por Juan Antonio Gallardo, filósofo
La infiltración marxista
En 1974 Miguel Poradowski se lamentaba “de un hecho de por sí solo muy triste, doloroso y desagradable, a saber, de la lucha, que en la Iglesia postconciliar se está llevando a cabo contra el tomismo”[1]. En efecto, Poradowski señalaba que el tomismo era “combatido dentro de la misma Iglesia”[2], y centraba la cuestión al preguntarse específicamente “¿por qué el marxismo, infiltrado en la Iglesia, combate al tomismo?”[3]. Esta pregunta parte del presupuesto de que el marxismo está infiltrado en la Iglesia. Independientemente de los aspectos históricos particulares sobre esta cuestión, lo interesante para nosotros es preguntarnos si es válido un sistema de pensamiento dialéctico para conocer la realidad y para poder abordar cuestiones teológicas. Rotundamente respondemos: no.
La «teología de la liberación» es cosa del pasado; aunque pueda quedar algún residuo de esta ideología, el Magisterio y el trabajo de la teología han desmontado esta concepción revolucionaria de la evangelización, quedando absolutamente clara su incapacidad para dar una visión verdadera del Reino de Cristo[4].
El materialismo ateo, que es la negación de la verdadera realidad, se ha ido metamorfoseando hasta el actual wokismo; se trata de un proceso que comenzó con la antediluviana gnosis: «Aperientur oculi vestri, et eritis sicut Deus scientes bonum et malum” (Se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal”)»[5].
Poradowski trata de entender los motivos de esta lucha contra el tomismo, señalando, por ejemplo, una mala entendida evangelización, o la ignorancia y el desconocimiento de la Edad Media, o una errónea concepción del ecumenismo. Nos recuerda la denuncia de Pablo VI, al referirse al “falso ecumenismo”, que “pretende unir a todos los creyentes en Dios en una sola religión, que ya no sería cristiana, sino una síntesis de todos los credos. Es esta corriente la que con toda furia se lanza contra el tomismo”[6].
Sería, sin embargo, un error atribuir toda la responsabilidad de la crisis del tomismo al materialismo marxista, pero –como señala Poradowski– “la lucha contra el tomismo en la Iglesia católica postconciliar entró en una nueva fase desde el momento que encontró un poderoso aliado en el marxismo, infiltrado en la Iglesia”[7].
En 1907, en su Encíclica Pascendi, San Pío X se lamentaba:
Hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados[8].
Alberto Caturelli calificó esta encíclica como «profética», y el tiempo le ha dado la razón: “De acuerdo con los caracteres que ha adquirido tanto la sofística inmanentista contemporánea cuanto la “teología” neomodernista, la actualidad de la «desgraciada» encíclica Pascendi es admirable”[9].
Lo que plantea San Pío X en la Pascendi es de extrema gravedad, pues se trata de algo que va a la raíz misma de la Iglesia: “han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas”[10].
Cuando nos preguntamos con Poradowski sobre “¿cuáles son las razones que el marxismo, infiltrado en la Iglesia, tiene para combatir al tomismo?”[11], descubrimos que son las mismas que tenían los enemigos denunciados por San Pío X.
La presencia del tomismo en el pensamiento cristiano no es algo accidental. Se podría pensar que la cuestión tomista es de orden práctico, porque Santo Tomás hizo una síntesis del pensamiento de su tiempo, que vino muy bien para la filosofía y la teología del momento, y que fue útil durante bastantes siglos. Siendo esto verdad sería un gran error pensar que esa es la cuestión. En efecto, junto al natural deseo que el hombre tiene de buscar la verdad y reflexionar sobre ella[12], existe “la necesidad de elaborar una filosofía que facilite la creación de la teología cristiana, es decir, una filosofía que proporcione los conceptos y los términos adecuados para la teología”[13]. Pero sería simplista pensar que la importancia del tomismo para el pensamiento y la teología se resuelve así. La cuestión es mucho más profunda.
Raíces de la ideología woke
El antagonismo entre el tomismo y las categorías marxistas es el mismo que se da entre el ser y el no-ser. El marxismo cultural actual —o wokismo— fundamenta su revolución desde la negación de la realidad, en favor de un inmanentismo demiúrgico de corte gnóstico, que niega la naturaleza y aboga por la imposición caprichosa de la voluntad.
El obispo Robert Barron dice que la ideología woke “no es algo efímero que brotó de pronto”[14]. En un artículo Mons. Barron analiza las raíces filosóficas del movimiento woke, y señala, al igual que como pasa con el marxismo, la teoría crítica como fundamento de esta ideología. Para demostrar su argumentación analiza el origen de la teoría crítica misma; remontándose a los orígenes de la modernidad; afirma con rotundidad: “Tanto Descartes como Kant suponen un retorno al antiguo gnosticismo, que también priorizaba el interior por delante del exterior de forma muy similar, y tendía a percibir el cuerpo como algo peligroso y problemático para el auténtico yo interior[15].
La teoría crítica lleva a sus últimas consecuencias el sentido moderno del «yo»: “Así pues, el interior, el auténtico yo dentro de mí, se encuentra en una posición de absoluto privilegio sobre todo lo que está ahí fuera, sobre la exterioridad del cuerpo”[16].
La profunda escisión, que se da entre el entendimiento y la realidad, escinde el ser personal y el propio cuerpo. Desde la “radicalización moderna del yo, se prioriza el interior sobre el exterior”[17]. Esta percepción del yo contribuye sobremanera a considerar la materia, y el mismo cuerpo, como algo accidental, sin contenido y carente de finalidad. La materia y el cuerpo están sometidos a la voluntad, y en último lugar a la voluntad de unos pocos que, con una ideología única, imponen su voluntad sobre el resto.
Barron señala “un segundo aspecto de la teoría crítica y, por tanto, del movimiento woke: la relativización de la verdad”[18], que conduce al escepticismo en relación con cualquier verdad que no sea la de uno mismo. Según Barron, este escepticismo está en la línea “del perspectivismo de Nietzsche, según el cual nunca se puede llegar a adquirir una comprensión de las cosas tal y como son, solo desarrollar nuestra propia y limitada perspectiva de las mismas”[19].
Barron cree que estas ideas se inspiran en el que él llama “el santo patrón de la teoría crítica, es decir, Jacques Derrida”[20], el cual “deconstruye lo que denomina él enfoque logocéntrico de la filosofía clásica, es decir, el logos, el lenguaje, las palabras, lo que nos pone en contacto con la realidad”[21].
Derrida tiene una concepción pobre de la naturaleza locutiva del conocimiento, y por ello tiene una concepción pobre del lenguaje. No entiende Derrida que el lenguaje nos da a conocer lo que las cosas son, porque el decir de la palabra humana es abundante y no vacío. Considerar el lenguaje como algo vacío viene de una extraña comprensión del ente, de las cosas, que son concebidas de modo inmanente y no con la humildad del realista que reconoce en las cosas todo su contenido.
Sin embargo, según Derrida, «Il n’y a pas d’hors-texte». Más allá del texto, no hay nada. Lo único que te encuentras es un bucle interminable de lo que él denomina la différence, la diferencia. Tal término no es como tal otro, y esta palabra se relaciona con esta otra que no es como la de más allá. Así, quedamos atrapados para siempre en el contexto del texto. El significado siempre está en diferido, lo que da lugar al famoso juego de palabras por el cual la différence, la diferencia en las palabras da lugar a la différence, al significado diferido. Es imposible saber cómo son las cosas en realidad. Todo tiene siempre un final abierto[22].
Según Derrida nunca podremos saber lo que las cosas son, porque “no es posible llegar a poseer una comprensión real de la verdad, lo único que hay es un bucle infinito de opiniones, perspectivas, puntos de vista, diferencia y différence, un significado siempre diferido”[23].
Este posicionamiento supone la asunción de que nada es definible porque no existe una verdad objetiva, sobre realidad alguna. Así es imposible responder a las grandes preguntas de la existencia, empezando sobre quién soy y qué lugar ocupo en el universo. ¿Quién eres? Quien quieras ser, porque en lo que eres nada tiene que decir la realidad o lo recibido de la tradición, esto es, de la naturaleza, o de la familia; todo depende de tu voluntad.
¿Qué consecuencias puede tener una postura así en la familia? ¿en el mundo educativo escolar? ¿Qué consecuencias tiene en la acción política? ¿Y en la prensa? ¿Y en el mundo de las redes sociales y de la inteligencia artificial? Para responder sólo hay que mirar el panorama.
He aquí un ejemplo extraído de la teoría woke actual, la postura absurda hasta lo ridículo de que incluso las matemáticas y la ciencia, incluso las afirmaciones matemáticas más básicas, como que dos más dos son cuatro; que no, que mal, que son una expresión de supremacismo blanco. No es broma, es exactamente lo que dicen: que las matemáticas y la ciencia, incluso a niveles tan fundamentales, son solo artimañas del poder, porque es imposible afirmar que algo sea verdad[24].
Vamos ahora a un punto central de la cuestión que nos ocupa, y lo hacemos siguiendo a Robert Barron, al examinar el tercer aspecto de la teoría crítica: “la doctrina social cimentada en el antagonismo”[25]. Esta doctrina social woke es la doctrina social marxista, que se basa en el enfrentamiento. Karl Marx sigue la dialéctica hegeliana articulada en la tesis, la antítesis y la síntesis, de donde surge el materialismo dialéctico. La historia es un bucle infinito de enfrentamiento antagónico en una sociedad polarizada en grupos en conflicto[26]. “Así pues, el propósito de la filosofía marxista es fomentar la lucha de clases, fomentar la rebelión de los esclavos contra los amos, para provocar la revolución comunista”[27]. La división y el enfrentamiento son los dos engranajes principales del motor de toda revolución. No es una coincidencia que «diablo» (διάβολος) signifique etimológicamente “el que genera discordia, el que divide”.
El movimiento woke lucha por una revolución que invierta los valores, extrapolando el principio marxista de amo-esclavo, e identifica nuevas formas de opresión: “hablamos de opresión colonial, opresión sexual, opresión racial, opresión de género, etc.”[28]. Esta doctrina social obliga a significarse: “No hay un camino de en medio. O eres de los unos, o eres de los otros. Esa es la doctrina social cimentada en el antagonismo”[29].
En cuarto lugar, Barron señala la dualidad marxista subestructura-superestructura, que reduce todas las instituciones a defensoras del statu quo de una sociedad de poderosos.
Para Marx, lo que tenemos es la economía, en su caso la economía capitalista. Y alrededor suyo, todo lo demás que vertebra la sociedad: la política, el arte, el entretenimiento, el deporte, la religión, el ejército, el gobierno. Todas ellas no son más que piezas en el mecanismo de defensa superestructural que protege la subestructura[30].
Termina Barron su artículo de modo magistral, dando en el meollo del asunto al referirse a Santo Tomás de Aquino para hablar del Ser de Dios y Su Poder:
¿Podría Dios, en su infinito poder, llegar a hacer que dos más dos fueran cinco? Al fin y al cabo es omnipotente, así que supongo que ¿por qué no? ¿Podría Dios, en su infinito poder, hacer del adulterio una virtud? Bueno, supongo. Es decir, ya declaró que el adulterio es malo, pero ¿podría declararlo como algo bueno? Supongo que podría, ¿no? La respuesta de santo Tomás es que por supuesto que no, porque lo que estarías haciendo entonces sería crear una disensión entre el poder divino y la manera de ser divina[31].
La voluntad divina y el poder divino no entran en contradicción con lo que Dios es. Dios se presenta como el que Es[32], y aquí está la raíz del ser de todas las cosas, gobernadas providentemente por Dios-Amor. El enemigo reta a Cristo a convertir las piedras en pan: ¿tienes hambre? Cambia las normas, eres Dios, ¿no?: «Si Filius Dei es, dic, ut lapides isti panes fiant» (Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes)[33]. No sólo de pan… «Sed in omni verbo, quod procedit de ore Dei» (Sino de toda palabra, que procede de la boca de Dios)[34]. El obrar sigue al ser[35].
En la modernidad el ser es reducido a conocer, la ontología por gnoseología, el ente por la esencia, el conocer por la intuición subjetiva. Hay un abismo entre el ser y la realidad, entre el ser y yo. La realidad no tiene nada que decirme.
Surge una visión de la voluntas, que enfatiza la primacía de la voluntad. De hecho, la potentia absoluta, el poder absoluto de Dios, se escinde del ser. Esto es lo que hace posible que René Descartes llegue a decir que, si Dios así lo quisiera, dos más dos serían cinco. El Dios de la voluntad tiene un poder que puede imponerse a la realidad y redefinirla[36].
Hemos matado a Dios para que no nos diga lo que tenemos que hacer: “Entonces, ¿a dónde ha ido esa potentia absoluta? Ha ido a parar a mí. A nosotros. Somos nosotros los que ahora tenemos esa voluntad de poder”[37]. Ahora puedo redefinirme, autodeterminarme, incluso redefinir mi propio cuerpo, porque esta realidad extrínseca nada tiene que decir a mi interior-voluntad todopoderosa:
Ese giro hacia la voluntad que se produjo en las filosofías tardomedieval y protomoderna ha llegado hasta el periodo contemporáneo, solo que el Dios de la voluntad se ha transformado en un yo de la voluntad, capaz de crearlo todo, de definirlo todo[38].
La Doctrina Social Católica es todo lo contrario a esta ideología marxista-posmoderna-woke donde impera lo subjetivo, reduciendo el conocimiento a una ideología que impone la voluntad sobre la naturaleza. Si no hay naturaleza, ¿qué es el bien? ¿Cómo es posible el amor? La Doctrina Social Católica está fundamentada en la naturaleza y el amor, en la aptitud de todas las cosas para que la gracia obre amorosamente en el Universo, y su dinamismo perfectivo en la ordenación hacia la contemplación de la Bondad divina.
El objetivo de la revolución marxista-wokista
Se entiende ahora perfectamente que el marxismo quiera acabar con el tomismo, que es el sistema de pensamiento que mejor ha definido el orden de la realidad. Poradowski decía en aquel 1974: “Sí, hoy por hoy, muchísimos católicos, especialmente los sacerdotes, asimilan el marxismo y piensan con categorías marxistas, es lógico que ellos también combatan al tomismo”[39].
Las revoluciones aspiran a transformar todos los ámbitos de la realidad. No sólo era combatido el tomismo en aquellos años. Uno de los primeros síntomas de una revolución es la iconoclastia, consecuencia clara del desprecio por la materia que tiene su origen en la perversión en la comprensión de la naturaleza.
La iconoclastia, de corte protestante, que se daba en algunas parroquias católicas, es una muestra del proceso revolucionario que la Iglesia vivía en aquellos años 60-70 del siglo pasado. Había sacerdotes que se deshacían de las imágenes religiosas de los santos y de los retablos, en la búsqueda de una pureza espiritual cercana a la Iglesia primitiva de los primeros siglos. En virtud de esta especie de vuelta a lo substancial, se despreciaban los ornamentos litúrgicos, los hábitos religiosos, la ropa talar, la solemnidad de las celebraciones litúrgicas, o los actos de piedad de la gente sencilla, entre otras cosas.
¿Cuáles son las causas de este combate?
El extraordinario celo con el cual, desde hace más o menos diez años, se combate el tomismo en el ambiente católico y especialmente el fanatismo que demuestran los que ridiculizan a Santo Tomás y quieren eliminarlo completamente de las Universidades Católicas y de los Seminarios, no se explican solamente por la incompatibilidad de estas filosofías antagónicas[40].
La mención que hace Poradowski del artículo del padre jesuita Arturo Gaete, publicado en Mensaje[41] sirve para entender las causas de este combate para acabar con el tomismo.
No se puede estudiar teología sin estudiar previamente filosofía cristiana, y no es válido cualquier sistema de pensamiento para poder profundizar en los misterios de la fe. ¿Sería posible la teología desde el presupuesto de que el conocimiento objetivo de la verdad es imposible? ¿O con una base de filosofía kantiana o nietscheana?
La extraña comprensión de la naturaleza del conocimiento, muy lejos del genuino realismo medieval, más aún, absolutamente fuera de la cosmovisión católica del universo, fue caldo de cultivo para las herejías. Para el “luteranismo, cuya teología invita a desinteresarse de una naturaleza irremediablemente corrompida, el idealismo es una salida filosófica que se presenta sola”[42], por ser el presupuesto ontológico más afín a una mentalidad alejada del mundo. Dice Lortz que hay “un modo herético de pensar”[43], que conduce a un inmanentismo metafísico y gnoseológico que socava la posibilidad de la teología católica[44].
Para Poradowski “uno de los propósitos del actual antitomismo es impedir el estudio de la teología”[45]. Otro de los objetivos es “integrar directamente la filosofía marxista en el pensamiento cristiano y especialmente en el pensamiento teológico”[46]. Las teologías del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, profesor de la Universidad Católica de Lima, o del jesuita brasileño Hugo Assmann, o de Bishop, incorporaban el marxismo a la teología católica con pleno conocimiento[47]. “Esta marxistización (sic) de la teología sería imposible sin la previa eliminación del tomismo”[48]. Se trata, en palabras de Poradowski, de una «antiteología», de la «corrupción de la teología», aún más: “de la subversión intelectual”[49].
La desnaturalización del conocimiento tiene especial acogida en una forma mentis subjetivista:
Esto explica por qué la teología protestante fue la primera que con tanta facilidad se acercó al marxismo. Los teólogos protestantes, a los cuales desde ya hace mucho tiempo falta una seria formación intelectual tomista, cayeron casi de inmediato en la trampa marxista, identificando el “Reino de Dios” predicado por Cristo con una sociedad ideal marxista, como, por ejemplo, lo ha hecho Karl Barth y sus discípulos[50].
Poradowski avanza y añade otras razones para la lucha contra el tomismo por parte del marxismo. El jesuita Arturo Gaete se lamentaba de que fuera imposible la colaboración entre marxistas y católicos, para poder llegar una verdadera síntesis del catolicismo con el marxismo”[51], por ser la mentalidad cristiana, y especialmente la católica, “impermeable a la influencia del marxismo por la presencia en ella del tomismo”[52]. Hay que eliminar el tomismo y “reemplazarlo por la filosofía kantiana y hegeliana”[53].
A esta “reconciliación” entre catolicismo y marxismo —ya apuntada, como vemos, por Poradowski en 1974— se refirió en un texto, de publicación póstuma en 2024, Benedicto XVI:
Cuando Juan Pablo II, quien provenía de un país dominado por el marxismo, fue elegido Papa, algunos pensaron que un Papa proveniente de un país socialista debía ser necesariamente un Papa socialista, y por lo tanto llevaría a cabo la reconciliación del mundo como una «reductio ad unum» del cristianismo y el marxismo. La insensatez de esta postura se hizo evidente rápidamente, apenas se vio que un Papa proveniente de un mundo socialista conocía perfectamente las injusticias de ese sistema, y fue así como pudo contribuir al sorprendente giro que ocurrió en 1989 con el fin del gobierno marxista en Rusia[54].
El sabio Benedicto XVI lleva esta visión distorsionada de la realidad a sus consecuencias: “De hecho, ahora se niega que el hombre, como ser libre, esté de algún modo vinculado a una naturaleza que determine el espacio de su libertad. El hombre ya no tiene naturaleza, sino que «se hace» a sí mismo”[55]. Llegados a este punto, podemos preguntarnos si estas premisas que estamos analizando, con el recorrido que hemos descrito, nos llevan a la conclusión de que es necesario eliminar el tomismo para propiciar un catolicismo woke. O dicho más fuertemente: eliminar el tomismo, para eliminar después el catolicismo, y sustituirlo por una nueva religión: la religión woke, donde el hombre puede decidir, desde la abolición del Creador[56], su propio destino en el “laboratorio de invenciones humanas”[57].
La palabra revolución ni es ni puede ser cristiana. La revolución rompe la posibilidad de la amistad. El reinado del amor no se impone revolucionariamente, sino con la suavidad de la amistad a la que Dios nos llama.
Amor frente a ideología
Un catolicismo woke, si éste fuera posible, transformaría la Iglesia en una ONG más, que sustituiría el Evangelio por ideología. La Iglesia no puede renunciar a su constitutiva naturaleza martirial, puesto que es el Cuerpo de Cristo. Dios en su Providencia no la abandona nunca, suscitando hombres santos que iluminan y señalan el camino, como lo viene haciendo desde hace ocho siglos Santo Tomás de Aquino.
Proclamaba Dante, al final de La Divina Comedia que el amor mueve el universo[58]. El Dr. Enrique Martínez escribió: “que la Bondad divina es el principio y fin de todo lo creado y de la vida humana es, igualmente, la tesis en donde se sintetiza el pensamiento de santo Tomás de Aquino”[59].
El Dr. Canals, en uno de sus textos más importantes nos dice:
El teocentrismo autentico de santo Tomás nos invita a contemplar la Bondad divina difusiva de sí misma, identificada con el Amor donante y puramente ‘liberal’, como la que pone en marcha la misma eficiencia creadora y orienta el gobierno providente sobre el universo; de modo especialísimo encaminado a conducir a los entes personales finitos a la participación de la vida divina en la felicidad, realizada en su esencia en el acto supremo de la inteligencia especulativa humana, cuyo objeto óptimo es el Bien divino[60].
Se comprende así el gobierno providente de Dios sobre toda la creación, originada por su libérrimo amor difusivo, y manifestado en la historia, ordenada hacia su consumación, y en la que la criatura personal busca la felicidad por el conocimiento de la verdad. La persona es lo más digno de ser conocido y contemplado.
Esta es la razón por la que el Dr. Canals reivindicaba “un tomismo impregnado de actitud contemplativa hacia el universo”[61], “impulsado, como lo vio Dante, desde aquel Amor che move il sole e l´altre stelle”[62], hacia la contemplación de la Bondad divina.
[1] M. Poradowski, ¿Por qué el marxismo combate el tomismo? Ponencia desarrollada en la Semana Tomista celebrada en la Universidad Católica de Valparaíso (Chile), 10-15 de junio de 1974, pág. 825. En Fundación Speiro https://fundacionspeiro.org/downloads/magazines/docs/pdfs/4174_por-que-el-marxismo-combate-al-tomismo.pdf (29/03/2025).
[2] Idem.
[3] Idem.
[4] Cf. J. Ratzinger, Algunos aspectos de la «Teología de la Liberación», Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe 1984, en: https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19840806_theology-liberation_sp.html (10/05/2025); J. Ratzinger, V. Messori, Informe sobre la fe, Ed. BAC, Madrid 1985.
[5] Gn. 3, 5.
[6] M. Poradowski, ¿Por qué el marxismo combate el tomismo?…, 827.
[7] Idem.
[8] Pascendi, nº 1.
[9] A. Caturelli, La Pascendi Dominici Gregis, una encíclica profética. Artículo publicado en la revista Gladius 23 (2005) 64, pp. 59-73. «El 26 de agosto de 1978, a las seis de la tarde, fue elegido Sumo Pontífice Juan Pablo I. Nosotros estábamos en Varsovia; habíamos participado en Cracovia en un Congreso sobre Persona humana y filosofía en el mundo contemporáneo, convocado por la Sociedad Polaca de Teología, que presidía el Cardenal Karol Wojtyla. Inmediatamente después de la estadía en Varsovia nos despedimos de nuestros amigos polacos y partimos a Düsseldorf donde además del XIVº Congreso Internacional de Filosofía, se llevaba a cabo una reunión de la Fédération Internationale des Sociétés de Philosophie a la que debía asistir. Allí me encontré con un profesor de la Gregoriana conocido por su trascendentalismo kantiano próximo a Rahner, más tarde Obispo de una diócesis suiza; me preguntó quién era el nuevo Papa. Le respondí que había sido elegido el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani. Se demudó y con cara de disgusto, me dijo: “Mucho me temo que lo rodeen teólogos reaccionarios y vuelva a actualizar esa desgraciada Encíclica Pascendi”». En E-Aquinas, Año 5, abril 2007. Revista electrónica mensual del Instituto Santo Tomás (Fundación Balmesiana).https://www.traditio.op.org/biblioteca/Caturelli/La_Pascendi,_una_enciclica_profetica,_Caturelli.pdf (29/03/2025)
[10] Pascendi, nº 2.
[11] M. Poradowski, ¿Por qué el marxismo combate el tomismo?..., 827.
[12] Cf. Ibidem, 229
[13] Idem. Poradowski se refiere aquí a los artículos de Denis de Rougemont, en la revista Preuves.
[14] R. Barron, Las raíces filosóficas del movimiento woke. La teoría crítica percibe el poder como la categoría suprema. En Nueva Revista: https://www.nuevarevista.net/las-raices-filosoficas-del-movimiento-woke/ (29/03/2025).
[15] R. Barron, Las raíces filosóficas del movimiento woke…
[16] Idem.
[17] Idem.
[18] Idem.
[19] Idem.
[20] Idem.
[21] Idem.
[22] Idem.
[23] Idem.
[24] Idem.
[25] Idem.
[26] Cf. Idem.
[27] Idem.
[28] Idem.
[29] Idem.
[30] Idem.
[31] Idem.
[32] Cf. Ex. 3, 14.
[33] Mt. 4, 3.
[34] Mt. 4, 4.
[35] Cf. Santo Tomás de Aquino, S.Th., I, q. 75, a. 2: “unde eo modo aliquid operatur, quo est”.
[36] R. Barron, R., Las raíces filosóficas del movimiento woke...
[37] Idem.
[38] Idem.
[39] M. Poradowski, ¿Por qué el marxismo combate el tomismo?..., 828.
[40] Idem.
[41] Diciembre de 1971 y diciembre de 1972. Santiago de Chile. “Una revista que desde hace varios años destaca por su progresismo y su promarxismo” (sic), en M. Poradowski…, 829.
[42] É. Gilson, El espíritu de la Filosofía Medieval, Ed. Rialp, Madrid, 2009, 242.
[43] Lortz, J. Historia de la Iglesia, pág. 606, trad. de A. P. Sánchez Pascual, Ed. Guadarrama, Madrid 1962. Citado en A. Caturelli, La Pascendi Dominici Gregis, una encíclica profética. En E-Aquinas, Año V, abril 2007, 3.
[44] Cf. J. A. Gallardo Valenzuela, La escisión entre el entendimiento y la realidad. TFM. Universitat Abat Oliba CEU, Barcelona 2013, 54. En: https://recercat.cat/handle/2072/447514#page=1 (30/03/2025).
[45] M. Poradowski, ¿Por qué el marxismo combate el tomismo?..., 831.
[46] Idem.
[47] Cf. Idem.
[48] Idem.
[49] Idem.
[50] Ibid. 832.
[51] Idem.
[52] Idem.
[53] Idem.
[54] Benedicto XVI, La imagen cristiana del hombre. En: https://aica.org/noticia-sale-a-la-luz-un-texto-inedito-de-benedicto-xvi (15/05/2025)
[55] Idem.
[56] Cf. Idem.
[57] Idem.
[58] Cf. “L´amor che move il sole e l´altre stelle”, La Divina Commedia, Paradiso, XXXIII.
[59] E. Martínez, La Bondad divina, principio y fin de la vida humana, en «Conocimiento y Acción». Vol. 2, núm. 1, 36, en https://doi.org/10.21555/cya.i2.1.2467 (20/05/2025). Se respetan las citas tal y como las ha elaborado el autor del referido artículo.
[60] F. Canals, Tomás de Aquino, un pensamiento siempre actual y renovador, Ed. Cor Iesu, Toledo 2020, 320, en E. Martínez, La Bondad divina, principio y fin de la vida humana…, 36.
[61] E. Martínez, La Bondad divina, principio y fin de la vida humana…, 36.
[62] F. Canals, Tomás de Aquino, un pensamiento siempre actual y renovador…, 15, en E. Martínez, La Bondad divina, principio y fin de la vida humana…, 36.








