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El sentido de la lealtad

Suarez 2 (2) por Luis Suárez, Real Academia de la Historia.

   El término fidelidad puede responder a una definición más o menos amplia. Una de las acepciones que recoge el diccionario es el de «la observancia que alguien debe a otra persona». Esto puede confundirse fácilmente con la lealtad: «el que es leal guarda a alguien o algo la debida fidelidad». Aunque es cierto que desde la perspectiva de la virtud, que busca el bien de la persona (propio y ajeno), la fidelidad y la lealtad debieran representar el anverso y reverso de una misma medalla, su significado admite matices y aun diferencias. Más aún en el ámbito político o económico.

   Desde la Edad Media, la tradición española distinguía estas dos realidades en el ámbito de las relaciones personales y sociales. En efecto, fiel era el súbdito que seguía a su señor sin preguntarse por la justicia de su causa. Leal, sin embargo, era quien evitaba que el señor cayera en injusticia o incurriera en error. Ya las Cortes de Castilla de 1385 consideraban la lealtad como la principal virtud de la que dependen las monarquías para su existencia y progreso, pues de ella (el consejo emitido con rectitud moral para la gobernanza del reino) derivaríanCuriosidades históricas del capítulo 26 de 'Isabel' | RTVE.es todas las demás virtudes. Así, el súbdito o vasallo leal recordaría al rey su «deber de reinar» y no «su derecho». Es decir, invocaría sus obligaciones morales ordenadas a la edificación del reino y de sus súbditos. De aquí derivaría la llamada legitimidad de ejercicio, que otorgaría auténtico valor a la legitimidad de origen (la elección, por distintas circunstancias, de una dinastía reinante, precisamente para desempeñar dicho cometido a favor del bien común). Este presupuesto implicaría reciprocidad entre el rey y los súbditos, representados en las Cortes, asistiéndose mutuamente para promover el desarrollo espiritual y material de todo el reino.

   De la confusión antes citada han nacido en nuestros días algunas equivocaciones muy perjudiciales. Se ha creído, por ejemplo, que la fidelidad al superior o a quien tiene el poder (a nivel político, empresarial, etc.) es una virtud que obliga al subordinado. De ahí la monstruosidad de pensar que el jefe o líder siempre tiene la razón y que hay que obedecerlo ciegamente sin preguntarse por la justicia o moralidad de sus actos. Cesa entonces el deber de corregir, enmendar o aconsejar, propio de la lealtad. De ahí la tendencia, tan extendida, de quienes al frente del mando se rodean de simples fieles que asienten, alagan, aplauden y no discuten. Se pierde así el sentido de la limitación y el poder se convierte en un absoluto que busca resarcirse y no servir a los demás según el orden moral.

La Revolucion Gloriosa timeline | Timetoast timelines

   La legitimidad fundada en la virtud de la lealtad permitió en la antigua monarquía hispánica «acatar y no cumplir» la orden emanada del rey, pudiéndose iniciar un recurso de contrafuero que asegurara los derechos del reino y de sus súbditos en caso de verse conculcados. La obediencia no se entendía como un automatismo, sino como acto juicioso, que examina previamente si la orden es correcta o no. No existía esa argucia de la «obediencia debida» como eximente de responsabilidad, puesto que en una sociedad que procuraba inspirarse en los principios cristianos, prevalecía siempre el criterio de lo que es realmente debido, de lo razonable y bueno en cada circunstancia. El vasallo leal sabía que, una vez sopesada y aceptada una orden, se corresponsabilizaba con ella. En ese tiempo nunca se admitió el principio de irresponsabilidad del monarca en las decisiones tomadas por sus ministros, como ocurriría después en muchos regímenes parlamentarios. Y es que, como hemos dicho, también al rey competía ese sentido de la lealtad que le exigía velar por la justicia en los actos de sus servidores en el gobierno.

Rebeliones populares en la España moderna

foto Cañellas (4)  por Antonio Cañellas, historiador

Vigencia de un aniversario

     Finalizamos este año rememorando el inicio en 1521 del movimiento popular de la Germanía en el antiguo reino de Mallorca durante la monarquía imperial de Carlos V. El alzamiento se sumó al protagonizado por los artesanos de la ciudad de Valencia en 1519, consecuencia de la crisis económica y financiera del siglo anterior. Un clima de descontento que también repercutió en Castilla con la sublevación de los comuneros.

     Como en otras circunstancias, de nuevo se acentuaron las tensiones en la sociedad, organizada de modo jerárquico y estamental según el valor atribuido a los oficios; esto es, a su servicio y función. De ahí la distinción entre el brazo privilegiado, reservado a la nobleza y al clero por su asistencia militar y religiosa, que lo eximía de pagar impuestos; y el2.2. La sociedad estamental | El mundo en la Edad Media: La Plena Edad Media brazo menor de los mercaderes, artesanos y campesinos, dedicados a los negocios materiales y labores manuales en quienes recaía la correspondiente carga tributaria. El incremento de las contribuciones en medio de coyunturas económicas difíciles, agravadas por las exigencias de los prestamistas −muchos de ellos nobles− en el marco de una administración municipal endeudada y corrompida precipitaron un choque inevitable.

         Este enfrentamiento, que alberga otros factores a considerar, ha sido interpretado por los historiadores y analistas contemporáneos desde dos ópticas –conservadora y progresista− que lo han convertido en un tema vivo y actual. Ciertamente, para la primera, se trataría de movimientos subversivos, precursores incipientes de las revoluciones burguesas que arruinarían con su violencia y pasión cualquier principio válido de orden y autoridad. Por el contrario, para la segunda representarían el empuje de la conciencia popular democrática en liza por la justicia y sus derechos[1].

La herencia del poder monárquico

      En Castilla había cundido el malestar entre muchas ciudades ante el incremento de los poderes de la corona, que elevaban los costes de la maquinaria estatal. La sumisión de la nobleza a la autoridad de los reyes desde 1479 hubo de manifestarse en el control del espacio castellano. Por medio de los corregidores, la monarquía hizo valer su potestad ejecutiva y judicial en las ciudades, además de apropiarse de proyectos incoados por éstas como la Santa Hermandad. La Inquisición acabó LOS REYES CATÓLICOS Y LA CONCORDIA DE SEGOVIAconvirtiéndose de hecho en un tribunal contra la herejía religiosa en manos de la autoridad civil. La concentración del poder iba dejando atrás las limitaciones medievales con potestades más difusas, fraccionadas entre los señoríos nobiliarios, los eclesiásticos y las ciudades representadas en cortes o asambleas, que actuarían de contrapeso a la presión de la nobleza[2]. La alteración de este frágil modelo hubo de plasmarse con toda su crudeza en el siglo XV. Las tensiones entre la nobleza y la monarquía en su competición por el predominio afectaron a las ciudades, que tuvieron que redoblar sus esfuerzos fiscales para sostener la causa regia. La industria artesanal y el comercio eran fuentes de riqueza necesarias en el fortalecimiento de la monarquía.

Circunstancias adversas

    En Castilla y la Corona de Aragón la coyuntura se presentaba harto difícil. A la sucesión de malas cosechas, hambre y epidemias se sumaba el aumento de la presión fiscal sobre los grupos no privilegiados. La situación alcanzaría su punto álgido alrededor de 1520. Durante laFernando II de Aragón - Wikipedia, la enciclopedia libre regencia de Fernando el Católico su gobierno favoreció los intereses ganaderos reunidos en el concejo de la Mesta, que monopolizaba el comercio de la lana. El fomento de la exportación desde Burgos y Santander a los mercados de Flandes les enfrentó a los productores castellanos del interior; especialmente de Valladolid y Toledo. Y es que los beneficios derivados de la manufactura quedaban reservados a los fabricantes extranjeros en detrimento de la industria castellana.

     La regencia del cardenal Cisneros tras la muerte de Fernando en 1516 persistió en dicha política. El perjuicio ocasionado a los productores locales les animó a proponer la aplicación de la ley de 1462, que limitaba la exportación de la lana y la importación de aquellas manufacturas que pudieran fabricarse en Castilla. Una solución de carácter autárquico y proteccionista que, sin embargo, fue desoída, agravando la disputa entre los intereses burgueses del norte y del centro del reino.

    Cisneros tuvo que lidiar también con la reaparición de las luchas nobiliarias y la firme oposición a su preponderancia por parte de las Carlos V y Europaciudades. La proclamación de Carlos de Habsburgo (nieto de los reyes católicos) como monarca de las coronas de España por la corte de Bruselas respondía a una estrategia para reforzar su candidatura al frente del Sacro Imperio Romano Germánico. Había que convencer a los electores alemanes para que optaran por el nieto del emperador Maximiliano.

       En España muchos pensaron que el joven rey, afincado en Flandes, podría dar respuesta a sus expectativas de renovación. Era conocida su cercanía a los reformadores renacentistas como Erasmo de Rotterdam[3]. Pero pronto se descubrió que las preocupaciones inminentes de Carlos estaban más puestas en la alta política europea. La ocupación de los principales puestos del gobierno castellano por los consejeros flamencos del rey a su llegada a Valladolid y la exigencia de contribuciones extraordinarias a las Cortes de Castilla, Aragón y Cataluña para sufragar los dispendios de la coronación imperial causaron indignación. Ésta adquirió forma de afrenta en Valencia, donde el rey aplazó la convocatoria de sus Cortes[4]. Por lo demás, el reino de Mallorca fue de nuevo marginado al carecer de Cortes propias, suplidas por la asamblea del Gran i General Consell a la que correspondía la sola presentación de propuestas legislativas al monarca[5].

    La indolencia de Carlos que percibieron los reinos se generalizó con motivo de su viaje a la ceremonia de entronización imperial. Aunque las ciudades castellanas lideraron la protesta, también la nobleza se consideraba arrinconada por la élite flamenca. La marcha del rey precipitó los acontecimientos.

El estallido

    El incendio de Medina del Campo en medio de una acción represiva acabó por generalizar el levantamiento popular en Castilla en 1519. Toledo se había alzado en rebeldía liderando las demandas del resto de ciudades con presencia en las Cortes. Se exigió anular el servicio o contribución extraordinaria al rey y regresar al sistema fiscal del encabezamiento (concertar entre el monarca y las Cortes el cobro de impuestos por una cantidad y tiempo determinados mediante cuotas), reservar la gobernación del reino a castellanos en ausencia del rey y vetar las exportaciones de dinero[6].

Quiénes eran los comuneros?

   Paralelamente en Valencia los gremios se organizaron en Germanía o hermandad, acogiéndose a las disposiciones legales del emperador para armarse y repeler así más eficazmente las incursiones de los piratas turcos. Se trataba, por tanto, de un movimiento legal alentado desde la autoridad con un fin específico: la protección de los núcleos costeros. En este sentido, no es comparable al origen reivindicativo de los comuneros, aunque pronto adquiriera el mismo perfil. Dicho de otra manera: dos movimientos con distinto origen encontrados en un mismo destino.

     La constitución de la Germanía favoreció la toma de conciencia de la fuerza social del brazo menor, que pronto solicitó su presencia en el gobierno municipal, apartado por orden real desde 1283. La actitud receptiva del rey ante lo que juzgaba como lícitas demandas acabó variando ante el juego de intereses en el reino y la progresiva transformación del movimiento agermanado. La modificación en el procedimiento de elección impuesto por los artesanos en la ciudad de Valencia hasta copar la mayor parte de los cargos municipales irritó a la nobleza. El propio emperador lo valoró excesivo al quebrar el equilibrioGermanías - Wikipedia, la enciclopedia libre representativo. Con el ánimo de atraerse a la nobleza, todavía recelosa por haberse eludido ante las Cortes el juramento personal del rey, éste decidió anular las elecciones locales de mayo de 1520. Las acusaciones de la Germanía se dirigieron contra el virrey, por cuanto lo estimaban responsable de variar el buen ánimo mostrado inicialmente por el monarca. El palacio virreinal fue atacado. Con arreglo al espíritu de la caballería, Carlos V recomendó a su lugarteniente procurar un entendimiento[7] al tiempo que se movilizaba a la tropa por si éste fracasaba.

   Por aquel entonces los agermanados estaban determinados a controlar por entero el gobierno municipal con el fin de suprimir la ingente deuda pública que pesaba sobre ellos desde el siglo XV[8]. El desplazamiento de la nobleza del control de la Generalitat, órgano responsable de la recaudación de impuestos indirectos sobre las materias primas y el comercio, agravió –si cabe− al estamento perjudicado. La supresión de las imposiciones reales impidió cualquier avenencia con el virrey, a pesar de las declaraciones de la Germanía a favor del monarca. La configuración de dos bandos concluyó en guerra civil, cada vez más radicalizada entre artesanos y nobles.

El eco mediterráneo

   El fenómeno valenciano encontró su parangón en la isla de Mallorca, donde la situación era muy similar con una administración corrupta y endeudada, cuyos tributos en ascenso gravaban el trabajo de artesanos y campesinos. En 1391 y 1450 se habían producido grandes revueltas que no lograron resolver la crisis. Las conspiraciones empezaron al calor de los sucesos en Valencia.

   Sabedor de estas actividades secretas, el virrey ordenó el arresto de quienes tendrían un papel protagonista en la Germanía mallorquina. La protesta popular no se hizo esperar, precipitando la liberación de los encarcelados ante la pasividad de la nobleza, enemistada con el lugarteniente de Carlos V. El artesano Juan Crespí fue reconocido crespí (2)capitán del movimiento sin que pudiera fructificar un acuerdo con el virrey. Se decidió intervenir la Casa de la Consignación –controlada por los acreedores del gobierno municipal de la ciudad de Mallorca− para acabar con la deuda pública. La destitución del virrey –alegándose un antiguo privilegio real de 1344− aproximó a los agermanados a la ilegalidad. El puesto fue cubierto por el gobernador de la ciudad, Pedro de Pacs, que se mostró más condescendiente, autorizando reuniones en las villas rurales para que participaran en la pretendida reforma financiera. Se consiguió saldar algunos créditos, pero la apelación de ciertos prestamistas al rey ante el perjuicio ocasionado por la intervención de sus pensiones avivó la lucha[9].

      El apoyo de Carlos V al virrey, depuesto y refugiado en Ibiza en 1521, fue clave para posicionar definitivamente a los implicados. Pesaba mucho el desorden y la falta de autoridad en la que se estaba sumiendo Valencia y el emperador no deseaba otro tanto en el reino insular. Desde entonces se vio minada la autoridad de Crespí, vistas las reticencias de algunos artesanos y caballeros que con él habían colaborado en favor del saneamiento fiscal. El gobernador Pacs renunció al cargo por lealtad al emperador refugiándose en el castillo de Bellver con otros nobles. La ruptura fue total. La fortaleza fue asaltada por los agermanados más radicales con el asesinato de sus moradores[10].

Castell de Bellver - 1. Història del Castell de Bellver

   Entre los dirigentes del movimiento se abrió un debate ante la gravedad de los hechos: acudir al rey para negociar o mostrar hostilidad. Se decidió apostar por la solución de máximos y así forzar al rey a aceptar sus demandas. Juanot Colom pasó a encabezar la Germanía imponiendo su gobierno personal en un contexto de guerra abierta y de terror contra el enemigo. La autoridad real podía quedar en entredicho. Se recurrió por ello a la fuerza en un momento de alteración generalizada en el Imperio, también con el surgimiento del luteranismo en Alemania. La fidelidad al emperador de la villa costera de Alcúdia –la única fortificada en el área rural− facilitó el desembarco del estandarte imperial al mando del antiguo virrey en octubre de 1522. Los combatesJOANOT COLOM DEGOLLAT (cada dia) AL SEU POBLE - Etziba Balutxo… se prolongaron un año hasta la completa sumisión de la Germanía. Colom, inculpado de crímenes horrendos, fue decapitado y su cuerpo descuartizado. Su cabeza se colocó a modo de advertencia en una jaula situada en lo alto de una de las puertas de acceso a la muralla de la ciudad de Mallorca. Sólo fue retirada en 1820 con el arranque del trienio liberal. La acción confirmó la identificación de los postulados revolucionarios liberales con la Germanía, que fue tomada por los más extremos como su antecedente remoto.

Corolario

  Batidos los tres frentes (Castilla, Valencia y Mallorca) se confirmó el poder político de la monarquía y el predominio social de la nobleza, estrechamente aliada con el rey para asegurar su supervivencia. El pacto resultó imposible debido al enquistamiento de intereses en disputa desde hacía siglos. El cambio de dinastía no pudo superar tamañas rivalidades. A pesar de las miras del emperador por contribuir al enderezamiento de sus reinos, rectificando algunas de las decisiones iniciales más impopulares, éstas no contemplaban en su gobernanza la sustitución de la nobleza por otros estamentos. Antes de esta sacudida que derivó en revolución, por cuanto quiso imponerse el brazo menor al privilegiado, cual acaeció con los episodios revolucionarios de 1789 en Francia, se había planteado ¿cómo resolver los problemas candentes sin caer en maximalismos irreconciliables en los que se impusiera una solución unilateral? Sólo en épocas recientes y después de cambios estructurales de importancia pudo habilitarse en España ese antiguo espíritu de pacto que ahora convendría preservar.

[1] Sobre estas dos apreciaciones, que llegan hasta nuestros días para legitimar o desmontar ciertos proyectos políticos, véase la antirrevolucionaria de José María Quadrado: En Juanot Colom (1870) o la crítica con aquel proceso en el estudio sobre las Germanías de Álvaro Santamaría, recogido en el tomo VI de la Historia de Mallorca, coordinada por José Mascaró Passarius (1978); y la progresista de Pedro de Alcántara Peña: Consideraciones sobre el levantamiento de los comuneros de Mallorca llamados agermanats (1870) o la más reciente de Guillem Morro: Les revoltes populars a Mallorca (2020).

[2] Ismael Sánchez Bella: Génesis del Estado moderno en España, Estudio General de Navarra, Pamplona, 1956, pp. 13-14.

[3] Manuel Fernández Álvarez: Carlos V, el césar y el hombre, Espasa, Madrid, 2006, p. 58.

[4] Ricard García Cárcel: La revolta de les Germanies, Institut Alfons el Magnànim, València, 1981, p. 33.

[5] Román Piña: El derecho histórico del reino de Mallorca, Cort, Palma, 1993, p. 207.

[6] Joseph Pérez: Los comuneros, RBA, Barcelona, 2006, p. 53.

[7] Parece que éste fue un proceder habitual del emperador en la dirección de los negocios públicos, según refiere Manuel Fernández Álvarez: Carlos V…op. cit., p. 186.

[8] Eulàlia Duran: Les Germanies als Països Catalans, Curial, Barcelona, 1982, p. 163.

[9] Josep Juan Vidal: Els agermanats, Ajuntament de Palma, 1985, p. 69.

[10] Gaspar Sabater: El castillo de Bellver. Su arte y su historia, Ayuntamiento de Palma, 1962, pp. 62-63.

El modelo histórico de la monarquía

  La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es suarez-2-2.jpg  por Luis Suárez, historiador

    Fue a comienzos del siglo XI cuando Alfonso VII, rey de León, hizo coronarse emperador de las Españas (imperator totius Hispaniae). Desde la centuria anterior, los monarcas astur-leoneses aspiraron a restaurar el antiguo reino visigodo que perdiera el rey Rodrigo en el 711 frente a las armas musulmanas. Con aquel título daba a entenderse la subordinaciónFile:Alfonso VII el Emperador, rey de Castilla y León.jpg - Wikimedia  Commons de los demás reinos cristianos peninsulares a la auctoritas imperial. Su principal cometido residiría en la defensa de la fe, íntimo fundamento de la unidad hispana desde el III Concilio de Toledo, coordinando la pluralidad de potestades de los distintos reyes y príncipes (Castilla, Navarra, Aragón, condados catalanes). Con la muerte de Alfonso VII en el campo de batalla se desvanece esa autoridad imperial que confirmará un sistema de monarquía basado en cinco reinos, cada uno de los cuales asumiría la responsabilidad de la defensa de un fragmento de frontera del que fuera el viejo reino hispano-godo. Se conserva, pues, una conciencia de unidad, favorecida por la definitiva adopción del Derecho romano Justiniano, que proporcionaría un modelo de objetivación del poder, todavía rudimentario. De este modo, la soberanía correspondería al reino que la depositaba en el monarca, y el acuerdo jurídico que permitía la preservación de las costumbres sometidas siempre al orden moral.

    La presión ejercida por la nobleza sería aprovechada por Alfonso IX de León a partir de 1188 para desarrollar dichos principios. La posibilidad de que aquella se uniera a su parentela castellana para estorbar el gobierno del rey, hizo que éste dispusiera que las ciudades y villas enviaran sus representantes –llamados procuradores− al Aula Magna, encargada de fijar su derecho. Pronto recibió el título de Cortes, acogiendo a las ciudades junto con el clero y la nobleza, mitigando en Cortes de Castilla - Wikipedia, la enciclopedia librecierto modo su poder, al dar entrada al común o estamento llano de la sociedad. La asamblea asumió tres funciones básicas: fijar y acordar impuestos, establecer el valor de la moneda y promulgar las leyes. Puede decirse que así se reconocía a todos los súbditos la libertad que significaba el vasallaje. De hecho, villas y ciudades eran consideradas el resultado de esa libertad ofrecida por la Reconquista a los moradores que poblaran los nuevos territorios. Las cartas poblacionales regularían sus derechos y libertades. Fueron los concejos de vecinos por medio del alcalde quienes asumieron la administración de justicia de acuerdo con las leyes del reino y su propio fuero. El vecindario sólo lo conformaban los propietarios que vivían de sus rentas con absoluta libertad. Con el tiempo las familias mejor situadas se harían con el gobierno de las ciudades ostentando el cargo de regidores.

    En este contexto, todos los teóricos de la monarquía esgrimieron una razón fundamental en su misión: la custodia de la res pública (los asuntos públicos) para favorecer el camino de la virtud con la que ganar el bienestar temporal y la salvación eterna. Las famosas Siete Partidas de Alfonso X, el Sabio, rey de Castilla y León, son muy clarificadoras al respecto:

Vicarios de Dios son los reyes de cada uno en su reino, puestos sobre las gentes para mantenerlas en justicia y en verdad en cuanto a lo temporal, bien así como el emperador en su imperio. Y esto se muestra cumplidamente de dos maneras: la primera de ella es espiritual según lo mostraron los profetas y los santos, a quienes dio nuestro Señor gracia de saber las cosas ciertamente y deBiografia de Alfonso X el Sabio hacerlas entender; la otra es según naturaleza, así como mostraron los hombres sabios que fueron como conocedores de las cosas naturalmente. Y naturalmente dijeron los sabios que el rey es cabeza del reino, pues así como de la cabeza nacen los sentidos por los que se mandan todos los miembros del cuerpo, bien así por el mandamiento que nace del rey, y que es señor y cabeza de todos los del reino, se deben mandar y guiar y haber un acuerdo con él para obedecerle, y amparar y guardar y enderezar el reino de donde él es alma y cabeza, y ellos los miembros.

    Con la doctrina contenida en la norma legal, el rey abrió el paso a un modelo asentado sobre dos puntos clave: primero, la importancia de la monarquía dependería de su grado de amparo, siempre ajustado a la conciencia cristiana; segundo, la consolidación del Estado precisaría del cumplimiento de un pacto entre el rey y el reino, referido siempre a las leyes y libertades que el monarca ha de jurar, intercambiándose la recíproca obediencia.

    En la Corona de Aragón las diferencias no residían en la concepción o idea de la monarquía, igual que la castellanoleonesa, sino en el sistema de organización territorial derivado de su proceso de expansión. Con la conquista de Baleares y Valencia en el siglo XIII, Jaime I inauguró la plataforma de lo que serían los dominios mediterráneos más allá del Jaime I y sus consejeros militares durante la conquista de Mallorca |  artehistoria.comámbito español. Tanto él como sus sucesores prefirieron optar por la creación de nuevos reinos, con estructura institucional propia. Si en Castilla se consolidaron las Cortes, únicas para toda la Corona, impidiéndose la división territorial, la Corona de Aragón aplicó el Privilegio General que defendía las costumbres de cada reino y obligaba al rey a convocar sus correspondientes Cortes. Prevaleció el principio de la Unión de Reinos bajo un mismo soberano. Modelo que confirmarían los Reyes Católicos y sus descendientes de la nueva dinastía de los Habsburgo.

    A lo largo de este itinerario, queda claro que la monarquía ha sido y es una forma de Estado y no un simple régimen político. De ahí que haya podido amparar y promover diversas formas de gobernar según las necesidades de cada tiempo histórico. La monarquía, pues, no consiste tanto en la defensa de la sucesión hereditaria de una dinastía, cuanto en un pacto de entendimiento entre el reino (la comunidad política) y el rey, su representante. Para presidir dicho diálogo debe actuar el derecho por medio de la ley, expresión de los usos y costumbres heredados como un patrimonio con sujeción al orden moral. Esta ha sido la constante de un modelo forjado en la Edad Media, impidiendo o limitando fórmulas arbitrarias o despóticas, y desarrollando otras más acordes con dicho origen, como el de la mayor parte de las monarquías constitucionales contemporáneas.