes de que, tras la tolerancia islámica, aleteaba el propósito de erradicar el cristianismo entre los súbditos de Al-Andalus. Y es que los mahometanos no estaban en disposición de lograr un relevo efectivo de la población autóctona. De ahí que consintieran su presencia, sabiendo que esa coexistencia religiosa debería cesar más pronto que tarde.

     En este contexto fueron definiéndose dos grandes modos de concebir la fe cristiana: una más condescendiente en el sur, bajo el poder del Islam; y otra en el norte, sin concesiones con el invasor. Desde la leyenda que rodea la batalla de Covadonga se nos presenta a un prelado toledano que figura entre los principales enemigos Resultado de imagen de don pelayocristianos de don Pelayo. Ciertamente, en el sínodo celebrado en Sevilla en el 784 se propuso la modificación del Credo. Para los musulmanes, el misterio de la Trinidad era un motivo de escándalo porque parecía incidir en el politeísmo, acusándose en este sentido a los mozárabes. Debido a estas presiones, el sínodo dispuso que no pudiera decirse que las dos naturalezas (divina y humana) se identificaran en la segunda Persona de la Trinidad: Cristo habría “adoptado” la carne como una especie de revestimiento, nada más, sin quebrantar en modo alguno la unicidad divina. La Iglesia del norte, en cambio, reaccionó apelando al rey Alfonso II de Asturias para que, a su vez, intercediera ante el emperador Carlomagno en la convocatoria de un Concilio, presidido por los legados del Papa. Había que clarificar el contenido de una doctrina que muchos consideraban falsa o herética. Por su lado, el obispo de Toledo, Elipando, replicó menospreciando a sus adversarios del norte; sobre todo al conocer que uno de los más combativos era un modesto monje –de origen mozárabe−, de nombre Beato, instalado en la pequeña población de Liébana, enclavada entre los montes cántabros. Éste replicó con su personal Comentario del Apocalipsis, redactado hacia el 780, pero que ya anticipaba aquel problema doctrinal. Según Beato y de acuerdo con la Tradición (desde la época de Dionisio el Exiguo), España tenía un origen apostólico, ya que Santiago el Zebedeo, hermano del Evangelista Juan, había viajado hasta ella para predicar la Buena Nueva. A su vuelta a Jerusalén sería decapitado por Herodes, como atestigua el Libro de los Hechos de los Apóstoles (He, 12. 1-2). Sus discípulos –conforme narra la leyenda− habrían trasladado su cuerpo a Hispania para darle sepultura. Una noticia que parece acreditada después de las excavaciones en la catedral de Santiago con el hallazgo de una tumba con una inscripción que apunta, según las informaciones antiguas, al nombre de uno de los seguidores del Apóstol que acompañó sus restos.

     Sea como fuere, la validez concedida al relato implicaba una superioridad moral, muy arraigada en la Iglesia primitiva, que reconocía el alto valor que representaba cualquier fundación apostólica, tal como recoge la Sagrada Escritura: Ya no sois extranjeros ni huéspedes, sino miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles. La piedra angular de este edificio es Cristo Jesús (Ef 2. 19-20). Una idea que se afianzaría en las primeras décadas del siglo IX, al divulgarse la noticia de lo que entonces se presentó como el hallazgo del sepulcro de Santiago Apóstol. En el llamado campus stellae (campo de la estrella) -raíz latina de compostela, que remite a los astros como guía del camino que llevan hasta allí-, se erigió un templo cerca de la antigua localidad romana de Iria Flavia que albergaría las reliquias, luego veneradas por los fieles. Con el tiempo se convertiría en lugar de peregrinaje para reparar las culpas personales y renacer a la vida nueva en Cristo. El Camino se concibe así como un ascenso, un progreso en las etapas espirituales del ser humano que, desvalido, se alza con la ayuda de la Gracia, pudiendo regresar a las raíces mismas del bautismo representado en la meta compostelana. Fue este el origen de la Gran Perdonanza.

     Antes, en su famoso Comentario del Apocalipsis, Beato de Liébana dio una interpretación acorde con las circunstancias del momento (siglo VIII). La lucha entre la Bestia y el Ángel estaría ahora encarnada, respectivamente, por el Califato de Córdoba (Imperio musulmán) y por los santos y mártires, que representarían la resistencia de la cristiandad, sin claudicaciones (como la Iglesia del norte), que finalmente triunfaría. Ese combate entre la Bestia y el Ángel se materializaría en la Reconquista, en el que el Bien (los seguidores de Cristo) se impondrían al Mal: los adversarios, tanto interiores (dentro de la Iglesia) como exteriores del Hijo de Dios.

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   La devoción a San Juan, Apóstol y Evangelista, cuyos textos enfatizan la divinidad real de Cristo como Verbo de Dios hecho Hombre (Jn 1. 1-18), animó a Beato de Liébana a impulsar el culto a los Zebedeos. De este modo, España, lo mismo que Roma, tendría un origen apostólico (tierras que acogen los restos de dos Apóstoles, del grupo de los predilectos de Cristo: Santiago y Pedro, respectivamente). Al esgrimir esta razón, se podría apelar más firmemente a la comunión con la sede de Pedro (Roma) para combatir la herejía surgida dentro de la comunidad cristiana de la época con el adopcionismo profesado por el obispo Elipando de Toledo y el sínodo de Sevilla. Con sus armas teológicas Beato de Liébana pudo alegar razones para que el Concilio de Francfort, convocado finalmente por el emperador Carlomagno y con presencia de legados papales, condenara el adopcionismo (considerar a Cristo únicamente como hijo adoptivo de Dios y no encarnación real de la divinidad) como error doctrinal inadmisible en la Iglesia.

     La fidelidad a Roma, de una tierra apostólica a otra, exigía la verdad de la fe frente a concesiones que la adulteraban. De ahí la necesidad de poner por obra la sentencia que proclamara el Apóstol Pedro ante el Sanedrín: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (He 5. 29). Esta adhesión íntegra a la enseñanza apostólica albergaba la promesa recogida por Beato en su Comentario del Apocalipsis: el Bien acabaría imponiéndose. Esto conllevaba la esperanza firme en la victoria final por parte de los godos. La restauración del reino visigodo, tan cara a los monjes de origen mozárabe como Beato de Liébana, sintetizaba la idea que en su día considerara San Isidoro en su Laus Hispaniae. Debía prevalecer el sentido de imperium como poder y autoridad, que se arrogaría Alfonso III de Asturias (Adefonsus Hispaniae imperator) en la defensa del común patrimonio romano-germánico de España. Con ello se buscaba aunar los distintos núcleos de resistencia y restaurar así la cristiandad en plenitud frente a la herejía y el Islam.

Volver a los fundamentos de occidente

 por Guillermo Arquero, historiador

       Que la cultura occidental está en crisis parece fuera de toda duda. Europa se encuentra en el epicentro de este declive. El caso de la cultura occidental resulta peculiar a tenor del carácter endógeno de su crisis; mientras otras culturas han atravesado momentos dramáticos o decadentes como consecuencia de la irrupción de otras civilizaciones o del colapso y agotamiento de la misma, en Occidente esta crisis se ha producido por la autocrítica y la negación de algunos de sus fundamentos, además del desarrollo de determinadas ideas que la han llevado a un callejón sin salida. Es ante todo un problema de ideas y valores, que luego ha llevado a otro de índole biológico, incluso. En efecto, las bajas tasas de natalidad europeas responden, en buena medida, a una crisis moral –ligada a una concepción antropológica desvinculada de la naturaleza real de la persona− en la que la institución de la familia ha sido la mayor perjudicada.

        Aunque muchos no lo quieran reconocer, la civilización europea es de matriz cristiana (no tiene ello que ver directamente con que un europeo sea creyente o no), si bien la sociedad actual se ha separado de esta raíz. El filósofo francés Michel Onfray (muy alejado de planteamientos cristianos) afirma que “la civilización judeocristiana europea se encuentra en fase terminal”, y añade[1]:

La potencia de una civilización casa siempre con la potencia de la religión que la legitima. Cuando la religión está en fase ascendente, la civilización lo está igualmente; cuando se encuentra en fase descendente, la civilización decae; cuando la religión muere, la civilización fallece con ella. El ateo que soy ni se ofusca ni se alegra por ello: lo constato, como lo haría un médico con una descamación o una fractura, un infarto o un cáncer.

         Onfray hace un paralelismo entre este proceso y la construcción de la Sagrada Familia de Barcelona. Para él, es el mejor símbolo de lo que sucede en nuestra civilización: ha quedado inacabada, no se ha podido terminar, ya no hay fuerza vital para ello.

       Sin embargo, se le pueden poner muchos reparos al filósofo francés, entre ellos que ignora el valor de toda la tradición europea, ve su historia como si fuera la vitrina de un vetusto museo, lo analiza desde el presentismo Si no, se daría cuenta de que las grandes catedrales góticas de su Francia natal, por ejemplo, tardaron decenios, cuando no siglos, en concluirse. Sus constructores eran conscieImagen relacionadantes del tiempo que les llevaría, y entendían que iniciaban algo que debía perdurar. Tenían una visión distinta del tiempo y de la historia humana, donde no hay sólo una comunicación con las personas coetáneas, sino del pasado y del futuro. Ello tiene mucho que ver con la visión de la ciencia histórica de Marc Bloch, que, lejos de concebir la historia como ciencia del pasado, la veía como el análisis de la realidad humana en su desarrollo en el tiempo, de manera que se une el estudio del mundo de los que ya vivieron y murieron con el presente de los vivos en un mismo estudio [2].

         El problema no es sólo religioso, sino que la racionalidad de Occidente ha entrado en crisis. Eso ha llevado al hombre actual a vivir en un estado de perplejidad, según dice el filósofo Jorge Úbeda, al no haber conseguido la cultura occidental, desde la Ilustración, llegar al proyecto que ésta tenía de conocer y comprender absolutamente la verdad mediante la razón. Según este pensador, no es necesariamente la razón humana la que ha fracasado, sino la concepción del tiempo como matriz para la consecución de los objetivos y metas de la humanidad[3]. Lo que hace Onfray a propósito de la Sagrada Familia.

        Visto así, aunque es innegable la crisis (y que se avecinan tiempos de profundos cambios, si no inmediatos, ya se verá en dos o tres generaciones), Occidente bebe de unas fuentes que no se acaban: la cultura clásica y el cristianismo. No son cuestiones del pasado (concepto tan mal entendido, como enseñaba Marc Bloch), sino que están muy vivas. El problema es que, en cierta manera, nos negamos a beber de sus aguas. Pero no nos queda más remedio. Volver a las fuentes no significa retrotraernos a épocas ya pasadas, sino afrontar nuestra época renovando aquello que nos ha conformado, partiendo de esas raíces, como bien recodara Juan Pablo II el 9 de noviembre de 1982 en Santiago de Compostela [4]:

Desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo.

         Europa y Occidente, si bien están en crisis, tienen en sí el germen de la renovación, gracias a sus hondas raíces. Hay quienes no concuerdan en absoluto con esto, aunque reconocen que Occidente se funda en el mundo griego. Es muy elocuente el título de la profesora Teresa Oñate Los orígenes de la filosofía en Grecia: viaje al inicio de Occidente (Dykinson, 2004). Ciertamente, esta filósofa difiere mucho de lo que aquí se plantea, pues para ella el pitagorismo, el platonismo y el monoteísmo judeocristiano malograron la aportación de los primeros filósofos griegos (incluyendo Aristóteles, que habría sido tergiversado en los siglos de la Cristiandad).

        Sin embargo, ha sido la descristianización de la cultura occidental (y previamente la llamada deshelenización del cristianismo planteada por la Reforma Protestante desde el XVI, que alumbró la Modernidad) lo que la ha llevado a un callejón sin salida, a un desequilibrio, como se desequilibra una silla a la que se le arranca una de sus patas. Volver la vista a la cultura cristiana medieval para tomar ideas y valores en el tiempo presente (con los aportes positivos de los últimos siglos) puede llevarnos a solucionar este Resultado de imagen de bruno latourtiempo de perplejidad. Síntoma de ello es un reciente artículo titulado “La modernidad está acabada”. Se trata de una entrevista al intelectual Bruno Latour, donde el autor (hablando de ecología) señala, al referirse a Europa, que “aquí hemos conservado la familia, los paisajes, las ciudades, los árboles… [Europa] consiste en cultivar y extender estos valores. Y sí, estamos volviendo, el hombre hoy busca sus raíces por todas partes”[5]. Aunque la conservación de la familia se nos presente como bastante discutible, el hecho de la vuelta a las raíces se manifiesta notorio. En efecto, del mismo modo que se puede regenerar la biosfera frente a los desastres de un crecimiento descontrolado e injusto, se puede regenerar la cultura.

             El lector se dará cuenta de la enormidad de esta cuestión, y de la imposibilidad de tratarlo en el presente artículo. Por dejar al menos un planteamiento que sea interesante, cabe traer a colación el aporte de dos intelectuales: Giovanni Reale y Vicente Rodríguez Casado. Sobre el primero, sobran las palabras de presentación. En el caso del segundo, me gustaría resaltar la visión que dio a la historia como “legado”. Para la docencia que impartió en la Universidad de Piura (donde dejó un gran recuerdo)[6] escribió tres libros, cada uno de ellos sobre una etapa histórica, que llevan por título El legado de la Antigüedad, El legado de la Cristiandad y El legado de la Modernidad. Responden sin duda a una visión sintética de la historia. Lo que tienen en común Reale y Rodríguez Casado es la importancia dada al proceso de la Modernidad (ya muerta según Latour y en realidad para casi todo el mundo, al hablar de la Posmodernidad) como inicio de una crisis que hoy vivimos de lleno.

        Giovanni Reale tiene una visión opuesta a la de Teresa Oñate. Para él, Sócrates y Platón supusieron una revolución que llevó a sentar importantes pilares de lo que luego se conocería como Europa[7], con un cambio en el orden epistemológico y moral. Siguiendo a Gadamer, Reale plantea que filosofía y ciencia no se pueden separar (como demuestra en una de sus últimas obras[8]), precisamente lo que se ha hecho en nuestra contemporaneidad. En efecto, frente a esta unidad que se daba desde Grecia, a partir de la revolución científica del XVII se ha tendido a confundir la ciencia con la técnica y la verdad con la utilidad. Y ello no está en la raíz de la propia revolución, pues pensemos que Galileo, antes que nada, se consideraba un filósofo, como bien demostraba en escritos tales como Il saggiatore o la Lettera a Madama Cristina di Lorena granduchessa di Toscana. Es evidente, leyendo a Reale, que se debería volver a la unidad de la ciencia que teorizó el Círculo de Viena y una vuelta la metafísica, que hoy, por desgracia, “cuando no incita a la cólera, suscita risas sarcásticas”[9].

          Por su parte, Vicente Rodríguez Casado planteó en una conferencia pronunciada en el Palacio Municipal de la ciudad de Piura, el 16 de agosto de 1974, titulada Técnica y nuevo humanismo Resultado de imagen de vicente rodríguez casadosocial, una serie de ideas muy relevantes para el caso que nos ocupa. Más centrada en la historia que en la filosofía, su visión del proceso de transformación de la cultura europea es cercana a la de Reale. El caso de Galileo fue para el historiador un momento en el que, desde los planteamientos católicos, no se supo salvar aquella contradicción –sólo aparente− entre razón y fe.

            Ciertamente, era sólo un espejismo, pues a día de hoy podemos decir que el caso Galileo es bien conocido. Se trató de un error del tribunal que lo condenó, no de la Iglesia, ni mucho menos de la cultura cristiana. Recientemente, Carmelo López-Arias ha publicado un artículo sobre el análisis del converso Frank Sherwood Taylor respecto a este caso, que es totalmente iluminador[10]. Sin embargo, no hubo una respuesta satisfactoria ante las novedades de la ciencia. Rodríguez Casado indica cómo el pensamiento católico de la Modernidad resultó en parte baldío frente a la vía abierta por la Reforma protestante y Descartes “al no llegar los pensadores católicos de la segunda mitad del siglo XVII y del XVIII a la talla de los nuevos adversarios”[11].

           Occidente, como mostró José Luis Comellas en su obra El último cambio de siglo: gloria y crisis de Occidente 1870-1914, (Ariel, 2000) ya percibió las contradicciones (sobre todo en el campo científico) de una ciencia devenida en técnica, un mito del progreso (esa indebida concepción del tiempo al que aludía Úbeda) y un aparente fracaso de la razón que ha llevado a la perplejidad actual. En nuestros tiempos “la absolutización de la ciencia (aquella que declarara el propio Galileo)[12] y de la técnica ha alimentado en el hombre su ilusión de dominio; pero el hombre no ha sabido crecer espiritualmente en la misma proporción”[13]. Habiendo hecho el diagnóstico, lejos de entregarnos al pesimismo podemos plantear una renovación cultural y un progreso positivo sin volver la espalda a las fuentes de la tradición clásica y cristiana. Espero, en futuras entregas, profundizar en distintos campos de este enorme horizonte.

[1] “Michel Onfray, el filósofo superventas que irrita y fascina a Francia”, por Marc Bassets en El País, (28/02/2018) consultado en www.elpais.org en febrero de 2019.

[2] BLOCH, M., Introducción a  la Historia, México: Fondo de Cultura Económica, 1952, capítulo 1, punto 7.

[3] Úbeda Gómez, Jorge, La infancia y el filósofo. Entrada y salida de la perplejidad presente, Madrid: Ediciones Encuentro, 2012

[4] Citado en el artículo “Europa, vuelve a encontrarte, sé tú misma”, publicado en Aceprensa el 8 de noviembre de 2012, consultado en www.aceprensa.com en febrero de 2019.

[5] Entrevista de Elena Pita a Bruno Latour, publicada en El Mundo, en su edición digital, el 19 de febrero de 2019, consultado ese mismo día.

[6] Para un conocimiento más exhaustivo de este autor, recomendamos Cañellas, Antonio; Olivera, César, Vicente Rodríguez Casado. Pensamiento y acción de un intelectual (1918-1990), Madrid, Ediciones 19, 2018.

[7] Vid. el capítulo  “La mentalidad especulativa de Grecia como  primer fundamento de Europa”, en Reale, Giovanni, Raíces culturales y espirituales de Europa, Barcelona: Herder, 2005, pp. 88 ss.

[8] Storia del pensiero filosofico e scientifico (2012)

[9] Reale, Giovanni, Raíces culturales y espirituales de Europa, Barcelona: Herder, 2005, p. 200.

[10] “Frank Sherwood Taylor, el científico agnóstico que quiso ser católico tras estudiar el caso Galileo”, publicado en Religión en Libertad el 7 de febrero de 2019, consultado en febrero de 2019.

[11] Ibid, p. 18.

[12] Véase el artículo del profesor Luis Suárez Fernández en https://www.larazon.es/historico/3348-el-error-de-galileo-por-luis-suarez-OLLA_RAZON_464536

[13] Reale, Giovanni, Raíces culturales y espirituales de Europa, Barcelona: Herder, 2005, p. 183

Alcance de los derechos humanos

 por Luis Suárez, Real Academia de la Historia

        En nuestro último artículo sobre los derechos humResultado de imagen de estatua francisco de vitoria. onuanos https://cidesoc.com/2018/05/24/raices-de-los-derechos-humanos/ apuntamos la contribución de la Escuela de Teólogos de Salamanca (s. XVI) a su reconocimiento y desglose. Ciertamente, los derechos naturales inherentes a la condición humana (la vida, la libertad y la propiedad) fueron estudiados en su alcance y repercusión por intelectuales como Francisco de Vitoria o Domingo de Soto.

            Para estos pensadores, el derecho a la vida sería un don de Dios y, por tanto, inalienable; “todos somos nacidos” y en ello no interviene la voluntad, como cantó Jorge Manrique en su obra literaria −¡Oh mundo! que nos matas, fuera la Vida que diste toda vida[1]. Por consiguiente, la vida humana debe ser respetada en conformidad con el carácter inmutable del derecho natural. No obstante, esta norma universal se distinguió de la mutabilidad propia del derecho de gentes, a pesar de funcionar como complemento de aquélla. En efecto, de acuerdo con la escolástica tomista, los maestros salmantinos señalaron la relajación o dispensa que éste permitía si, atendiendo a los perjuicios ocasionados por la fragilidad moral de los hombres, se ordenaba a procurar el bien necesario en cada circunstancia para el correcto desenvolvimiento de la sociedad. Según este planteamiento, el derecho de gentes conviene en admitir con el derecho natural la privación justificada de la vida en algunos casos; bien en un acto lícito de defensa personal o como recurso de la autoridad legítima para preservar la paz y la seguridad de la res publica.

            El derecho al libre albedrío debería conformarse con la voluntad. Algo que negó radicalmente Lutero y que en nuestros días es objeto de confusión, porque se identifica la libertad con la autosuficiencia humana. Esto permite realizar lo que no está prohibido por las leyes políticas con independencia del orden moral objetivo inscrito en la misma naturaleza.

            Finalmente se subrayó el derecho de propiedad, que es el que incluye todos los recursos necesarios para garantizar la existencia como las rentas y el empleo. Podemos entender este último punto acudiendo al caso de los campesinos o payeses de remensa Resultado de imagen de isabel la catolicacatalanes, a quienes se ofreció abandonar la tierra que cultivaban a cambio de liberarlos del estado de servidumbre. Hubieron de rechazar la propuesta porque esos campos eran su único sustento. Fue Isabel la Católica quien resolvió el problema al facilitarles la compra de la tierra, elevando así su condición a súbditos libres de la Corona.

            Los maestros de Salamanca acudieron a una expresión importante que es el derecho de gentes, como ya hemos dicho. De este modo se lograba un avance en los logros alcanzados por el judaísmo y el cristianismo. Según ellos, todos los seres humanos sin distinción tenían que ser considerados y tratados como criaturas venidas del Amor de Dios y, por tanto, llamados a participar en el camino de Salvación como beneficio supremo de la humanidad. Poco antes de su muerte la reina Isabel incluyó en su testamento una cláusula -que adquirió carácter de norma fundamental- por la cual se obligaba a los magistrados a tratar con justicia y libertad a todos los moradores de las tierras descubiertas en el Nuevo Mundo:

Por ende suplico al Rey… y encargo y mando a la dicha Princesa mi hija y al dicho Príncipe su marido, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su principal fin y que en ello pongan mucha diligencia y no consientan ni den lugar:

— que los indios vecinos y moradores de las dichas Islas y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, sino que manden que sean bien y justamente tratados;

— y (que) si algún agravio han recibido, que lo remedien y provean por manera que no se exceda en cosa alguna lo que por las letras apostólicas nos es infundido y mandado[2].

            Estas expresiones son suficientemente claras, pues al referirse a los indios con las mismas palabras que a los habitantes de Castilla: «vecinos y moradores», se estaba reconociendo la legitimidad de las comunidades locales que ya tenían establecidas. La garantía en cuanto a la integridad personal y a los bienes materiales apuntaba a los dos derechos naturales básicos de libertad y propiedad, según el sentir de los teólogos de la época. Hacía años que otra ley elaborada en Guadalupe había prohibido la esclavitud. Sólo podían considerarse esclavos los que hubiesen sido comprados en mercados ajenos, recordando –sin embargo− que la liberación era una acto altamente virtuoso.

            Pese a todo, las noticias de los daños ocasionados en la Antillas por parte de la administración colombina obligaron a intervenir al rey Fernando después de la muerte de su esposa. Decidió reunir una Junta en Burgos para abordar la cuestión. Algunos consejeros abogaban por librar a la Corona del compromiso contraído a raíz de los descubrimientos, dejando la empresa en manos de los particulares. No obstante, el argumento del Padre Ginés de Sepúlveda fue contundente: si se delegaba el proceso en la iniciativa privada se produciría un daño mucho mayor. Por eso la monarquía tenía que asumir la dirección de aquella industria. De ahí que, por primera vez, se estableciera un ordenamiento para el gobierno de aquellas tierras. Cuando México y Perú, verdaderos reinos, se incorporaron a la monarquía hispánica, Carlos I y Felipe II sustituyeron aquel ordenamiento por un cuadro global conocido como las Leyes de Indias, convirtiendo en súbditos a todos los aborígenes que gozarían en adelante de plena libertad, como había sido el deseo de la reina Isabel. Fue ésta una de las principales aportaciones de España a las Américas.

            El Concilio de Trento (1563) integró a toda la catolicidad en las enseñanzas de la Escuela de Salamanca. También el holandés Hugo Gorcio recogió estas doctrinas para elaborar su tesis del mare liberum, sentando las bases del Derecho marítimo internacional para que todos los países pudieran navegar y comerciar libremente por los océanos. Y es que pensadores de muy diversas naciones se inspiraron en el magisterio salmantino para articular sus propuestas. Incluso las palabras del preámbulo de la declaración de independencia de los Estados Unidos de 1776 denotan esa influencia al sentenciar que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre éstos está la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad[3], incorporándose como pauta fundamental del ordenamiento jurídico.

            Sería muy recomendable que nuestros políticos tuvieran esto en cuenta, estudiando las raíces sobre las que se asienta la verdadera libertad, para servir mejor al bien de nuestras sociedades.

 

[1] Jorge Manrique, “¡Oh mundo que nos matas” en Obra completa. 

[2] Véase el testamento de la reina en, https://es.wikisource.org/wiki/Testamento_de_Isabel_la_Cat%C3%B3lica

[3] Declaración de independencia de los Estados Unidos de América (1776).

Raíces de los Derechos Humanos

  por Luis Suárez, Real Academia de la Historia

   Es falso que los derechos connaturales al ser humano sean el producto de un convenio o acción política, como llegarían a decir los revolucionarios franceses a finales del siglo XVIII al hablar de los derechos ciudadanos. El origen de esta visión radica en el gran proyecto luterano del siglo XVI. Éste representaba una ruptura seria, al negar a la persona la capacidad racional especulativa y el libre albedrío. Y es que la salvación espiritual del ser humano dependería de un destino prefijado desde su nacimiento. Fue la Escuela de teólogos de la Universidad de Salamanca la que reafirmó esas dos cualidades (racionalidad y libre arbitrio) como fundamento de los derechos de la persona humana en cuanto criatura de Dios.

   Desde su singladura, la Universidad de Salamanca mostró una mayor predilección por el estudio del Derecho. Su éxito fue tan grande que a finales del siglo XIV el Papa elevaría su rango al mismo nivel que la Universidad de París. Las dos compartían la racionalidad tomista. De ahí que en el siglo XVI y la mayor parte del XVII Salamanca fuera una especie de guía en los trabajos que llevaron a la primera trabazón constitucional de la Monarquía hispánica, formada por un conjunto de leyes fundamentales a modo de Ordenamiento General.

   Los estudiosos de Salamanca se apoyarían en la razón y en la fe para sostener sus tesis. En este sentido, la autoridad fue propuesta a todos los súbditos como norma de doble dimensión: la temporal, correspondiente al monarca, y la espiritual –superior a la primera− y que ejercería el Sumo Pontífice. Entre ambas debería existir unResultado de imagen de francisco de vitoria acuerdo de estrecha colaboración que mirara al bien común de la sociedad. De ahí la importancia acerca de la concepción de la persona, entendida no sólo como un mero ente biológico, sino como criatura que refleja la imagen de Dios a través de esas mentadas capacidades naturales que se integran dentro del orden moral dado por el Creador.

   La Monarquía hispánica intentó amoldar su funcionamiento y misión a este fundamento indeclinable. Desde mediados del siglo XIV, partiendo de los ordenamientos confirmados por las Cortes, Pedro IV de Aragón y Alfonso XI de Castilla habían considerado a la Monarquía como una forma de Estado que puede acomodarse a las circunstancias para procurar resolver los problemas que se planteen en cada tiempo. Pronto los Reyes Católicos y sus inmediatos sucesores guardaron las distancias entre la soberanía real (como señorío superior en la impartición universal de la justicia, es decir, en la aplicación del derecho a todos los súbditos) y la administración particular contemplada en los Fueros y Privilegios de cada uno de los distintos reinos que conformaban la Corona. Dentro de este esquema se admitía otro elemento organizador por parte de los maestros de Salamanca: la confesionalidad católica imponía que los súbditos, en el sentido pleno de la palabra (pertenencia a una comunidad política), eran únicamente los bautizados. Quienes no tuvieran esa cualidad podían ser admitidos en calidad de huéspedes, aunque quedaban resguardados sus derechos naturales (comunes a toda persona) independientemente de su origen o raza.

   Fue el Papa Clemente VI quien en 1346 sestó un duro golpe a la filosofía nominalista. Esta corriente afirmaba que la realidad sólo puede conocerse individualmente, esto es, por sí misma, sin que puedan inferirse otras consecuencias mediante un proceso racional Resultado de imagen de clemente VIde abstracción. Desde esta premisa y ante los descubrimientos de nuevas poblaciones primitivas en la costa africana del Atlántico, se planteó si a esos indígenas debían reconocérseles su condición de seres humanos. Eran muchos los pensadores que rechazaron la naturaleza humana de esas tribus y, por consiguiente, sus posibilidades de Redención. Sin embargo, Clemente VI esbozó entonces los derechos naturales inherentes a todo hombre (la vida, la libertad y la propiedad) según la lógica del realismo aristotélico-tomista que negaran los nominalistas. De acuerdo con esa óptica, resultaba ilícito someter estos pueblos a esclavitud. Más tarde, con el hallazgo del Nuevo Mundo en 1492, la respuesta salmantina iba a ser contundente: aunque los nativos careciesen todavía de la suficiente formación cultural, éstos eran plenamente humanos y así cabía tratarlos, instruyéndolos en todos los órdenes, especialmente en el de la fe, para que pudieran progresar como personas y alcanzar la Salvación.

   Formar a la persona se convertiría en el objetivo primordial de los maestros salmantinos. Para ello tuvieron que enfrentarse a los errores del individualismo nominalista y al reto que supuso el descubrimiento de América. ¿Qué trato se iba a seguir con los indios? Esa era la cuestión a dilucidar. El hecho de que ya antes se hubiera producido lo que conocemos como la revolución Trastámara, en el que la dinastía castellana aseguró el paralelismo entre los tres poderes políticos: legislativo (Cortes), ejecutivo (Consejo) y judicial (Audiencia), permitió a las nuevas tierras americanas conservar su estatus al ser incorporadas a la Monarquía de los Reyes Católicos. Esa es la razón por la que se preservó ese derecho político sin que se aplicara el sistema de colonias. Al contrario, se aseguró la condición de reinos y se fundaron otros noveles con la consiguiente salvaguarda de los derechos y deberes de quienes fueron desde entonces súbditos en plenitud de la Corona hispánica. El desglose de esos derechos será una cuestión que trataremos en la segunda entrega de nuestro estudio.