Las utilidades humanas como misión de la empresa

      Tradicionalmente la literatura económica menciona que la empresa es una organización económica destinada a la producción de bienes y servicios, por medio de la interacción del capital y el elemento humano que, según los parámetros de la eficiencia y la eficacia, las ofrece al mercado a cambio de una contraprestación económica que buscará retribuir la inversión de sus dueños. Así la propiedad de la empresa en manos del inversionista le permite justificar y aún legitimar la organización y el funcionamiento de la empresa, delegando su gestión en manos de los administradores que, como sus representantes, procurarán generar la rentabilidad suficiente para justificar la inversión de capital hecha en la organización.

      Vista así, esta perspectiva de la empresa es incompleta, porque se atreve a resaltar que el capital económico es el elemento único e imprescindible para el trabajo de cualquier organización sin considerar al capital humano representado en el empleado y el gestor. Desafortunadamente, para la gran mayoría de empresas en el mundo, el ser humano es considerado un activo “económico” que se usa para generar, incrementar o mantener la productividad económica de la organización a cambio de un salario, pero no fomenta su “productividad personal”. Para la moderna empresa el ser humano es rentable mientras crea utilidades “económicas” para los inversionistas y los demás miembros de la organización; pero dicha necesidad resulta incoherente cuando se trata buscar la rentabilidad “humana”. Es decir, el desarrollo y la mejora personal y familiar de las personas o, en otras palabras, las “utilidades humanas” que aquéllas deben procurar adquirir cada día para mejorar sus atributos.

      En efecto, es el fomento de las “utilidades humanas” las que debieran constituir el desafío actual para el directivo moderno. Una organización que esté encaminada a generar ambos tipos de “utilidad” tiene mejores posibilidades de contratar a los mejores talentos y, principalmente, retenerlos en su organización. Aún más, si la empresa muestra y demuestra la práctica común de sus valores corporativos y es coherente con ellos, aún en los momentos más difíciles, tiene mayores posibilidades de garantizar la creación de la rentabilidad que necesita para subsistir a largo plazo en el mercado. Valores tan elementales pero muy importantes como la unidad, la solidaridad, la cooperación, el respeto, la coherencia entre otros, permitirán el cumplimiento de las normas legales y garantizarán la efectividad y eficiencia que toda organización requiere para tener éxito.

      Desde una perspectiva humanista, las ganancias materiales y humanas son importantes y no deben separarse. Es necesaria la solidaridad entre el directivo, el inversor y el empleado para crear un medio que garantice una utilidad integral y, por ende, deben apuntar en la misma dirección. Aquí el aporte del capital humano es tan importante como el del capital económico y la propuesta descansa en el desarrollo de valores que les permitan cumplir sus obligaciones con el mercado. La empresa es un medio al servicio de un grupo de personas y, por consiguiente, no debe perder su insignia de humanidad. Más aún, debe tener presente que antes que privilegiar la utilidad económica está por encima la utilidad “humana”, pero ambas utilidades se necesitan para garantizar su existencia como organización.

Edisón Tabra es doctor en Gobierno y Cultura de las Organizaciones.

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