El liberalismo progresista en España

Texto completo de la entrevista realizada por el periodista Pablo Batalla Cueto a Antonio Cañellas y publicada parcialmente en la revista Atlántica XXII, nº 37, 2015.

¿Cuál cree usted que son las semejanzas y diferencias de UPyD y Ciudadanos con el maurismo?

            En mi opinión, resulta difícil clasificar a UPyD y a Ciudadanos como partidos de derecha, al menos en lo que se refiere al sentido clásico del término como equivalente o partícipe de un ideario o programa conservador. Entre otras cosas, porque ese pensamiento, tal como lo planteó Edmund Burke (1729-1797), se caracteriza por una visión religiosa del hombre, respetuosa con las tradiciones seculares que han conformado la identidad de las naciones a lo largo de la historia. Para el conservador, la preservación de los valores permanentes transmitidos por las generaciones pretéritas, es una obligación moral que debe proyectar en el tiempo, enriqueciendo esa herencia con la aportación creativa resultante de la acción libre y responsable de la persona en cada contexto histórico, pero conservando siempre su sustancia. No parece que ni UPyD ni Ciudadanos responda a este parámetro. Por eso quizá sería más exacto catalogar a estos partidos como formaciones liberales de tendencia progresista, aunque su eclecticismo ideológico les haga partícipes de algunas propuestas vinculadas a ciertas corrientes conservadoras de nuestra historia reciente.  La incorporación a las filas conservadoras del discurso regeneracionista sostenido por Maura, que propugnaba una autentificación del sistema electoral y la modernización económica de España para crear una sociedad de clases medias acomodadas, sin alterar la posición de la alta burguesía y la aristocracia con la continuación de los valores tradicionales del régimen monárquico, fue la idea que definió su proyecto político. Este intento por autentificar las instituciones democráticas, prescindiendo de actitudes o comportamientos opacos para proceder a una regeneración veraz de nuestro sistema político es una constante en el discurso de UPyD y Ciudadanos. También el de reforzar y mejorar la situación económica de las clases medias, que desde los años sesenta del siglo XX, articulan el grueso de nuestra estructura social. Sin embargo, la combinación de ese programa con el mantenimiento de un orden tradicional, propio del conservadurismo clásico, no encaja en las fórmulas o propuestas de UPyD y Ciudadanos. Esa sería una de las diferencias con el maurismo.

            Otra similitud, ya en el plano de la organización interna de los partidos, podría ser el sentido jerárquico y personalista en el modo de ejercer el liderazgo que, en el caso del maurismo, derivó en facción dentro del Partido Conservador. Pienso que esos rasgos personalistas están muy presentes en el caso de UPyD bajo la batuta de Rosa Díez. Cosa distinta parece Ciudadanos, que por sus orígenes fundacionales no se adecuaría al patrón descrito, al menos de una forma tan pronunciada.

            En el caso del maurismo parece claro que existe una similitud fundamental. Me refiero a su apuesta decidida por el regeneracionismo político. Hay que notar que el líder mallorquín provenía de las filas del Partido Liberal y que constituyó un auténtico revulsivo para los conservadores cuando decidió engrosar su bancada ante la deriva izquierdista que decía percibir entre sus antiguos compañeros de militancia. Salvando las distancias, podría hablarse de una actitud similar a la que años más tarde adoptaría Winston Churchill.

¿Qué puede decirnos de las semejanzas y diferencias de UPyD y Ciudadanos con el falangismo?           

            Yo diría que la principal similitud de UPyD y Ciudadanos con respecto al falangismo sería su conciencia sobre los fines sociales de la economía. Es decir, la promoción de una auténtica economía social de mercado –como por otra parte contempla la actual Constitución− en el que los derechos y la justa retribución de los asalariados queden garantizados. Por supuesto que esto nada tiene que ver con la propuesta falangista de organizar la economía desde el intervencionismo del Estado concibiéndola como un «gran sindicato de productores», dentro de esa retórica nacional-sindicalista tan propia de la Falange. Me refiero únicamente al fuerte contenido social de su ideario. Recordemos que, en este sentido, la Falange de José Antonio Primo de Rivera fue una especie de híbrido que intentó conjugar la tradición católica de la historia y la cultura española con algunos hitos del pensamiento moderno como el vitalismo o el socialismo, aunque despojándolo de su carga marxista. Eso también queda plasmado en sus símbolos. El yugo y las flechas de la época de los Reyes Católicos bordados en los colores rojo y negro de una bandera que adopta sus tonos del estandarte anarquista para atraer la simpatía de los obreros. La camisa azul, inspirada en la vestimenta habitual de los trabajadores industriales. Toda esa simbología, tan propia de los movimientos fascistas o fascistizados, que intenta combinar socialismo desmarxistizado con nacionalismo y populismo, nada tienen que ver con UPyD ni con Ciudadanos. Su concepción liberal-democrática representa la diferencia insalvable con el falangismo primigenio de 1933, totalmente opuesto a esos esquemas, que asociaba con el individualismo extremo y el consiguiente ocaso de la civilización occidental.

Háblenos ahora de las similitudes y divergencias de UPyD y Ciudadanos con el suarismo. 

           Pienso que las semejanzas con Adolfo Suárez se ceñirían a su respeto por el ordenamiento jurídico y por una visión de mejora de la llamada Constitución del consenso que, en ningún caso, pretende hacer tabla rasa de la Carta Magna, sino –según ellos− actualizarla al contexto y circunstancias de nuestro tiempo, pero sin discutir el logro del acuerdo y reconciliación que habría supuesto la ley fundamental de 1978.

            En cuanto a la estructura de partido, no creo que ni UPyD ni Ciudadanos se asemejen a la UCD de Suárez. Más bien hablaría de similitudes con el CDS, que se definió a sí mismo como una alternativa liberal y progresista. La UCD era un revoltijo de grupos y tendencias, carente de coherencia ideológica y que explica su posterior disgregación. UPyD y Ciudadanos son formaciones con un ideario bien estructurado y que han nacido desde la iniciativa de ciertas personalidades y sectores de la sociedad civil que apreciaban un vacío político ante la evolución emprendida por el PSOE en el caso de UPyD y ante los retos del nacionalismo catalán y el nuevo itinerario de la mayor parte de la izquierda en esa Comunidad Autónoma. No es una respuesta desde la derecha, como bien podría representar Vox, Foro Asturias o Alternativa Española, sino de un progresismo de cuño liberal y moderno, más próximo al Partido Liberal de Canalejas que otra cosa.

¿Cuál sería, en general, el “árbol genealógico” de UPyD y Ciudadanos? ¿En qué fuentes se inspira?           

             Como digo, parece evidente que la fuente que inspira y anima su propuesta es el liberalismo de reminiscencia ilustrada. Eso explicaría las declaraciones de varios de sus dirigentes cuando hablan, por ejemplo, de la enseñanza laica. Un término mal utilizado, porque no se refieren a que los docentes de la escuela pública sean laicos, pues es evidente que lo son (ninguno de ellos pertenece al estado eclesiástico), sino que en esos centros no se imparta instrucción religiosa, que es algo muy distinto. Habría que hablar de fórmula laicista para ser exactos.

            Su concepción del ciudadano como individuo libre con igualdad de derechos, que desarrolla su vida política en una sociedad democrática, recuerda más a los principios de la Revolución francesa de 1789 y a ciertos postulados del jacobinismo que otros posibles referentes. Por ejemplo, recuerdo unas declaraciones de Rosa Díez en las que subrayaba que eran los ciudadanos los detentadores de derechos y no los territorios. Quería contraponer su visión de la nación como un agregado de individuos libres, aunados por su voluntad en defensa del interés común, planteamiento propio de la corriente nacionalista francesa del siglo XIX, frente al esquema de nacionalistas vascos y catalanes, herederos de la escuela romántica y germana de pensamiento que abunda en los factores culturales como elementos determinantes de la configuración nacional. El idioma, las creencias religiosas, la geografía, etc, forjarían las identidades colectivas, condicionando de este modo la voluntad de los individuos que habrían de integrarla dentro de esos parámetros dispuestos por la historia y la cultura. Otro ejemplo de esa influencia liberal sería la intervención de Javier Nart –eurodiputado de Ciudadanos− en un documental en el que se ensalzaban a los grandes dirigentes decimonónicos del progresismo liberal español como agentes de la modernidad del país. La Ilustración de origen francés y la corriente progresista del liberalismo constituyen, a grandes rasgos, el árbol genealógico de UPyD y Ciudadanos.

¿Cómo enmarcaría históricamente el liderazgo que sobre esos dos partidos ejercen respectivamente Rosa Díez y Albert Rivera? 

           España y los países hispanoamericanos han sido siempre por su idiosincrasia propensos al personalismo. En el plano político se ha hablado de caudillismo. Bien lo prueba la pléyade de militares que coronan la gobernanza del siglo XIX y parte del XX. No olvidemos tampoco que, a pesar de definirse como un sistema parlamentario, el español es en la práctica un sistema presidencialista. El Jefe del Gobierno es la pieza clave del poder ejecutivo y ejerce un férreo control sobre la estructura de su partido para asegurar la gobernabilidad y evitar atomizaciones. Eso explica, en parte, y hasta hace poco la continuidad de estructuras cerradas en la mayoría de los partidos, acostumbrados a la endogamia y a un mal entendido principio de jerarquía, confundiendo la lealtad con la fidelidad a la persona que ejerce las responsabilidades directivas. Si bien es cierto que tanto UPyD y Ciudadanos abogan por una apertura orgánica en la elección de sus representantes y la introducción de listas abiertas, su liderazgo no deja de ser más o menos personalista, porque es la forma natural de actuación en una estructura de partido para poder competir con posibilidades de éxito en unas elecciones. Además, en nuestro país se tiende a penalizar la discrepancia interna. En cuestión de liderazgo, Rosa Díez y Albert Rivera no son una excepción a la norma y parece lógico que así sea.

¿Qué factores cree que explican el crecimiento de estos partidos, rápido y sostenido, aunque el fulgurante crecimiento de Podemos haya hecho que parezca moderado?

            Pienso que el agotamiento del sistema político por maltrato y, en ocasiones, dejadez de los dos grandes partidos ha propiciado reacciones a izquierda y derecha que explican el surgimiento de estas nuevas formaciones. La seguridad por parte de PP y PSOE de estar en posesión de una especie de dominio reservado, sin competidor que pudiera disputárselo seriamente ha ido asfixiando por ese lado las sucesivas promesas de regeneración institucional. Este mal de la partitocracia, atizado por las estructuras cerradas, casi opacas de los partidos, en el que se premia no tanto la excelencia y la voluntad de servicio a la sociedad, sino la fidelidad al líder de turno, combinado con una crisis moral que repercute a todos los niveles –también en el económico−, ha generado esta reacción. Primero favoreciendo a UPyD y ahora, que la opinión pública arrastra años de malestar, premiando aparentemente a una formación de izquierda populista como Podemos.

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