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El antitomismo en el siglo XX y la ideología woke

por Juan Antonio Gallardo, filósofo

La infiltración marxista

En 1974 Miguel Poradowski se lamentaba “de un hecho de por sí solo muy triste, doloroso y desagradable, a saber, de la lucha, que en la Iglesia postconciliar se está llevando a cabo contra el tomismo”[1]. En efecto, Poradowski señalaba que el tomismo era “combatido dentro de la misma Iglesia”[2], y centraba la cuestión al preguntarse específicamente “¿por qué el marxismo, infiltrado en la Iglesia, combate al tomismo?”[3]. Esta pregunta parte del presupuesto de que el marxismo está infiltrado en la Iglesia. Independientemente de los aspectos históricos particulares sobre esta cuestión, lo interesante para nosotros es preguntarnos si es válido un sistema de pensamiento dialéctico para conocer la realidad y para poder abordar cuestiones teológicas. Rotundamente respondemos: no.

Miguel Poradowski, teólogo polaco

La «teología de la liberación» es cosa del pasado; aunque pueda quedar algún residuo de esta ideología, el Magisterio y el trabajo de la teología han desmontado esta concepción revolucionaria de la evangelización, quedando absolutamente clara su incapacidad para dar una visión verdadera del Reino de Cristo[4].

El materialismo ateo, que es la negación de la verdadera realidad, se ha ido metamorfoseando hasta el actual wokismo; se trata de un proceso que comenzó con la antediluviana gnosis: «Aperientur oculi vestri, et eritis sicut Deus scientes bonum et malum” (Se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal”)»[5].

Poradowski trata de entender los motivos de esta lucha contra el tomismo, señalando, por ejemplo, una mala entendida evangelización, o la ignorancia y el desconocimiento de la Edad Media, o una errónea concepción del ecumenismo. Nos recuerda la denuncia de Pablo VI, al referirse al “falso ecumenismo”, que “pretende unir a todos los creyentes en Dios en una sola religión, que ya no sería cristiana, sino una síntesis de todos los credos. Es esta corriente la que con toda furia se lanza contra el tomismo”[6].

Sería, sin embargo, un error atribuir toda la responsabilidad de la crisis del tomismo al materialismo marxista, pero –como señala Poradowski– “la lucha contra el tomismo en la Iglesia católica postconciliar entró en una nueva fase desde el momento que encontró un poderoso aliado en el marxismo, infiltrado en la Iglesia”[7].

En 1907, en su Encíclica Pascendi, San Pío X se lamentaba:

Hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados[8].

Alberto Caturelli calificó esta encíclica como «profética», y el tiempo le ha dado la razón: “De acuerdo con los caracteres que ha adquirido tanto la sofística inmanentista contemporánea cuanto la “teología” neomodernista, la actualidad de la «desgraciada» encíclica Pascendi es admirable”[9].

Lo que plantea San Pío X en la Pascendi es de extrema gravedad, pues se trata de algo que va a la raíz misma de la Iglesia: “han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas”[10].

Cuando nos preguntamos con Poradowski sobre “¿cuáles son las razones que el marxismo, infiltrado en la Iglesia, tiene para combatir al tomismo?”[11], descubrimos que son las mismas que tenían los enemigos denunciados por San Pío X.

La presencia del tomismo en el pensamiento cristiano no es algo accidental. Se podría pensar que la cuestión tomista es de orden práctico, porque Santo Tomás hizo una síntesis del pensamiento de su tiempo, que vino muy bien para la filosofía y la teología del momento, y que fue útil durante bastantes siglos. Siendo esto verdad sería un gran error pensar que esa es la cuestión. En efecto, junto al natural deseo que el hombre tiene de buscar la verdad y reflexionar sobre ella[12], existe “la necesidad de elaborar una filosofía que facilite la creación de la teología cristiana, es decir, una filosofía que proporcione los conceptos y los términos adecuados para la teología”[13]. Pero sería simplista pensar que la importancia del tomismo para el pensamiento y la teología se resuelve así. La cuestión es mucho más profunda.

Raíces de la ideología woke

El antagonismo entre el tomismo y las categorías marxistas es el mismo que se da entre el ser y el no-ser. El marxismo cultural actual —o wokismo— fundamenta su revolución desde la negación de la realidad, en favor de un inmanentismo demiúrgico de corte gnóstico, que niega la naturaleza y aboga por la imposición caprichosa de la voluntad.

El obispo Robert Barron dice que la ideología woke “no es algo efímero que brotó de pronto”[14]. En un artículo Mons. Barron analiza las raíces filosóficas del movimiento woke, y señala, al igual que como pasa con el marxismo, la teoría crítica como fundamento de esta ideología. Para demostrar su argumentación analiza el origen de la teoría crítica misma; remontándose a los orígenes de la modernidad; afirma con rotundidad: “Tanto Descartes como Kant suponen un retorno al antiguo gnosticismo, que también priorizaba el interior por delante del exterior de forma muy similar, y tendía a percibir el cuerpo como algo peligroso y problemático para el auténtico yo interior[15].

La teoría crítica lleva a sus últimas consecuencias el sentido moderno del «yo»: “Así pues, el interior, el auténtico yo dentro de mí, se encuentra en una posición de absoluto privilegio sobre todo lo que está ahí fuera, sobre la exterioridad del cuerpo”[16].

La profunda escisión, que se da entre el entendimiento y la realidad, escinde el ser personal y el propio cuerpo. Desde la “radicalización moderna del yo, se prioriza el interior sobre el exterior”[17]. Esta percepción del yo contribuye sobremanera a considerar la materia, y el mismo cuerpo, como algo accidental, sin contenido y carente de finalidad. La materia y el cuerpo están sometidos a la voluntad, y en último lugar a la voluntad de unos pocos que, con una ideología única, imponen su voluntad sobre el resto.

Barron señala “un segundo aspecto de la teoría crítica y, por tanto, del movimiento woke: la relativización de la verdad”[18], que conduce al escepticismo en relación con cualquier verdad que no sea la de uno mismo. Según Barron, este escepticismo está en la línea “del perspectivismo de Nietzsche, según el cual nunca se puede llegar a adquirir una comprensión de las cosas tal y como son, solo desarrollar nuestra propia y limitada perspectiva de las mismas”[19].

Barron cree que estas ideas se inspiran en el que él llama “el santo patrón de la teoría crítica, es decir, Jacques Derrida[20], el cual “deconstruye lo que denomina él enfoque logocéntrico de la filosofía clásica, es decir, el logos, el lenguaje, las palabras, lo que nos pone en contacto con la realidad”[21].

Derrida tiene una concepción pobre de la naturaleza locutiva del conocimiento, y por ello tiene una concepción pobre del lenguaje. No entiende Derrida que el lenguaje nos da a conocer lo que las cosas son, porque el decir de la palabra humana es abundante y no vacío. Considerar el lenguaje como algo vacío viene de una extraña comprensión del ente, de las cosas, que son concebidas de modo inmanente y no con la humildad del realista que reconoce en las cosas todo su contenido.

Sin embargo, según Derrida, «Il n’y a pas d’hors-texte». Más allá del texto, no hay nada. Lo único que te encuentras es un bucle interminable de lo que él denomina la différence, la diferencia. Tal término no es como tal otro, y esta palabra se relaciona con esta otra que no es como la de más allá. Así, quedamos atrapados para siempre en el contexto del texto. El significado siempre está en diferido, lo que da lugar al famoso juego de palabras por el cual la différence, la diferencia en las palabras da lugar a la différence, al significado diferido. Es imposible saber cómo son las cosas en realidad. Todo tiene siempre un final abierto[22].

Según Derrida nunca podremos saber lo que las cosas son, porque “no es posible llegar a poseer una comprensión real de la verdad, lo único que hay es un bucle infinito de opiniones, perspectivas, puntos de vista, diferencia y différence, un significado siempre diferido”[23].

Jacques Derrida, filósofo francés (1930-2004)

Este posicionamiento supone la asunción de que nada es definible porque no existe una verdad objetiva, sobre realidad alguna. Así es imposible responder a las grandes preguntas de la existencia, empezando sobre quién soy y qué lugar ocupo en el universo. ¿Quién eres? Quien quieras ser, porque en lo que eres nada tiene que decir la realidad o lo recibido de la tradición, esto es, de la naturaleza, o de la familia; todo depende de tu voluntad.

¿Qué consecuencias puede tener una postura así en la familia? ¿en el mundo educativo escolar? ¿Qué consecuencias tiene en la acción política? ¿Y en la prensa? ¿Y en el mundo de las redes sociales y de la inteligencia artificial? Para responder sólo hay que mirar el panorama.

He aquí un ejemplo extraído de la teoría woke actual, la postura absurda hasta lo ridículo de que incluso las matemáticas y la ciencia, incluso las afirmaciones matemáticas más básicas, como que dos más dos son cuatro; que no, que mal, que son una expresión de supremacismo blanco. No es broma, es exactamente lo que dicen: que las matemáticas y la ciencia, incluso a niveles tan fundamentales, son solo artimañas del poder, porque es imposible afirmar que algo sea verdad[24]

Vamos ahora a un punto central de la cuestión que nos ocupa, y lo hacemos siguiendo a Robert Barron, al examinar el tercer aspecto de la teoría crítica: “la doctrina social cimentada en el antagonismo”[25]. Esta doctrina social woke es la doctrina social marxista, que se basa en el enfrentamiento. Karl Marx sigue la dialéctica hegeliana articulada en la tesis, la antítesis y la síntesis, de donde surge el materialismo dialéctico. La historia es un bucle infinito de enfrentamiento antagónico en una sociedad polarizada en grupos en conflicto[26]. “Así pues, el propósito de la filosofía marxista es fomentar la lucha de clases, fomentar la rebelión de los esclavos contra los amos, para provocar la revolución comunista”[27]. La división y el enfrentamiento son los dos engranajes principales del motor de toda revolución. No es una coincidencia que «diablo» (διάβολος) signifique etimológicamente “el que genera discordia, el que divide”.

El movimiento woke lucha por una revolución que invierta los valores, extrapolando el principio marxista de amo-esclavo, e identifica nuevas formas de opresión: “hablamos de opresión colonial, opresión sexual, opresión racial, opresión de género, etc.”[28]. Esta doctrina social obliga a significarse: “No hay un camino de en medio. O eres de los unos, o eres de los otros. Esa es la doctrina social cimentada en el antagonismo”[29].

En cuarto lugar, Barron señala la dualidad marxista subestructura-superestructura, que reduce todas las instituciones a defensoras del statu quo de una sociedad de poderosos.

Para Marx, lo que tenemos es la economía, en su caso la economía capitalista. Y alrededor suyo, todo lo demás que vertebra la sociedad: la política, el arte, el entretenimiento, el deporte, la religión, el ejército, el gobierno. Todas ellas no son más que piezas en el mecanismo de defensa superestructural que protege la subestructura[30].

Termina Barron su artículo de modo magistral, dando en el meollo del asunto al referirse a Santo Tomás de Aquino para hablar del Ser de Dios y Su Poder:

¿Podría Dios, en su infinito poder, llegar a hacer que dos más dos fueran cinco? Al fin y al cabo es omnipotente, así que supongo que ¿por qué no? ¿Podría Dios, en su infinito poder, hacer del adulterio una virtud? Bueno, supongo. Es decir, ya declaró que el adulterio es malo, pero ¿podría declararlo como algo bueno? Supongo que podría, ¿no? La respuesta de santo Tomás es que por supuesto que no, porque lo que estarías haciendo entonces sería crear una disensión entre el poder divino y la manera de ser divina[31].

La voluntad divina y el poder divino no entran en contradicción con lo que Dios es. Dios se presenta como el que Es[32], y aquí está la raíz del ser de todas las cosas, gobernadas providentemente por Dios-Amor. El enemigo reta a Cristo a convertir las piedras en pan: ¿tienes hambre? Cambia las normas, eres Dios, ¿no?: «Si Filius Dei es, dic, ut lapides isti panes fiant» (Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes)[33]. No sólo de pan… «Sed in omni verbo, quod procedit de ore Dei» (Sino de toda palabra, que procede de la boca de Dios)[34]. El obrar sigue al ser[35].

En la modernidad el ser es reducido a conocer, la ontología por gnoseología, el ente por la esencia, el conocer por la intuición subjetiva. Hay un abismo entre el ser y la realidad, entre el ser y yo. La realidad no tiene nada que decirme.

Surge una visión de la voluntas, que enfatiza la primacía de la voluntad. De hecho, la potentia absoluta, el poder absoluto de Dios, se escinde del ser. Esto es lo que hace posible que René Descartes llegue a decir que, si Dios así lo quisiera, dos más dos serían cinco. El Dios de la voluntad tiene un poder que puede imponerse a la realidad y redefinirla[36]

Hemos matado a Dios para que no nos diga lo que tenemos que hacer: “Entonces, ¿a dónde ha ido esa potentia absoluta? Ha ido a parar a mí. A nosotros. Somos nosotros los que ahora tenemos esa voluntad de poder”[37]. Ahora puedo redefinirme, autodeterminarme, incluso redefinir mi propio cuerpo, porque esta realidad extrínseca nada tiene que decir a mi interior-voluntad todopoderosa:

Ese giro hacia la voluntad que se produjo en las filosofías tardomedieval y protomoderna ha llegado hasta el periodo contemporáneo, solo que el Dios de la voluntad se ha transformado en un yo de la voluntad, capaz de crearlo todo, de definirlo todo[38]

La Doctrina Social Católica es todo lo contrario a esta ideología marxista-posmoderna-woke donde impera lo subjetivo, reduciendo el conocimiento a una ideología que impone la voluntad sobre la naturaleza. Si no hay naturaleza, ¿qué es el bien? ¿Cómo es posible el amor? La Doctrina Social Católica está fundamentada en la naturaleza y el amor, en la aptitud de todas las cosas para que la gracia obre amorosamente en el Universo, y su dinamismo perfectivo en la ordenación hacia la contemplación de la Bondad divina.

El objetivo de la revolución marxista-wokista

Se entiende ahora perfectamente que el marxismo quiera acabar con el tomismo, que es el sistema de pensamiento que mejor ha definido el orden de la realidad. Poradowski decía en aquel 1974: “Sí, hoy por hoy, muchísimos católicos, especialmente los sacerdotes, asimilan el marxismo y piensan con categorías marxistas, es lógico que ellos también combatan al tomismo”[39].

Las revoluciones aspiran a transformar todos los ámbitos de la realidad. No sólo era combatido el tomismo en aquellos años. Uno de los primeros síntomas de una revolución es la iconoclastia, consecuencia clara del desprecio por la materia que tiene su origen en la perversión en la comprensión de la naturaleza.

La iconoclastia, de corte protestante, que se daba en algunas parroquias católicas, es una muestra del proceso revolucionario que la Iglesia vivía en aquellos años 60-70 del siglo pasado. Había sacerdotes que se deshacían de las imágenes religiosas de los santos y de los retablos, en la búsqueda de una pureza espiritual cercana a la Iglesia primitiva de los primeros siglos. En virtud de esta especie de vuelta a lo substancial, se despreciaban los ornamentos litúrgicos, los hábitos religiosos, la ropa talar, la solemnidad de las celebraciones litúrgicas, o los actos de piedad de la gente sencilla, entre otras cosas.

¿Cuáles son las causas de este combate?

El extraordinario celo con el cual, desde hace más o menos diez años, se combate el tomismo en el ambiente católico y especialmente el fanatismo que demuestran los que ridiculizan a Santo Tomás y quieren eliminarlo completamente de las Universidades Católicas y de los Seminarios, no se explican solamente por la incompatibilidad de estas filosofías antagónicas[40].

La mención que hace Poradowski del artículo del padre jesuita Arturo Gaete, publicado en Mensaje[41] sirve para entender las causas de este combate para acabar con el tomismo.

No se puede estudiar teología sin estudiar previamente filosofía cristiana, y no es válido cualquier sistema de pensamiento para poder profundizar en los misterios de la fe. ¿Sería posible la teología desde el presupuesto de que el conocimiento objetivo de la verdad es imposible? ¿O con una base de filosofía kantiana o nietscheana?

La extraña comprensión de la naturaleza del conocimiento, muy lejos del genuino realismo medieval, más aún, absolutamente fuera de la cosmovisión católica del universo, fue caldo de cultivo para las herejías. Para el “luteranismo, cuya teología invita a desinteresarse de una naturaleza irremediablemente corrompida, el idealismo es una salida filosófica que se presenta sola”[42], por ser el presupuesto ontológico más afín a una mentalidad alejada del mundo. Dice Lortz que hay “un modo herético de pensar”[43], que conduce a un inmanentismo metafísico y gnoseológico que socava la posibilidad de la teología católica[44].

Para Poradowski “uno de los propósitos del actual antitomismo es impedir el estudio de la teología”[45]. Otro de los objetivos es “integrar directamente la filosofía marxista en el pensamiento cristiano y especialmente en el pensamiento teológico”[46]. Las teologías del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, profesor de la Universidad Católica de Lima, o del jesuita brasileño Hugo Assmann, o de Bishop, incorporaban el marxismo a la teología católica con pleno conocimiento[47]. “Esta marxistización (sic) de la teología sería imposible sin la previa eliminación del tomismo”[48]. Se trata, en palabras de Poradowski, de una «antiteología», de la «corrupción de la teología», aún más: “de la subversión intelectual”[49].

La desnaturalización del conocimiento tiene especial acogida en una forma mentis subjetivista:

Esto explica por qué la teología protestante fue la primera que con tanta facilidad se acercó al marxismo. Los teólogos protestantes, a los cuales desde ya hace mucho tiempo falta una seria formación intelectual tomista, cayeron casi de inmediato en la trampa marxista, identificando el “Reino de Dios” predicado por Cristo con una sociedad ideal marxista, como, por ejemplo, lo ha hecho Karl Barth y sus discípulos[50].

Poradowski avanza y añade otras razones para la lucha contra el tomismo por parte del marxismo. El jesuita Arturo Gaete se lamentaba de que fuera imposible la colaboración entre marxistas y católicos, para poder llegar una verdadera síntesis del catolicismo con el marxismo”[51], por ser la mentalidad cristiana, y especialmente la católica, “impermeable a la influencia del marxismo por la presencia en ella del tomismo”[52]. Hay que eliminar el tomismo y “reemplazarlo por la filosofía kantiana y hegeliana”[53].

A esta “reconciliación” entre catolicismo y marxismo —ya apuntada, como vemos, por Poradowski en 1974— se refirió en un texto, de publicación póstuma en 2024, Benedicto XVI:

Cuando Juan Pablo II, quien provenía de un país dominado por el marxismo, fue elegido Papa, algunos pensaron que un Papa proveniente de un país socialista debía ser necesariamente un Papa socialista, y por lo tanto llevaría a cabo la reconciliación del mundo como una «reductio ad unum» del cristianismo y el marxismo. La insensatez de esta postura se hizo evidente rápidamente, apenas se vio que un Papa proveniente de un mundo socialista conocía perfectamente las injusticias de ese sistema, y fue así como pudo contribuir al sorprendente giro que ocurrió en 1989 con el fin del gobierno marxista en Rusia[54].

El sabio Benedicto XVI lleva esta visión distorsionada de la realidad a sus consecuencias: “De hecho, ahora se niega que el hombre, como ser libre, esté de algún modo vinculado a una naturaleza que determine el espacio de su libertad. El hombre ya no tiene naturaleza, sino que «se hace» a sí mismo”[55]. Llegados a este punto, podemos preguntarnos si estas premisas que estamos analizando, con el recorrido que hemos descrito, nos llevan a la conclusión de que es necesario eliminar el tomismo para propiciar un catolicismo woke. O dicho más fuertemente: eliminar el tomismo, para eliminar después el catolicismo, y sustituirlo por una nueva religión: la religión woke, donde el hombre puede decidir, desde la abolición del Creador[56], su propio destino en el “laboratorio de invenciones humanas”[57].

La palabra revolución ni es ni puede ser cristiana. La revolución rompe la posibilidad de la amistad. El reinado del amor no se impone revolucionariamente, sino con la suavidad de la amistad a la que Dios nos llama.

Amor frente a ideología

Un catolicismo woke, si éste fuera posible, transformaría la Iglesia en una ONG más, que sustituiría el Evangelio por ideología. La Iglesia no puede renunciar a su constitutiva naturaleza martirial, puesto que es el Cuerpo de Cristo. Dios en su Providencia no la abandona nunca, suscitando hombres santos que iluminan y señalan el camino, como lo viene haciendo desde hace ocho siglos Santo Tomás de Aquino.

Proclamaba Dante, al final de La Divina Comedia que el amor mueve el universo[58]. El Dr. Enrique Martínez escribió: “que la Bondad divina es el principio y fin de todo lo creado y de la vida humana es, igualmente, la tesis en donde se sintetiza el pensamiento de santo Tomás de Aquino”[59].

El Dr. Canals, en uno de sus textos más importantes nos dice:

El teocentrismo autentico de santo Tomás nos invita a contemplar la Bondad divina difusiva de sí misma, identificada con el Amor donante y puramente ‘liberal’, como la que pone en marcha la misma eficiencia creadora y orienta el gobierno providente sobre el universo; de modo especialísimo encaminado a conducir a los entes personales finitos a la participación de la vida divina en la felicidad, realizada en su esencia en el acto supremo de la inteligencia especulativa humana, cuyo objeto óptimo es el Bien divino[60].

Francisco Canals, jurista y teólogo (1922-2009)

Se comprende así el gobierno providente de Dios sobre toda la creación, originada por su libérrimo amor difusivo, y manifestado en la historia, ordenada hacia su consumación, y en la que la criatura personal busca la felicidad por el conocimiento de la verdad. La persona es lo más digno de ser conocido y contemplado.

Esta es la razón por la que el Dr. Canals reivindicaba “un tomismo impregnado de actitud contemplativa hacia el universo”[61], “impulsado, como lo vio Dante, desde aquel Amor che move il sole e l´altre stelle”[62], hacia la contemplación de la Bondad divina.


[1] M. Poradowski, ¿Por qué el marxismo combate el tomismo? Ponencia desarrollada en la Semana Tomista celebrada en la Universidad Católica de Valparaíso (Chile), 10-15 de junio de 1974, pág. 825.  En Fundación Speiro https://fundacionspeiro.org/downloads/magazines/docs/pdfs/4174_por-que-el-marxismo-combate-al-tomismo.pdf (29/03/2025).

[2] Idem.

[3] Idem.

[4] Cf. J. Ratzinger, Algunos aspectos de la «Teología de la Liberación», Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe 1984, en: https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19840806_theology-liberation_sp.html (10/05/2025);  J. Ratzinger, V. Messori, Informe sobre la fe, Ed. BAC, Madrid 1985.

[5] Gn. 3, 5.

[6] M. Poradowski, ¿Por qué el marxismo combate el tomismo?…, 827.

[7] Idem.

[8] Pascendi, nº 1.

[9] A. Caturelli, La Pascendi Dominici Gregis, una encíclica profética. Artículo publicado en la revista Gladius 23 (2005) 64, pp. 59-73. «El 26 de agosto de 1978, a las seis de la tarde, fue elegido Sumo Pontífice Juan Pablo I. Nosotros estábamos en Varsovia; habíamos participado en Cracovia en un Congreso sobre Persona humana y filosofía en el mundo contemporáneo, convocado por la Sociedad Polaca de Teología, que presidía el Cardenal Karol Wojtyla. Inmediatamente después de la estadía en Varsovia nos despedimos de nuestros amigos polacos y partimos a Düsseldorf donde además del XIVº Congreso Internacional de Filosofía, se llevaba a cabo una reunión de la Fédération Internationale des Sociétés de Philosophie a la que debía asistir. Allí me encontré con un profesor de la Gregoriana conocido por su trascendentalismo kantiano próximo a Rahner, más tarde Obispo de una diócesis suiza; me preguntó quién era el nuevo Papa. Le respondí que había sido elegido el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani. Se demudó y con cara de disgusto, me dijo: “Mucho me temo que lo rodeen teólogos reaccionarios y vuelva a actualizar esa desgraciada Encíclica Pascendi”». En E-Aquinas, Año 5, abril 2007. Revista electrónica mensual del Instituto Santo Tomás (Fundación Balmesiana).https://www.traditio.op.org/biblioteca/Caturelli/La_Pascendi,_una_enciclica_profetica,_Caturelli.pdf (29/03/2025)

[10] Pascendi, nº 2.

[11] M. Poradowski, ¿Por qué el marxismo combate el tomismo?..., 827.

[12] Cf. Ibidem, 229

[13] Idem. Poradowski se refiere aquí a los artículos de Denis de Rougemont, en la revista Preuves.

[14] R. Barron, Las raíces filosóficas del movimiento woke. La teoría crítica percibe el poder como la categoría suprema. En Nueva Revista: https://www.nuevarevista.net/las-raices-filosoficas-del-movimiento-woke/ (29/03/2025).

[15] R. Barron, Las raíces filosóficas del movimiento woke…

[16] Idem.

[17] Idem.

[18] Idem.

[19] Idem.

[20] Idem.

[21] Idem.

[22] Idem.

[23] Idem.

[24] Idem.

[25] Idem.

[26] Cf. Idem.

[27] Idem.

[28] Idem.

[29] Idem.

[30] Idem.

[31] Idem.

[32] Cf. Ex. 3, 14.

[33] Mt. 4, 3.

[34] Mt. 4, 4.

[35] Cf. Santo Tomás de Aquino, S.Th., I, q. 75, a. 2: “unde eo modo aliquid operatur, quo est”.

[36] R. Barron, R., Las raíces filosóficas del movimiento woke...

[37] Idem.

[38] Idem.

[39] M. Poradowski, ¿Por qué el marxismo combate el tomismo?..., 828.

[40] Idem.

[41] Diciembre de 1971 y diciembre de 1972. Santiago de Chile. “Una revista que desde hace varios años destaca por su progresismo y su promarxismo” (sic), en M. Poradowski…, 829.

[42] É. Gilson, El espíritu de la Filosofía Medieval, Ed. Rialp, Madrid, 2009, 242.

[43] Lortz, J. Historia de la Iglesia, pág. 606, trad. de A. P. Sánchez Pascual, Ed. Guadarrama, Madrid 1962. Citado en A. Caturelli, La Pascendi Dominici Gregis, una encíclica profética. En E-Aquinas, Año V, abril 2007, 3.

[44] Cf. J. A. Gallardo Valenzuela, La escisión entre el entendimiento y la realidad. TFM. Universitat Abat Oliba CEU, Barcelona 2013, 54. En: https://recercat.cat/handle/2072/447514#page=1 (30/03/2025).

[45] M. Poradowski, ¿Por qué el marxismo combate el tomismo?..., 831.

[46] Idem.

[47] Cf. Idem.

[48] Idem.

[49] Idem.

[50] Ibid. 832.

[51] Idem.

[52] Idem.

[53] Idem.

[54] Benedicto XVI, La imagen cristiana del hombre. En: https://aica.org/noticia-sale-a-la-luz-un-texto-inedito-de-benedicto-xvi (15/05/2025)

[55] Idem.

[56] Cf. Idem.

[57] Idem.

[58] Cf. “L´amor che move il sole e l´altre stelle”, La Divina Commedia, Paradiso, XXXIII.

[59] E. Martínez, La Bondad divina, principio y fin de la vida humana, en «Conocimiento y Acción». Vol. 2, núm. 1, 36, en https://doi.org/10.21555/cya.i2.1.2467 (20/05/2025). Se respetan las citas tal y como las ha elaborado el autor del referido artículo.

[60] F. Canals, Tomás de Aquino, un pensamiento siempre actual y renovador, Ed. Cor Iesu, Toledo 2020, 320, en E. Martínez, La Bondad divina, principio y fin de la vida humana…, 36.

[61] E. Martínez, La Bondad divina, principio y fin de la vida humana…, 36.

[62] F. Canals, Tomás de Aquino, un pensamiento siempre actual y renovador…, 15, en E. Martínez, La Bondad divina, principio y fin de la vida humana…, 36.

La Comisión Europea ante Polonia y Hungría: claves del conflicto

10112011-img_1420 por José Luis Orella, historiador

     Las poblaciones europeas que estuvieron bajo el yugo comunista anhelaban poder vivir de forma semejante a sus vecinas occidentales: buen nivel de vida, democracia, defensa de la dignidad de la persona y defensa de las raíces cristianas de Europa. Sin embargo, en el momento actual las instituciones europeas defienden y expanden un laicismo agresivo. El 24 de junio de 2021 el Parlamento Europeo aprobó el reconocimiento del aborto como un derecho humano, contradiciendo al de defensa de la vida. Actualmente, algunos de los países que se integraron en la Unión Europea en el 2004, y cuya clase política procede de los activistas que lucharon por la libertad contra el totalitarismo comunista, se manifiestan sorprendidos por la obligatoriedad deOrbán Viktor 2018.jpg asumir una serie de leyes que contravienen los principios cristianos por los que combatieron. En este aspecto, los países más sobresalientes han sido Polonia y Hungría. El primero, por su propio tamaño, lo convierte en el líder de los países europeos con antecedentes comunistas. El segundo, por la fuerte personalidad de su primer ministro Viktor Orban, que ha intentado desde dentro del Partido Popular Europeo mantener su fidelidad a las raíces cristianas de sus fundadores, hasta la exclusión de su formación política.

     La Comisión Europea, que es quien ayuda a dar forma a la estrategia general de la UE, propone nuevas leyes y políticas de la UE, supervisa su aplicación y gestiona el presupuesto de la UE, se ha convertido en el principal órgano opositor a estos países. Lo curioso es que el art. 2 TUE (Tratado de la Unión Europea) dispone: La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, Tu identidad digital ya es válida en toda la Unión Europea | Industria -  ComputerHoy.comincluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres. Este artículo viene relacionado con el art. 7 TUE que impone sanciones en el supuesto de que se constate la existencia de una violación grave y persistente de los derechos humanos por algún gobierno europeo. Lo más sorprendente es que a Polonia y Hungría se les quiera aplicar unas sanciones precisamente por defender art. 2 TUE, que es malintencionadamente interpretado por las instituciones europeas.

     El 13 enero de 2016 la Comisión Europea activó por primera vez este procedimiento previo del art. 7 TUE para combatir las reformas judiciales del Estado de Derecho en Polonia, que aplicaban un sistema muy semejante al español, al ser elegidos una parte importante de sus magistrados del Tribunal Constitucional por el Parlamento.

  El 13 de febrero de 2018, el Gobierno de Hungría presentó al Parlamento del país un paquete legislativo para combatir las mafias de tráfico humano, que incluye el Proyecto de Ley T/1976, sobre la concesión de licencias a organizaciones de apoyo a la migración, elJudith-Sargentini-portret.jpg Proyecto de Ley T/19775, sobre la obligación de financiación de la inmigración, y el Proyecto de Ley T/19774, sobre la orden de restricción de la inmigración. El 12 de septiembre de 2018, el Parlamento Europeo aprobó una resolución basada en un informe de la eurodiputada holandesa Judith Sargentini, de filiación comunista, en la que insta al Consejo de la UE a aplicar a Hungría el art. 7 TUE.

     La radicalidad de las medidas contra Hungría se han ido agravando después de que en diciembre de 2018, la Universidad Centroeuropea (CEU), entidad fundada por el filántropo estadounidense, pero nacido en el país, George Soros, decidiese trasladar su entidad a Viena, SwashVillage | Biografía de George Sorosdespués de ser presionada por las instituciones magiares, ante la falta de referencia de una universidad en su país de origen, en este caso, los Estados Unidos. La entidad en realidad se ha dedicado a la formación de activistas para la desestabilización política de países balcánicos y de Asia Central y no a la formación académica, a la que se debe un centro académico superior.

    El 17 de septiembre de 2020, el eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar, presidente de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia e Interior de la Eurocámara, presentó un informe para que “Polonia regrese a los valores de la Unión Europea”. Curiosamente, la otra razón fue la configuración de una zona de ayuntamientos denominados como espacios libres de ideología de género. El origen proviene, cuando en respuesta a la Carta de apoyo al colectivo LGBT del ayuntamiento de Varsovia, algunos gobiernos locales polacos adoptaron de forma pública su apoyo a la Carta de los Derechos de la Familia. En ella se planteaban, literalmente: la libertad de expresión, la defensa de la inocencia de los niños, la autoridad de la familia y la escuela y la libertad de los empresarios, de acuerdo con su cultura centenaria de vida social, y reivindicaban la no interferencia en la esfera privada de las mujeres polacas de la Comisión Europea.

     En respuesta a esas medidas se estudia cortar la llegada de fondos europeos a Polonia, como ya decidió Noruega. Este país, que no pertenece a la UE, concede fondos económicos a cambio de poder acceder de forma libre al mercado de la eurozona.  Es el país que ha sido acusado de faltar al Convenio Europeo de Derechos Humanos, porque la Oficina Noruega para la Protección de los Derechos del Niño, está acusada de graves violaciones de los derechos de las familias, por faltarAndrés Duda redobla defensa de la familia, luego de ganar la primera vuelta  en Polonia | Razon+Fe al artículo octavo sobre el derecho al respeto de la vida privada y familiar, que establece que «toda persona tiene derecho al respeto de su vida privada y familiar, su domicilio y su correspondencia». Polonia ha tenido que sufrir el acoso del embajador estadounidense, quien lideró por segundo año un manifiesto suscrito por los diplomáticos europeos occidentales a favor del colectivo LGTB y en contra del Tribunal Constitucional Polaco, que dictaminó que el aborto por malformaciones fetales graves era contrario a la Constitución.

     Estos ataques se ven coronados por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que supeditándose a las conclusiones de la Comisión Europea emitió otra decisión sobre medidas provisionales relativas al sistema judicial polaco. El tribunal de la UE obliga a Polonia a «suspender inmediatamente» la aplicación de las disposiciones nacionales relativas a la Sala de Disciplina del Tribunal Supremo. Sin embargo, el Tribunal Constitucional Polaco dictaminó que la disposición del tratado de la UE, sobre la base del cual el Tribunal de Justicia de la UE obliga a los Estados miembros a aplicar medidas provisionales con respecto al poder judicial, es incompatible con la constitución polaca. En la justificación de la sentencia del Tribunal Constitucional, se indica que la Unión Europea no puede reemplazar a los Estados miembros, elegidos democráticamente, en la creación de regulaciones sobre el sistema de tribunales y la garantía de la independencia de los jueces.

  La decisión reciente de la Comisión europea, no elegida democráticamente, abre expedientes sancionadores a Polonia, por lo citado anteriormente y a Hungría, acusándoles de adoptar medidas discriminatorias contra la comunidad LGTB. En el caso magiar, la Judit Varga (@JuditVarga_EU) | Twitterministra de Justicia de la República de Hungría, Judit Varga, explicaba que la Ley de protección infantil, atacada por las instituciones europeas como discriminatoria, en realidad se enfocaba en garantizar los derechos de los padres a proteger a los menores de edad para que no accediesen a contenidos que pudiesen contradecir los principios educativos que sus padres eligieron enseñarles hasta que ellos mismos se conviertan en adultos. Sin embargo, el derecho de los padres a proteger a sus hijos de amenazas, como la pederastia, no fue reconocida.

     En definitiva, la descripción de los hechos contrasta con la situación de un ejecutivo europeo no elegido democráticamente por sus ciudadanos, que interpreta de forma maliciosa el art. 2 TUE contra gobiernos democráticos, que defienden su soberanía moral basada en una cultura y una historia centenarias favorables a la libertad y la defensa de la dignidad de la persona.

Consecuencias del progresismo

  por Luis Suárez, Real Academia de la Historia

            Antes de comenzar este breve análisis, cabe distinguir la palabra progreso de su derivado progresismo. La primera se refiere a un adelanto o perfeccionamiento humano, pues se trata de una facultad propia de nuestra especie. La segunda consiste en una formulación ideológica surgida en las postrimerías del siglo XVIII, que concibe ese avance o progreso de una determinada manera. Desde la Ilustración, muchos científicos, confiando exclusivamente en las potencialidades de la razón −que consideraban infinitas−, imaginaron que serían capaces de liberar Periodismo de Opinión: El culto a la razóna la humanidad de sus pasadas angustias y temores, conduciéndola a la felicidad. Un término muy habitual durante los siglos XVIII y XIX, recogido en las declaraciones de derechos y en textos constitucionales. De ahí que se asociara el progreso y la felicidad en una suerte de maridaje indisoluble. Sin embargo, este progreso se entendió como el desarrollo de la mente humana ordenada sólo al bien material. Los adelantos en el conocimiento permitirían la erradicación de enfermedades y del consiguiente dolor, así como el aprovechamiento y eficaz distribución de la riqueza hasta lograr el pleno bienestar, fundando la sociedad perfecta y definitiva. Que no se alcanzaran esos objetivos de forma inmediata iba de suyo. Sólo se llegaría a la meta mediante una progresión paulatina, resultado de una serie imparable de descubrimientos. Esto explica la diversidad de ideologías que a lo largo del tiempo confluyen en dicha idea: el positivismo, el marxismo o, más recientemente, el transhumanismo son los relieves de una misma efigie progresista.

            En su caso, el positivismo parte de la tesis que esbozara Voltaire: es el hombre el que inventa a Dios a su imagen y semejanza (Si Dieu n´existait pas, il faudrait l´inventer). La religión se reducía así aBiografia de Voltaire un artificio humano con el que se intentarían explicar ciertos fenómenos importantes en las etapas primitivas del desarrollo humano; una inicial, de carácter politeísta seguida de una segunda monoteísta hasta concluir en una tercera −la positiva−, capaz de prescindir de lo sobrenatural o religioso para dar respuestas con arreglo a causas naturales que obedecerían a leyes estrictamente científicas. La humanidad habría progresado entonces presentando al ser humano como verdadero dios de sí mismo y de la naturaleza (el famoso seréis como Dios del Libro del Génesis). Las dificultades que pudieran presentarse en este proceso se imputaban a la resistencia ejercida por la religión, calificada de retrógrada y propia de mentes anquilosadas o supersticiosas. De aquí que, según el positivista, el remedio gravite en el barrido de cualquier metafísica para acelerar el progreso científico y conseguir la felicidad absoluta.

            Con todo y a pesar de que no se han cumplido las previsiones del positivismo, entre las que se cuentan un acceso pleno de la humanidad a los bienes materiales y del conocimiento o el alargamiento indefinido de la existencia humana, sus seguidores continúan instalados en sus presupuestos. Desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días han quedado patentes sus contradicciones. Ni todo el mundo ha podido acceder a la riqueza, también porque la acumulación ilimitada de bienes de consumo sólo se alcanza privando de ellos a muchas otras personas, ni se ha erradicado el dolor ni la enfermedad, como vemos ahora con un mundo en jaque por la crisis del coronavirus. Esa pretendida felicidad deja posos de amargura e insatisfacción, conforme apuntan las estadísticas sobre la creciente ingesta de ansiolíticos o el mayor índice de suicidios.

            Cuando se constató que aquellos prometidos bienes se alejaban, agudizando las diferencias sociales con la explotación laboral de miles de personas, surgió otra vía complementaria, pues tampoco prescindía de la raíz materialista del positivismo. En efecto, el marxismo, ideología que toma el nombre de su inspirador –el filósofo alemán Karl Marx− postuló en El Manifiesto Comunista (1848) la formulación de una ley que, a su juicio, viene a gobernar la historia de la humanidad: la lucha de clases. El motor de la historia, la causa de su avance temporal, es el odio o el combate permanente entre oprimidos y opresores. De ahí que sólo pueda abrazarse la felicidad en el momento que se supere esa dialéctica prescindiendo de la propiedad, generadora de las injusticias sociales. Para llegar al término de una sociedad comunista, ya sin diferencias, donde reine el igualitarismo como el estado de vida ideal, se requiere un paso previo: la dictadura del proletariado. La clase obrera debe primero derrocar a los capitalistas e implementar por la fuerza su programa. También aquí la religión estorba, porque actúa como opio –así la calificó el propio Marx− al frenar las conciencias en ese camino hacia el paraíso socialista. No hace falta insistir. La historia, que –en palabras de Cicerón− es maestra de la vida, ha verificado las secuelas de esta utopía. La conculcación de los derechos fundamentales de la persona (la vida, la libertad y la propiedad) ha sido una constante en los sistemas comunistas. La URSS y sus Estados satélites en Europa del Este son un ejemplo claro. Que todos ellos se evaporaran con el triunfo global de la economía capitalista no significa, sin embargo, la extinción de la ideología, adaptada a las nuevas circunstancias. El feminismo actualmente predominante supone la extrapolación de la antigua lucha de clases a la lucha de sexos. El patriarcado y no la propiedad es ahora8M, Día de la Mujer 2022, en directo | El 8M reivindica la igualdad y  homenajea a las mujeres de Ucrania | España la causa de todos los males y el objeto a batir. De ahí que haya de implementarse una suerte de dictadura feminista que conduzca al igualitarismo sexual. No estamos hablando de igualdad en deberes y derechos con arreglo a una dignidad humana compartida por los distintos sexos, sino de una especie de masculinización –en el menos elogioso de los sentidos− por parte de la mujer, que renuncia así a su insustituible personalidad.

            Esta espiral de contienda permanente, fundada en la autosuficiencia de cada uno, aspira a desplazar por superación las corrientes citadas traspasando definitivamente la condición humana mediante la técnica. Es lo que se conoce por transhumanismo; otro peldaño más de la escala imparable del progreso. Se trataría aquí de mejorar conscientemente la especie y Transhumanismo, mitología y cine - Proyecto Sciocrear un nuevo tipo humano más allá de su misma naturaleza. La experimentación genética para lograr cualquier fin o el estímulo de una inteligencia artificial perfecta, sobrepuesta a la humana, permitiría vencer sus limitaciones intrínsecas. Esta idea viene a recuperar el concepto del superhombre a modo de dios omnipotente sobre su destino y el del universo, resultado de aquella vieja estela positivista.

            No obstante, ¿realmente la felicidad radica en la trasposición, a veces violenta, de nuestra identidad como personas? Según su origen, el vocablo persona podría remitir a la expresión latina per se sonas, es decir, aquel que habla por sí mismo; esto es, un individuo que posee una naturaleza racional. Es esta razón la que nos debiera descubrir la realidad de la cosas para adecuarnos a ella y andar de este modo en la verdad. Sólo así apreciaríamos que existe un equilibro innato en la naturaleza que debemos preservar; también porque formamos parte de él. Esto entraña el respeto al orden moral. Por nuestra conciencia, esto es, el conocimiento certero de la realidad, sabemos de la existencia del bien y del mal. En efecto, los actos humanos trascienden el mero instintoimages (2) situándose en un plano superior al del mundo animal. Por eso nos realizamos cuando la conducta se identifica con el bien, tal como refiriera Aristóteles: es el hombre virtuoso –el que ama el bien por sí mismo− lo que hace feliz a la persona. He aquí la definición del amor. La solución a las grandes dificultades del mundo presente pasa por una afirmación o abundancia de bien que, necesariamente, nos remite a su causa primera, al que es por sí mismo: Dios, reconocido por la observación sensible y revelado por iniciativa propia hasta su materialización en Jesucristo. Todo en la persona obliga a trascenderse y si ese movimiento no se carga de amor, la misma persona se torna incomprensible. La experiencia demuestra que si el conocimiento no se pone al servicio de la naturaleza del hombre atenta a su dignidad y le degrada, aun cuando se apela a su liberación, que se prueba falsa. Aquí está justamente la clave que obliga el amor a los demás. Esto implica animar al otro al esfuerzo para conducirse al bien, conforme al querer inserto en la Creación, y rehuir cualquier amago o empeño autodestructivo. El porvenir del género humano radica precisamente en recuperar su humanidad, es decir, volver a su esencia. Sólo de este modo podrá participar de la dicha del bien por vínculos cada vez más fuertes de solidaridad y dirigir a cada persona a la consecución del bien eterno de Dios.

La revolución femenina

  por Antonio Cañellas, historiador

La última edición del Día Internacional de la Mujer ha despuntado por su amalgama de reivindicaciones. Nos encontramos ante demandas justas y legítimas como la equiparación salarial con el varón en aquellos oficios compartidos, pero también con un contenido ideológico de género impuesto por algunas agrupaciones feministas.

No es del todo cierto que la mujer haya sido constantemente marginada en el pasado. Cabría recordar que en las primeras culturas de la Antigüedad la mujer tuvo un papel protagonista. Con sólo contemplar las famosas estatuillas femeninas del arte neolítico, tales como la venus de Willendorf, comprobaremos la importancia asignada a la mujer en los albores de la humanidad. Los antropólogos coinciden en interpretarlas como símbolo de la fertilidad. Se trata de una alabanza sagrada que asocia el hecho maternal de la mujer –en cuanto característica propia y esencial− con la fecundidad de la tierra[1]. La relevancia de la mujer reside entonces en ese poder misterioso de transmitir y renovar la vida humana al que se agregan otras particularidades como su mayor capacidad intuitiva y sensible, predispuesta a esa inteligente sutilidad que capta no pocos detalles que habitualmente se le escapan al varón. Se aprecia, por tanto, una complementariedad original entre las características propias de la feminidad y aquellas otras definidoras de la masculinidad. Ya en las culturas primitivas se constata esa dualidad cooperativa, pero con funcionalidades distintas.

También los filólogos han observado que el vocablo varón emana de la raíz latina vir (guerrero, caballero); un lexema igualmente compartido por el término virtus (virtud) y que, en último término, aludiría a un conjunto de cualidades propias del hombre según el aporte de la cultura romana[2]. Éstas se referirían a la reciedumbre y al rigor de la conducta de acuerdo con los principios de una ética racional. Se establece así una interdependencia insoslayable entre la feminidad y la masculinidad conforme a la naturaleza propia de ambos sexos. Ni el hombre puede subsistir sin la mujer ni ésta puede hacerlo sin aquél. Estamos, pues, ante aspectos complementarios que, bien relacionados, han generado la suficiente armonía como para que la mujer haya brillado con luz propia en muchas épocas de la historia. A partir de su feminidad, Isabel la Católica pudo promover la temprana construcción del Estado moderno en España y amparar el derecho de los indígenas americanos[3]. Rosalía de Castro inyectó profundidad y delicadeza a la literatura gallega y española. Tampoco la ciencia hubiera Resultado de imagen de matrimonio curieprogresado como lo hizo sin las sabias y minuciosas investigaciones de Marie Curie. Tres ejemplos sobresalientes, concordantes a un tiempo con sus maridos (Fernando de Aragón, Manuel Murguía y Pierre Curie, respectivamente), que acabó por favorecer el auge recíproco de su obra pública y familiar con un equilibro bastante logrado.

Es verdad que con el desarrollo de la sociedad burguesa en el siglo XIX tendió a infravalorarse el cometido doméstico de la mujer. La creciente influencia del materialismo, que identificó el valor del trabajo desde un ángulo estrictamente cuantitativo, asociado a una remuneración salarial, acabó por empobrecer su original sentido dignificador. Es decir, aquel que lo estimaba no tanto por el sueldo percibido como por la calidad con que la que se habría realizado y por los beneficios que pudiera reportar a otras personas; también para la edificación y mejora de la sociedad. De ahí la trascendencia que, hasta este cambio de mentalidad, se había reconocido a la mujer en el cuidado y la educación de los hijos, compartida con el aporte masculino.

La quiebra de este dualismo complementario (masculino-femenino), que trastocaría la convivencia bilateral hasta nuestros días, se agravó con las directrices ideológicas del feminismo Imagen relacionadamarxista que preconizara Simone de Beauvoir en 1962. La maternidad, lejos de elogiarse, se percibe como una muestra de debilidad frente al varón[4]. La intelectual francesa –condicionada por los efectos del opio comunista, en palabras de Raymond Aron[5]− no hizo más que extrapolar la lucha de clases al combate entre los sexos para llegar a un igualitarismo total y, en el fondo, destructivo de su común e intrínseca dignidad[6].

De todo esto podemos concluir que el auténtico feminismo no consiste en imitar al varón, que sería hacerle el juego al machismo por cuanto se reconoce implícitamente su supremacía, sino en revalorizar la naturaleza y los atributos propios de la feminidad nivelándolos en importancia a los del varón. Confundir la necesaria igualación en dignidad entre el hombre y la mujer aportada por el cristianismo (especialmente desde que en el siglo XII San Bernardo de Claraval reflexionara sobre la importancia de María, Madre de Cristo, como la más excelsa de las criaturas) con un igualitarismo que establece la identidad absoluta de los sexos, constituye un error grave. Entre otras razones, porque se concibe la diferencia como algo peyorativo, cuando debiera ser todo lo contrario. Y es que de la diversidad bien entendida tendría que surgir el enriquecimiento mutuo y no la refriega.

La clave de un feminismo correctamente planteado reside, por consiguiente, en la defensa de la feminidad, subrayando su propia trascendencia y no la de invertir o igualar ambos sexos, que acaba por infravalorar la consideración de la mujer en el mundo actual.

[1] André Leroi-Gourhan, Préhistoire de l´art occidental, Mazenod, París, 1971.

[2] Roque Barcia en Diccionario etimológico (tomo V) de Eduardo de Echegaray, 1889.

[3] Luis Suárez, Isabel I, reina, Ariel, Barcelona, 2004.

[4] Simone de Beauvoir, El segundo sexo, Siglo XX, Buenos Aires, 1962.

[5] Raymond Aron, El opio de los intelectuales, Siglo XX, Buenos Aires, 1979.

[6] Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, Roma, 1988.

El imperio de las masas

 por Antonio Cañellas, historiador

     El cierre en falso de la Primera Guerra Mundial en 1918 conllevó dos efectos inmediatos. Por un lado, la conciencia intelectual de que la cultura moderna había entrado en crisis. Y, por otro, el surgimiento de nuevos movimientos políticos y corrientes de pensamiento que intentaron enderezar aquella situación. Con estos precedentes se inauguró el llamado período de entreguerras hasta el estallido del segundo gran conflicto a escala planetaria en 1939. Era la hora de la revancha y de saldar las cuentas pendientes que, cual memorial de agravios, algunos venían contabilizando desde hacía lustros. La caída de los regímenes liberales en buena parte de Europa y su sustitución por sistemas autoritarios, el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia o la puesta en escena del nazismo, fueron las consecuencias empíricas de aquel malestar generalizado.

            La progresiva superación del Estado mínimo de la burguesía liberal −atenta a sus negocios− por un sistema cada vez más intervencionista y ajustado a las demandas de una socialización creciente en el acceso a los bienes y servicios, derivó en ocasiones hacia el extremo del Estado totalitario. Se trataba de regímenes políticos –que todavía coletean− en el que un partido o movimiento se imponía a los demás, erigiéndose en organización única y apoderándose del control exclusivo del Estado y de todos sus resortes. Esta monopolización de la vida política se extrapolóXI ideal de la URSS para la Eurocopa si no se hubiera separado | Sopitas.com también al plano social, económico y cultural. De forma absoluta en la Rusia comunista, y relativa −en distinto grado− en la Italia fascista o la Alemania nazi. Este proceso paulatino de anulación del individuo en favor de la colectividad, encuadrada en este caso de un modo jerárquico por aquellos Estados, fue el objeto de las denuncias de varios intelectuales.

            Con la publicación de La rebelión de las masas en 1930, José Ortega y Gasset planteó un tema siempre recurrente en su obra. En realidad, el filósofo madrileño se alineaba con otros autores que apuntaban el mismo problema, asociándolo a la propia decadencia de la cultura occidental. La visión cíclica de la historia presentada La rebelión de las masas - José Ortega y Gasset | Planeta de Librospor Oswald Spengler para explicar el auge y declive de Occidente, comparándolo con las distintas etapas biológicas del ser humano, no significaba una renuncia a sentar las bases para un renacimiento. Una vez constatada la defunción de toda una civilización, había que preparar el camino para que surgiera otra mejor. Por eso pensó el profesor alemán que Hitler estaría llamado a imprimir en la cultura germana el viejo espíritu de dirección y disciplina prusiano como método para contener y aun neutralizar el dominio del hombre-masa. Según Ortega, la caracterización de este tipo humano se habría originado con motivo de un crecimiento económico continuado y la participación general en sus beneficios. La convicción de que el progreso carecería de límites, alimentaría una mentalidad vulgar, poco formada en inteligencia y virtudes, como el deber, la autoexigencia o el servicio. De ahí la vindicación de élites que, con independencia de su procedencia social, estuvieran culturalmente formadas en el sentido más pleno de la palabra. Es decir, de un modo integral: conforme a la virtud personal y a la unidad del saber. El propósito era análogo al expuesto porBiografía de Oswald Spengler. Quién es, vida, historia, bio resumida Spengler. Esto es: que aquellas minorías se alzaran verdaderamente con la dirección de los asuntos públicos para regir y orientar debidamente al resto. Dicho de otro modo, despojar al pretendido derecho a la vulgaridad de su consideración de virtud para reducirla a su verdadera condición de defecto. La implantación de un sistema de certezas, fundado sobre el criterio objetivo de la razón, constituiría el medio para poder alcanzar esa meta.  De ahí la inspiración en las enseñanzas de aquellos clásicos greco-latinos que reconocerían la realidad misma de la naturaleza humana y de sus distintas dimensiones, abogando por su equilibrio y armonía.

            Sin embargo, a juicio de los citados autores, la tendencia socializante y populista de los totalitarismos −coincidentes en su origen socialista− dificultaría que sus cuadros directores (más preocupados por perpetuarse en el poder) aplicaran los debidos correctivos para liberar a la masa de su condición amorfa y vulgar. El primer paso consistiría en que éstas se mostraran dóciles a la guía de las minorías rectoras. Una diferencia, la existente entre dirigidos y dirigentes, implícita a la propia diversidad (en talento, posición, veteranía, virtud, etc) de la naturaleza humana.

                La Segunda Guerra Mundial y el escenario surgido de sus cenizas no variaron tampoco el ascenso del hombre-masa, acondicionado a las nuevas circunstancias. Es más, con la era del desarrollismo económico a partir de los años cincuenta y la configuración de los modernos Estados sociales en Occidente, caracterizados por amplísimas posibilidades en la promoción del progreso, generarían −en frase de Ortega− graves deformaciones y Del consumo al consumismo by Clandesta Ediciones - issuuvicios en el existir humano. La sobreabundancia, el consumo desenfrenado, la falta de sobriedad y de dominio de sí, darían al traste con la auténtica formación del hombre. El mismo que, llegado el caso, habría de convencerse de las potencialidades ordenadas de su inteligencia, sociabilidad y libertad, para orillar cualquier caricatura representada por el hombre vulgar y chabacano, ligada a la imagen del “niño mimado” (prototipo psicológico del hombre-masa). El capricho, el arbitrio, el sentimiento versátil o la apetencia voluble prevalecerían entonces frente a la pauta objetiva, ceñida a lo razonable dentro de cada contexto.

            La civilización, entendida como el acierto en el vivir considerando el bien de los demás, habría de introducir su antítesis con la transgresión de los valores y de los principios morales. Se inauguraría así un cambio de ciclo histórico en el que las minorías dirigentes se adecuarían al querer de la masa; cuando no, se confundirían con ella al proceder de su misma entraña. Esta realidad apuntada por Ortega −convertido en auténtico visionario− encontraría su máxima expresión a partir de los años sesenta. La revolución cultural de 1968 supondría el colofón de ese dominio creciente de las masas. Mayo del 68. Cincuenta años después…. Algunos elementos de análisis -  Viento Sur La democracia como norma de derecho político −que debiera garantizar la ordenada representatividad del pueblo con miras al bien común según los márgenes de la libertad responsable−, degeneraría entonces en plebeyismo. Esto es, en el intento de trocar la igualdad de los hombres ante la ley (resultado, a decir de los filósofos escolásticos, de la esencia espiritual, racional, libre y social de la naturaleza humana creada por Dios, que constituiría el fundamento de su dignidad) por la imposición del igualitarismo nivelador en todos los órdenes de la vida. Una tendencia que, en la práctica, arrumbaría cualquier principio elemental de justicia. Y es que si ésta consiste en dar a cada persona lo que en derecho le corresponde, se infiere que −en lo contingente− las circunstancias y necesidades de cada cual son bien distintas y no pueden tratarse de la misma manera ni utilizarse igual medida.

            El convencimiento de que la voluntad de la mayoría es criterio de verdad −más allá de parámetros objetivos− en un contexto de deformación cultural, ha introducido una nueva forma de colectivismo totalitario. Los comportamientos individualistas actúan entonces como válvula de escape, generando –en último término− otro problema añadido para la sana convivencia social. La voz selecta y egregia de algunos nombres propios, cede al predominio de la zafiedad, de la soez o del mal gusto en un marco de frívola y general superficialidad que sobrevalora la imagen −el cuidado por lo mediático−, sin atender la verdadera importancia del contenido. Es la sesera vacía y febril espoleada por el modelo consumista. El mismo que acostumbra a considerar a las personas como objetos o instrumentos propios de consumo hasta deshumanizar al hombre. Esta degradación, plasmada en nuestro quehacer diario, fue la que diagnosticó Ortega hace ya casi un siglo. Poco a poco ocupa terreno la peor de las tiranías, echando por la borda los principios de la lógica y del buen sentido. Que nos adentremos en una nueva Edad Media −como señalara NicolaiNicolas Berdiaeff - Babelio Berdiaeff−, capaz de regenerar la cultura (informadora de las mentalidades y las costumbres) desde las mociones de la inteligencia y del espíritu cristiano hasta alumbrar un auténtico renacimiento, dependerá de muchos factores. Si las minorías integralmente formadas no toman conciencia de su misión −acorde con una correcta concepción antropológica− aunándose con valor para llevarla a cabo, difícilmente se producirá esta perentoria vertebración. Preservar y perfeccionar la civilización exige una labor de enderezamiento constante capitaneada por los mejores. En esto Ortega acertó de lleno.